TODAS LAS DECISIONES DEL JEFE DEL ESTADO

Felipe VI acaba con Juan Carlos I: todas las rupturas con el Rey emérito

Este es el final de un camino que ha durado varias etapas y que ha perseguido un solo objetivo: separar al rey Juan Carlos de la nueva institución que asumió hace seis años Felipe VI

Foto: El rey Felipe VI (d) y el emérito Juan Carlos I momentos antes de presidir la reunión del patronato de la Fundación Cotec el año pasado. (EFE)
El rey Felipe VI (d) y el emérito Juan Carlos I momentos antes de presidir la reunión del patronato de la Fundación Cotec el año pasado. (EFE)

El rey Juan Carlos abandona el Palacio de la Zarzuela tras el goteo incesante de informaciones sobre su fundación panameña y una fortuna opaca que manejó desde Suiza durante varios años, los mismos en los que la peor crisis económica azotaba España, como ha ido desvelando este diario. Informaciones que llevaron a la Casa del Rey y al Gobierno central a estudiar todas las salidas posibles para el Rey emérito y proteger al mismo tiempo a la Corona, pero que, sin duda, requerían de una decisión definitiva por parte de Felipe VI si quería firmar la ruptura total en la que lleva tiempo avanzando. Primero fue Zarzuela y ahora es España.

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La determinación tomada por el monarca es realmente inédita, como lo han sido otras de las muchas que ha ido tomando desde que reina. Este es el final de un camino que ha durado varias etapas y que ha perseguido un solo objetivo: separar a don Juan Carlos de la nueva institución. La frase que quedó grabada en el imaginario colectivo del discurso de proclamación de don Felipe fue la que decía “una monarquía renovada para un tiempo nuevo”. Lo que marcaba el inicio de todo era ese tiempo nuevo, con una sociedad muy distinta a la que consintió determinadas conductas tiempo atrás y la irrupción de nuevos partidos políticos que también cambiaron para siempre los conceptos de la corrupción y la transparencia de los cargos públicos. Una nueva generación que no aceptaba algunas conductas del pasado.

La abdicación de Juan Carlos I llegó en un momento en el que otro camino era casi inaceptable. Lo adelantó José Antonio Zarzalejos en este diario —“abdica para salvar a la Monarquía de la crisis institucional”— y seis años después quedó probado que aquello no fue suficiente. No solo era abdicar, sino retirarse por completo, alejarse de la Corona. Hace solo unos meses, tras todos los escándalos conocidos, llegó la decisión de don Felipe de renunciar a toda herencia que pudiera corresponderle de las actividades ilícitas de su padre. También le retiró su asignación con cargo a los Presupuestos Generales. Pero tampoco bastó.

El 15 de marzo, coincidiendo con el inicio del estado de alarma en plena pandemia del coronavirus, el Rey comunicó la decisión hasta el momento más relevante de sus seis años como monarca. La interpretación de repudio a su padre por las noticias que desvelaba ‘The Telegraph’ sobre la fundación panameña en la que el rey Juan Carlos habría escondido un regalo de Arabia Saudí de 100 millones de dólares (y de la que Felipe VI figuraba como segundo beneficiario) provocó una ruptura total con el Rey emérito.

Pero las siguientes informaciones, develadas también por este diario, con un acta que incriminaba directamente al que fuera jefe del Estado en España durante 39 años y movimientos detallados de su cuenta en un banco de Ginebra provocaron el gesto final en el que la jefatura del Estado y el Ejecutivo llevaban meses trabajando.

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Alejarse de la familia y cambiar Zarzuela

Los gestos de Felipe VI buscando ese distanciamiento llegaron desde el primer día en el que fue rey. El 11 de junio de 2015 —por escasos días no se había cumplido todavía un año de su reinado— el monarca retiró el Ducado de Palma a su hermana, la infanta Cristina, involucrada en el caso Urdangarin por el que su marido fue a prisión. Era la única decisión que podía tomar porque ella era la competente para renunciar a sus derechos sucesorios.

Aquello fue un duro golpe para la familia en su conjunto y para el Rey emérito en particular. Las infantas dejaron de ser parte de la Familia Real y las imágenes conjuntas fueron del todo inexistentes, a pesar de que desde hacía tiempo ya no se producían.

Los primeros meses de reinado de don Felipe sirvieron también para cambiar muchas cosas del día a día de la institución. Desde políticas protocolarias más estrictas y ceñidas exclusivamente a las funciones que recoge la Constitución hasta detalles cotidianos que todo el mundo apreció pronto: la puntualidad y sobriedad en los actos. Después de abdicar Juan Carlos I, los cambios internos en Zarzuela fueron inmediatos. La toma de decisiones siempre recayó en don Felipe y el nuevo organigrama. El Rey emérito quedaba fuera del foco.

