UN FAMILIAR DEL NÚMERO dos DE LOS MOSSOS CONTROLA UN GRUPO SECRETO

Quince 'mossos leales' protegieron a Puigdemont noche y día durante su 'exilio'

Los agentes se turnaban para atender todas las necesidades del prófugo y se instalaban por temporadas en dos apartamentos alquilados en Bruselas

Foto: Agentes de los Mossos y de la Policía Nacional. (EFE)
Agentes de los Mossos y de la Policía Nacional. (EFE)

Una quincena de agentes de los Mossos d’Esquadra han estado ayudando al ‘expresident’ Carles Puigdemont desde que este se fugó a Bélgica, según manifestaron a El Confidencial fuentes internas de este cuerpo. El ‘jefe’ de este dispositivo es el sargento Lluís Escolà, que oficialmente se encuentra de baja médica. Este agente, según algunas de las fuentes consultadas, es primo hermano del comisario Miquel Esquius, uno de los jefes de los Mossos —concretamente está considerado el número dos del cuerpo—, al haber sido nombrado el pasado mes de noviembre nuevo jefe de la Comisaría Superior de Coordinación Territorial, ocupando el cargo que hasta entonces tenía Ferran López, que asumió el mando tras la destitución de Josep Lluís Trapero.

En la furgoneta Mercedes en la que Puigdemont fue detenido y con la que intentaba burlar a los servicios secretos españoles viajaban dos agentes de los Mossos que oficialmente estaban de vacaciones: Carlos de Pedro y Xavier Goicoetxea. El primero es miembro de la unidad de Seguridad Ciudadana, destinado en la localidad de El Prat de Llobregat. El segundo es miembro de la unidad de escoltas de los Mossos, la misma a la que pertenece Escolà. Todos ellos forman parte de lo que se conoce como el Grupo de Apoyo al President (GAP), una unidad ‘secreta’ formada por acólitos ultranacionalistas que apuestan por la fidelidad al ‘president’ antes que mantener el juramento de fidelidad a las leyes. Se trataba, en palabras de un miembro del cuerpo, de “cumplir con la leyenda” y formar una guardia de corps épica alrededor de su figura política.

La quincena de agentes que hacen tareas de seguridad en torno de Puigdemont, según estas fuentes, se turnaban para atender todas las necesidades del prófugo y se instalaban por temporadas en dos apartamentos alquilados en Bruselas. En el imaginario independentista, la lista se eleva a varias decenas de agentes que pagaban todos los gastos de su bolsillo y sacrificaban días de vacaciones para “proteger al Govern en el exilio” como gesto patriótico. Aunque ese dato sea difícilmente verificable, sí es cierto que trataban de que siempre, al menos un par de ellos, tuviesen días libres para trasladarse a Bélgica y poder desarrollar su trabajo de escolta permanentemente junto a Puigdemont. “No querían que se quedase en ningún momento sin escolta, sino que siempre hubiese alguien de confianza a su alrededor”, subrayan las fuentes. Ese grupo estaba absolutamente jerarquizado y controlado por el círculo más íntimo del ‘expresident’, que depositaba en él toda su confianza.

En el imaginario independentista, la lista se eleva a varias decenas de agentes que pagaban todos los gastos de su bolsillo y usaban días de vacaciones

En el viaje a Finlandia, a Puigdemont le fueron asignados los agentes que en aquel momento estaban dispuestos, aunque se está investigando si estaban de baja, lo que podría acarrearles problemas laborales en el futuro. De momento, el Ministerio del Interior los ha denunciado ante la Audiencia Nacional por dar escolta a un prófugo de la Justicia española.

Fuentes internas de los Mossos explican a El Confidencial que “los mandos del cuerpo sabían dónde estaban esos agentes, aunque otra cosa es que tuviesen datos concretos de que estaban ayudando al prófugo de la Justicia en las circunstancias descubiertas”. Y subrayan que “un grupo de agentes se ha conjurado y ha formado un núcleo duro que se ha puesto a disposición de líderes independentistas ante la posibilidad de que puedan formar Gobierno próximamente y poder controlar el cuerpo”.

El engaño a la escolta

En estos momentos, se investiga el papel de cada uno de los agentes implicado en el asunto. El día en que el ‘expresident’ abandonó España, el GAP engañó a la escolta oficial. “Hoy no os necesitaremos”, fue el lacónico recado que un miembro del GAP dio a los escoltas apostados en una caseta cercana al domicilio de Puigdemont, en Girona. En el lenguaje interno del cuerpo, ese mensaje quería decir que el dirigente político no iba a salir de casa y no necesitaría escolta, por lo que la vigilancia se relajó. Minutos después, salía en un coche camuflado hacia Francia, desde donde pasaría a Bélgica para huir de la Justicia española.

En aquel momento, según algunas fuentes, fue acompañado por Escolà, aunque no era ningún delito que fuese a Francia o a cualquier otro país, puesto que no pesaba sobre él ninguna orden judicial. Pero la situación ha cambiado. “Si ahora le acompañaban agentes de la policía sabiendo que era prófugo, la cosa cambia. Un 'mosso' puede pedir permiso para ir adonde quiera, pero si contactas con un prófugo, el tema es diferente. Para empezar, incurres en un delito de denegación de auxilio a la Justicia, ya que tienes el deber de denunciar a cualquier prófugo buscado por los tribunales. Pero también pueden incurrir en delito de prevaricación y de encubridor”, subrayan las fuentes consultadas.

La situación es clara: cualquier 'mosso' (o cualquier policía) que se encontrase con Carles Puigdemont debería detenerle, puesto que había una orden internacional de busca y captura. Si no lo hiciese, estaría vulnerando la ley. Y es obvio que los dos 'mossos' que le acompañaban en el coche de vuelta a Bélgica no acataban esa orden judicial, aunque la excusa oficial que expondrán ante el juez será la de que habían ido a buscar a Puigdemont para entregarlo a la Justicia belga. Pero la mala suerte se cebó con ellos: los detuvieron por el camino.

Cataluña

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
37 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios