La guerra de guerrillas en Madrid escala con las residencias: "Y aún quedan tres años así"
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AYUSO Y AGUADO, UNA RECONCILIACIÓN IMPOSIBLE

La guerra de guerrillas en Madrid escala con las residencias: "Y aún quedan tres años así"

Las acusaciones, algunas incluso de posibles delitos, no hacen más que crecer ante la sorpresa de las direcciones nacionales. Pero el enfrentamiento, que parece insalvable, viene de muy atrás

Foto: La guerra de guerrillas en Madrid escala con las residencias:  "Y aún quedan tres años así"
La guerra de guerrillas en Madrid escala con las residencias: "Y aún quedan tres años así"

"¿Pero qué pasa en Madrid?". El pulso continuo que mantienen los dos socios de Gobierno en la Comunidad madrileña, agravado en la gestión de la crisis del coronavirus, lleva días copando los titulares. No solo en la prensa, también dentro de PP y Ciudadanos. El chismorreo no cesa entre compañeros de partido, que se reconocen "alarmados" ante algunas situaciones, más propias de una guerra de guerrillas que de un Gobierno de coalición.

Las residencias de ancianos, convertidas en el foco más devastador de la epidemia, son el último enfrentamiento abierto entre los dos bandos. Tras el episodio del 'Room Mate' que afectó a la presidenta, el equipo de Isabel Díaz Ayuso no tardó en señalar una "mano negra", apuntando directamente a sus socios de Gobierno y sin descartar la comisión de un delito al tratarse de un "contrato falso" que aseguran se tuvo que fabricar.

El lunes pasado, el dedo acusador cambiaba de bando. El consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero (Ciudadanos), cuestionaba en la Asamblea —en público y ante toda la oposición— los protocolos que aprobó su propio Gobierno para derivar a los ancianos de residencias a los hospitales. Cuestionaba los criterios de exclusión en los ingresos hospitalarios, y llegó a decir que podían "no ser éticos, ni posiblemente legales”.

Foto: Madrid admite que aconsejó "por error" no derivar de residencias a hospitales

Las declaraciones, que no pudieron irritar más a los populares al ver señalado a su consejero de Sanidad, no fueron espontáneas ni fruto de una improvisación parlamentaria. Estaban escritas sobre el papel y Reyero decía exactamente lo que quería decir. En el PP reconocen la sorpresa de que Ciudadanos "se dedique a alentar sospechas de ilegalidades" dentro de un Ejecutivo del que forman parte y sobre decisiones que han sido compartidas y firmadas por ambos. "Es pegarse un tiro al pie", repiten, lanzándose también a por la "inexperiencia" de sus socios.

Según la correspondencia interna que mantuvieron ambas consejerías desveladas por el diario 'El País', Reyero habría advertido al popular Enrique Ruiz Escudero, responsable de Sanidad, de las "graves consecuencias legales" si se negaba auxilio a residentes o personas con discapacidad de cualquier edad. En el PP, por su parte, afirman a este diario que Reyero "no acudió a ninguna de las 21 reuniones de coordinación sobre residencias" que se han llevado a cabo en este tiempo de la pandemia, e insisten en que no hizo "ninguna solicitud formal para medicalizar residencias" hasta que se implementó el mando único sanitario. "No habían visitado las residencias, no informaban a la presidenta de lo que estaba ocurriendo" y, de ahí, zanjan, la decisión contundente de decretar un solo mando.

"En política, la confianza y una buena relación es fundamental. Ni siquiera hay interlocución en los equipos. No comparten información"

El cruce de acusaciones es total en torno a uno de los asuntos más espinosos que está dejando tras de sí la crisis y que la oposición ha dejado claro que indagará hasta el final. A pesar de que otras comunidades autónomas como Cataluña aprobaron protocolos en los que desaconsejaban intubaciones y tratamientos de UVI a mayores de 80 años (también la sociedad médica de intensivistas se pronunció al respecto), los grupos de la izquierda madrileña ponen el acento en la exclusión que se hizo en Madrid para los ingresos hospitalarios. Es decir, no solo para la asistencia en cuidados intensivos. Decisiones que se extendieron a otras regiones como Galicia o Castilla y León.

