LA CONVERSIÓN DE LA LÍDER ANDALUZA

Seis meses y dos millones de votos: así se cayó Susana Díaz del caballo antisanchista

El cisma en el PSOE andaluz, que se consumó esta semana con cambios en la ejecutiva regional, se abrió tras amagar la secretaria general con una escisión al estilo del PSC

Foto: Susana Díaz y Pedro Sánchez, el pasado 22 de mayo en Córdoba. (EFE)
Susana Díaz y Pedro Sánchez, el pasado 22 de mayo en Córdoba. (EFE)

Era marzo. Apenas tres meses después de recibir el mazazo de perder el Gobierno andaluz. Ferraz ya había hecho valer su poder orgánico vetando a los afines a Susana Díaz en las listas de las generales y había lanzado el aviso de que iba a por el otro fortín, las diputaciones.

Esa purga encendió aún más los ánimos de la líder andaluza que, al margen de la realidad política que la rodeaba, llegó una mañana al Parlamento y anunció a un grupo reducido que tras mucho darle vueltas a la cabeza había hallado la fórmula de plantar cara a Pedro Sánchez y hacer valer el peso del PSOE andaluz. Retomó la idea de una escisión al estilo del PSC, convertir a los socialistas andaluces, motor y corazón del partido, en una federación con autonomía frente a Madrid. Era su traducción del enigmático "tomo nota" que había dejado como recado a Sánchez tras la guerra en las listas.

La propuesta no era nueva. Había sonado con anterioridad. Algunos de los miembros más políticos de su núcleo duro advirtieron de que no veían esa jugada. Ni siquiera como órdago o medida de presión. Se alarmaron. El PSOE andaluz, avisaron, no podía jugar a eso. Susana Díaz ignoró los consejos en ese sentido y confió la filtración a un recién llegado al partido que había convertido en uno de sus hombres de confianza, el exconsejero de Economía Antonio Ramírez de Arellano, exrector de la Universidad de Sevilla.

Un antes y un después

"Sectores del PSOE andaluz maniobran para tener más autonomía frente a Sánchez". Fue el titular que ofreció 'Abc' en su portada y que la propia líder del PSOE andaluz se encargó de desmentir pese a los antecedentes.

Aquel episodio marcó un antes y un después. Muchos de los dirigentes del partido vieron como una auténtica locura esa jugada. Entre ellos estaba Mario Jiménez, que este lunes perdió sus galones como portavoz del grupo parlamentario. Desde entonces, algunos de sus escuderos, los que se atrevieron a discrepar con Díaz, entraron en su lista negra.

Ella no dijo nada, pero a Jiménez pasó a despacharlo con frialdad e indiferencia hasta que meses después consumó los cambios que han abierto una crisis en la ejecutiva del PSOE andaluz y, según trasladaron desde el equipo de Díaz, se hicieron por petición de Pedro Sánchez y como tributo a Ferraz. Desde la dirección federal lo niegan. Incluso hay algún destacado miembro de la ejecutiva de Sánchez que ha telefoneado particularmente a Jiménez para dejarle claro que nadie había pedido su cabeza.

"Aire fresco"

El nuevo portavoz parlamentario, José Fiscal, exconsejero de Medio Ambiente, aseguró esta semana que los cambios suponían "aire fresco", "fortalecer" el papel de oposición del PSOE frente al Gobierno de PP y Cs, "nuevas caras". Sostuvo además que no había existido contestación interna ni activado ninguna corriente crítica dentro del partido. Cualquier observador externo podría constatar que este último movimiento de Díaz, la decapitación política de uno de sus hombres de confianza, ha generado más críticas y más enfado en contra de la secretaria general que, incluso, la pérdida del Gobierno andaluz.

Como gesto hacia Ferraz, Díaz ha cambiado la ejecutiva por adición incluyendo a un afín a Pedro Sánchez, en concreto al cordobés Joaquín Dobladez, jefe de gabinete de la Subdelegación del Gobierno. Por lo demás, la líder socialista ha blindado su núcleo duro descartando a quienes han mostrado en los últimos meses discrepancias con su línea política en la oposición. Ascendió a Fiscal como portavoz y otros tres exconsejeros, Rodrigo Sánchez Haro, Rosa Aguilar y Manuel Jiménez Barrios. Su número dos sigue siendo Juan Cornejo. Nadie de su misma generación política, aquella que tomó el poder tras la sucesión de José Antonio Griñán, queda en el foco.

La caída del caballo

Para llegar a este punto, Díaz ha vivido su particular caída del caballo. Le costó trabajo. Como el apóstol San Pablo, la líder del PSOE andaluz parece ahora otra persona. Ha pasado de dudar abiertamente de que Pedro Sánchez fuera a ganar las elecciones o de advertir de que iba a hundirse convocando las generales a arrogarse el papel de portavoz del líder del PSOE en los patios del Congreso de los Diputados el día de su investidura fallida.

Para la conversión de Díaz han hecho falta dos grandes victorias del PSOE, la del 28-A y la del 26-M, y dos millones de votos más del PSOE

Para la conversión de Díaz, que ahora se ha revestido como la mayor sanchista del reino socialista, han hecho falta dos grandes victorias del PSOE, la del 28 de abril y la del 26 de mayo y dos millones de votos más del PSOE en Andalucía respecto a los obtenidos en las autonómicas de diciembre. Hasta entonces, ahí quedan ambas campañas electorales y algún día los candidatos designados por Ferraz podrán narrar abiertamente sus avatares.

Profesionalizar la comunicación

El PSOE andaluz asegura que no hay contestación interna. Nadie se opuso a los cambios en la ejecutiva regional ni tampoco el martes en la reunión del grupo parlamentario andaluz. Díaz alabó públicamente a Mario Jiménez, el mismo compañero que le dio paso sin plantar batalla cuando Griñán se decantó finalmente por ella para heredar la Junta y el partido. Él estuvo hasta el último minuto favorito en las quinielas. El mismo que tras el desgraciado 1 de octubre que acabó con la dimisión de Sánchez aceptó las órdenes de Díaz y se presentó aún convaleciente de una operación en Ferraz para asumir la gestora. Uno de los momentos más oscuros, dicen en su entorno, que ha vivido en su carrera política.

Ahora Susana Díaz se ha reconvertido. El siguiente paso, en lo que al parecer cargó las tintas en su intervención ante su ejecutiva, pasa por "profesionalizar" la comunicación. En eso puso el énfasis. Busca a alguien que la ayude a relanzar, una vez más, su imagen pública. Quiere fichar un asesor al estilo de Iván Redondo con Pedro Sánchez.

En esa reunión, donde Díaz y Cornejo despidieron a Jiménez con loas de agradecimiento, nadie discrepó. Sí hubo ocho intervenciones a favor del trabajo del exportavoz en el grupo parlamentario. Algunos de quienes tomaron la palabra asumen que ya están entre los innombrables para la secretaria general. Otros que siguen hablando a sus espaldas alegan precisamente que no quieren señalarse. "En el congreso nos encontraremos", aseguran los más dolidos por esta última maniobra. Quizás la división dentro del susanismo consiga lo que no ha logrado el sanchismo en Andalucía desde las primarias. Quién sabe qué tiene pensado Díaz para este nuevo capítulo al más puro estilo 'Manual de Resistencia' de Sánchez. En juego está su propia supervivencia política y por eso, casi cualquier político, mata.

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