El 'expresident' aspira a volver como presidente

Carles Puigdemont cortocircuita a Oriol Junqueras y el PDeCAT queda en sus manos

Se trata de una victoria personal sin más programa que la restitución del 'expresident' en su puesto a la vez que de manera mágica desaparecen los cargos contra él en los tribunales

Foto: El 'exconseller' y número cuatro de JxCAT, Jordi Turull (c), y la directora de la campaña, Elsa Artadi (i), en la noche electoral. (EFE)
El 'exconseller' y número cuatro de JxCAT, Jordi Turull (c), y la directora de la campaña, Elsa Artadi (i), en la noche electoral. (EFE)

Carles Puigdemont se ha apuntado una victoria épica en estas elecciones catalanas. Con sus 34 diputados ha aplastado a ERC, en apenas dos meses, con una candidatura improvisada, y queda en disposición de convertir al PDeCAT en un partido a su imagen y semejanza o, incluso, crear una nueva formación al margen y soltando lastre convergente. Una proeza política sin precedentes, haciendo campaña desde Bruselas, con un presupuesto escaso y sin programa político alguno.

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Así que primer objetivo conseguido: ERC no se ha apoderado de la centralidad política catalana. Y el 'procés', lejos de morir, se ha consolidado en manos del presidente que llegó por accidente, Carles Puigdemont, escogido a dedo por Artur Mas, quien ahora se queda sin partido después de esta última carambola inverosímil: gana el presidente supuestamente legítimo que optó por presentarse a las elecciones que él mismo aseguraba que eran ilegítimas.

Carles Puigdemont cortocircuita a Oriol Junqueras y el PDeCAT queda en sus manos

Además, se trata de una victoria personal. No hay más programa político que la restitución del 'expresident' en su cargo, a la vez que de manera mágica desaparecen los cargos contra él que se instruyen en el Tribunal Supremo (TS). Es el programa menos realista del mundo, pero más de 930.000 votos de catalanes le han dado su apoyo.

La victoria de Puigdemont le permite varias cosas: decidir quién va a presidir la Generalitat, que tal y como han ido las cosas será su protegida Elsa Artadi; ya que él no podrá volver y si regresa, será detenido. Además, podrá imponer su agenda a ERC y aparcar a los tibios que queden en el PDeCAT, los cuales, por ejemplo, no querrían pactar con la CUP. Puigdemont, además, no buscará un pacto con ese Gobierno español que le persigue y que le impide tomar posesión de lo que ha ganado en las urnas. Por tanto, todo lo que se puede esperar para los próximos meses es más enfrentamiento, mayor tensión y altos costes legales para los diputados y 'consellers' que se sumen a ese carro.

La CUP vuelve a ser decisiva. Y aunque pierde, gana. Porque sus cuatro diputados son más valiosos y, por tanto, más caros, que los 10 de hace dos años. Puigdemont nunca estuvo cómodo con ellos, pero le otorgan un pedigrí independentista que nunca le ofrecerán los comunes de Xavier Domènech.

Por último, Puigdemont ha aplastado al PP, la bestia negra del independentismo. Tras la oleada Puigdemont y la polarización social que ha provocado, el PP pasa a la marginalidad política en Cataluña. Mariano Rajoy ha pagado un precio muy alto por aplicar el artículo 155 y suspender la autonomía.

Nuevos interlocutores

Los nuevos interlocutores dentro del bloque soberanista con los que se las tendrá que ver Puigdemont tendrán pocas oportunidades. Marta Rovira queda amortizada para su partido y el futuro judicial de Oriol Junqueras, con el que Puigdemont no se habla, resulta algo peor que incierto. Este fracaso de ERC pasará factura interna y la que salga de la crisis de los republicanos en los próximos meses tendrá que lidiar con un Puigdemont reforzado por la victoria de esta noche y que, esta vez sí, contará con un partido, sea el que sea, a su medida, imagen y semejanza.

Carles Puigdemont tendrá que pugnar ahora por teledirigir el grupo parlamentario y los restos del PDeCAT desde Bruselas y de manera vicaria

El principal problema de Puigdemont será poder ejercer su mando sobre el partido por control remoto, desde Bruselas. Complicado, pero después de ver lo ocurrido este jueves, no parece imposible.


Promesa electoral

El primer reto está relacionado con su promesa electoral. De hecho, con su única promesa electoral. Que si ganaba, volvía. Y eso lo dijo él, no los asesores que susurran al oído de los candidatos. No se lo explicó a la prensa del resto de España, a la que ha vetado sistemáticamente en sus entrevistas como una estrategia activa de su campaña, pero lo ha apuntado varias veces. Ahora que ha ganado en el bloque independentista, tendrá que hacer frente a este reto, que implicará la cárcel. Y en su caso, tras haberse fugado a Bruselas, la prisión preventiva está plenamente justificada.

A partir de aquí, su primera alternativa será romper su promesa electoral, de hecho la única, y evitar a cualquier precio su vuelta, de manera que la única manera será ejercer su poder, el enorme capital político acumulado en la victoria de ayer, de manera vicaria. Lo dicho, lo nunca visto.

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