Ayuso se reivindica líder nacional y forja un gobierno como alternativa a Sánchez
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"ESPAÑA NOS MIRA"

Ayuso se reivindica líder nacional y forja un gobierno como alternativa a Sánchez

La presidenta de la Comunidad avanza en ese perfil propio del que todo el mundo habla dentro del PP, tomando posición en todos los debates nacionales y confrontando con Moncloa

placeholder Foto: Isabel Díaz Ayuso junto a sus consejeros. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso junto a sus consejeros. (EFE)

Cuando en la toma de posesión de su nuevo gobierno Isabel Díaz Ayuso avisó a sus consejeros —"España nos mira"— no fue una vacilación. La presidenta de la Comunidad de Madrid encara un segundo mandato que, como el primero, durará solo dos años. En 2023 habrá nuevas elecciones, pero hasta ese momento su intención es consolidarse como una alternativa a lo que representa el Gobierno central sin dejar de explotar el rol de líder de la oposición que tan a menudo ejerce.

El perfil propio del que todo el PP habla y que en Génova asumen como riesgo y oportunidad, lo fue forjando en los meses de la pandemia en los que la soledad la visitó muy a menudo. Lo que muchos tildaban de ideas peregrinas acabaron convirtiéndose en lemas de partido. Y el tono de confrontación constante con Moncloa y el Ministerio de Sanidad que otras autonomías gobernadas por el PP no veían con buenos ojos terminó imponiéndose de manera muy extendida. Ayuso avanza por un camino, el suyo, que dentro y fuera de su casa política miran con atención. Algunos también con desconfianza por el carácter político nacional que empieza a forjarse. Ejemplo de ello fue lo que José María Aznar dijo el viernes, al referirse a la presidenta como "la figura política más relevante de España" en la actualidad.

Foto: Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

En mitad del debate político de los indultos, los protagonistas de la semana, Ayuso optó por una declaración institucional bajo las siete estrellas de la bandera regional en la que desempeñó una vez más un papel más propio del líder de la oposición que de presidenta autonómica. Desafió a Sánchez pidiéndole que convocara elecciones cuanto antes (ya lo había dicho Pablo Casado) y que esta vez incluyera los indultos en su programa electoral. También respondió a los empresarios catalanes, posicionados a favor de la medida de gracia, para que "paguen ellos la fiesta". Y días atrás protagonizó otra larga polémica a cuenta de la figura del Rey, que también resonó en la tribuna del Congreso. El presidente del Gobierno y algún ministro la mencionó en la sesión de control.

Ayuso apenas ha hecho cambios dentro de su Ejecutivo a pesar de las quinielas que descontaban algún efecto sorpresa. Solo hubo ajustes mínimos. Las carteras de mayor peso recaen sobre los mismos consejeros (Enrique López en Justicia, aunque reforzado con Presidencia; Enrique Ruiz Escudero al frente de Sanidad o Javier Fernández-Lasquetty en Hacienda) como prueba de que la gestión seguirá siendo exactamente la misma. El equipo de Gobierno al completo ha ido consolidando una lealtad indiscutible a la presidenta regional. "Actúan como una piña", dicen en el entorno de la Puerta del Sol echando la vista atrás y recordando que los inicios no pintaban fáciles.

Ayuso apenas ha hecho cambios en su Ejecutivo a pesar de las quinielas que descontaban alguna sorpresa. Solo hubo ajustes mínimos

La principal novedad del Consejo de Gobierno es la ausencia de Ciudadanos. Las nuevas elecciones expulsaron al partido naranja de la primera coalición que gobernó la Comunidad de Madrid y su única superviviente, Marta Rivera de la Cruz, ya era muy crítica con su anterior jefe. La presidenta regional evita decirlo con tanta claridad, pero ve como su mayor éxito haber devuelto a la Puerta del Sol un gobierno monocolor con las siglas del PP. En la logística interna también ha tenido efectos inmediatos.

