repetiría mayoría absoluta, según los sondeos

Feijóo, contra todos y contra Casado: arranca la campaña electoral en Galicia

El presidente gallego busca igualar el récord de Fraga con su cuarta mayoría absoluta en un ambiente de optimismo tras los reveses de 2019

Foto: Presentación oficial de Núñez Feijóo como candidato a presidir la Xunta. (EFE)
Presentación oficial de Núñez Feijóo como candidato a presidir la Xunta. (EFE)
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Las encuestas sonríen a Alberto Núñez Feijóo en su intento de igualar el récord de las cuatro mayorías absolutas de Manuel Fraga en Galicia. La campaña electoral que se acaba de abrir llega con sondeos como el del CIS que le garantizan los 38 diputados necesarios y pronostican hasta 42. Es un escenario con el que no contaba el presidente de la Xunta hace apenas un año, cuando el PSOE logró en las generales de abril el hito histórico de superar por primera vez al PP en votos en Galicia. En los tiempos que corren, 15 meses son una eternidad, tiempo más que suficiente para que el panorama haya sufrido un vuelco espectacular, un panorama que Feijóo afronta como más le gusta: en el papel de candidato contra todos.

El aspirante a la reelección por el PP se enfrenta en las autonómicas gallegas del 12 de julio a tres fuerzas de izquierdas llamadas a entenderse: los socialistas de Gonzalo Caballero, el renacido nacionalismo del BNG y el rupturismo a la baja de Galicia en Común. Es un clásico en Galicia desde la primera mayoría de Fraga, lograda en 1989: una derecha homogénea, ahora aparentemente vacunada de la competencia de Ciudadanos y Vox, y una izquierda dividida pero con voluntad de pacto, pese a la discreta convivencia del Gobierno bipartito entre 2005 y 2009. En esta ocasión, Feijóo también se sitúa enfrente de su propio partido, alejado al menos formalmente del discurso oficial que sale de Génova.

Como ya se venía comprobando antes del aplazamiento de las elecciones por la crisis sanitaria, Feijóo ha elegido para esta campaña un perfil institucional que le hace parecer un candidato surgido de la propia Xunta, y no de su partido. Repite una y otra vez que está únicamente al servicio de Galicia y elige una escenografía prácticamente despojada de las siglas del PP. Para el presidente de los populares, Pablo Casado, es un dilema. Necesita una victoria en las autonómicas gallegas, pero el tanto, de producirse, se lo va a anotar un político al que aún ve como una amenaza, a pesar de su espantada en 2018.

Las diferencias de estilo entre Casado y Feijóo se transparentaron en las últimas semanas a través de las críticas del presidente gallego a la portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, representante de una línea política dura de la que trata de desvincularse. El gallego criticó el “espectáculo parlamentario” de su enfrentamiento con el vicepresidente, Pablo Iglesias. Alertó del “grave error” que sería caer “en las provocaciones del Gobierno” y “perder los papeles”. “Ningún compañero de mi partido o de otros partidos de la oposición debe entrar al señuelo del Gobierno para crispar, provocar y perder los papeles”, reclamó. Álvarez de Toledo le replicó: “Entiendo perfectamente que no le puedan gustar algunas intervenciones, como él entenderá que a mí no me gustan algunas de sus intervenciones”.

Casado necesita una victoria en las autonómicas gallegas, pero el tanto, de producirse, se lo va a anotar un político al que aún ve como una amenaza

En opinión de la oposición en Galicia, ese conflicto entre las dos almas del partido se nutre de la necesidad de Feijóo de articular un discurso “blando” para aglutinar un respaldo mayoritario. Con Vox y Ciudadanos lejos del 5% de los votos que exige la ley electoral gallega para lograr representación parlamentaria, el PP necesita superar el 40% de los apoyos para sumar más diputados que las fuerzas de izquierda, y eso es imposible con un tono que rivalice con el partido de Santiago Abascal. Aunque al presidente de la Xunta nadie le niega una asombrosa habilidad para modular su discurso en función del auditorio y ser capaz de coquetear con la línea más dura cuando conviene.

En el último mitin antes del inicio de la campaña oficial, y en presencia de Casado, el candidato popular insistió en la línea que le sirvió para criticar a Álvarez de Toledo. “El PP de Galicia no va a estar a las peleas entre partidos, el insulto y las descalificaciones. Nosotros, a Galicia”, indicó Feijóo, que situaba su Gobierno como alternativa al de Pedro Sánchez. El presidente nacional subió a defender a su candidato gallego desde un estrado sin siglas perceptibles. Fue en un acto con distancia de seguridad, mascarillas y conexiones en directo con actos simultáneos a distancia, para evitar aglomeraciones. Casado vuelve este fin de semana para participar en un evento tradicionalmente multitudinario de la campaña del PP, en la plaza de toros de Pontevedra, en esta ocasión con un aforo reducido a 500 personas y con la participación de Mariano Rajoy.

De acuerdo con las encuestas, el principal contrincante de Feijóo en Galicia se llama Gonzalo Caballero, que tomó el mando de los socialistas gallegos en octubre de 2017. Su estreno fue fulgurante, con la victoria en las generales de abril de 2019 y una derrota por la mínima en la repetición electoral de noviembre. Cuando la campaña se aproximaba a su inicio, mantenía cierto cartel de favorito, pero vinieron el coronavirus y la suspensión de la campaña para ponerlo todo patas arriba. No en vano, el PP empezó su mitin del pasado domingo con un vídeo en el que se puede escuchar al director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, elogiando la labor de la Xunta durante la pandemia, cuando afirmó que le “consta que Galicia está haciendo un trabajo excelente”.

Caballero confía en el apoyo de Pedro Sánchez y sus ministros para dar la vuelta a las encuestas y recuperar ya no la condición de partido más votado, pero sí al menos la de líder de la izquierda frente a un PP sin mayoría absoluta. Su primera aparición es la de este sábado en Ourense, aunque ya se anuncia que realizará otras dos incursiones para respaldar a su candidato. También contará con la ayuda de otros miembros del Gobierno como Salvador Illa, Nadia Calviño, Carmen Calvo, José Luis Ábalos, Fernando Grande-Marlaska, Luis Planas, José Manuel Rodríguez Uribes, Pedro Duque y Carolina Darias, además de la de la portavoz en el Congreso, Adriana Lastra. Según las encuestas, Caballero puede saltar de los 14 diputados del PSOE a 16 e incluso a 18, pero serán insuficientes si Feijóo no baja de 38.

El BNG está ante una contradicción similar: se le pronostica un gran resultado —hasta 14 diputados, frente a los seis actuales—, pero con el PP al frente del Gobierno. Tras los descalabros de los últimos años, y de la mano de la portavoz nacional y candidata, Ana Pontón, el Bloque recuperaría el vigor del nacionalismo de pasadas décadas, pisando los talones a los socialistas, pero fuera de un Gobierno alternativo de coalición. Galicia en Común-Anova-Mareas realizaría el camino inverso. La alianza entre Podemos, Esquerda Unida, Anova, Marea Atlántica y Compostela Aberta, encabezada por Antón Gómez-Reino, muy próximo a Pablo Iglesias, caería hasta seis o cuatro diputados, lejos de los 14 que la En Marea que entonces formaron esos partidos lograra en las autonómicas de 2016.

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