El 'dilema Ayuso': riesgo para Casado y oportunidad del PP de ampliar el electorado
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El 'dilema Ayuso': riesgo para Casado y oportunidad del PP de ampliar el electorado

La diversidad de liderazgos y el protagonismo de Ayuso dan quebraderos de cabeza en Génova. Pero reconocen que su perfil llega a unos votantes a los que Casado no se puede dirigir

placeholder Foto: Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

En el PP siempre han coexistido liderazgos territoriales fuertes y sensibilidades políticas distintas. Un equilibrio complicado de mantener que últimamente se le ha hecho cuesta arriba a Pablo Casado, sufriendo también las penurias de la oposición en sus propias carnes. El tablero político dentro del partido ha dado un vuelco en los meses recientes. La fortaleza de Isabel Díaz Ayuso, consolidada tras el 4-M, y sus diferencias —más que notables— con otros barones ha ido obligando a Génova a reconducir el peso de sus principales dirigentes y mantener cohesionados los posicionamientos del partido.

La conclusión en la dirección nacional es que el reparto de roles, aunque genera algunos quebraderos de cabeza, también pueden suponer una oportunidad si el PP consigue llegar a distintos caladeros de votantes.

Esta semana ha sido intensa para Casado. El saludo entre Pedro Sánchez y Joe Biden finiquitó la resaca que había dejado la manifestación de Colón, en la que no hubo foto ni tampoco unidad real entre las fuerzas a la derecha. El rechazo a los indultos es su único pegamento, en la calle el otro día y en los parlamentos donde votan iniciativas juntos, pero las estrategias de los tres partidos de la oposición están enfrentadas. La presidenta de la Comunidad de Madrid eclipsó la jornada del esperado 13-J con unas declaraciones que han perseguido al PP durante días cuando interpeló al Rey al preguntarse si el Gobierno le haría firmar los indultos. Todo ello a pesar de que es su función constitucional y no hacerlo, igual que no sancionar una ley, sería una ilegalidad.

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE)

Los populares exhibieron una sola posición señalando a Sánchez como único culpable, pero ni Casado ni el resto de presidentes autonómicos respaldaron sus palabras. Más bien, al contrario. El malestar en cargos del partido, dentro y fuera de Madrid, fue en aumento con la segunda afirmación de Ayuso en el mismo sentido. “Se mete en charcos porque quiere”, decían a este diario. En Génova también se reconocían descolocados como les ha ocurrido en otras ocasiones, pero al mismo tiempo reconocen que el perfil de Ayuso (que sirvió, al menos en la capital para frenar a Vox y aglutinar al centro derecha bajo sus siglas) es necesario dentro del PP. Como también lo son el resto. Hay que buscar el equilibrio.

Lo resumía muy bien una persona de total confianza de Casado cuando a las puertas del 4-M y en pleno fervor ayusista reconocía: “Lo de Isabel está muy bien. Pero a Casado le tienen que votar en Madrid, en Galicia y en Valencia”. De ahí, que el reparto de papeles y que todos los dirigentes tengan su peso es clave para la dirección nacional.

También el presidente de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, hizo una referencia similar tras su encuentro con Sánchez en Moncloa esta semana: “Cada uno es libre dentro del PP. Este partido es diverso y plural. Y eso nos hace grandes, que cada uno pensemos de una manera”, decía en referencia a Ayuso, aunque después le envió un recado con total claridad: “No estoy para corregir sus palabras. Pero el Rey tiene la obligación de sancionar leyes o de firmar los indultos si los hay, y eso no le hace autor de los mismos”. En ese momento la presidenta de la Comunidad había terminado su discurso de investidura con un duro alegato sobre la concesión de la medida de gracia. Otro equilibrio.

Foto: Pablo Casado, en el Círculo de Economía en Barcelona. (EFE)

En Génova tienen asumido que esa diversidad de liderazgos, que llegan a electorados distintos, puede beneficiar al partido. Y, en última instancia, al objetivo de que Casado sea presidente. Sobre todo, porque el PP mantiene la coherencia en las bases ideológicas y en las acciones de gobierno con sus pecularidades territoriales.

Feijóo en Galicia es imbatible por un discurso propio que los populares no tienen prácticamente en ningún otro territorio. Moreno abraza el andalucismo constitucionalista y lucha por aumentar el peso de su comunidad en Madrid, pidiendo ahora, entre otras cosas, activar la mesa bilateral con el Ejecutivo prevista en su Estatuto. Hay otras apuestas como el caso de Marga Prohens en Baleares, que será la próxima candidata del PP a las elecciones y que también abraza un modelo muy fiel al PP pero también a su territorio.

En la renovación territorial que el partido ha ido completando sin mayores desafíos que el del PP de Sevilla y que acabará en tiempo y forma esperados, la dirección nacional ha procurado integrar a perfiles que respondan al nuevo PP de Casado y sumen por separado avances en todas las comunidades. Cataluña y el País Vasco siguen siendo las asignaturas pendientes. Recuperar apoyo en la primera es una absoluta prioridad. A nivel de militancia, por las bases, la formación ya trabaja en ello con cuatro gestoras, una por provincia. La previsible llegada de cargos de Ciudadanos también tendrá peso en el objetivo final.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (c). (EFE)

El discurso de Casado este jueves en las jornadas impulsadas por el Círculo de Empresarios fue un paso importante. Aunque se evidenció su soledad en el rechazo a los indultos (después del espaldarazo de los empresarios al Gobierno), el líder popular cuidó su intervención evitando generar rechazo y planteando una mirada mucho más empática. Defendió su postura mostrando respeto a las demás y dejó claro que su alternativa para Cataluña también pasa por evitar más confrontación, pero bajo el cumplimiento de la ley.

En el PP no esconden su interés en marcar distancia con Vox en este asunto, como partido de Estado, y con el que solo comparten el no general a los indultos. Ni formas, ni tono. Casado asume que no puede confrontar con Abascal ni con su estrategia, como tampoco pueden hacerlo el resto de presidentes autonómicos del PP… con una excepción. Ayuso no solo tiene en común una parte del discurso con Vox, sino que el planteamiento sin complejos y de máxima confrontación con la izquierda y los socios de Sánchez en el Congreso puede conquistar a un electorado al que Casado no puede dirigirse en esos términos. La técnica del “poli bueno, poli malo”.

En el PP siempre han coexistido liderazgos territoriales fuertes y sensibilidades políticas distintas. Un equilibrio complicado de mantener que últimamente se le ha hecho cuesta arriba a Pablo Casado, sufriendo también las penurias de la oposición en sus propias carnes. El tablero político dentro del partido ha dado un vuelco en los meses recientes. La fortaleza de Isabel Díaz Ayuso, consolidada tras el 4-M, y sus diferencias —más que notables— con otros barones ha ido obligando a Génova a reconducir el peso de sus principales dirigentes y mantener cohesionados los posicionamientos del partido.

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