LAS NOTAS QUE SACUDEN AL INDEPENDENTISMO

Terradellas, el alfil en el Risk de Puigdemont cuyos diarios revelan la verdad de la DUI

Un sumario colateral al 'procés' sobre el desvío de fondos de cooperación revela contactos internacionales en 2017 para lograr la independencia de Cataluña

Foto: Víctor Terradellas en una conferencia. (YouTube)
Víctor Terradellas en una conferencia. (YouTube)

El 'procés' se jugó, tanto o más que en los despachos oficiales, en organizaciones satélites de la Generalitat. ANC, Òmnium, el "Estado mayor"... todos tenían su rol para desligar en lo posible a los cargos públicos de la declaración de independencia de Cataluña. Uno de los satélites menos conocidos era Víctor Terradellas, algo así como el hombre de Carles Puigdemont para las verdaderas relaciones internacionales. Mientras Raül Romeva ejercía de consejero de Exteriores por los despachos oficiales, el que labró de forma realista apoyos a la independencia con Rusia, China e Israel —únicos socios potenciales— fue Terradellas. Ahora, un sumario colateral ha desvelado en sus notas una visión más cruda del trabajo del independentismo para proclamar la independencia.

Fue hace dos años, cuando el independentismo tomaba impulso hacia la secesión de Cataluña, cuando Terradellas (Reus, 1962) emergió aunque fuese temporalmente de la sombra. Lo hizo en el salón de actos de la Universidad de Barcelona, con chaqueta y corbata y presentado por Artur Mas. "Tiene ideas, tiene convicción y tiene carácter, lo sabemos los que lo conocemos bien. Los castellanos dirían 'es muy suyo", lo introduce Mas, hasta unos meses antes presidente de la Generalitat

La conferencia presenta un mundo cambiante con una tensión entre EEUU y China y en el que Cataluña podría jugar sus bazas de independizarse. Allí, este hombre grande de sonrisa ladeada y socarrona y que parece tener un ojo siempre medio guiñado, un poco al estilo de Ancelotti, expone cómo está cambiando el mundo y cómo podría beneficiarse una Cataluña independiente. Su visión geopolítica es de juego de Risk, como llega a definir la situación del mundo. Aunque no lo expone con esa crudeza, demuestra una percepción realista, alejada de la teoría de la "revolución de las sonrisas" según la cual una Cataluña independiente sería reconocida inmediatamente en el mundo por sus valores democráticos y sin necesidad de ejercer o sufrir ningún tipo de violencia

Terradellas enumera ahí los tres referentes a los que podría mirar Cataluña y que podrían ver con buenos ojos una secesión dentro de la UE: EEUU, Israel y la dupla entre China y Rusia. "Los Estados Unidos ven bien estos procesos de emancipación, porque ven más fácil tratar con pequeños Estados-nación que con viejos imperios multinacionales y esto es útil porque puede ser propicio al reconocimiento del nuevo Estado catalán". "China, aliada con Rusia, quiere dejar definitivamente de ser periferia y ocupar el centro que le otorga la geografía. China que entiende que esta es una partida internacional y ha convertido a Rusia en su brazo armado. Rusia juega el papel que puede, no el que quiere".

Pese a que parte del independentismo más de izquierdas es propalestino, Terradellas defiende que Cataluña debe imitar a Israel

Pese a que buena parte del independentismo más denominado de izquierdas es propalestino, especialmente la CUP, Terradellas defiende que Cataluña debe hermanarse con Israel: "Defiendo sin reservas una alianza estratégica con Israel: una democracia mejorable, como todas, pero una democracia, la única democracia de su entorno y con un papel regional complejo. Israel es un ejemplo de comunidad nacional pequeña reconocida por su capacidad de innovación y con voluntad de jugar un papel internacional relevante. Es un referente para Cataluña".

Eso fue en septiembre de 2016. Entonces Terradellas estaba ya en un plan para conseguir apoyos para la independencia, como han revelado las anotaciones que la policía encontró en el registro en la sede de su fundación en mayo de 2018. Lo hacía a través de la Fundación CATmon y de la ONG Igman, el nombre de una montaña de los Balcanes. Su sede estaba en una callejuela del barrio gótico, en un bajo con entrada directa desde la calle. Entre libros arrumbados y un sofá en el que a veces se quedaba a dormir, Terradellas pergeñaba los apoyos que podía conseguir Cataluña y cómo hacer efectiva la independencia. La chaqueta y corbata de la conferencia junto a Artur Mas no eran su uniforme de trabajo. En algunas fotos aparece con una poblada barba blanca.

Puigdemont, cuando renunció a convocar elecciones convencido por, entre otros, Terradellas. (EFE)
Puigdemont, cuando renunció a convocar elecciones convencido por, entre otros, Terradellas. (EFE)

Tras su mesa de trabajo, una bandera de Israel bien visible; a un lado un atril con grandes folios con un esquema de flechas sobre cómo conseguir la DIU en función de que hubiera reconocimiento internacional o no. En sus múltiples papeles, Terradellas anotaba todo: listas de mandos de los Mossos según su fidelidad al independentismo, supuestas negociaciones con rusos, embriones de un ejército catalán... Una bomba retardada y manuscrita que estalla ahora.

"Él podía apuntar lo que quisiera, es un ciudadano libre, no un cargo público. Eso no quiere decir que fuesen planes oficiales", opina una persona que conoce bien el independentismo. En eso coinciden varios de los consultados, que de las notas de Terradellas es difícil distinguir lo que eran planes reales o solo de su cabeza. Lo que sí revela el sumario son sus buenos contactos con la cúpula independentista, su papel destacado y que fue uno de los que, en el último segundo, evitó que Puigdemont convocara elecciones autonómicas en octubre de 2017 y precipitó la fallida declaración unilateral de independencia.

