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Sánchez ata en corto a los ministros y UP se rebela: "El PSOE nos pone zancadillas"
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Forcejeo electoral dentro de la coalición

Sánchez ata en corto a los ministros y UP se rebela: "El PSOE nos pone zancadillas"

El área del Gobierno dirigida por Yolanda Díaz se resiste a ser monitorizada por Moncloa, que pide conocer sus planes, y se queja de que el PSOE se adueña de sus éxitos en la coalición

Foto: Sánchez, Calviño y Díaz, en el Congreso. (EFE/Javier Lizón)
Sánchez, Calviño y Díaz, en el Congreso. (EFE/Javier Lizón)
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El Gobierno de coalición atraviesa un momento de 'impasse'. Pese a que en público los mensajes giran en torno a que el ‘matrimonio’ sigue funcionando, en privado ni una parte, el PSOE, ni la otra, Unidas Podemos, ocultan su incomodidad coincidiendo con el ecuador de la legislatura. En el Ejecutivo se dan forcejeos propios de un periodo preelectoral. PSOE y UP avistan varias metas en el horizonte y empiezan a sacar los codos hacia su hoy socio y rival en las urnas. Según explican fuentes gubernamentales a El Confidencial, hace unos días Moncloa dio la orden a todos los ministerios de centralizar toda la información que maneja cada departamento para afinar las estrategias y evitar, en definitiva, las disfunciones. Es decir, que Presidencia centralice mensajes, agendas o argumentarios. Se pedía un esfuerzo adicional para afinar los mecanismos de coordinación. Pero la consigna ha sido interpretada por el socio minoritario como una intromisión en su terreno y, aunque no han querido hacer 'ruido', sí que existe malestar con lo que consideran un intento del PSOE de monopolizar la estrategia.

Unidas Podemos considera, en efecto, que ese intento de fiscalización de la actividad gubernamental por parte de Presidencia lo sitúa en una situación de debilidad frente a un PSOE que conoce todos sus proyectos y que ejerce el mando en plaza. En este sentido, el área dirigida por Yolanda Díaz considera que desde el socialismo están empezando a marcar distancias con ellos porque ven a la vicepresidenta segunda como una amenaza. "Están poniendo zancadillas", afirman. UP, con cinco ministerios sin apenas funciones troncales, juega en desventaja contra el 'expertise' de los ministerios socialistas y no quiere sentirse desplazado de cara a las próximas citas con las urnas.

Foto: Constitución de la mesa permanente de seguimiento del acuerdo de coalición, el 20 de febrero de 2020 en el Congreso. (PSOE/Eva Ercolanese)

Las disfunciones también se han puesto de manifiesto a la hora de abordar el plan para frenar el covid. El PSOE no está consultando con sus socios la respuesta que se dará desde el Gobierno a la sexta ola de la pandemia. Sánchez advirtió este domingo desde Barcelona de que España vuelve a estar en una situación de "riesgo cierto y real", pero UP ha quedado al margen. En pleno repunte de casos y con una Conferencia de Presidentes anunciada para el próximo miércoles, Moncloa ejerce el mando y los morados se están volviendo a enterar por los medios de comunicación de las decisiones. No existe, por tanto, coordinación. Algunos minoritarios consideran, en privado, que habría que acelerar las decisiones, pero juegan a contrapié. Hay que recordar que con motivo del confinamiento, en marzo de 2020, Pablo Iglesias fue de los ministros que con mayor insistencia apoyaron restringir la movilidad en las calles.

Ambos empiezan, por tanto, a activar el modo preelectoral pensando en lo que se juegan, teniendo en cuenta que, una vez aprobados de forma definitiva esta semana los presupuestos en el Senado, la llave de la convocatoria de las próximas generales está en manos de Pedro Sánchez. El proyecto político de Yolanda Díaz, que comenzará a despegar una vez cerrada la reforma laboral y la subida, o no, del salario mínimo interprofesional, también es un motivo de recelos entre sus socios. La segunda mitad de legislatura arranca, por tanto, con tensión interna.

