Paco Salazar: el discreto fontanero andaluz de Sánchez que cocinó el 'efecto Illa'
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EL NÚMERO 'DOS' DE REDONDO

Paco Salazar: el discreto fontanero andaluz de Sánchez que cocinó el 'efecto Illa'

El sevillano, mano derecha de Iván Redondo, es un político discreto con muchos trienios en el PSOE. Partícipe del ‘efecto Illa’, se ganó la confianza de Pedro Sánchez en el último lustro

Foto: Iván Redondo y Paco Salazar, en el Congreso
Iván Redondo y Paco Salazar, en el Congreso

Pedro Sánchez conoció las famosas rotondas de Dos Hermanas (Sevilla) gracias a Paco Salazar. Cuando en enero de 2017 se dirigía al mitin en el que diría aquello de: “Será un honor liderar vuestro proyecto político”, para lanzarse a las primarias, el hombre que hoy es Director Adjunto del Gabinete de Presidencia del Gobierno de España tuvo que recogerlo en el tren, meterlo en un coche y ponerse a dar vueltas para que al alcalde, Quico Toscano, le diera tiempo a cambiar al público de enclave y convertir el mitin en un acto al aire libre, en el Lago de la Vida, tras desbordarse las previsiones de asistencia.

Sánchez recorrió varias avenidas bautizadas por Toscano en honor a Suárez, Calvo Sotelo, Fraga, Felipe González, Santiago Carrillo o los andaluces Clavero Arévalo, Rodríguez de la Borbolla o Plácido Fernández Viagas. Cuando terminó el acto, el hoy presidente había dado el paso que llevaban semanas acariciando y que él aún no tenía del todo claro anunciar cuando bajó del AVE. Sánchez le comentó a una hija de Toscano, que entonces -ya no- quería ser política como su padre: “Cuando tú seas alcaldesa, me pondrás a mí una avenida”.

La avenida de Pedro Sánchez todavía no existe en Dos Hermanas, pero Paco Salazar se convirtió en ese aliado imprescindible que, siempre en un discreto segundo plano, ha acompañado al hoy presidente del Gobierno en todos los momentos: las primarias, la moción, las elecciones, el pacto con Unidas Podemos, la pandemia y las elecciones catalanas. Salazar forma parte del cuarteto de las primarias, con José Luis Ábalos, Adriana Lastra o Santos Cerdán. Pero también recibió el encargo del presidente de allanar el camino a Iván Redondo, consultor externo en Ferraz, y no tuvo problema ninguno. Le abrió puertas. Tras un almuerzo en el que conectaron, compartiendo como buenos ‘frikis’ de la política experiencias en una larga sobremesa, se dieron cuenta de que como tándem de trabajo funcionaban. Se entienden, se respetan y tienen química, explican quienes los ven trabajar a diario. Salazar dejó de ser diputado para convertirse en operador político, que diría un argentino, o fontanero en Moncloa.

Tras el 'efecto Illa'

El sevillano es Secretario de Acción Electoral de la ejecutiva federal del PSOE. Salvador Illa lo incluyó en su capítulo de agradecimientos el pasado domingo tras ganar las catalanas el PSC. A Redondo, a Salazar y a su jefa de prensa, Miriam Lorenzo. Con Illa amarró lazos cuando el 155, ayudó al entonces secretario de Organización a coordinar a los alcaldes del PSC. Intimó con él durante la pandemia y en una de esas noches insomnes surgió aquello del ‘efecto Illa’ como cuatro años antes vio el ‘efecto Sánchez’.

Aquel día de Dos Hermanas en el que Sánchez dio el salto, se subió al atril y se le cayeron los papeles. "Veo que hay agua en la piscina", dijo entre risas, señalando al lago que rodeaba al escenario. Que había agua y podía saltar se lo había dicho Salazar, que ya ayudó al hoy presidente cuando aspiró por primera vez con el empuje de Susana Díaz. Estuvo ahí cuando aún, incluso quienes eran sanchistas andaluces de pura cepa, como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, dudaban de esa segunda oportunidad.

Se plantó con una maleta en Madrid mientras Sánchez deshojaba la margarita en Nueva York. Depuró los apoyos de militantes que iba cosechando en redes el alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez Salas, pulsó a las plataformas de militantes que iban surgiendo a favor de Sánchez y dio un diagnóstico certero: “Pedro puede ganar”. A partir de ahí, calló en la recogida de avales. “Solo Santos y él sabían lo que había de verdad”.

