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Por qué las 'apps' de citas podrían, en realidad, mantenerte soltero
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Por qué las 'apps' de citas podrían, en realidad, mantenerte soltero

Nos hemos acostumbrado a buscar pareja deslizando tranquilamente un dedo por la pantalla, pero podría no ser la mejor forma de encontrarla

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

Todo el mundo quiere encontrar el amor, ya sea en la brumosa oscuridad de los bares o deslizando el dedo en alguna aplicación de internet. Quizá nuestra esencia humana nos hace estar en búsqueda constante de esa media naranja con la que dejar una descendencia en este mundo. Sea como fuere, las nuevas tecnologías unidas a la falta de tiempo e incluso a la distancia social han hecho que en los últimos años la gente prefiera deslizar el dedo para encontrar pareja, antes que buscarla en la oscuridad de un bar.

No es nada nuevo. Seguro que conoces a alguien o tú has estado ahí: en un increíble mercado de carne con muchísimas opciones a tu alrededor, en ese inmenso océano lleno de peces, no encuentras a nadie. Psicológicamente, es curioso, casi segregador: cuantas más capas pongamos, mejor. Podemos filtrar por edad, altura, religión, trabajo, preferencia política o cualquier otra cosa posible. Deslizar a la derecha es la nueva danza de apareamiento, solo que no requiere ningún trabajo. Coincides con alguien al que solo has visto en una fotografía y que no tienes ninguna idea de cómo es o cómo habla.

Podemos filtrar por edad, altura, religión, trabajo, preferencia política o cualquier otra cosa posible. Pero eso no es algo bueno

A pesar de ello, cuando surge la coincidencia se libera una cascada de neurotransmisores, incluida la dopamina. Según algunos estudios, la manera en que las aplicaciones de citas se han 'gamificado', en el sentido en que nos recuerdan a máquinas tragaperras (hasta el punto de que la actividad de deslizar se vuelve adictiva y produce una recompensa), nos deja ansiando más. Según un reciente artículo publicado en 'Psychology Today', el propósito de las citas ha cambiado: antes solía buscarse pareja para construir conexiones profundas. Los algoritmos se han capitalizado y las han convertido en un juego adictivo de alta recompensa y bajo coste.

Quizá, por ello, por muchas citas que tenga una persona en concreto, las altas expectativas la hacen estar más sola que nunca. Las llamadas 'red flags' o banderas rojas son muchas: ¿quién pagó la cuenta? ¿Tu pareja parecía demasiado ansiosa? ¿Te mandó un mensaje o te dejó en vista durante días? Cada detalle se convierte en un nuevo conjunto de criterios para determinar si volverás a ver a la persona o no. Además, nunca ha sido tan fácil desaparecer, en estos momentos en los que el 'ghosting' parece la norma.

Puede que el mundo se esté dividiendo más y esa sea una de las causas por las que es más complicado tener conversaciones profundas o se fomenten mejores conexiones

Las aplicaciones han brindado a la humanidad profundas oportunidades para conectarse, pero las expectativas, 'red flags' y segregación con tantos filtros, puede que el mundo se esté dividiendo más y esa sea una de las causas por las que es más complicado tener conversaciones profundas o se fomenten mejores conexiones. Según los psicólogos, cerrarse a las diferencias no es la clave para encontrar una relación exitosa, sino saber tolerar y conciliar las diferencias.

Los algoritmos pueden fomentar las conexiones cuando se usan con intención reflexiva, pero no pueden hacer todo el trabajo. El esfuerzo por encontrar amor y pertenencia está en nuestra identidad compartida, y quizá la clave es aplicar menos filtros en los criterios y fiarse menos de esas primeras impresiones, aunque más de las conversaciones en persona.

Todo el mundo quiere encontrar el amor, ya sea en la brumosa oscuridad de los bares o deslizando el dedo en alguna aplicación de internet. Quizá nuestra esencia humana nos hace estar en búsqueda constante de esa media naranja con la que dejar una descendencia en este mundo. Sea como fuere, las nuevas tecnologías unidas a la falta de tiempo e incluso a la distancia social han hecho que en los últimos años la gente prefiera deslizar el dedo para encontrar pareja, antes que buscarla en la oscuridad de un bar.

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