Se avecina traca en el PP valenciano: Camps y los críticos dan la batalla al delfín de Génova
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EL MAZONISMO, DISPUESTO A INTEGRAR

Se avecina traca en el PP valenciano: Camps y los críticos dan la batalla al delfín de Génova

La candidatura del alcalde de Ayora a la presidencia regional desafía la apuesta de García Egea por Mazón. Casado aún no ha llamado a Bonig para que dé un paso atrás

placeholder Foto: Carlos Mazón, con Casado, tras ser elegido presidente del PP de Alicante. (EFE)
Carlos Mazón, con Casado, tras ser elegido presidente del PP de Alicante. (EFE)

La carrera por la presidencia y el control del Partido Popular valenciano ya ha empezado. La mecha de la traca podría encenderse inmediatamente después de las elecciones madrileñas del 4 de mayo. La formación conservadora tiene como gran asignatura pendiente recuperar posiciones y respaldo electoral en una autonomía en la que antaño disfrutaba de hegemonía, no solo en el poder territorial, sino como granero electoral de cara a los comicios nacionales. Desde la última mayoría absoluta de Francisco Camps en 2011 y la victoria de Mariano Rajoy el mismo año, decenas de miles de votos se han perdido como lágrimas en la lluvia. Tras el cambio político de 2015, los populares llevan seis años pasando frío a orillas del Mediterráneo.

La posibilidad de que la dirección nacional de Pablo Casado tenga en mente adelantar al mes de junio o julio el congreso regional ha revelado una fractura interna y ha disparado los movimientos y las maniobras internas para tomar posiciones. La más sorpresiva, por inesperada, ha sido el anuncio del alcalde de Ayora, José Vicente Anaya, de que concurrirá como aspirante a un cónclave todavía sin fecha, pero que podría precipitarse tras las elecciones de la Comunidad de Madrid del próximo 4 de mayo.

Anaya cuenta con el respaldo de algunos cuadros locales de la provincia de Valencia, como el alcalde de Alfafar, Juan Ramón Adsuara, pero también del llamado Foro Populares 2020, el grupo liderado por el expresidente de la Generalitat, Francisco Camps y el exsenador Pedro Agramunt, y cargos clásicos del sector cristiano del partido, que tenía en el fallecido Juan Cotino a uno de sus líderes. Anaya se reunió con Camps antes del anuncio, aunque el aspirante incardina ese encuentro en una consulta con más gente y dice que no fue determinante en su decisión.

Hasta ahora a Mazón le han regalado el éxito, no se ha presentado a ningunas elecciones.

El precandidato de un congreso todavía sin fecha asegura que ha recibido llamadas de "muchos compañeros que se han sumado al proyecto". "La respuesta ha sido muy buena. Esto no va de familias, sino de recuperar a mucha gente, también a gente que se ha ido desencantada y que hay que movilizar", señala en declaraciones a El Confidencial. Pese a la sospecha en algunos sectores de que está buscando negociar un espacio en la nueva etapa, el alcalde de Ayora asegura que no va a renunciar.

El movimiento de Anaya ha agitado las aguas populares valencianas. Para muchos es un salto a una piscina vacía, un "error estratégico", señalan cuadros cercanos que no le han acompañado, porque hace meses que las cartas están marcadas por la secretaría general de Teodoro García Egea en favor de Carlos Mazón, presidente de la Diputación de Alicante, el único con poder institucional de peso en la Comunidad Valenciana y verdadero delfín de la dirección nacional para renovar el liderazgo regional en sustitución de la presidenta del PPCV, Isabel Bonig.

Génova ha ido cerrando el cerco al deseo continuista de Bonig. A la espera del congreso provincial de Castellón convocado para el 8 de mayo, con la favorita de la dirección nacional, Marta Barachina, como única aspirante tras un proceso de integración de la candidata crítica, la actual presidenta regional vive una situación muy incómoda. Se desayuna cada mañana con artículos en los medios de comunicación en los que se da por hecho su relevo, pero todavía no ha recibido la llamada de Casado explicándole sus verdaderas intenciones en la Comunidad Valenciana y las razones de un posible cambio en el liderazgo. De ahí que reitere cada vez que alguien le pregunta si quiere repetir, que cree en los procesos de primarias que ya ha ensayado su partido y que los militantes tienen derecho a expresar su opinión. Otra cosa es qué hará si se produce esa llamada del líder del PP. Con García Egea hace tiempo que la comunicación de Bonig es escasa y fría.

