EL ‘EXPRESIDENT’ amenaza con OTRA INVESTIDURA

Los 'barones' del PDeCAT conspiran contra Puigdemont y exigen romper con él

En el último consejo nacional del PDeCAT (20 de diciembre) se levantaron voces contra la estrategia: "Hay gente hasta la coronilla de que el partido se utilice para fines particulares”

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)

Los ‘barones’ del PDeCAT se preparan para un año duro. La intención de Carles Puigdemont de querer calentar de nuevo la política catalana con otra investidura a distancia y de poner en marcha su Crida Nacional como partido puede ser la sentencia para dar la puntilla al partido heredero de Convergència Democràtica (CDC). O sea, lo que quiere Puigdemont es que el PDeCAT desaparezca como partido potente y que en la escena política catalana opere la Crida, que es una organización hecha a su imagen y semejanza y, lo más importante, por gente leal a su persona.

Pero los nacionalistas y demócratas de toda la vida no están dispuestos a pagar ese precio. “En el último consejo nacional del PDeCAT (celebrado el pasado día 20) ya se levantaron voces espontáneas y disconformes con la estrategia seguida y hay gente que está hasta la coronilla de que el partido sea utilizado solo para fines particulares”, explica a El Confidencial una fuente interna de la formación independentista.

Una de esas voces fue la de Mercè Conesa, presidenta del propio consejo, que arengó a la cúpula del PDeCAT a hacer del mismo un partido “líder, con personalidad propia y presencia pública, con ideas, con iniciativa y fuerza”. Advirtió de que, en la actual deriva, el PDeCAT se está convirtiendo en un “partido seguidista” en vez de ser una formación seria que proponga a los ciudadanos soluciones a sus problemas. Conesa, sin embargo, que abandonó sus cargos de alcaldesa de Sant Cugat y de presidenta de la Diputación de Barcelona para convertirse en presidenta del Puerto de Barcelona, no tiene todavía los refuerzos necesarios para plantar cara al ‘expresident’ fugado en Waterloo.

El problema, según las fuentes del PDeCAT consultadas, es que “el PDeCAT está secuestrado por Carles Puigdemont y no marca perfil”. Además, el grupo parlamentario de Junts per Catalunya (JxCAT), en el que está encuadrada la formación heredera de CDC, tiene amordazados a los hombres del partido en beneficio de los ‘amigos del presidente’. Este mismo miércoles, el portavoz del grupo, Albert Batet, ya anunció que JxCAT intentará de nuevo hacer ‘president’ a Carles Puigdemont. Es uno de los últimos cartuchos del ‘expresident’: se trata de destituir a Quim Torra y de ponerlo a él en su lugar. En ese proyecto, se baraja hacerle llegar a Cataluña acompañado de diputados extranjeros para evitar su detención o para provocar que sea detenido en presencia de políticos foráneos. Admiten que ese larvado menosprecio a la figura del ‘president’ es parte del precio que el propio Torra está dispuesto a pagar, habida cuenta de que siempre ha insistido en que él está en ese cargo provisionalmente y que el verdadero ‘president’ es Puigdemont.

Tacticismo desde Bélgica

Pero la propuesta de volver a insistir con la investidura áulica del político fugado en Waterloo es el enésimo intento de mantener el foco informativo en Puigdemont. Con ello, la política catalana vuelve a revivir la situación de hace un año. Más tensión y más inestabilidad es la receta del ‘expresident’ para mantener su estatus. O eso o la ‘muerte’ civil. Pero su apuesta es también todo un desafío no solo al PDeCAT, sino a ERC o a la CUP, a los que quiere forzar a apoyar sin condiciones su candidatura. Y en ese empeño contará con la inestimable ayuda de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la entidad que nació cívica y hoy es un actor político que trabaja al servicio exclusivo de Puigdemont. Por algo el expresidente de la ANC Jordi Sànchez se perfila como el secretario general de la Crida, o sea, la mano derecha de Puigdemont en la escena política.

Desde las filas posconvergentes se admite que la carga de profundidad de esa estrategia es minar a ERC. “Los de Esquerra hablan tanto de unidad que así se les pone encima de la mesa una situación concreta y han de decantarse con hechos, no con palabras vacías”, dicen las fuentes. Además, insisten, “Esquerra solo puede asumir esa estrategia de unidad temporalmente, porque sus bases son más radicales que la cúpula dirigente. Los que mandan acabarán pronto desautorizados y volveremos a las mismas de siempre. Es la historia de nunca acabar”.

Pero el personalismo mesiánico que Puigdemont imprime a su estrategia puede acabar pasándole factura, porque lo que ha provocado hasta ahora es ir calentando el ambiente de tal modo que ya tiene un germen de rebelión en su granja.

Los ‘barones’ del PDeCAT consideran también que la creación de la Crida (que debería echar a andar como partido el próximo 26 de enero) es poco menos que una alta traición de Puigdemont, aunque reconocen que en estos momentos no existe nadie con rostro para plantarle cara por dos motivos: la falta de cuadros potentes organizados dentro de la formación y el hecho de que Puigdemont está “en el exilio”, por lo que no se vería con buenos ojos apartarle de los órganos de decisión, ya que se podría considerar una traición hacia su persona y su “sacrificio”.

En este contexto, el liderazgo de David Bonvehí es solo un espejismo. “Intenta contentar a todo el mundo, pero en realidad está destruyendo el partido –afirman los críticos con su gestión-. En estos momentos, la dirección es un desastre por los bandazos que da y no hay un líder que ponga cordura”. Una muestra de la inconsistencia ideológica y del tacticismo personalista al que obliga Puigdemont es la actitud que mantiene el PDeCAT ante los Presupuestos Generales del Estado: su posicionamiento varía en función de cómo 'el fugado' en Bélgica se levante.

Herramientas mal utilizadas

En otras palabras: Bonvehí es una figura sin peso en el partido, mientras que quien da las órdenes y quien marca la estrategia a seguir es la vicepresidenta, Miriam Nogueras, la persona que Puigdemont le puso a su costado para tenerlo controlado y asegurarse de que el partido solo obedece las órdenes que llegan desde Waterloo. Por si fuera poco, “no existe una toma de decisiones coherente. Por eso, no se nota su presencia ni en el grupo parlamentario ni en la sociedad ni en el Gobierno, donde Quim Torra, que no es militante, no toma ninguna decisión si no le autorizan desde Bélgica. Es todo un desastre”, insiste la misma fuente.

Los ‘barones’ sostienen que “es preciso un cambio de rumbo profundo en el PDeCAT, porque la gente válida y honesta está desencantada”. Subrayan que Puigdemont y los suyos hablan siempre de nuevas herramientas para hacer una nueva política. “Se trataría de una nueva forma de actuar. Habla de dar la voz a la gente y no está mal esa idea. Esas son herramientas buenas, pero lo negativo es que se utilizan mal. Se han equivocado a la hora de plasmar en la práctica esas buenas intenciones”.

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