EN UN LOCAL GESTIONADO DE LAS CUP

Dentro de la asamblea secreta de todos los 'comités cubanos' de Cataluña

Las figuras más importantes de la resistencia en las calles de toda Cataluña se dieron cita ayer en un local independentista a las afueras de Sabadell. No hubo consenso

Foto: La reunión, momentos antes de disolverse.
La reunión, momentos antes de disolverse.

"No sabemos nada, si es vecinal mira a ver en el ayuntamiento, que a lo mejor queda algún concejal de la CUP y te puede decir algo". Es media mañana y la policía municipal de Sabadell, la quinta ciudad más grande de Cataluña, desconoce que aquí, en pocas horas, se llevará a cabo la primera asamblea de todos los Comités de Defensa del Referéndum (CDR) de Cataluña.

Es lógico, porque la hora y el lugar concreto no están publicados en ningún sitio. Los organizadores, el CDR de Sabadell, dependiente de la CUP local, se han cuidado de que solo los invitados sepan de la convocatoria. Los CDR son plataformas ciudadanas gestadas por la CUP días antes del referéndum del 1-O para garantizar el voto; ellos fueron los que durmieron en los colegios electorales y organizaron las manifestaciones posteriores a la actuación policial que colapsaron las arterias de las principales ciudades de Cataluña. Durante las últimas semanas han crecido exponencialmente, tanto en número como en extensión geográfica, y se cree que al menos cien barrios de la región poseen su propio CDR, cuya estructura se basa en los Comités de Defensa de la Revolución del castrismo.

La gran asamblea se celebra en un polígono industrial lleno de fábricas antiguas a las afueras de Sabadell, en un casal independentista de la CUP, a las cinco de la tarde. El sol pega fuerte sobre los asistentes que hacen cola a las puertas. "Sois muchos más de los que creíamos, esperábamos menos de la mitad de gente", vocifera uno de los organizadores a las personas congregadas. "Vamos a tener que abrir las puertas para que entréis todos, pero os recordamos que son tres representantes máximo por cada CDR y sin periodistas, fotos ni tuits".

Sin medios de comunicación

A medida que se va llenando el auditorio, el bar "alternativo y popular" del casal, con la inscripción "mambo" en la entrada, se va quedando vacío. Junto a un mostrador, carteles pidiendo la libertad de Alfon (el vallecano detenido y encarcelado tras la huelga general del 14 de noviembre de 2012), varios ejemplares de la revista Directa (un órgano de expresión cercano a las CUP) y otros calendarios y octavillas relativos a la lucha, se sientan dos mujeres. Una de ellas resulta ser Sophie, una periodista francesa que viene a cubrir la asamblea y a la que se le ha concedido "una entrevista previa". Pero después, cuando comienza el acto propiamente dicho, tiene que quedarse tomando una cerveza fuera. "Se ha decidido que sin medios de comunicación y sería una injusticia dejarte pasar cuando a la propia TV3 se le ha dicho que no podía estar", le explican los organizadores.

Antes, ha tenido un rato en el que la responsable de los comités en Sabadell ha contestado a sus cuestiones. Eso sí, con cierta cautela. Por ejemplo, cuando Sophie le pregunta por el motivo de desear tan fervientemente la independencia, la portavoz se queda un tanto dubitativa hasta que finalmente responde: "Para poder hablar mi lengua en libertad". La francesa le replicó un poco incrédula que no le constaba tal dificultad. "Y todo un poco así", confiesa, aunque sin querer contar muchos detalles porque le parece una indiscreción para con sus "anfitriones". Los organizadores incluso le hicieron cambiarse a la acera de enfrente arguyendo que el micrófono de su cámara podría captar las declaraciones del interior.

¡Quienes estén dispuestos a ponerse en peligro y dormir fuera de casa, que vengan a verme!

Dentro el calor es abrumador, cercano a los 40 grados. En un pequeño auditorio de barrio se arremolinan doscientas almas, distribuidas en el patio de butacas, los pasillos y un pequeño ambigú al fondo. Hay representantes de 80 CDR de toda Cataluña: Girona, Manresa, Masnou, Sants, Les Franqueses, Badalona, Esplugues, Nou Barris, Tarassa, Casteldefells… que responden a perfiles diversos. Predominan los veinteañeros de estética antifascista (con sus rastas y sus bicis incluidas), pero también hay jubilados y activistas de todo tipo, edad y condición. Hasta hay uno con la camiseta de Marinaleda. Se leen los puntos del orden del día: son varios, pero casi todos han venido aquí para coordinar la estrategia ciudadana ante la eventual activación del 155.

