EL REY EMÉRITO, APARTADO EN ZARZUELA

La renuncia de 2019, sin secretario oficial ni ver al Rey: el aislamiento de Juan Carlos I

La renuncia definitiva del Rey emérito en la primavera pasada coincide con las noticias que Zarzuela recibió del despacho de Corinna. Don Felipe retiró los recursos del organigrama oficial a su padre

Foto: Felipe VI con el rey Juan Carlos tras imponerle a la princesa Leonor el Collar del Toisón de Oro en enero de 2018 en el Palacio Real. (EFE)
Felipe VI con el rey Juan Carlos tras imponerle a la princesa Leonor el Collar del Toisón de Oro en enero de 2018 en el Palacio Real. (EFE)
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El 27 de mayo de 2019, justo al día siguiente de la triple cita electoral de autonómicas, municipales y europeas, Zarzuela hacía pública una carta que el rey Juan Carlos le había enviado a su hijo con la decisión de “retirarse de la vida pública por completo”. En realidad, el padre de Felipe VI llevaba tiempo apartado de la representación institucional —con algunas excepciones, especialmente por el 40 aniversario de la Constitución—, pero aquello fue un gesto determinante. El objetivo, aunque no se vería con tanta nitidez hasta después, no era otro que separar definitivamente la figura del Rey emérito de la institución.

En la misiva aseguraba que llevaba tiempo madurando la idea y que entendía que era el momento de “pasar una nueva página en su vida” cuando se cumplían justo cinco años de la abdicación. Desde aquel momento don Juan Carlos dejaba de representar a la Corona en cualquier acto público y todas sus actividades pasaban a ser de índole personal. Felipe VI tomó algunas decisiones sobre los recursos con los que contaba su padre y que pertenecían al organigrama de la Casa Real. Le retiró la secretaría oficial de la institución que ostentaba Alfonso Sanz Portolés, que pasó a ser consejero diplomático del jefe del Estado tal y como salió publicado en el BOE. Sanz Portolés acompañaba al Rey emérito en ese cargo desde junio de 2014, después de haber sido durante los tres años anteriores secretario general de la Casa del Rey. Antes fue jefe de la unidad de Protocolo.

Desde el año pasado y hasta la actualidad el rey Juan Carlos tan solo cuenta con una secretaría privada para gestionar sus asuntos particulares, llamadas o cartas que reciba. Todo en la estructura principal del Palacio de la Zarzuela, donde también reside y donde lleva recluido junto a la reina Sofía desde el inicio del confinamiento. El despacho oficial que inauguró en 2015 en el Palacio Real, ya después de la proclamación de su hijo, nunca llegó a tener un uso ordinario. De hecho, apenas acudió.

El Rey emérito tiene junto a sus dependencias un pequeño despacho que es el que utiliza a diario. No cuenta con otros recursos de Zarzuela y permanece apartado de la zona en el que se encuentran los de don Felipe y doña Letizia, así como la sala de audiencias que a menudo aparece en los medios de comunicación con los saludos del Rey a las visitas que recibe para reuniones de trabajo. Ese anexo dispone de una entrada y salida independiente y en ningún caso se atraviesa el área donde se encuentra don Juan Carlos. Sus coincidencias en lo que respecta a la actividad institucional son nulas —no se cruzan— y la residencia de los reyes y sus hijas, el conocido como pabellón del Príncipe, se encuentra incluso a algunos kilómetros de distancia.

La jubilación definitiva del Rey emérito y su aislamiento total del organigrama oficial de Zarzuela la primavera pasada coincide con el momento en el que el Rey recibió la noticia por parte del despacho de abogados de Corinna Larsen, el bufete londinense Kobre&Kim, de que aparecía como beneficiario de una sociedad ‘offshore’ a nombre de su padre. Así lo explicó el comunicado que emitió la propia Casa del Rey el 15 de marzo, justo cuando se iniciaba el estado de alarma en España por la pandemia del coronavirus. En el mismo escrito, el rey Juan Carlos reconocía que nunca informó a su familia de sus actividades.

Felipe VI anunció además su renuncia a cualquier herencia que pudiera recibir en el futuro “procedente de inversiones o estructuras financieras” de su padre que “pudieran no estar en consonancia con la legalidad o con los criterios de rectitud e integridad que rigen su actividad institucional y privada y que deben informar la actividad de la Corona”, y le retiraba la asignación pública con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. Todo ello después de las informaciones que en esos días destapaba ‘The Telegraph’ sobre el regalo millonario del régimen saudí a Juan Carlos I.

Zarzuela explicaba entonces que el Rey recibió en marzo de 2019 las primeras informaciones sobre esta situación. Dos meses después y una vez terminado el intenso ciclo electoral que vivía España en ese momento (a finales de abril las generales tras la moción de censura y cuatro semanas más tarde la triple convocatoria electoral de mayo) se conocía que el Rey emérito se apartaba de la institución, en teoría, por decisión propia.

El rey emérito Juan Carlos y el expresidente del Gobierno Felipe González (i), durante el acto de conmemoración del 40 aniversario de la Constitución. (EFE)
El rey emérito Juan Carlos y el expresidente del Gobierno Felipe González (i), durante el acto de conmemoración del 40 aniversario de la Constitución. (EFE)

En realidad, desde la misma proclamación de don Felipe en junio de 2014, el rey Juan Carlos fue perdiendo el foco de manera inmediata. En su discurso ante las Cortes Generales el monarca lanzó su principal compromiso: “Una monarquía renovada para un tiempo nuevo”. Desde aquel día los reyes eméritos pasaron a un segundo plano. Sí participaron en distintas actividades institucionales los años posteriores —por ejemplo, en 2016 el Rey emérito acudió a tomas de posesión de mandatarios extranjeros en cuatro viajes oficiales—, pero también tuvieron momentos de desaparición absoluta.

Por ejemplo, los meses de 2018 en los que don Juan Carlos se ausentó coincidiendo con la petición de varios grupos parlamentarios para impulsar una comisión de investigación sobre grabaciones de Villarejo a Corinna Larsen. Zarzuela alegó “motivos de salud e indicaciones del servicio médico” para justificar la desaparición del padre del Rey, al que rehabilitarían después para la celebración de los 40 años de la Constitución de 1978. Protagonizó tres actos en cuatro días.

Después de aquello, las apariciones públicas fueron limitadísimas. Tan solo en La Monumental de Las Ventas durante la feria de San Isidro (salidas enmarcadas en su agenda privada). Tras la renuncia el mayo pasado, don Juan Carlos continuó con sus actividades privadas y fue el pasado verano, en el mes de agosto, cuando volvía a someterse a una operación quirúrgica en la que le implantaron un triple ‘bypass’ coronario.

A la Clínica Quirón de Pozuelo acudieron los Reyes y sus hijas, e incluso el presidente del Gobierno. Después de aquel episodio, el Rey emérito mermó el ritmo de su agenda privada. A principios de año volvían los rumores sobre su deteriorada salud, aunque en marzo de este año estaba prevista su reaparición en Sansenxo, una de las localidades españolas que frecuenta cada año y a la que no acudió con el estallido de la pandemia del covid-19.

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