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Este pueblo de Toledo es el preferido por los madrileños en verano: "Es un turismo diferente"
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Aquí no hay playa

Este pueblo de Toledo es el preferido por los madrileños en verano: "Es un turismo diferente"

Más de 5.500 madrileños se desplazan ahí en verano, la cifra más alta de todas las provincias que rodean a la Comunidad de Madrid. Un lugar referente para el veraneo de muchos

Foto: Un niño juega en la plaza de El Casar de Escalona. (S. B.)
Un niño juega en la plaza de El Casar de Escalona. (S. B.)

Iván Sánchez y Daniel Moreno charlan tranquilamente mientras sus hijos dibujan en las mesas para pintar que hay en el centro de la plaza del ayuntamiento. Son las fiestas del pueblo y los dos se han escapado de vacaciones con sus familias, unos desde Parla y otros desde pleno centro de la capital. En lugar de ir a la playa, han preferido rodearse de molinos, sillas en las aceras y un paisaje de color amarillo. Lo típico de un pueblo toledano, como es El Casar de Escalona.

Lugareños de todos los rincones hablan de estampida cuando, en los meses estivales, los madrileños arramplan con sus calles, sus chiringuitos, sus playas o sus tiendas. Muchos de los 6,7 millones de habitantes de la región se esparcen estos días a lo largo y ancho del territorio nacional, pero de forma desigual. Y aunque gran parte escoge destinos de playa, también el interior tiene sus reductos de Madrid: El Casar de Escalona y los municipios de su entorno son uno de ellos.

En verano, este enclave se convierte en la zona preferida de los madrileños entre las provincias de interior. Así es según los datos del estudio de movilidad de la población a partir de la telefonía móvil que realizó el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2019, antes de que llegara la pandemia y condicionara nuestra forma de viajar. El 15 de agosto de ese año, dormían en esa zona 5.580 madrileños, la cifra más alta de los alrededores.

"Está muy cerca de Madrid, Toledo y Talavera de la Reina", apunta desde su despacho el alcalde de El Casar de Escalona, Israel Roberto Pérez. Su ubicación es precisamente una de las razones por las que acoge a más madrileños: "Queda en medio de un triángulo interesante", añade el alcalde.

Las hermanas Blázquez, Leire y Sandra, también de Madrid, vienen los fines de semana que pueden a la casa que compró su abuelo cuando buscaba un lugar donde poder airearse del ajetreo diario. Esta zona, con campo donde poder montar su propio huerto, fue la elegida, y ahora ambas hermanas se reúnen allí con sus familias y aprovechan para pasar el tiempo todos juntos. Su caso no es distinto al de la mayoría, ya que, según el alcalde, el 80% de las casas, la mayoría unifamiliares, son segundas residencias de madrileños, especialmente de la zona sur. El plan del día, como el de Iván y Daniel, ha sido venir a la plaza del ayuntamiento para que los más pequeños pasen un buen rato.

placeholder Vista de una de las plazas de El Casar de Escalona. (S. B.)
Vista de una de las plazas de El Casar de Escalona. (S. B.)

Como ellos, son muchas las familias que encuentran aquí el lugar perfecto para descansar. Quienes van a El Casar de Escalona de vacaciones buscan un ambiente distinto al de la costa, más turístico. "Es un turismo diferente, rural, de pueblo", describe Pérez, que destaca el entorno tranquilo y acogedor. Esa cercanía se percibe en todas las esquinas del pueblo, donde la gente se conoce entre sí y no pierde la oportunidad de pararse a charlar.

La oferta de ocio también es clave. El día festivo de agosto, por la Asunción de la Virgen, cae justo en medio de las fiestas patronales en honor a san Roque, que actúan como un imán. En medio de la plaza del ayuntamiento, el taller artístico programado el miércoles pasado atrajo a familias del pueblo y los alrededores. Los colores inundaban la plaza con cintas que cubrían todo el cielo mientras los niños gritaban y revoloteaban de entusiasmo con la cara pintada.

placeholder Atracción en El Casar de Escalona. (S. B.)
Atracción en El Casar de Escalona. (S. B.)