A vueltas con la reforma laboral

De puertas para afuera, todo son buenas palabras. “El Gobierno goza de estabilidad”, proclaman en una y otra parte en la coalición. Los cambios de marzo, la salida de Pablo Iglesias y el ascenso de Yolanda Díaz habían engrasado, en teoría, la relación. "Se acabó el ruido", proclamaban desde el PSOE. También los movimientos en el área socialista de julio, con el giro al aparato que tanto critica Iván Redondo. UP ha puesto mucho de su parte en esta reconciliación, ya que a la vicepresidenta segunda no le gusta plantear batalla en público y prefiere que los roces no lleguen a los medios de comunicación, salvo en contadas excepciones, como sucedió con los correos electrónicos por la reforma laboral, que calificaron de “intromisión”. Pero los problemas en la coalición existen y detrás de ellos hay una innegable estrategia en la que ambas partes comienzan a preparar esa gran batalla electoral que se avecina. En los últimos días, las disfunciones son aún más evidentes. La tensión se evidenció, por ejemplo, cuando se conoció que Yolanda Díaz iba a ir al Vaticano a reunirse con el papa Francisco y el PSOE, en boca de Nadia Calviño, lo intentó minimizar.

La reforma laboral es, en este momento, la madre de todas las batallas. Moncloa está intentando reducir el papel del área morada en la negociación hablando de un trabajo coral entre varios ministerios liderados ahora por Economía. Díaz también marca territorio y cuenta a quien quiera escucharla que son ellos, por Trabajo, quienes "negociamos en serio". ¿Cómo se presentará en sociedad la nueva reforma laboral? El PSOE no quiere que Díaz acapare la imagen de uno de los hitos de la legislatura y, aunque el formato y la fecha están todavía por definir, el objetivo es que Sánchez sea el protagonista principal. Los negociadores miran al Consejo de Ministros del día 28 de diciembre, aunque no descartan en Presidencia un cónclave extraordinario antes del día 31. El jefe del Ejecutivo y Díaz cuentan con sumar a la CEOE, aunque, como proclamó Antonio Garamendi el pasado viernes, "la pelota está en el tejado".

La reforma laboral tal y como la concebía Yolanda Díaz ya es pasado, y eso también está provocando recelos tanto en UP como en los sindicatos

A día de hoy, la reforma laboral tal y como la concebía Yolanda Díaz ya es pasado, y eso también está provocando recelos tanto en el área de UP como entre los sindicatos. La ley de leyes en materia de empleo se ha ‘acalviñado’ tras la intervención de Moncloa y la crisis que se desató con Economía. Trabajo, por su parte, defiende que los planteamientos en discusión cumplen con el programa de Gobierno y no hay cambios de fondo respecto a lo planteado. Lo prioritario, en cualquier caso, es aprobar la norma porque si no se hace hay 12.000 millones en juego. Hay que recordar que la vicepresidenta segunda se comprometió en mayo a "rendir cuentas" a final de año si la reforma del PP no se derogaba.

Otro motivo de tensión en la coalición son las medidas para rebajar la factura de la luz, que este lunes batirá un precio histórico. El PSOE está volviendo a acaparar todas las iniciativas para rebajar el impacto en familias y empresas. Y UP está ejerciendo de mero espectador, teniendo que recurrir incluso a peticiones en el ámbito público, como la que hizo Belarra el pasado viernes en el Consejo Ciudadano de Podemos reclamando prolongar el hachazo a las eléctricas 'sine die'. La vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, no acepta injerencias en este problema, extremadamente sensible para los morados, que se están enterando también por los medios de comunicación de las propuestas del Gobierno.