No solo eso. También el Rey decidió poner en marcha una batería de medidas para mejorar la transparencia de la Corona y cumplir con la rendición de cuentas a la que se sometían el resto de instituciones. Aprobó una normativa sobre regalos a favor de los miembros de la Familia Real (entró en vigor en 2015) y ordenó que se hicieran públicos en la página web de Zarzuela. En diciembre de 2014, pocos meses después de asumir el reinado, también aprobó un código de conducta para el personal de la Casa, que incorporaba principios de buen gobierno. La idea fue establecer unos principios éticos comunes que debían presidir la actuación de todos los empleados de Zarzuela para garantizar su misión "de forma leal, íntegra, honesta y transparente".

En lo que respecta al ámbito económico, la decisión más importante fue la de poner en marcha una auditoría externa por primera vez en la historia de la Casa Real. También se estableció la obligatoriedad de presentar un informe anual de las cuentas de la Casa y una memoria de actividades. Cuestiones muy presentes en otras instituciones que en Zarzuela hasta ese momento eran casi inexistentes.

Aislando al Rey emérito

En lo que respecta a la figura de don Juan Carlos, la pérdida de protagonismo se fue consumando desde su abdicación. No volvió a ningún acto clave para la Jefatura del Estado, como es la Pascua Militar y el Día de las Fuerzas Armadas, ni compartió espacio en las Cortes Generales con su hijo, a excepción únicamente del 40 aniversario de la Constitución de 1978, por el protagonismo tan evidente que tuvo don Juan Carlos en la llegada de la democracia a España.

Después de un tiempo apartado de la vida pública —precisamente por las peticiones de grupos nacionalistas e independentistas para investigar al exjefe del Estado en el Congreso ante los primeros audios que se conocieron del comisario Villarejo y Corinna Larsen— el Rey rehabilitó a su padre para esa efemérides. También por la presión que provocó apartarle en los actos del año anterior que actuaron como antesala del gran aniversario. Personalidades políticas criticaron haber dejado apartado a don Juan Carlos, mientras que expertos constitucionalistas reconcían la dificultad de la convivencia de dos reyes en las Cortes Generales.

Antes de ese momento, el Rey emérito protagonizó una agenda muy escueta. Sí realizó en 2016 algunos viajes oficiales a Guatemala, Perú y República Dominicana (tomas de posesión de mandatarios) y Cuba (al multitudinario funeral de Fidel Castro). Todas fueron salidas de apenas un día de duración y coincidiendo con momentos en los que Felipe VI se encontraba centrado en seguir la situación política nacional. El despacho oficial inaugurado en Palacio Real apenas recibió alguna visita. Nunca fue realmente un lugar al que don Juan Carlos acudiera. El Rey emérito estaba apartado de la jefatura del Estado y se dedicó a un retiro personal centrado en viajes y la caza, su verdadera pasión.

El principio del fin

Llegó a través de un comunicado el 27 de mayo del año pasado, justo después de las elecciones autonómicas y municipales. El Rey emérito le transmitía a su hijo su decisión de retirarse por completo de la vida institucional. Una jubilación que llevaba tiempo poniendo en práctica pero que quería solemnizar a través de una misiva. “Creo que ha llegado el momento de pasar una nueva página en mi vida”. Como publicó este diario, días después salía publicado en el BOE el nombramiento de Alfonso Sanz Portolés —secretario oficial de don Juan Carlos en Zarzuela— como consejero diplomático del jefe del Estado. El Rey emérito se quedaba sin secretaría oficial ni recursos institucionales.

El gesto no se pudo calibrar hasta un año después. Cuando el pasado mes de marzo la Casa del Rey emitió un comunicado en el que confirmaba que había tenido conocimiento de la fundación panameña de Juan Carlos I en marzo de 2019 por una carta del despacho de abogados de Corinna Larsen. Aquello fue el principio del fin. La maquinaria de Zarzuela se puso en marcha y solo unas semanas más tarde llegaba esa retirada definitiva de la vida pública. Las imágenes junto al padre de Felipe VI se ciñeron a la visita al hospital aquel verano por una nueva operación a la que se sometía.

El resto de la historia acapara todas las miradas desde hace meses. Felipe VI renunció a la herencia procedente de esa actividad (cuando, en su caso, llegara el momento) y le quitaba a su padre el sueldo público que le corresponde por la institución. Después llegarían los peores quebraderos de cabeza. No solo la investigación de la Fiscalía del Tribunal Supremo (que se sumaba a la de Suiza), sino las informaciones que apuntaban cada vez más a una ristra de actividades irregulares del que entonces fuera el jefe del Estado de España.

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