"Ni hay confianza entre ellos, ni la va a haber"

Pero, en el fondo, este es un episodio más de tantos otros. El foco sigue puesto en la relación que mantienen la presidenta, el vicepresidente y sus equipos de máxima confianza. A pesar de que los dos —Ignacio Aguado especialmente— repiten en cada nueva crisis que existe una "relación cordial", compañeros de filas aseguran que las rencillas son personales. "En política, la confianza y tener una buena relación personal, aunque discrepes en otras cuestiones, es fundamental. Y aquí ni la hay, ni la ha habido. Ese es el problema", aseguran en el entorno de la Puerta del Sol.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (d) y el vicepresidente, Ignacio Aguado (i). (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (d) y el vicepresidente, Ignacio Aguado (i). (EFE)

Dirigentes nacionales de las dos formaciones ironizan ya con la situación en la Comunidad. "A ver qué toca esta semana". En los dos partidos son conscientes de que los equipos que rodean a los dirigentes tampoco tienen especial afinidad. Aseguran que la "competencia" es continua en la organización de agendas y en la participación en medios de comunicación, hasta el punto de que evitan compartir previsiones de un día para otro hasta que ya no se puede aguantar más.

Uno de los asuntos de mayor fricción llegó con el nombramiento del jefe de gabinete de la presidenta, Miguel Ángel Rodríguez, del que Ciudadanos no tuvo noticia hasta poco antes de hacerse público. El malestar llegó hasta un punto en el que ni siquiera hay interlocución fluida entre MAR y el equipo de Aguado.

La gota que colma el vaso

Probablemente, el momento reciente de más controversia llegó hace días cuando Aguado anunció que iniciaba una ronda de contactos con los portavoces de los grupos de la oposición… sin la presidenta. Dos días antes, el Consejo de Gobierno había aprobado un plan para la reactivación de la Comunidad (en línea con los grandes acuerdos registrados en otras regiones y en el propio ayuntamiento de la capital) con 30 medidas. El objetivo era compartirlas con los demás partidos y generar un gran consenso. "Pero Aguado se adelantó. Nadie entiende por qué. Le envió un WhatsApp a la presidenta diciéndole que había hablado con los portavoces. Por si quería pasarse", cuentan en el entorno de Ayuso. El mosqueo fue mayúsculo.

Vox decidió no acudir y la propia Rocío Monasterio puso en duda el sentido de la reunión si faltaba la presidenta regional. Al final hubo fotografía conjunta de Aguado y los líderes de la izquierda madrileña, Ángel Gabilondo (PSOE), Pablo Gómez Perpinyà (Más País) e Isabel Serra (Podemos), coincidiendo con el runrún de la moción de censura desatado hace semanas.

Cs insiste en que el PP no asume la coalición y trata de mermar el papel de Aguado. Los populares le acusan de tener "obsesión" por el foco mediático

"Todo rumores" decían desde la propia oposición, que también desmintió Aguado con un "no estamos en momentos de moción de censura". Al PP, en todo caso, no le sirvió. Consideran que los naranjas alimentan esa teoría y tampoco en la dirección nacional de Ciudadanos están contentos con la situación. Más bien lo contrario. En la cúpula que dirige Inés Arrimadas asisten con asombro a las polémicas semanales del Gobierno regional, justo cuando la presidenta del partido había dejado claro que no quería ninguna duda sobre el funcionamiento de los ejecutivos de coalición con el PP. Sobre todo, ahora que la estrategia del grupo parlamentario ha pasado por mantener el apoyo a la prórroga del estado de alarma de Pedro Sánchez.

Desde el entorno más cercano a Aguado se defienden de las críticas y aseguran que "las guerras las empieza el PP", especialmente de la mano de los principales asesores de Ayuso, que tratan de "mermar" el papel del vicepresidente y de sus consejeros. A los naranjas no les gustó nada que los populares pusieran en el foco a Reyero con el asunto de las residencias de ancianos y la presidenta escenificara un golpe en la mesa acaparando las competencias para no mejorar la gestión. Consideran que el PP "no asume" lo que significa un Gobierno de coalición y que siguen pensando que tienen mayoría absoluta.

