DOS CANDIDATURAS PARALELAS

Guerra en el independentismo radical: cómo la ANC quiere echar a la CUP del Parlament

En pleno desconcierto por el fracaso de los CDR este fin de semana, Primàries Catalunya desvelaba su intención de acudir a las autonómicas: un misil en la línea de flotación de la CUP

Foto: Los cuatro diputados de la CUP Carles Riera(d) , Maria Sirvent (2d), Vidal Aragonés (2i) y Natalia Sánchez (i) abandonan el hemiciclo del Parlament. (EFE)
Los cuatro diputados de la CUP Carles Riera(d) , Maria Sirvent (2d), Vidal Aragonés (2i) y Natalia Sánchez (i) abandonan el hemiciclo del Parlament. (EFE)

La guerra dentro del independentismo catalán ya está abierta. El conflicto interno ha tomado una dimensión nueva a partir del pasado fin de semana. La convocatoria fallida de los comités de defensa de la república (CDR) ha dado alas a otro sector soberanista que no por opositor es menos radical. Entre ellos, se dirime el control de las calles y del propio ‘procés’. El punto de inflexión llegó el pasado sábado, cuando los CDR habían llamado a bloquear Cataluña.

La convocatoria no encandiló a muchos ciudadanos. Se debían colapsar nueve estaciones de tren a las 11 de la mañana. A las 10:30, se lanzaron agónicas alertas sobre la falta de gente. Pasadas las 11, se convocó a todos a concentrarse en la estación de Sants, la principal de Barcelona. Y hasta allí fueron un centenar y pico de activistas. “El intento de bloqueo de Sants fue un fracaso total. Era muy difícil. Estaba mal planteado”, se disculpaba un activista después de que antes de las dos de la tarde se hubiesen desconvocado las movilizaciones de esa jornada. Desde las ‘altas instancias’ comenzaron a llegar noticias de que había que ‘alimentar’ solo algunas protestas (o sea, cortes de calles y carreteras) puntuales y reservarse para cuando haya la sentencia del juicio por desobediencia contra el ‘president’ Quim Torra, que se celebró este lunes.

El desánimo entre las filas soberanistas por el pinchazo del sábado era evidente. “¿Más de dos millones de personas no tienen tiempo suficiente para ir a alguna de las convocatorias que se han hecho en el último mes? ¿No? ¿De verdad? Yo también tengo necesidades y obligaciones, las cubro y voy. Y en todas, siempre lo mismo: no más de 1.000 personas. Así no hacemos nada”, razonaba un activista a sus superiores.

Una de las formaciones que participaban hacía autocrítica acabada la mañana del sábado. “Lo que había planeado hoy de bloquear Barcelona no se ha visto por ningún lado. Según el canal de los CDR, yendo a la estación de Sants ha perjudicado mucho. Pero la realidad es que los trenes funcionaban con normalidad y los pasajeros entraban sin problemas”. Otro conocido activista era más contundente: “Había poca gente. Ya basta de excusas. Si hubiésemos sido 20.000, otro gallo cantaría”. El culmen llegaba por la tarde. “Después del desastre de hoy, ¿quién quiere hacer algo? A mí, sinceramente, se me han quitado las ganas”.

Objetivo: echar a la CUP del Parlament

En esos instantes de desconcierto y desazón por el fracaso en la convocatoria de los CDR, Primàries Catalunya hacía pública su intención de presentarse a las elecciones autonómicas. Un misil en toda regla a la línea de flotación de la CUP, que se presentó a las elecciones generales por primera vez en la historia el pasado 10 de noviembre, logrando dos diputados. Lo cierto es que con esa candidatura dinamitaba la del Front Republicà, que en las elecciones de abril sacó algo más de 113.000 votos pero ningún representante. El Front estaba encabezado por el expodemita Albano-Dante Fachin, ahora ferviente devoto de Carles Puigdemont. Y precisamente Puigdemont quería potenciar de nuevo la candidatura del Front para restar votos a ERC. Al presentarse la CUP, la jugada de Puigdemont resultó vana. Esquerra ganó por mucho y los de Puigdemont quedaron algo más que dolidos. Junto a ellos, quedaron en la cuneta otras plataformas, como la ANC, cuyas territoriales habían llamado a la militancia a votar a JxCAT o a la CUP, pero no a ERC.

