La nueva vida de los ministros destronados de Pedro Sánchez
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LA VIDA LEJOS DEL PODER

La nueva vida de los ministros destronados de Pedro Sánchez

Vuelven a ser diputados rasos, buscan hueco mientras cobran sus cesantías, se incorporan a sus puestos de trabajo... quienes salieron del Gobierno empiezan a encontrar acomodo

Foto: Carmen Calvo y José Luis Ábalos. (EFE)
Carmen Calvo y José Luis Ábalos. (EFE)
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Se cumple un mes desde la revolucionaria crisis de Gobierno que todo el mundo pronosticaba pero cuyo contenido nadie imaginó, y los protagonistas del destierro, sin tiempo que perder, ya están construyendo su nuevo futuro. Los cambios en el Ejecutivo supusieron la sorprendente caída de personas tan cercanas y fieles al presidente como Carmen Calvo o José Luis Ábalos, y aunque no ha habido grandes avances en estos 34 días, los destinos de los siete exministros ya empiezan a vislumbrarse. Hay quien volverá a su actividad profesional anterior, varios serán recolocados dentro del PSOE y otros aún no han aclarado su porvenir.

La estrategia de rejuvenecer el Consejo de Ministros y corregir el rumbo del equipo de la Moncloa provocó que fuesen sustituidos también algunos dirigentes algo desgastados, siendo el caso de Isabel Celaá por su polémica ley de educación o Arancha González Laya con motivo de la gestión de la crisis en Marruecos.

También se despidieron de sus respectivos departamentos tres hombres de corte más discreto: Juan Carlos Campo —tras cumplir su misión con los indultos—, José Manuel Rodríguez Uribes y Pedro Duque. Este último, al igual que Celaá y Laya, está cobrando una indemnización que supone el 80% de su sueldo, es decir, 4.990 euros mensuales durante un máximo de dos años.

Calvo, la despedida más dulce

Era la flamante número dos, la olvidada exministra de Zapatero que Sánchez rescató por su exacerbada fidelidad desde el primer minuto, la feminista clásica que plantaba cara a Irene Montero. Pero la fórmula de la coalición no le sentó bien a Calvo, que nunca se mostró especialmente cómoda ni partidaria de incluir a Unidas Podemos en el Gobierno, y el proyecto acabó pasando por encima de ella.

Foto: La exvicepresidenta Carmen Calvo y el exministro José Luis Ábalos. (EFE)

Su futuro, pendiente de concreción y rodeado de todo tipo de fantasiosas elucubraciones, parece el más dulce de todos los ministros defenestrados. De momento, ha reconocido que pretende seguir como diputada, pero la recompensa por su trabajo y lealtad podrían ser, según la rumorología, algo mucho más atractivo, como la presidencia del PSOE o la del Consejo de Estado, hasta ahora en manos de dos de sus excompañeras de la etapa de Zapatero: Cristina Narbona y María Teresa Fernández de la Vega, respectivamente, cuya jubilación está próxima.

Quienes conocen su trayectoria saben que eso de que Calvo fuera candidata a la alcaldía de Córdoba no es más que un rumor sin fundamento. Ella ya declinó esa oferta cuando era consejera de Cultura del Gobierno andaluz de Manuel Chaves. Su futuro, dicen sus afines al unísono, no pasa desde luego por la política local.

El misterio de Ábalos

"El problema de Ábalos es que tiene muchos cadáveres en el armario", la frase es de un dirigente socialista ante la sorpresa por la ruptura del exministro de Fomento con Pedro Sánchez. Sorprendió su salida del Gobierno pero también que abandonara, a pocos meses del congreso federal del PSOE previsto en octubre, la secretaría de Organización a favor de su número dos en el partido, Santos Cerdán. No hay nada concreto pero desde el 'Delcygate', ya archivado, a la ayuda a Plus Ultra ayudaron a extender las sombras sobre una salida que, en las mismas filas socialistas, aseguran que "se acabará entendiendo".