Foto: Aguado se reúne con la izquierda y anima a Ayuso y Vox a sumarse al diálogo

Una guerra desde el primer minuto

La confrontación de los dos socios durante la crisis del covid-19 ha tenido muchos nombres. Desde el debate interno sobre las fases de desescalada, hasta las acusaciones mutuas por los geriátricos, pasando por los menús de Telepizza para niños vulnerables y el lío del 'Room Mate'. La cuestión es que esto viene de muy atrás. En realidad viene de la pasada legislatura.

Aunque Ciudadanos decidió entrar en los gobiernos de coalición a partir de 2019 —solo dio apoyo externo al PP tras su irrupción en las instituciones en 2015— las desavenencias que Aguado tuvo ya con Cristina Cifuentes cuando era presidenta fueron muy sonadas. El trabajo de oposición de los naranjas siempre estuvo centrado en los episodios de corrupción que habían protagonizado otros dirigentes del PP, y el caso máster —el principio del fin para la expresidenta— terminó por impulsar el liderazgo de Aguado.

El vicepresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio Aguado, en la Real Casa de Correos. (EFE)
El vicepresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio Aguado, en la Real Casa de Correos. (EFE)

Poco después de las elecciones autonómicas de 2019, el caso Avalmadrid empañó las negociaciones de Ayuso para ser presidenta. Ciudadanos, incluso después de conformar el Gobierno de coalición, no dudó en apoyar la investigación contra su presidenta levantando las primeras ampollas internas. A partir de entonces, los encontronazos han sido constantes.

En el PP aseguran que Ciudadanos tiene "obsesión" por el foco mediático y por situarse al mismo nivel que la presidenta. "No asumen que la presidenta es ella. Aguado es vicepresidente y tiene su papel. Pero ella es la presidenta", repiten.

La realidad es que el escalafón y el rol que cada uno desempeña en los actos públicos ha supuesto más de un quebradero de cabeza a las instituciones. No solo en la administración regional, sino también en otros municipios y organizaciones que han tenido que cuadrar las peticiones de los dos equipos muy a menudo.

Anécdotas hay muchas. El acto de los primeros 100 días del Gobierno de coalición se celebró en noviembre del año pasado como la puesta de largo de la nueva era Ayuso-Aguado. El Dos de Mayo —día grande de la Comunidad— transcurrió en plena precampaña y con el golpe que el PP tuvo que encajar: su máximo rival fichaba al expresidente popular, Ángel Garrido.

En los dos partidos descartan nuevas elecciones y moción de censura, aunque admiten que es insostenible el nivel de confrontación actual

Los detalles del acto no se cerraron hasta poco antes de comenzar. Ciudadanos exigía dos atriles, como había negociado con el PP. Uno para la presidenta y otro para el vicepresidente. Los populares entendían que lo lógico es que hubiera un solo atril, como finalmente ocurrió, y que ocupó Ayuso para inaugurar y clausurar el acto. El discurso de Aguado tuvo que ir en mitad de estos dos. Incluso el video promocional de los logros del incipiente Gobierno tuvo que ser pulido apenas dos horas antes de que los invitados llegaran a Sol.

"Y así todo. Y lo peor es que aún quedan tres años", reflexionan tanto en PP como Ciudadanos, tanto dirigentes regionales como nacionales, convencidos de que por muchos rumores que surjan… no habrá nuevas elecciones, ni ruptura del Gobierno, ni moción de censura. En el PP tienen claro que Ayuso tiene que aguantar. No hay una mayoría alternativa sin Ciudadanos que le garantice continuar en la presidencia y tampoco creen que el momento actual pueda permitirse una crisis institucional de esta envergadura. En la cúpula naranja, por su parte, no se arrugan en la afirmación: ni moción, ni cambio de Gobierno con la izquierda.

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