Guerra en el independentismo radical: cómo la ANC quiere echar a la CUP del Parlament

Es más: ante los evidentes vínculos de Primàries con la ANC, esta entidad trató, al inicio de la campaña electoral de las municipales, de desvincularse de la candidatura de esta plataforma, aunque no lo consiguió. A ello tampoco ayudan las tradicionales relaciones entre los dirigentes de la Asamblea y de la plataforma de Graupera, así como las ayudas mutuas cosechadas hasta ese momento. Primàries nunca podrá abandonar la sombra de la ANC, de la misma manera que esta no podrá nunca hacer creíble su distanciamiento de la plataforma que impulsó desde su seno. ¿Cómo va la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, a renegar de la criatura que ella misma gestó en el verano de 2018?

Así pues, la venganza es un plato que se sirve frío. Justamente cuando la CUP recibe un fuerte varapalo con el fracaso de los CDR, se confirma la pretensión de Primàries, la marca genuina de la ANC, de presentarse a las autonómicas, en competencia directa con la CUP. En realidad, la ANC es el instrumento que utiliza Puigdemont para movilizar la calle. En época electoral, usa esta entidad para pedir el voto para su lista o para una lista alternativa que debilite a ERC. Y ahora la utilizará para debilitar a la CUP, que es quien desbarató sus planes de potenciar el Front, un híbrido entre Primàries y JxCAT.

Parecidos, pero no revueltos

Primàries está encabezada por Jordi Graupera, el independentista que se presentó a las municipales de mayo pasado tras visitar a Puigdemont en Waterloo y recibir su bendición. Su irrupción en la política municipal significó que los antisistema de la CUP perdiesen en Barcelona unos votos vitales y quedasen fuera del ayuntamiento. La historia se puede repetir en las autonómicas: la jugada de Primàries, con el beneplácito de Puigdemont y el apoyo incondicional de la ANC, puede acabar de echar del Parlamento autonómico a la CUP.

El sábado pasado, este nuevo movimiento celebró en Barcelona su convención fundacional, en la que aprobó convertirse “en un movimiento de ámbito nacional supramunicipal”. Todo un desafío a los radicales de la CUP, que a pesar de controlar los CDR ya no dominan la calle, como se ufanaban hace dos años.

Pese a lo que pueda aparentar, los objetivos de Primàries y CUP son muy parecidos. Mientras que la CUP y los CDR abogan por la unilateralidad y la declaración unilateral de independencia, Primàries apuesta por lo mismo desde una óptica de la unidad del independentismo a través de listas abiertas. En la ponencia aprobada este fin de semana, el nuevo movimiento independentista reclama que la mayoría de diputados del Parlament hagan efectiva la independencia y den validez jurídica a “todas las leyes de la nueva república”, un Govern que aplique el “nuevo marco legal”, una mayoría de ayuntamientos alineados para aplicar el “nuevo orden provisional” y “una sociedad civil activa y consciente que acompañe y defienda sus instituciones”.

La hoja de ruta aprobada no difiere mucho de la de la CUP: “Unilateralidad y desobediencia civil e institucional masiva”. Solo hay dos cosas que la diferencian de la formación anticapitalista. La primera, según reconocen los propios impulsores de Primàries, es que esta nueva formación reclama que el “mandato del 1 de octubre está vigente y es vinculante”. Por ello, siguiendo la estela de la ANC, quiere que el Govern, en sede parlamentaria, levante la suspensión de la declaración de independencia y que se comunique oficialmente a la ONU esa circunstancia. A partir de ahí, exige que se aplique la Ley de Transitoriedad Jurídica (la misma que aprobaron JxS y la CUP el 7 de septiembre de 2017, que suspende la separación de poderes poniendo a los jueces bajo la tutela del consejero de Justicia) y que se restablezcan las leyes aprobadas por el Parlamento catalán y suspendidas por el TC debido a que invadían competencias que no eran propias.

La segunda diferencia con la CUP es el beneficiario final de la jugada: en la CUP, ese beneficiario es un movimiento minoritario colectivo, con reminiscencias soviéticas, mientras que en Primàries se adivina que es una estructura política que se esconde detrás de una presunta transversalidad pero cuya estrategia está dirigida a erosionar y debilitar a solo una parte del independentismo mientras la otra aplaude entusiásticamente.

Cataluña

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