"Antes perdíamos la mitad del tiempo en Ignacio Aguado. En convencerle, en coordinarnos. En las discusiones. Ahora todo irá fluido", dice un miembro con mucho peso dentro del gobierno regional. "Nos da pie a tener una sola voz, y no dos como nos pasaba antes", apuntan otras fuentes, que recuerdan con resignación el otoño de 2020, en plena segunda ola, cuando las diferencias públicas con los naranjas a la hora de gestionar la pandemia complicaron su crítica a Sánchez, que acabó decretando el estado de alarma regional.

placeholder Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Lo que Ayuso quiere es que su gobierno demuestre eficiencia y buena gestión. Que las comparaciones, incluso, se hagan odiosas. La imagen de la presidenta madrileña rodeada de sus consejeros y la insistencia de que deben ser un ejemplo para el resto de autonomías y, especialmente, para el choque con el Gobierno de España está plagada de mensajes.

El más importante, que ese gobierno es su carta de presentación en la política. La crítica más repetida que ha recibido Pablo Casado en tiempos recientes ha sido la falta de equipo y de proyección futura para un hipotético gobierno. Su cúpula ha estado más de una vez en entredicho, pero él ha renunciado a hacer cambios de calado. Sí amplió su núcleo duro con dirigentes veteranas como Ana Pastor y Elvira Rodríguez, o nombrando portavoz nacional a José Luis Martínez-Almeida, otro talento al alza en la formación. De hecho, Génova quiere que la convención de otoño (y las mesas preparatorias de las semanas anteriores) sirvan para escenificar perfiles y apoyos susceptibles de construir el equipo del futuro de Casado.

La relación con Vox, en auge

Esta primera semana con Ayuso de nuevo en la presidencia de manera oficial ha estado muy marcada por la relación con su socio preferente: Vox. La popular ha fortalecido en los últimos días la relación, abriendo su discurso a algunas de las consignas de la formación que se encuentra a su derecha. Tras la sintonía en el debate de investidura, ha deslizado que reformará la ley de protección LGTB y el portavoz, Enrique Ossorio, ha abogado por eliminar algunos artículos que, a su juicio, aportan más una declaración política que una regulación.

Sin ser una "prioridad", tienen pensado abordarlo y fuentes populares señalan que con las nuevas mayorías es el momento de adaptarla a su forma de ver la sociedad. "Los objetivos", inciden, serán los mismos porque la ley "funciona bien", pero las críticas se han disparado por abrirse a una de las peticiones de Rocío Monasterio.
La regulación LGTB no parece que vaya a abordarse pronto, pero hay otra iniciativa que podría votarse en las próximas semanas y en la que el PP requerirá del apoyo de Vox: el proyecto de reforma de Telemadrid, cuya regulación y estructura actual fueron aprobadas por consenso y defendidas por la propia Díaz Ayuso.

Foto: La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

La propuesta permite tomar el control de la radiotelevisión pública con mayoría absoluta y no con los dos tercios actuales. El PP ha insinuado que han contado con Vox, pero estos no tienen claro respaldar una norma que favorezca el control político y su objetivo es reducir los costes. El portavoz, sin embargo, sí se ha acercado a esos postulados posteriormente: "Con esos 78 millones (74, en realidad) yo podría hacer 20 colegios...". En el PP han agilizado la tramitación de la norma, por lectura única, y esta podría llegar al pleno incluso en el mes de julio. Entonces Vox será decisivo.

Los gestos no han llegado solo en este sentido, y Monasterio también ha lanzado algún guiño a la presidenta. Por un lado, rebajando sus reclamaciones sobre Telemadrid y las normas LGTB, pasando de su eliminación a su modificación. Y, por otro, y quizá el más significativo, con su posicionamiento sobre la comisión de investigación por la gestión en las residencias madrileñas durante la pandemia. La portavoz se mostró a favor de apoyarla inicialmente, pero en los últimos días ha virado hasta significarse en contra de una iniciativa "revanchista", evitando a los populares las dificultades que pudiera generarles. Todos estos movimientos apuntan a un entendimiento entre las dos siglas en un momento en el que Ayuso necesita al menos su abstención en dos años en los que prevé una intensa actividad parlamentaria para mostrar un cambio de era con una mayoría amplia.

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