Los 'cupaires' no quieren autonómicas

La CUP pretende adelantarse a Puigdemont como referente en el nuevo 'procés'

Tanto la CUP como Puigdemont pretenden crear un Parlament paralelo. Si la imagen de ese órgano es bien vista en el exterior, el independentismo habrá ganado una batalla crucial

Foto: Políticos independentistas dan su apoyo a los CDR el pasado septiembre ante la Audiencia Nacional. (EFE)
Políticos independentistas dan su apoyo a los CDR el pasado septiembre ante la Audiencia Nacional. (EFE)

El independentismo radical toca a rebato en Cataluña. O se mantiene la tensión o, como describía muy gráficamente un activista este domingo, “habrán ganado [los constitucionalistas]”. La primera en mover ficha ha sido la CUP. La organización extremista quiere movilizar a los suyos y ha convocado para este lunes un encuentro de cargos electos. Esta maniobra sería la antesala para la Asamblea de Cargos Electos que pregona Carles Puigdemont, una entidad que pretende sustituir al Parlamento catalán pero que solo admite independentistas.

La jugada de la CUP hay que analizarla desde dos puntos de vista: en clave interna, los radicales ‘cuperos’ se han adelantado a sus eventuales ‘socios’ y han tomado la delantera en el plano político, tras una semana en la que primó el plano social; en clave externa, significa el posicionamiento de la organización de extrema izquierda como referente en el nuevo ‘procés’.

Para la CUP, el centro del debate político que nos espera son las penas de 100 años de cárcel para nueve líderes políticos y sociales, mientras que “desde 2006 hasta ahora, el Estado, sus órganos constitucionales y judiciales, pero también las instituciones políticas, han ido cerrando sistemáticamente las puertas a la política”. Señala la organización que “no es el Govern quien puede asumir todo esto, porque no tiene margen de maniobra y está atado de manos y pies por el Estado, bajo la amenaza constante del 155”.

La CUP, sorpresivamente, rechaza unas elecciones autonómicas en estos momentos. “Las instituciones están vacías, bloqueadas, amenazadas”, subraya. Por eso, su salida es un encuentro de “todos los cargos electos de todas las fuerzas democráticas del país, diputados, diputadas, concejales y concejalas, alcaldes y alcaldesas para reunirse en Barcelona y concretar el programa de reivindicación que dirigimos a la comunidad internacional para conseguir una salida democrática en clave de autodeterminación al callejón sin salida planteado por el Estado”.

En esta estrategia, la CUP coincide al milímetro con Carles Puigdemont. Únicamente hay una diferencia: los ‘cuperos’ se han adelantado. La intención de ambos es plantear una ‘duda razonable’ ante la comunidad internacional, presentando un supuesto órgano partidista y excluyente como si fuese “democrático”, cuando en realidad deja fuera de su representación a más de la mitad de la población y, por si fuera poco, no permite la ‘disidencia’. Si la imagen proyectada de ese órgano es bien vista en el exterior, el independentismo habrá ganado una batalla crucial.

El expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont, en Waterloo. (EFE)
El expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont, en Waterloo. (EFE)

Coordinación total

La Asamblea de Electos se coordinaría con los consejos locales por la república, dependientes del Consell per la República que preside Puigdemont, y que no permite que nadie no independentista se integre en ellos. Y si la estrategia del fugado en Waterloo pasa por ir creando plataformas y órganos ‘institucionales’, la de los ‘cuperos' pasa por el activismo callejero. Las dos caras de una misma moneda. Este fin de semana, la CUP emitía una reflexión en la que llamaba “a la dignidad, a la desobediencia civil y a perseverar en la movilización masiva y sostenida en el tiempo. Demostraremos, como ya hemos hecho en innumerables ocasiones, que no nos rendimos en la defensa de nuestros derechos”.

Poble Lliure, el principal partido que compone la CUP, que en ocasiones actúa al alimón con Puigdemont, añade presión exigiendo “un referéndum de autodeterminación para validar la creación de la república independiente de Cataluña. Este referéndum ha de ser organizado por el Govern de Cataluña con acuerdo del Gobierno español y supervisado por autoridades internacionales”. En la misma dirección de llamar la atención internacional van los llamamientos a cortar la AP-7 en La Jonquera (Girona), justamente en la frontera con Francia.

Los CDR, controlados por la CUP, mantuvieron esta vía de comunicación con Europa cortada el viernes y volvieron a cortarla el sábado por la noche. Este domingo, distribuyeron las cuentas de Twitter de un centenar de medios extranjeros para todos los independentistas para “que se vean forzados a hacer el seguimiento de la noticia. Difundid noticias para que todo el mundo sepa qué pasa aquí”. Aconsejan, por ejemplo, hacer mucho hincapié en los manifestantes heridos y en la brutalidad policial.

“Hacer cosas que tengan eco en Europa”

Miles de manifestantes, concentrados este domingo frente a la Jefatura Superior de Policía de Barcelona. (EFE)
Miles de manifestantes, concentrados este domingo frente a la Jefatura Superior de Policía de Barcelona. (EFE)

Paralelamente, la plataforma Primàries per la República ha pedido este domingo también que “el Parlament y el Govern hagan efectiva la declaración de independencia (sic) del 27 de octubre de 2017”, al mismo tiempo que exige que se expulse de Cataluña a “las fuerzas de seguridad españolas que ocupan ilegítimamente el territorio catalán”. Esta plataforma, que en sus inicios fue impulsada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC), obtuvo más de 28.000 votos solo en la ciudad de Barcelona en las últimas elecciones municipales, solo 1.000 votos menos que la CUP. La propia ANC organizó este domingo una marcha desde la casa de Puigdemont en Waterloo hasta Bruselas para visibilizar el conflicto. Eran poco más de un centenar de personas, pero suficientes para intentar llamar la atención.

Joan Gil, integrante de Primàries, de Constituents per la Ruptura (CxR) y de Justícia i Pau, activista que es un referente en el independentismo, reflexionaba este domingo: “La lucha por la independencia vía control efectivo del territorio es cortar carreteras”, pero subrayaba que otro de los componentes clave en este conflicto es el de contar con “aliados internacionales”.

Los independentistas son conscientes de que “hemos de hacer cosas que tengan eco en Europa, como bloquear aeropuertos, fronteras o hacer bajar la bolsa”, según razonaba otro activista este domingo. Un radical con cierto peso en las redes sociales, más partidario de la acción callejera, le contradecía: “Nos guste o no, el mundo no nos mira si no hay sangre y fuego (…) parece que, por desgracia, el pacifismo no llena diarios ni mueve conciencias”.

La estrategia de la extrema izquierda y la extrema derecha del independentismo tiene, en estos momentos, los mismos intereses: la internacionalización del proceso, el control absoluto del mismo y la necesidad de que se visualice de nuevo un ominoso enemigo de Cataluña: España. De ahí que las últimas maniobras de Puigdemont, que también podrían entenderse de interés para la CUP, persigan provocar un 155 como argamasa que vuelva a unir los intereses de las distintas facciones independentistas.

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