Cuando comenzaron los rumores sobre la caída de Calvo, el nombre de Ábalos empezó a barajarse como posible nuevo vicepresidente primero. Pero los caminos del sanchismo son inescrutables, y terminó siendo Nadia Calviño la beneficiada, mientras el hasta entonces encargado de Fomento, secretario de Organización del PSOE y hombre de la (aparente) máxima confianza del presidente salía del Gobierno por la puerta de atrás. Su destino es incierto, pero parece que continuará en la política activa, mientras su excedencia como maestro de Primaria sigue sumando años.

Foto: José Luis Ábalos. (EFE)

Junto a Calvo, Ábalos era el único de los ministros proscritos que conservaba el escaño en el Congreso, y él tampoco renunciará, de momento, al mismo. Su implicación con las labores parlamentarias de los socialistas se comprobará a partir de septiembre, a la espera de que el congreso federal del partido en octubre —que se celebrará en su Valencia natal— le guarde alguna remuneración en forma de cargo orgánico, probablemente más honorífico que ejecutivo. Eso sí, la ausencia de una sola mención al presidente en su despedida del ministerio hace pensar que quizás le deparen cosas menos interesantes que a Calvo.

Redondo, a Latinoamérica

Iván Redondo no fue ministro pero tuvo mucho poder en el gabinete de Pedro Sánchez, mucho más que otros con cartera ministerial. La salida de Redondo, que él se apresuró a decir que había pedido a Sánchez pero que fuentes socialistas aseguran que fue una decisión del presidente después de que Redondo pidiera un ministerio, contentó al PSOE, que nunca lo vio como uno de los suyos, aunque abrió un hueco en la comunicación del Gobierno que aún no se ha subsanado.

Foto: Iván Redondo. (EFE)

Redondo, como exalto cargo, deberá cumplir una severa ley de incompatibilidades, pero su empresa de comunicación, Redondo y Asociados, sigue abierta a nombre de su esposa, Sandra Rudy. Muchos creen que el cotizado consultor hará las Américas y se dedicará a sus negocios en Latinoamérica. Con él salieron de Moncloa casi todos los miembros del organigrama de comunicación, algunos de sus colaboradores más estrechos llegaron con Redondo al Gobierno y se vuelven a la empresa en la nueva etapa. Quien fue uno de sus más estrechos colaboradores, Paco Salazar, ya tiene destino, la presidencia del Hipódromo de la Zarzuela, aunque el próximo congreso del PSOE podría depararle otra nueva etapa. Sigue siendo secretario de Acción Electoral de la ejecutiva socialista y a diferencia de Redondo él sí tenía pedigrí como militante socialista.

De la Audiencia a las aulas

Juan Carlos Campo, discreto y negociador, será recordado de su paso por Justicia, casi exclusivamente, por la tramitación de los polémicos indultos a los presos del 'procés' catalán. El que fuera vocal del CGPJ ha sido la pieza sacrificada por Sánchez por la inevitable vinculación de la imagen del sevillano a las medidas de gracia que, aunque han sido defendidas por el presidente, también han generado suficiente ruido como para sustituirle.

El magistrado ha confirmado su intención de regresar a la Audiencia Nacional, que, según afirmó en una entrevista con Europa Press, "no es ninguna contaminación ni ninguna puerta giratoria". Su condición de exministro le prohibirá intervenir en las votaciones que incluya a partidos políticos, y justifica que la plaza le corresponde "de puro escalafón", es decir, por concurso, ya que era el más antiguo en solicitarla.

placeholder El exministro de Justicia, Juan Carlos Campo. (EFE)
El exministro de Justicia, Juan Carlos Campo. (EFE)