Si alguien del pueblo no se ha enterado de que son fiestas es porque no ha mirado por la ventana. Más allá de la plaza, las vías del centro están cortadas para dejar hueco a los puestos de churros, juegos y atracciones como los autos de choque, que permanecían cerrados por la mañana, expectantes a que llegase el momento de abrirse al público casareño. El cielo está cubierto por los banderines que cuelgan de lado a lado por todas las calles, entre ellas la de España, la Unión Europea y muchas otras que llevan al pequeño pueblo por el mundo.

Pero no todos los días esto es jauja. Cuando llega el lunes, el pueblo se queda medio vacío, admiten los vecinos que tienen su residencia allí. Muchos vienen solo en fin de semana, para las fiestas o en vacaciones. Este hueco que dejan lo notan los comercios, que estos días aprovechan el tirón del efecto llamada, aunque durante el resto del año consiguen mantenerse a flote con el consumo que hacen los habitantes del pueblo.

Los lugareños también perciben, e incluso sienten, su marcha. En la entrada de la casa de Rosita Fernández, de 77 años, hay una placa con su nombre y el de su marido, que falleció hace dos años. Ella, que nació en el pueblo y ha vivido allí toda la vida, ha visto mil veces cómo cambia su municipio según el calendario. "Los hijos se han marchado a la ciudad", comenta la mujer sentada en una silla delante de su puerta. El fenómeno, que no escapa a ningún pueblo de interior del país, se repite en el resto de familias casareñas, aunque allí sí han notado que el número de personas que vienen a pasar el fin de semana o las vacaciones ha crecido estos últimos años.

Bañarse sin playa

El estudio de movilidad del INE mide el flujo de movilidad según dónde pasan la noche las personas, y, además de aquellos que tienen casa, esta zona cuenta con varios 'campings'. Cerca del municipio de Hormigos hay dos en la misma calle: el 'camping' El Pozo y El Paraíso. Raúl Collado, uno de los propietarios de este último, señala que este puente de agosto está al completo. La gran mayoría de las reservas son de madrileños, como Mariano y María Mercedes. Es miércoles y esta pareja de Anchuelo, cerca de Alcalá de Henares, ha llegado al lugar de acampada para quedarse hasta después del festivo, y nada más llegar se han puesto manos a la obra con la tienda de campaña. Mientras hacen un descanso, cuentan a este periódico que llevan más de 20 años yendo al 'camping', como muchos de los clientes de allí, que son ya habituales. "Nos llevamos más con los de aquí que con nuestros vecinos", asegura Mariano.

placeholder El río Alberche, a su paso por las inmediaciones del 'camping' El Paraíso. (S. B.)
El río Alberche, a su paso por las inmediaciones del 'camping' El Paraíso. (S. B.)

La tranquilidad del lugar es uno de los motivos por los que la gente escoge veranear allí. Después de comer, se respira un ambiente de calma absoluta. Mientras unos ven la tele, otros aprovechan para echarse la siesta, dejando los caminos del 'camping' desiertos. De nuevo, la cercanía a ciudades más grandes, como Madrid o Toledo, hace de estos 'campings' una opción atractiva para pasar el fin de semana. Pero, además, hay otro elemento decisivo para muchos de quienes vienen aquí: el río Alberche. Los dos 'campings' están ubicados en una zona estratégica a orillas del corredero de agua, que se convierte en la playa de los campistas y gente de los alrededores: "Es el encanto que tiene esto", afirma Collado.

Pero, por mucho encanto que tenga, desde El Paraíso denuncian la falta de implicación de la Confederación Hidrográfica del Tajo para mejorar el espacio y hacerlo más accesible. A medida que la vegetación ha crecido, los bañistas han visto cómo el río se ha ido cerrando, y piden al organismo que reaccione. "No nos dejan quitar una zarza o un tronco caído", lamenta el propietario del 'camping'. También Rosita se queja de que el río ahora está "lleno de mierda", desde cristales hasta compresas. Según ella, ya no se cuida como antes, cuando bajaban a limpiar la ropa porque no había lavadora.

