Un año del pinchazo de Araceli: el 85% de los españoles ya tiene al menos una vacuna
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Doce meses después inoculando dosis

Un año del pinchazo de Araceli: el 85% de los españoles ya tiene al menos una vacuna

Con el inicio de la administración de las inyecciones a los niños, España roza los 40 millones de vacunados un año después de que Araceli fuera la primera en recibirla

Foto: Araceli Hidalgo fue la primera persona vacunada contra el covid-19 en España. (EFE)
Araceli Hidalgo fue la primera persona vacunada contra el covid-19 en España. (EFE)

Eran las nueve de la mañana del domingo 27 de diciembre de 2020 cuando Araceli Hidalgo, de 96 años, se convirtió en la primera española vacunada contra el covid-19. Justo después le siguió Mónica Tapias, técnico de cuidados auxiliar de enfermería en la Residencia Los Olmos de Guadalajara. Ese fue el inicio de una campaña de vacunación, de la que este lunes se cumple un año y que ya ha inmunizado a casi 40 millones de ciudadanos, evitando miles de muertes.

La pandemia aún no ha terminado, pero si se atisba su final es por unas vacunas desarrolladas en solo unos meses. Pero esa historia triunfalista de la ciencia tiene un reverso oscuro, la enorme desigualdad en el acceso a los medicamentos. Los países ricos tienen coberturas de vacunación muy altas (su principal problema no es el acceso, sino el rechazo de parte de su población), mientras que los más pobres apenas han podido vacunar a sus ciudadanos. Y eso no solo es una injusticia en sí misma, sino que amenaza con alargar la crisis sanitaria por la aparición de nuevas variantes del virus, como ha pasado con ómicron.

España está en el grupo de los países privilegiados. Pertenece a la Unión Europea, que centralizó la compra de dosis y ha permitido a todos los Estados miembro disponer de vacunas suficientes para vacunar a toda su población. Pero eso solo explica una parte del éxito de la campaña. La otra es la estrategia acordada por el Gobierno y las comunidades autónomas y, por encima de todo, la predisposición de la población a vacunarse, superior a la de muchos países.

Un año después, casi el 85% de la población española ha recibido al menos una dosis de la vacuna, casi el 80% tiene la pauta completa de vacunación y más del 25% ya tienen la dosis adicional. Por grupos de edad, la mayor cobertura está entre los grupos de más edad: casi todas las personas de más de 60 años hace tiempo que tienen la pauta completa. Las franjas menos vacunadas son las de 20-29 y 30-39 años: ahí, una de cada cinco personas no ha completado la pauta de vacunación.

Como en muchos otros lugares, la vacunación en España ha seguido un proceso escalonado en el que se ha dado prioridad a los grupos más vulnerables y esenciales, esto es: las personas de más edad, las que tienen más problemas de salud y los profesionales sanitarios. Esos fueron los primeros en vacunarse en invierno y al comienzo de la primavera, cuando el suministro de vacunas no funcionaba tan bien como ahora.

De las cuatro marcas a las que ha tenido acceso España (Pfizer-BioNTech, Moderna, AstraZeneca y Janssen), sola la primera, y en menor medida la segunda, han cumplido con las expectativas. En las otras dos estaba depositada gran parte de las esperanzas de la campaña de vacunación (una por el precio y otra por ser monodosis), pero por varios motivos no han funcionado. Las dudas sobre los efectos secundarios hundieron la confianza en AstraZeneca y obligó a modificar la estrategia.

Además, la compañía anglosueca también incumplió con sus compromisos de suministro. La mayor parte de las dosis compradas por España han sido donadas. Más adelante, la evolución de la pandemia certificó que una sola dosis de Janssen no era suficiente para mantener la inmunidad, así que los casi dos millones de españoles que se la pusieron están recibiendo una segunda de Pfizer-BioNTech o Moderna.

A partir de abril, con la progresiva ampliación de la población diana, el ritmo de vacunación se fue acelerando. Lo hizo de manera continuada hasta principios de julio, cuando se llegaron a poner más de cuatro millones de dosis en una semana, casi un 10% de toda la población. El principal objetivo, fijado antes del inicio de la campaña, era llegar al 70%, pero pronto se comprobó que ese porcentaje no tenía que ser una meta, sino un paso intermedio hacia objetivos más ambiciosos. Aunque con bastante confusión, originada en parte en el propio Gobierno, España cumplió con el objetivo de terminar agosto con el 70% de población vacunada: el 31 de agosto lo estaba el 70,3%.

Ya para entonces el ritmo de vacunación llevaba semanas descendiendo y siguió haciéndolo durante los siguientes meses, hasta estancarse cerca del 80% de la población total, un 90% de la población diana. Entre finales de mayo y finales de agosto, la cobertura de vacunación pasó del 20% al 70% de la población. Y entre esa fecha y finales de noviembre el aumento no llegó a los diez puntos.

Solo se ha vuelto a acelerar recientemente con el inicio de la vacunación a los niños de entre 5 y 11 años, el último grupo etario al que se le ha administrado la vacuna contra el covid-19. Eso, junto a la administración de la dosis adicional (tercera para los que ya tenían dos o segunda para los que había recibido solo una, como los vacunados con Janssen), ha aumentado el ritmo en los centros de vacunación.

El siguiente hito fijado por el Gobierno era que al menos 16 millones de personas tuvieran la dosis de refuerzo antes de las fiestas navideñas, o en su defecto antes de final de año. A la primera fecha no se ha llegado a tiempo y la segunda estará complicado hacerlo. Para abril se espera que casi todos los niños de entre 5 y 11 años tengan la pauta completa. Y para entonces también es bastante probable que lleve tiempo disponible la dosis de refuerzo para el resto de la población vacunable.

Mientras tanto, Israel, un país que lleva marcando el camino para el resto del mundo desde el comienzo de la vacunación, ya plantea una cuarta dosis de la vacuna para su población más vulnerable. Así que es probable que acabe generalizándose, al menos entre los países más ricos. Los más pobres aún esperan ponerle la primera dosis a la mayoría de la población. Y mientras eso pase, la amenaza de nuevas variantes no va a desaparecer.

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