El verano sienta mal a PP y Vox: del cabreo por la moción de censura al enfado por Ceuta
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MISMAS FECHAS, OTRA DISPUTA

El verano sienta mal a PP y Vox: del cabreo por la moción de censura al enfado por Ceuta

El amago de divorcio tras la aprobación de una moción en Ceuta con la que se declaró persona 'non grata' a Abascal se queda en simple enfado. Los populares confían en reabsorber a los votantes del partido de ultraderecha

placeholder Foto: Santiago Abascal conversa con Pablo Casado en el Congreso. (EFE)
Santiago Abascal conversa con Pablo Casado en el Congreso. (EFE)

El verano es bueno para el amor. Pero no si se trata de PP y Vox. Sucedió en 2020 y ha vuelto a suceder en 2021. Empecemos por este año.

La tensión se desató estos días entre ambas formaciones por culpa de la crisis de Ceuta. El origen fue el pleno de la ciudad autónoma en el que se declaró 'persona non grata' a Santiago Abascal gracias a la abstención de los de Pablo Casado. El presidente del enclave, el popular Juan Jesús Vivas, ni impulsó la propuesta ni tampoco la respaldó, sino que optó por la opción intermedia —no consultó con Génova—, es decir, la abstención, con el objetivo de no participar en el debate, y al mismo tiempo, distanciarse de la ultraderecha en un asunto que consideraba trascendental.

La situación incomodó al PP, que siempre ha defendido su rechazo a los cordones sanitarios y a este tipo de votaciones (que han sufrido en sus propias carnes en lugares como Cataluña o el País Vasco), y generó un cierto debate interno con declaraciones de distintos dirigentes que ponían en duda la decisión de haberse abstenido. Lo que no hubo fueron reproches hacia la figura de Vivas, que el pasado mayo tuvo que lidiar con la mayor ola migratoria de la historia en Ceuta (un castigo de Marruecos tras debilitarse sus relaciones con el Gobierno de Pedro Sánchez), y que aún, a día de hoy, sigue gestionando las réplicas.

Sin embargo, Vox decidió apretar las tuercas hasta el final. Y además lo hizo agarrándose a un as que guarda en la manga desde las generales de noviembre de 2019, cuando el partido se coronó como primera fuerza en la ciudad autónoma y obtuvo el único diputado que tiene asiento en el Congreso. El portavoz nacional, Jorge Buxadé, anunció la "ruptura" con el PP como si fuera un divorcio irreconciliable. De hecho, dio a entender que a partir de ese momento cambiarían el paso en todos aquellos territorios en los que los populares dependiesen del apoyo externo del partido, "y que en cada ocasión votarían lo que consideraran".

Foto: Pablo Casado y Santiago Abascal. (EFE)

Especial presión metieron en Andalucía, la comunidad en la que centran ya todas sus miradas como próximo escenario electoral y donde Vox aspira a retener unos buenos resultados tras el estancamiento sufrido en Madrid con Isabel Díaz Ayuso en frente. No tiene otra opción, ahora que el PP también lidera las encuestas nacionales y el partido ultra empieza a resentirse. Sin embargo, de divorcio pasaron al enfado. Porque, un día después, el mismo Buxadé matizó, explicando que lo que hacían era "tomar nota", pero no romper como tal. Los vaivenes y las críticas les obligaron a dar un nuevo bandazo y registraron una propuesta en la ciudad autónoma para que se revoque la declaración contra Abascal y el PP vuelva a posicionarse.

Eso significa que en septiembre, cuando se reanude el próximo periodo de sesiones, los populares tendrán que decidir si cambian su posición o se mantienen en la abstención. Mientras tanto, para aplacar los ánimos, Vivas no ha hecho más que repetir que si Abascal quiere visitar Ceuta, es bienvenido. El culebrón del verano en el espectro de la derecha recuerda mucho al que se vivió hace justo un año.

El antecedente de 2020

Por las mismas fechas, a finales de julio, Vox se sacaba de la manga la moción de censura en diferido (la planteó, pero dijo que la registraría a la vuelta de las vacaciones) para poner en un brete al PP. Fue tras la desescalada de junio, después de los meses de confinamiento y la peor ola del coronavirus en España. Abascal solo apoyó el primer estado de alarma (ninguna prórroga más y además lo llevó al Tribunal Constitucional, que más de un año después lo ha considerado ilegal). Criticó cada medida del Gobierno, al que llamó durante semanas "criminal" y, finalmente, ya en pleno verano lo anunció: moción contra Sánchez que, en realidad, era contra Casado.

Foto: Pablo Casado, en la junta directiva celebrada hace días desde Gredos. (EFE)

La ultraderecha, siguiendo los pasos de Podemos tiempo antes cuando también se adelantó al PSOE al presentar una moción contra Rajoy, avanzó que era el momento de censurar al Gobierno y tenía el objetivo de que el PP se posicionara. Exactamente un 29 de julio empezó aquella pugna que aún hoy no ha terminado. Los populares querían evitar las especulaciones y rápidamente armaron su argumentario: "Vox salva al soldado Sánchez", decían, ante la obviedad de que la iniciativa no prosperaría de ninguna manera porque los números no daban. Era una operación imposible.

Pero la presión fue 'in crescendo' los siguientes días y, sobre todo, en el mes de septiembre. Los populares no quisieron desvelar lo que votarían y mantuvieron el suspense casi hasta el final. Casado sorprendió con un discurso, este sí se considera el de la ruptura con Vox, en el que trasladó un mensaje claro: ni son lo mismo, ni el PP quiere ser Vox. Empezaba la operación de reunificar el centro derecha, que en realidad se va consolidando gracias a la absorción de Ciudadanos, a la que apuntan todos los sondeos. También Vox experimenta un freno. Y en el partido conservador dan por seguro que si las encuestas les siguen sonriendo, más votantes se irán a la opción segura y única alternativa de Sánchez. Es el plan de Génova.

Foto: Visita en mayo del líder de Vox, Santiago Abascal, a Ceuta. (EFE)

Vox busca ahora, por segundo verano consecutivo, marcar un perfil propio, pero no lo tiene fácil. No dejará de apoyar al PP en ninguno de sus gobiernos porque no tiene otra opción. Los electores no aceptarían que la izquierda se hiciera con el poder como consecuencia de esta pugna y los populares ven al partido de Abascal "atrapado". En la ultraderecha, sin embargo, creen que los de Casado se están confiando y que su suelo de apoyos está consolidado.

Casado, que compareció ante los medios en rueda de prensa por primera vez en muchos meses en el balance de curso final, fue claro: su modelo es el de Feijóo y el de Ayuso (rozando la mayoría absoluta en el caso de la madrileña porque el gallego ya acumula cuatro) y su objetivo es "no depender de otros partidos". Ni siquiera de Vox, al que no solo quiere vencer, sino hacer desaparecer. De todo, menos un amor veraniego.

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