Para ver cómo llegó a tejer tan buenos contactos es conveniente retroceder unos años. Su campo de acción era la cooperación. Convenció a la Generalitat de Pujol que en las "estructuras de Estado" que estaban formando, de TV3 a los Mossos, la cooperación debía ser una pata más, que si había un desastre humanitario, la cooperación catalana debía llegar antes que la española. Además, permitiría a Cataluña sembrar una red de apoyos en lugares con interés para el independentismo como los Balcanes o el Kurdistán. Internamente, a través del Centro Internacional Escarré para las Minorías Étnicas y Nacionales (Ciemen), Terradellas trabó contacto con actores relevantes años después en el independentismo, como Anna Gabriel, de la CUP.

Conocía los Balcanes y tenía un enfoque realista de la independencia, de conseguirlo con apoyos de Rusia, China o Israel y con sangre si era necesario

"Terradellas siempre fue independentista, pero entendió que Cataluña no la lograría hasta que Convergència, que era el partido mayoritario, no lo fuera. Por eso se metió allí en los 2000, para cambiarla desde dentro. Es el mismo entrismo que practicó Puigdemont en Girona", explica una persona que conoce bien ese mundo. Desde allí, comenzó a agitar las bases de Convergència, a introducir enmiendas en los congresos a favor del independentismo. Incomodaban a la dirección y a la vez fueron moviendo la posición del partido.

Con los fondos de la cooperación y capacidad para trabajar sobre el terreno, Terradellas se convirtió en un personaje clave cuando el independentismo miró al exterior. "Cuando la CUP veta a Artur Mas, Terradellas es uno de los que propone a Puigdemont y logra que la CUP lo acepte", explica uno de los consultados. Su influencia en la política catalana ha sido mayor que la que sugiere el modesto puesto que llegó a ocupar, el de responsable de relaciones internacionales de CDC.

Entró en Convergència para volcarla hacia el independentismo como única manera de conseguir la secesión

Al contrario que otros independentistas más naifs, Terradellas, que había estado en los Balcanes y conocía bien la sangrienta historia de la atomización de Yugoslavia, no creía en una independencia sencilla y amistosa con España. Por eso buscó apoyos realistas a la vez que intentaba influir en los centros de poder. Desde su fundación editó una revista en inglés muy cuidada sobre política internacional con las tesis del independentismo que enviaban a los despachos más influyentes de Europa. Su número dos en la Fundación CATmon era Francesc Dalmases, hoy diputado de JxCAT en el Parlament y próximo a Laura Borràs.

Creía que Cataluña debía imitar a Israel, un Estado duro en el Mediterráneo y rodeado por tierra de un entorno hostil, pero que soportaba sin inmutarse la presión internacional. Consideraba que Cataluña podría ser el espejo de Israel en la otra punta del Mediterráneo y que tendría mucho que ofrecer a China y Rusia y EEUU si la UE se mantenía firme con España. Curiosamente —o no tanto— Israel fue el único gran país que cuando el Parlament proclamó la independencia aquel 27 de octubre de 2017 no emitió un comunicado afirmando que no reconocía esa Cataluña independiente. No es que se pusiera de parte del independentismo, pero lo consideró un asunto interno español. Fue mucho más de lo que lograron del resto de países que, pese a ser viernes por la tarde, emitieron una cascada de comunicados de apoyo a España de la que no se salvó ni Andorra.

En aquel otoño de 2017, Terradellas fue de los que insistió a Puigdemont para mantener la apuesta contra España, arriar la bandera rojigualda tras la DUI y sacar a la gente a la calle. En lugar de eso, Puigdemont se fue de fin de semana a Girona y luego se fugó a Waterloo. La bandera española nunca dejó de ondear en Sant Jaume. Desde Bélgica, su antiguo compañero seguía contestando sus 'whatsapps', pero el día más importante no le hizo caso. Terradellas lo veía como la gran ocasión pérdida. "Tenía que haber sacado a la gente a la puerta de Palau. Con toda la prensa internacional aquí, ¿qué habría hecho España? Nada", cuentan que decía esos días. Y si lo hubiera hecho, al fin y al cabo las revoluciones no se hacen sin sangre.

Solo unos meses después, en mayor de 2018, la policía entraba con orden judicial en su fundación para investigar un desvío de dos millones de euros de fondos de cooperación de la Diputación de Barcelona para el 'procés'. Desde entonces se recluyó en su pueblo alejado de los focos y sin dar muchas señales de vida. No contestó a la llamada de este diario. Quienes le conocen descartan que él usase algo del dinero en provecho propio.

Le movía la independencia, a la que él aportó su visión geoestratégica, la misma que dejó manuscrita y que ahora sacude al independentismo. Lo hace porque sus papeles dan una visión más cruda de la realidad de aquellos días. Si el independentismo se presentaba en 2017 como un movimiento pacífico de sonrisas, democracia, ahora a través de una mirilla judicial se atisba algo de la trastienda: listas negras de mossos, alianza con Estados no democráticos, escenarios de violencia, ejércitos de mercenarios, desvío de dinero público... Quizá solo eran notas con las que fantaseaba Terradellas. Quizá esa fue la partida real que se jugó en 2017. O quizá es una mezcla de las dos cosas.

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