El alcalde de su pueblo

Nació en 1968 en Montellano, un pueblo de Sevilla del que llegaría a ser alcalde. Su familia era humilde, su padre tenía una tienda de ultramarinos, pero se empeñó en que su hijo estudiara y lo mandó interno. Enfrió sus aspiraciones políticas hasta que cuando obtuvo su grado de ingeniero técnico agrícola, Salazar insistió y fue en la lista del PSOE en unas municipales. Primero concejal, compatibilizando su acta con su vida profesional privada porque no tenía sueldo público. Ahí se hizo un máster en gestión medioambiental y se empeñó en el reciclaje cuando eso era cosa de los países nórdicos. Luego fue alcalde, de 2003 a 2008. De ahí pasó a ocupar la dirección general de la Memoria Histórica en la Junta de Andalucía.

"Su chiste es el del concejal de Cuenca que retrata bien las ínfulas de la política"

“Lo bueno de Paco es que sabe lo que son los desiertos en política”, señala alguien que lo conoce bien. Él siempre advierte a sus equipos que hay que saber estar e irse, ganar y perder, y asumir el segundo plano. De hecho, su chiste favorito es el del concejal de Cuenca que hizo famoso Chiquito, que comparaba la importancia del político con un mojón, y que retrata bien las ínfulas y las miserias de aquellos que se creen ungidos por el cargo. Tras uno de esos “desiertos”, Salazar se fue a Dos Hermanas a vivir. Acabó de técnico responsable del Gran Hipódromo. Allí estrechó lazos con Toscano, con quien sigue hablando a día de hoy si no todos los días, un día sí y otro no. A él lo considera “su padre político” pero al número dos de la Moncloa le gusta descolgar el teléfono lo mismo para hablar con Luis Pizarro, el hombre que lo fue todo el PSOE-A varias décadas y hoy disfruta de su retiro en Alcalá de los Gazules, o con Luis Yáñez. Porque como el mismo Salazar ha dicho alguna vez “no todo el mundo tiene el privilegio de que le cuenten en primera persona como fue la entrada de España en la Unión Europea”.

Lo viejo y lo nuevo

“El PSOE es un partido de 140 años que ahora no huele a viejo y eso es mérito del equipo”, señala alguien desde Ferraz. En Moncloa eligió perfiles de gente joven aunque suficientemente preparada. Ya metido en política, Salazar se sacó la licenciatura de Ciencias Políticas y Sociología por la UNED, robándole horas a su vida familiar, escondido tras una escalera para que sus tres hijos le dejaran estudiar. Su mujer siempre ha sido un gran apoyo.

A sus colaboradores les anima a no perder de vista su vida personal, pisar la calle y les recuerda que a veces las mejores ideas surgen tomando una cerveza. Les recomendó leer ‘Lincoln en el Bardo’, para que conocieran la dimensión más humana del presidente que perdió un hijo. Su última película favorita es ‘Una razón brillante’, en la que alumna y profesor superan prejuicios juntos para preparar un discurso de oratoria.

Salazar sigue yendo más de concejal de pueblo que de asesor áulico en el ‘Ala Oeste’ de la Moncloa. “A veces, quienes no lo conocen lo caricaturizan, pero sinceramente a él le da igual". “Es un gran político porque ha experimentado el fracaso y viene desde abajo”, sostienen fuentes próximas a Iván Redondo. “Es muy buena persona y un tipo muy inteligente que a veces incluso se hace el tonto”, dice alguien que trabaja con él.

Control del vestuario

“Paco tiene las cicatrices de las personas reales. Eso es siempre bueno. Controla muy bien el vestuario y a veces hay quien se olvida de que además de un buen político es un gran intelectual”, señalan fuentes próximas a Redondo. “Hará unos nueve meses, más o menos, en una reunión con Redondo, el director de un importante periódico, en pleno ‘combate’, sacó el tema de la Revolución Francesa. Paco demostró ser un gran experto. Su interlocutor no se lo podía creer. Conocía a personajes de última fila de aquel episodio histórico. Lo descolocó. Ese es Salazar”, añaden esas mismas voces.

Ahora, el director general de la Moncloa, no quiere ni oír hablar de volver a Andalucía y asegura que donde mejor puede ayudar es donde está. “Está en su mejor momento en el sitio que cualquiera con sus inquietudes querría ocupar”, dice alguien que lo conoce bien. “Eso sí, si Sánchez le manda a la República de Burundi él coge sus maletas y su lealtad al presidente va por delante de lo demás”, señala otro compañero y amigo. “Pocos tienen su conocimiento del partido en Andalucía”, agrega quien no oculta que le gustaría verlo de vuelta. Salazar no quiere ni oír hablar de eso, pero el PSOE tiene un problema en Andalucía y Pedro Sánchez le va a preguntar antes o después sobre qué decisión tomar.

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