La falta de limpieza del río Alberche no es algo nuevo, sino que lleva años siendo criticada por los vecinos tanto de la Comunidad de Madrid como de Castilla-La Marcha, que culpan de ello a la confederación y a las administraciones regionales. Con todo, teniendo el río y lo necesario en el recinto, muchos clientes del 'camping' ni siquiera sienten la necesidad de salir del lugar. La pareja de Anchuelo alguna vez se acerca a comprar al pueblo, pero no les atrae la idea de ir a la playa fluvial que hay cerca: "Hay mucha gente, y ya lo tienes aquí", argumenta Mariano.

Para la estadística, el INE agrupa la información de los pueblos más pequeños, y el área de 'El Casar de Escalona y otros municipios' incluye además Cardiel de los Montes, Los Cerralbos, Garciotum, Hormigos, Lucillos, Nombela, Nuño Gómez y Pelahustán. Entre todos sumaban ese año 5.307 habitantes, pero el 15 de agosto había más de 11.000 personas y la mitad eran de la Comunidad de Madrid. El Casar de Escalona es el más grande de ese grupo, con 1.725 habitantes empadronados en el año anterior a la pandemia. Pero en verano, festivos y fines de semana, la situación es completamente diferente.

Aunque es el pueblo que más triunfa entre los madrileños que se quedan en el interior, no tener mar sigue pasando factura a los mesetarios. Por eso, la costa sigue siendo el destino favorito de los del centro, principalmente el litoral mediterráneo. Entre todas las áreas de pernoctación, una zona con mar y playa del municipio de Gandía, en Valencia, es a donde fueron más residentes de la Comunidad de Madrid: 20.612 vecinos de la región pasaban ahí la noche en pleno ecuador de agosto. Otros puntos que destacan en el 'top 10' de destinos preferidos por los del centro son Denia y Torrevieja, en Alicante, Oropesa del Mar, en Castellón, o San Javier, en Murcia.

placeholder Dos niños pescan en el río Alberche. (S. B.)
Dos niños pescan en el río Alberche. (S. B.)

Alternativa en tiempos covid

Aunque la pandemia cambió las reglas del juego, no limitó por completo la movilidad. El año pasado todavía coleaban los efectos del covid, pero en verano comenzó a recuperarse la normalidad. Y así fue como lo vivió el área de El Casar de Escalona y los municipios colindantes. El festivo de agosto hubo incluso unas 200 personas más que en las mismas fechas de 2019, y más de la mitad eran de Madrid.

Más impactante fue el efecto de la pandemia en Boceguillas y los municipios de su alrededor, en la provincia de Segovia. Si en 2019 había unas 4.600 personas en la zona, en 2021 había 10.000, más del doble. En el año prepandemia, la proporción de madrileños era del 48%, la misma que en el área de El Casar de Escalona. Sin embargo, en 2021, cuando el turismo nacional repuntó a causa del covid, el porcentaje ascendió hasta casi el 65% y además esta se convirtió en la zona que más vecinos de la región central recibió del interior de la Península. También la zona de Arenas de San Pedro y Poyales del Hoyo, en Ávila, se transformó en el lugar de moda. De 100 visitantes madrileños en un verano normal pasaron a 1.700 en 2021, casi 11 veces más.

Iván Sánchez y Daniel Moreno charlan tranquilamente mientras sus hijos dibujan en las mesas para pintar que hay en el centro de la plaza del ayuntamiento. Son las fiestas del pueblo y los dos se han escapado de vacaciones con sus familias, unos desde Parla y otros desde pleno centro de la capital. En lugar de ir a la playa, han preferido rodearse de molinos, sillas en las aceras y un paisaje de color amarillo. Lo típico de un pueblo toledano, como es El Casar de Escalona.

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