reconocen que esos días mandaron los cdr

La CUP exige en un documento volver a dominar la calle "como el 20, el 1-O y el 3-O"

Están decepcionados con Puigdemont. Son los más duros de los socios radicales del Govern en el camino a la independencia y ahora reclaman en asamblea controlar de nuevo Cataluña

Foto: Manifestación en la plaza de la Universidad de Barcelona en protesta por las cargas policiales del 1-O. (EFE)
Manifestación en la plaza de la Universidad de Barcelona en protesta por las cargas policiales del 1-O. (EFE)

Alerta general en los círculos del independentismo radical catalán. Este miércoles, tras la declaración/no declaración de la independencia del ‘president’ Carles Puigdemont en el Parlamento autonómico, los movimientos más radicales del independentismo comenzaron con una serie de frenéticas reuniones para discutir cómo hacer frente a la nueva situación. El núcleo duro de la CUP, articulado en el partido Endavant, aprobó un nuevo documento en el que resalta que “el proceso de autodeterminación solo avanza en la calle”. Los radicales reclaman volver a tomar el control de las calles como, reconocen, hicieron en los días 20 de septiembre, 1 de octubre y 3 de octubre, cuando actuaron los comités de defensa del referéndum (CDR) como milicia urbana y el Gobierno catalán no tuvo el control de la situación.

Los anticapitalistas se vanaglorian en el documento aprobado este miércoles de que el ‘procés’ pasó de las instituciones a las calles después del 20 de septiembre, pero sobre todo después del 1 y el 3 de octubre. Eso significa que durante al menos esos tres días las milicias radicales fueron las dueñas de la situación ante la pasividad de la Generalitat, que seguía las órdenes ‘populares’ para mantener el calendario de la consulta. Por ello, el 20 del mes pasado, con motivo de los registros practicados en los despachos del Gobierno catalán por orden judicial, colectivos radicales sitiaron la sede de Economía y se concentraron durante una noche ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). Y los Mossos d’Esquadra se mantuvieron totalmente al margen del acoso a la comitiva judicial: quienes mandaban era los que sitiaban las dependencias gubernamentales.

Luego, tuvo dos puntos álgidos, en los que el poder estaba en manos de la CUP y no del Gobierno de la Generalitat: el 1 de octubre, fecha del referéndum, y el 3 de octubre, día de ‘paro de país’. Durante esas jornadas, los anticapitalistas se hicieron con todo el control de las calles a través de los CDR. Y en esos días, materializó incluso concentraciones nocturnas y algaradas ante sedes policiales y ante hoteles donde se alojaban los agentes del CNP y de la Guardia Civil enviados a Cataluña. En ese momento, la Generalitat no podía controlar las calles ni las milicias.

Tras ese paréntesis, afirma el texto, “el miedo del soberanismo gubernamental dictó un retorno del ‘procés’ a las instituciones”, a lo que la CUP accedió, según se infiere del texto. Pero con esa misma estrategia, ahora los antisistema sostienen que se ha de “acabar de materializar el ejercicio del derecho de autodeterminación”.

Los cuatro puntos que exigen al Govern

Los anticapitalistas han puesto cuatro puntos sobre la mesa para “parar este ataque a la soberanía y hacer respetar los resultados del 1 de octubre”. El primero de ellos es “exigir la proclamación de la República independiente en la calle”. Para ello, estudia ya “un calendario de movilizaciones amplias de todos los agentes que no han apoyado el paso atrás del gobierno autonómico”. Para los ‘cuperos’, el Govern de la Generalitat traicionó al pueblo al no proclamar la independencia. Es más: subraya que Puigdemont “cedió al chantaje de la banca, la patronal y la UE (…) el mensaje que lanzó es claro y triste: las opiniones de unos pocos tienen más valor que los votos de una mayoría; la soberanía, para el soberanismo gubernamental, es negociable y transaccionable”.

La CUP exige en un documento volver a dominar la calle "como el 20, el 1-O y el 3-O"

En uno de los párrafos de su reflexión asegura que el Gobierno catalán ha tenido miedo de tomar decisiones políticas. Y expone su aportación: la apuesta por la revolución. “Una revolución que implica la acción del pueblo en la calle, la toma de control del territorio, el control de los sectores económicos estratégicos y la voluntad decidida de construir un poder político independiente”. Su propuesta es diáfana: la estrategia sólo pasa “a través de la desobediencia al marco constitucional y europeo y la obediencia única al mandato popular”.

