DECISIÓN INÉDITA DEL MONARCA

Felipe VI firma la ruptura con su padre para evitar otra profunda crisis a la Corona

La avalancha de informaciones sobre el patrimonio del Rey emérito obligó a Felipe VI a dar el segundo golpe de efecto de su reinado y separarse por completo de don Juan Carlos

Foto: Felipe VI, junto a don Juan Carlos, en 2018 en el Palacio Real. (EFE)
Felipe VI, junto a don Juan Carlos, en 2018 en el Palacio Real. (EFE)

El alejamiento paulatino que Felipe VI lleva tiempo aplicando a la figura de su padre, el rey Juan Carlos, alcanzó una meta sin retorno este domingo por la noche, en mitad de la crisis sanitaria más grave que ha atravesado España y con el estado de alerta vigente. La avalancha de informaciones sobre el patrimonio del Rey emérito, que el fin de semana apuntaron ya al actual jefe del Estado como beneficiario, terminó por forzar un comunicado inédito desde la Casa Real: don Felipe renuncia a toda herencia que pudiera corresponderle personalmente (no solo a la proveniente de las estructuras financieras que se investigan en Suiza), y firma una ruptura total con su padre retirándole la asignación púbica prevista en los Presupuestos de la Casa del Rey.

Felipe VI, que no ha protagonizado ninguna aparición desde que estallara definitivamente la crisis del coronavirus que ha llevado el país a un estado de alarma sin precedentes, sabía desde el 5 de marzo del año pasado que aparecía como supuesto beneficiario de una fundación llamada Lucum —como desveló el diario ‘The Telegraph’—, creada en 2008 por el Rey emérito para ocultar un regalo de Arabia Saudí de 100 millones de dólares. Lo supo por una carta del despacho británico Kobre & Kim y, según el comunicado de Zarzuela en el que se detallan los movimientos que entonces hizo el Rey, trasladó una copia con esa información “a las autoridades competentes”.

Zarzuela mantiene que el Rey renunció a cualquier derecho o interés que pudiera corresponderle con esa fundación y sostiene además que el rey Juan Carlos nunca le comunicó nada a su hijo. La gravedad de las informaciones obligÓ al monarca a dar el segundo golpe de efecto de su reinado con un miembro de su familia. Si en 2015 la decisión fue revocar el título de Duquesa de Palma a la infanta Cristina, en vista de que no pensaba renunciar a ningún privilegio pese a su implicación en el caso Nóos, este domingo don Felipe dio un paso sin precedentes separándose por completo de su padre.

Mientras las investigaciones sobre el patrimonio oculto del Rey emérito avanzan en Suiza, el Congreso de los Diputados rechazó hace unos días investigar a don Juan Carlos en una comisión que Unidas Podemos había pedido por segunda vez. La Mesa rechazó esa comisión gracias a que el PSOE votó con PP y Vox y en contra de sus socios. Aun así, la situación requería ya una respuesta por parte del Rey para salvar la institución de la crisis que se avecinaba y que todavía podrá tener fuertes réplicas.

Se impuso, una vez más, la promesa que don Felipe hizo el día de su proclamación en junio de 2014 —“una monarquía renovada para un tiempo nuevo” en una Corona que deberá “preservar su prestigio y observar una conducta íntegra y honesta”— y que era imposible de encajar con la conducta revelada en los medios por su padre, Rey de España durante casi 40 años.

La ruptura total con don Juan Carlos supone una decisión del mayor calado institucional, que choca directamente con la esencia misma de la monarquía, íntimamente ligada a la familia por su condición hereditaria, y que se encuentra ahora en una situación inédita.

La distancia que don Felipe ha querido marcar con su padre se ha ido evidenciando con el tiempo. Les separaba una forma de vida y la personalidad de ambos —la siempre reconocida campechanía de don Juan Carlos y la austeridad de su hijo—, que se hizo patente en las primeras decisiones de Felipe VI al frente de la Corona. Un código de conducta para todo el personal de Zarzuela que incorporaba principios de buen gobierno, una normativa específica sobre regalos a los miembros de la familia real y las primeras auditorías que se habían celebrado en la institución. Hasta la puntualidad en los actos oficiales y otras cuestiones más cosméticas que cambiaron la forma de entender la institución.

Las apariciones de Juan Carlos fueron mermando con el tiempo y en el verano de 2018 el servicio medico de la Casa Real emitió un comunicado en el que se explicaba la recomendación de que el Rey emérito no realizara actividades físicas intensas. Su agenda quedaba suspendida coincidiendo con la primera petición de varios grupos parlamentarios —Unidas Podemos, ERC, PDeCAT, Compromís y Bildu— para constituir una comisión de investigación sobre las grabaciones del comisario Villarejo, que ya apuntaban a unas cuentas en Suiza. Zarzuela lo ‘rehabilitó’ tiempo después para los actos del 40 aniversario de la Constitución.

El Rey emérito y Felipe VI, durante una reunión del patronato de la Fundación Cotec el pasado año. (EFE)
El Rey emérito y Felipe VI, durante una reunión del patronato de la Fundación Cotec el pasado año. (EFE)

Y ya el pasado mes de mayo era el rey Juan Carlos quien aseguraba en una misiva su deseo “de retirarse de la vida pública por completo”. Afirmaba "que transcurridos casi cinco años desde la proclamación" de su hijo, entendía “que era el momento de pasar una nueva página en su vida y completar la retirada de la vida pública”. Desde este domingo, la retirada es completa: ya no recibirá una asignación como miembro de la familia real con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

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