Mucho más polémica fue la ministra de Educación, Isabel Celaá. Los lazos naranjas que inundaron España como respuesta crítica a su ultraescrutada ley de educación fueron el principio de su fin. Una norma que sigue generando una sonora guerra ideológica que afecta a su sucesora, Pilar Alegría. Las constantes críticas (al principio sutiles, después algo más explícitas) que vertió sobre la concertada supusieron el enfado del sector, que se muestra algo más afín a la nueva ministra. La que fuese portavoz del Gobierno ha estado toda su vida ligada al sector educativo desde el ámbito político, primero en País Vasco —durante 25 años— y después a nivel nacional, y parece que continuará en esta línea. Fuentes cercanas a la exministra aseguraron el día que Alegría la relevó el cargo que Celaá tiene intención de seguir estando vinculada a la educación, y dudan "que se vaya a quedar parada". Lo cierto es que ella estaba jubilada cuando Sánchez le ofreció el cargo (entonces tenía 69 años, ahora 72), pero no parece que vaya a retomar ese descanso de la actividad profesional.

Próximo destino: Europa y el espacio

Como demostró con Calviño o Borrell, el presidente tiene cierta debilidad por los perfiles europeístas, y Arancha González Laya no fue una excepción, aunque no funcionó igual de bien que sus dos mencionados compañeros. La crisis de Marruecos, que aún colea, fue el punto y final de una gestión de Asuntos Exteriores que la puso en el centro de muchas dianas, desde la oposición hasta parte de la prensa internacional o el propio Fernando Grande-Marlaska. Es una experimentada y políglota diplomática con un brillante currículum (ha sido, entre otras cosas, directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional y subsecretaria general de la ONU), pero está por ver cuál será su próximo destino. El hecho de que fuese una ministra independiente, sin carné del PSOE, hace que el partido se deshaga de ella sin miramientos, sin compromiso de buscarle ningún cargo nuevo. Quizás la Unión Europea, donde ha desarrollado toda su carrera, pueda tener algún hueco para ella.

Foto:  La ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero. (EFE)

Tampoco habrá regalo de compensación, al menos de momento, para Pedro Duque, el único astronauta español y el único que ha formado parte del Consejo de Ministros. Duque se quedó a medias. Nombrado en junio de 2018, se marchó con la medalla de haber conseguido elevar de forma muy importante, gracias a los fondos europeos, la partida del Presupuesto español dedicado a la ciencia, aunque con el sinsabor de no haber podido gestionar esos fondos. En su haber, la puesta en marcha de una Agencia Espacial Española donde podría, quizás, seguir desarrollando su trabajo. El ingeniero aeronáutico no tendrá problema para retomar su actividad profesional, que durante años estuvo vinculada a la Agencia Espacial Europea, donde pidió una excedencia.

José Manuel Rodríguez Uribes, exministro de Cultura, es posiblemente uno de lo que menos añorarán en el sector que gestionó desde el Gobierno. Hizo pocos amigos en el mundo cultural, donde fue recibido como un gestor ajeno y desconocedor de los entresijos de un ámbito que siempre se queja de que al final Cultura se convierte en el Ministerio que se utiliza como premio o recompensa a los políticos amigos. En el currículum de Rodríguez Uribes figura que está en excedencia de una plaza en la Universidad aunque su trayectoria, desde el Gobierno de Rodríguez Zapatero, ha estado ligada a los cargos públicos, en la última etapa en la Asamblea de Madrid. El PSOE madrileño se tiene que reinventar tras la debacle de las autonómicas y es difícil pensar que el exministro tenga hueco pero quién sabe.

Se cumple un mes desde la revolucionaria crisis de Gobierno que todo el mundo pronosticaba pero cuyo contenido nadie imaginó, y los protagonistas del destierro, sin tiempo que perder, ya están construyendo su nuevo futuro. Los cambios en el Ejecutivo supusieron la sorprendente caída de personas tan cercanas y fieles al presidente como Carmen Calvo o José Luis Ábalos, y aunque no ha habido grandes avances en estos 34 días, los destinos de los siete exministros ya empiezan a vislumbrarse. Hay quien volverá a su actividad profesional anterior, varios serán recolocados dentro del PSOE y otros aún no han aclarado su porvenir.

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