El segundo punto aprobado por los radicales es “continuar trabajando en el proceso de autoorganización popular”. Señala el documento: “Los CDR (comités de defensa del referéndum) y las diferentes formas de autoorganización al margen de las correas de transmisión de las direcciones del soberanismo gubernamental son un valor importantísimo y clave para generar movilización”. La prioridad, antes que la unidad política con ERC y el PDeCAT, es “dar cumplimiento al mandato popular del 1 de octubre”. Y eso porque el pacto político, si no se materializa el compromiso de la ruptura, “no sirve para nada”.

El tercer punto de los duros es “secundar la propuesta de la CUP de paralizar su intervención en el Parlament”, ya que “la legislatura sólo tiene sentido si culmina con la inmediata proclamación de la República independiente”. En uno de los párrafos explicita que esa ausencia de las tareas parlamentarias se mantendrá “hasta que se hagan efectivos los resultados del 1 de octubre”. O sea, hasta que se proclame la independencia.

La CUP exige en un documento volver a dominar la calle "como el 20, el 1-O y el 3-O"

El último eje que propone Endavant es “desmontar el discurso sobre el ‘diálogo’ destinado a justificar la reforma constitucional”, puesto que considera que esta reforma “no puede ser presentada como un mal menor, sino que significa alargar la pertenencia de los Països Catalanas al Estado español durante más generaciones”. En otras palabras: nada de pactar con el Estado.

Críticas a PDeCAT y al ‘colauismo’

La movilización, pues, está servida. De hecho, fuentes de Junts pel Sí señalan a El Confidencial que “a lo largo de los últimos años, hemos visto la incapacidad manifiesta de la CUP de estar en las instituciones. Se encuentra mucho más cómoda en las calles”. Esta misma fuente subraya que “el 1 de octubre se demostró la capacidad de movilización que tiene la CUP en las escuelas”. Y esta circunstancia es vista como positiva, porque mientras en el exterior de las instituciones se mantiene la tensión y se moviliza a los ciudadanos, los partidos ‘tradicionales’ pueden realizar su labor desde los despachos. Tras el requerimiento del presidente del Gobierno español a Puigdemont para que diga si proclamó o no la independencia, la CUP cree que sólo hay tres escenarios posibles: “ruptura, reforma o involución. Quien no juega a favor de uno, está jugando a favor del otro, por mucho que de diga lo contrario. En el Principado [nombre dado a Cataluña en el independentismo], la ruptura es la proclamación de una República independiente”.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (Reuters)
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (Reuters)

Alerta la organización antisistema, sin embargo, que amplios sectores políticos del soberanismo se están reubicando en un escenario de reforma constitucional, que “perpetuaría durante décadas la sumisión de nuestro pueblo al Estado español y a los dictados de la UE”. Arremete, así, contra una parte del PDeCAT, a la que tilda de “reformista” y que sería la vía preferida por “algunos sectores del poder económico de Cataluña".

También alerta el documento que “el papel del colauismo y de Compromís en todo el conflicto ha sido, sistemáticamente, el de obviar la voluntad popular y el de menospreciar cualquier concepto de soberanía real y el de querer cerrar el conflicto a través de negociaciones por arriba”.

También se posicionan 'los cachorros' de Arran

La organización juvenil de la CUP, Arran, aprobó también un documento con cuatro reflexiones sobre la nueva situación. Y el último de los cuatro puntos no deja de ser un serio aviso sobre el futuro inmediato: “Hoy, más que nunca, la partida se juega en las calles. De la misma manera que el referéndum fue posible gracias a un pueblo organizado y determinado a defender sus derechos, la independencia sólo será factible si el pueblo continúa en las calles, reclamando lo que ya dejamos claro votando, enfrentándonos a la represión juntos, y no esperando que se decida en los despachos lo que en cada pueblo, ciudad, barrio o villa ya se puso de manifiesto: que el Estado español ya no tiene ninguna clase de legitimidad y que la independencia es la única vía para defender de manera efectiva nuestros derechos civiles y como pueblo”.

Los cachorros radicales creen que fue un grave error que Puigdemont no declarase la República catalana con todas sus consecuencias el pasado martes. Y que también es un grave error “no establecer unos plazos en la suspensión de la declaración de independencia”. Es más: ya se han convencido de que ni el Estado dará marcha atrás ni la Unión Europea mediará. De ahí que ya emplacen “a movilizarnos”, a hacer frente al Estado y a establecer una fecha a “corto plazo, fijo e inaplazable para hacer efectiva la declaración de independencia ahora suspendida”. La organización juvenil de la CUP espera “una más que probable escalada represiva”, pero afirma que “no nos acobardaremos ante la brutalidad policial, la judicialización del conflicto o los grupos de ultraderecha que quieran imponer la razón de Estado por encima de la voluntad popular”.

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