La candidatura de Anaya ha agitado las aguas ante un congreso que parece tener las cartas marcadas desde hace meses

Son pocos quienes en las filas de la organización valenciana estiman que la actual presidenta regional tendría alguna opción en un enfrentamiento orgánico abierto con Mazón. No solo es que no disfrute de excesivos apoyos internos. Es que hay una percepción en amplios sectores de que una vez más se impondrá la naturaleza vertical o piramidal de la formación conservadora. De ahí que nadie quiera dar un paso en falso. Es lo que ha pasado en los congresos provinciales.

Foto: Isabel Bonig (i), con Carlos Mazón a su izquierda, Luis Barcala y María José Catalá. (PPCV)

Mazón todavía no ha confirmado su candidatura. Como en una partida de 'truc', juega callado a la espera de la convocatoria oficial. Pero toda la organización la da por segura y sus afines trasladan el mensaje de que tiene una voluntad integradora y que si da el salto lo hará negociando y hablando "con todo el mundo", como ha hecho, en general, en la Diputaciòn de Alicante. También las reticencias al candidato de Génova en el congreso provincial de Valencia se saldaron con una lista de integración liderada por Vicente Mompó en la que se incluyeron a representantes de todas las familias, incluido el propio Anaya. "No quiere un congreso de confrontación", explican los mazonistas.

placeholder Teodoro García Egea, con María José Catalá, la presidenta local en Valencia. (EFE)
Teodoro García Egea, con María José Catalá, la presidenta local en Valencia. (EFE)

En ámbitos populares se ha especulado sobre si Anaya podía contar con el respaldo de la portavoz municipal y presidenta local de Valencia ciudad, la exconsellera María José Catalá. Fue ella quien lo postuló para ocupar el puesto de coordinador en el congreso provincial en el que Génova aupó a Mompó pese a las reticencias de algunas familias populares valencianas, como la del propio Camps.

Sin embargo, la dirigente popular, una de las referencias del partido en la provincia de Valencia, se ha desvinculado de la operación por completo. Catalá conoce muy bien los planes y los resortes de Génova. Estuvo reunida con el número dos del PP en Madrid el pasado 17 de marzo, cuando todavía se especulaba con que Toni Cantó fichase por el PP para Valencia y no para Madrid. De ese encuentro salieron compromisos que podrían ir viéndose en las próximas semanas en clave de apoyo explícito a la candidatura de Mazón. Hay quien incluso ve a la portavoz municipal en la lista regional para el congreso interno acompañando codo con codo al dirigente alicantino en su asalto al liderazgo autonómico.

En esa misma posición de cierre de filas con la propuesta de la dirección nacional están otros cuadros de relevancia, como el senador y exvicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Fernando de Rosa, o la diputada en el Congreso, Belén Hoyo, afín a Casado.

Paralelismos con Zaplana

Todos los planetas parecen alinearse alrededor de Mazón, un político que todavía tiene que demostrar que es merecedor de ese liderazgo para el que trabaja su amigo García Egea. No hay encuestas conocidas que reflejen un mayor tirón que Bonig y hasta es muy probable que esté situado por debajo en niveles de conocimiento ciudadano.

En cierto modo, la situación recuerda a la de 1995, cuando uno de los mentores del dirigente alicantino, Eduardo Zaplana, conquistó desde Benidorm y la provincia de Alicante el poder orgánico regional y apartó, curiosamente, a Pedro Agramunt del liderazgo interno como primer paso. La historia tiene muchos paralelismos. Entonces, como ahora Mazón, Zaplana era un joven político desconocido para muchos. La jugada le salió bien al PP, en pleno ocaso del PSOE de Felipe González. Pero eran otros tiempos. El delfín de Génova no parece tenerlo todo tan fácil. Hasta ahora le han regalado el éxito, no se ha presentado a ningunas elecciones. Tendrá que trabajárselo más si, además de ser el líder de la oposición, quiere sentarse en la silla que ahora ocupa Ximo Puig en el Palau de la Generalitat.

La carrera por la presidencia y el control del Partido Popular valenciano ya ha empezado. La mecha de la traca podría encenderse inmediatamente después de las elecciones madrileñas del 4 de mayo. La formación conservadora tiene como gran asignatura pendiente recuperar posiciones y respaldo electoral en una autonomía en la que antaño disfrutaba de hegemonía, no solo en el poder territorial, sino como granero electoral de cara a los comicios nacionales. Desde la última mayoría absoluta de Francisco Camps en 2011 y la victoria de Mariano Rajoy el mismo año, decenas de miles de votos se han perdido como lágrimas en la lluvia. Tras el cambio político de 2015, los populares llevan seis años pasando frío a orillas del Mediterráneo.

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