CONDICIONADOS POR EL ESCENARIO NACIONAL

La coalición de PP y Cs en Madrid: 100 días de tensiones y en el peor momento con Vox

El Gobierno de la comunidad cumple su primer trimestre tras varias crisis y en días muy convulsos en el ayuntamiento a causa de Vox. La situación en el Congreso también influye

Foto: Isabel Díaz Ayuso (i), Ignacio Aguado (en primer plano) y Rocío Monasterio (justo detrás), en la Asamblea de Madrid. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso (i), Ignacio Aguado (en primer plano) y Rocío Monasterio (justo detrás), en la Asamblea de Madrid. (EFE)

Los primeros 100 días del Gobierno de coalición de PP y Ciudadanos en la Comunidad de Madrid llegan en un momento dulce para la presidenta regional después de que la Fiscalía Anticorrupción haya archivado la denuncia que Más Madrid interpuso por el crédito-aval que su padre solicitó con Avalmadrid. No era solo el archivo, sino el carpetazo a la principal crisis que ha sufrido Isabel Díaz Ayuso en su primer trimestre en la Puerta del Sol. La noticia sirvió también para que su socio, Ignacio Aguado, cerrara filas por fin, insistiendo en la "honestidad" de la jefa del Ejecutivo. "Si no confiara en ella, no sería presidenta", aseguró.

En realidad, el primer experimento de coalición que ha existido en la comunidad deja tras de sí unos meses convulsos, llenos de tensiones entre socios de gobierno y con el tercer actor necesario en el pacto: Vox. Las cosas fueron difíciles desde el principio, como reconoció el propio Aguado este jueves, sobre todo por el papel que Ciudadanos mantuvo en todos los territorios en los que el acuerdo dependía de la formación de Santiago Abascal. Pasaron de ignorar "ese partido" —como decían los principales dirigentes naranjas— a hacer como si no dependieran de él. "Nosotros tenemos firmado un pacto con el PP", repetían. En el acto institucional de los 100 días celebrado en la Puerta del Sol volvió a ponerse de manifiesto: mientras Díaz Ayuso agradecía, casi por igual, a PP y Vox "los esfuerzos"; Aguado insistió en recalcar que la negociación y los cambios impulsados se deben solo a populares y naranjas.

En el caso de la región, la formación dirigida por Aguado consiguió el pasado verano incluso no tener nada con Rocío Monasterio por escrito. Ocurrió igual en el ayuntamiento: el PP de José Luis Martínez-Almeida alternó dos acuerdos: uno de coalición con Begoña Villacís y otro político con Javier Ortega Smith.

El PP asumió —tanto en la comunidad como en el consistorio— el rol de mediador para mantener la distancia marcada por los naranjas y, al tiempo, garantizar a la ultraderecha el protagonismo que reclamaba. Pero los tira y afloja han sido constantes. Hace solo unos días, Díaz Ayuso volvió a negar a Vox su reclamo de poner en marcha el pin parental. La presidenta insistió en que las familias ya tienen libertad para elegir el centro educativo al que llevan a sus hijos y recalcó que la política debe permanecer fuera de las aulas y de las competencias de los profesores. No hace mucho, Vox forzaba también una votación sobre la exhumación de Franco y otra sobre cuestiones relativas a la ley LGTBI. En la recta final de la campaña electoral, Monasterio presentó una propuesta en la que pedía ilegalizar a los partidos independentistas, consiguiendo que PP y Ciudadanos la respaldaran.

En el ayuntamiento madrileño, estos días recientes también han sido convulsos. La semana comenzó con una desagradable situación en el Palacio de Cibeles con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género. Vox se negó a participar en una declaración institucional y el consistorio, por primera vez desde 2004, no la tuvo. La polémica continuó cuando una víctima se enfrentó a Ortega Smith y el dirigente ni siquiera volvió la mirada. El capítulo siguiente llegaba este mismo miércoles durante el pleno municipal, con una propuesta del PSOE para reprobar al portavoz de Vox. Salió adelante con los votos de los socialistas, Más Madrid y Ciudadanos.

El alcalde de Madrid, junto a Ortega Smith e Iván Espinosa de los Monteros. (EFE)
El alcalde de Madrid, junto a Ortega Smith e Iván Espinosa de los Monteros. (EFE)

El voto del Gobierno se dividía por primera vez (el PP se posicionó en contra de la propuesta, exonerando a Ortega Smith) a pesar de que fue un movimiento pactado. El partido naranja no podía permanecer ajeno a las críticas lanzadas contra Vox y Villacís defendió su postura —consensuada con la dirección interina del partido— asegurando que la violencia machista es "completamente incuestionable". PP y Ciudadanos vivieron momentos de tensión tratando de acordar una respuesta conjunta, pero el Gobierno de coalición mostró su primera grieta en una cuestión de fondo: no podían reaccionar de la misma manera.

El momento, como publicó este diario, es delicado con el debate de los Presupuestos a la vuelta de la esquina. El proyecto está listo y pasará por pleno en tres semanas, pero sin el respaldo de Vox no contará con luz verde. El Gobierno municipal está convencido de que este encontronazo no es un motivo objetivo para que Ortega Smith no les apoye, pero nadie duda de que es el momento más tenso de los primeros meses de legislatura.

En la comunidad, la situación no es mejor. El escenario de inestabilidad nacional hizo que Díaz Ayuso y Aguado prorrogaran la elaboración de sus primeros Presupuestos hasta que se constituya por fin el Gobierno de España. En todo caso, cuando el momento llegue, deberán negociar las cuentas con Vox. Y este jueves Aguado no esquivó el asunto de la violencia de género: “Mientras que algunos dan la espalda a las víctimas, nosotros damos la cara con los agresores. Decimos alto y claro que este Gobierno no va a dar marcha atrás con la violencia machista. No es un discurso, lo hacemos con hechos”, zanjó bajo la atenta mirada de la presidenta.

Los casos madrileños y las tiranteces que viven los gobiernos con su socio externo están completamente condicionados por la propia relación de las formaciones a nivel nacional. Si Ciudadanos mantuvo tras las elecciones de mayo una distancia que rozaba el negacionismo con Vox, fue por las directrices que enviaba Albert Rivera. Ahora, en el caso del PP, la prudencia debe ser máxima. Tras los resultados que arrojó el 10-N (los populares salvaron los muebles sin superar los 90 escaños y Vox se coronó como tercera fuerza con 52 diputados), Pablo Casado sabe que cada movimiento en falso puede costarle un avance de los de Abascal.

Un ejemplo de ello es la postura mantenida ayer mismo por el alcalde madrileño, que no solo votó en contra de reprobar a Ortega Smith sino que elevó el tono contra la izquierda: "El PSOE no puede dar ninguna lección de nada pactando con los golpistas que han incendiado Cataluña, con los herederos de ETA y con los comunistas de Podemos", lanzó. Ni una fuga más, repiten en Génova.

Madrid

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