Leyes en cartera y proyectos frenados

El PSOE también ha decidido acaparar la mayoría de los últimos consejos de ministros del año y obligar a UP a posponer algunas de sus leyes estrella, con permiso de la reforma laboral. El plan para regular la protección de los animales y la ley de familias, medidas clave para el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, están congelados por los departamentos socialistas de Agricultura y Hacienda. Llegarán a Consejo de Ministros en los primeros meses de 2022, "tarde" para UP. Los tiempos, por tanto, los maneja el área socialista.

Algo similar ocurre con el Proyecto de Ley de Vivienda, que está previsto que se apruebe antes de final de año. Con motivo de la presentación del anteproyecto fue el PSOE, en la persona de la ministra Raquel Sánchez, quien concentró la puesta de largo de otra ley troncal para la coalición y relegó a Ione Belarra a tener que dar cuenta de la norma en redes sociales. UP está peleando por que esto no se vuelva a repetir. También ha asumido UP que no habrá grandes cambios y que tendrán que mejorar la ley durante el trámite parlamentario ante el cerrojazo que ha impuesto Transportes. Belarra está buscando rebajar la moratoria de 18 meses para regular los alquileres o blindar la prohibición de desahucios sin alternativa habitacional. El PSOE se resiste.

Foto: El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, conversa con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/J.J. Guillén)

Todas estas situaciones indican que la información en el Gobierno de coalición no fluye como debería y que la tensión es cada vez mayor a medida que se va avanzando en la legislatura. En una buena parte de las ocasiones, el Ejecutivo ejerce como monocolor y no comparte las decisiones con sus socios. Ocurrió, por ejemplo, cuando Sánchez anunció el bono vivienda para jóvenes incluido en los presupuestos. UP no sabía nada, como tampoco se consultó con ellos la inclusión de los toros en el cheque cultural. Tampoco Yolanda Díaz consensuó con Sánchez su encuentro con Francisco en la Santa Sede. Son zancadillas, cada vez más habituales, que demuestran que la coordinación brilla, cada vez más, por su ausencia. Atrás quedan las reuniones semanales que juntaban alrededor de una misma mesa en Moncloa a los socios del Gobierno y que, incluso, llegaron a contar con la presencia ocasional de los portavoces parlamentarios, Adriana Lastra y Pablo Echenique, en su día. Ahora, hasta la comisión de coordinación está enterrada.

Los maitines en Moncloa se siguen celebrando, pero ya no participa Unidas Podemos. Solo acuden a estas reuniones en Presidencia, habitualmente los lunes, miembros del PSOE. UP tiene que limitarse a las reuniones entre Sánchez y Díaz, que no son fijas. En el Consejo de Ministros, en la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios y en la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, los asuntos a debatir no pasan de ser meros formalismos. No hay lugar para el debate político, en definitiva, en la coalición. El Gobierno se está convirtiendo en dos compartimentos estancos donde una y otra parte se miran de reojo pensando en la gran batalla de las próximas generales.

El Gobierno de coalición atraviesa un momento de 'impasse'. Pese a que en público los mensajes giran en torno a que el ‘matrimonio’ sigue funcionando, en privado ni una parte, el PSOE, ni la otra, Unidas Podemos, ocultan su incomodidad coincidiendo con el ecuador de la legislatura. En el Ejecutivo se dan forcejeos propios de un periodo preelectoral. PSOE y UP avistan varias metas en el horizonte y empiezan a sacar los codos hacia su hoy socio y rival en las urnas. Según explican fuentes gubernamentales a El Confidencial, hace unos días Moncloa dio la orden a todos los ministerios de centralizar toda la información que maneja cada departamento para afinar las estrategias y evitar, en definitiva, las disfunciones. Es decir, que Presidencia centralice mensajes, agendas o argumentarios. Se pedía un esfuerzo adicional para afinar los mecanismos de coordinación. Pero la consigna ha sido interpretada por el socio minoritario como una intromisión en su terreno y, aunque no han querido hacer 'ruido', sí que existe malestar con lo que consideran un intento del PSOE de monopolizar la estrategia.

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