Aquí funcionan los códigos asamblearios que se popularizaron en el 15-M, como el gesto de desenroscar una bombilla y volverla a enroscar alocadamente para expresar apoyo o el que los futbolistas usan para pedir el cambio cuando se quiere instar a la premura. Cuando quieren intervenir, levantan un cartel con el nombre de su barrio y esperan a que la mesa les dé voz. La asamblea comienza con una llamada al orden ideológico que será respetada durante las tres horas de asamblea: "Veo gente de Òmnium, de CUP, de ERC… Aquí venimos cada uno de su padre y de su madre, pero no estamos para defender posturas políticas concretas, os ruego que eviteis mencionar a partidos políticos. Estamos aquí porque somos los que podemos movilizar a la calle, como hicimos después del referéndum, y queremos canalizar nuestras acciones".

Activismo de guante blanco

La asamblea discurre en tono cordial, de compañerismo, con constantes alusiones a la resistencia no violenta, pero sin olvidar la resistencia como modo de alcanzar la independencia. Solo el representante de Calella, un hombre de mediana edad, rompe el sosiego: "Yo tengo una propuesta de acción clarísima, pero no la puedo decir aquí porque es clandestina. Quienes estén dispuestos a pasar unos días fuera de casa y poner en riesgo su integridad, que hablen conmigo después de la asamblea", dice al gentío antes de ser reprendido por los organizadores: "Aquí no se viene a hacer propuestas clandestinas, ¡hombre!".

Uno de los temas más candentes es la conversión de los Comités de Defensa del Referéndum en Comités de Defensa de la República Catalana; la mayoría de CDR lo ven como una evolución lógica, pero algunos no están por la labor, porque defendieron el "derecho a votar de los catalanes" pero entre sus filas se cuentan muchos no independentistas. Los matices terminológicos son cruciales en esta asamblea, como es lógico cuando un grupo heterogéneo de ciudadanos intenta diseñar una república desde cero.

¿Y qué haremos si con el 155 nos intervienen cosas cruciales como la Sanidad o la Educación?

Son precisamente estos intercambios sobre matices, sobre detalles en la postura de cada colectivo sobre temas tan peregrinos como la invocación de unas brigadas internacionales callejeras, la conveniencia de otra huelga general o la posibilidad de incluir actividades culturales en las acampadas para prolongar la protesta, las que hacen de las asambleas un pandemonio infumable. Esta, aún de guante blanco, incluye aportaciones que llevan el debate de uno a otro lado. Caben cuestiones técnicas: "¡A ver si vamos a convocar a la gente en la calle sin saber cómo protegerlos o cómo cortarle el acceso a la policía!" y también pasionales: "¡Caceroladas desde el momento que se active el 155 en los ayuntamientos, que se nos escuche todo el tiempo!", dice el responsable de Villanova i la Geltrú, el único en intervenir en español de las decenas de ponentes. En el CDR de San Andreu van un poco más allá: "¿Y qué haremos si con el 155, o después, nos intervienen cosas cruciales como la Sanidad o la Educación?".

El debate empieza a decaer en torno a la tercera hora. Los del ambigú y el fondo del auditorio se acercan al bar a por una cerveza y un cigarro -y lo que no es un cigarro-, y al final las fuerzas están divididas: hay casi tanta gente fuera como dentro del casal. No se han alcanzado consensos definitvos, más allá de reafirmar que las movilizaciones posteriores al 1-O fueron muy importantes y que se repetirán si hay 155. Quedan todos emplazados para el sábado que viene, en una nueva ubicación secreta, para seguir armando la estructura con más poder para movilizar las calles de Cataluña. Y sin embargo, viéndoles bajar calle abajo, ya dispersos en grupitos, hacia la parada de Can Feu-Grácia, no parecen más que ciudadanos.

Cataluña

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
31 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios