MESA DE DIÁLOGO DE TRES HORAS EN LA MONCLOA

Sánchez dispensa a Torra máximos honores y gana oxígeno para los Presupuestos

Gobierno y Generalitat pactan un diálogo basado en la "seguridad jurídica" sin citar la Carta Magna. Torra afirma que se no dio respuesta a su petición de autodeterminación. Montero repite que no cabe

Foto: Pedro Sánchez charla con Quim Torra en la Moncloa, a su llegada a la primera reunión de la mesa de diálogo. (EFE)
Pedro Sánchez charla con Quim Torra en la Moncloa, a su llegada a la primera reunión de la mesa de diálogo. (EFE)

Para la Moncloa, expectativas cubiertas. El Gobierno de Pedro Sánchez cree que la primera cita de la mesa de diálogo con la Generalitat salió mejor de lo que esperaba. Porque la mesa, la llave maestra que el PSOE pactó con ERC para desbloquear la investidura, no muere a la primera de cambio. A partir de ahora, se reunirá con periodicidad mensual a la búsqueda de consensos que encajen en la "seguridad jurídica" (sin mencionar la Constitución) y con "soluciones imaginativas". Para conseguir el oxígeno que necesitaba para los Presupuestos, Sánchez agasajó a Quim Torra con un trato preferencial, salvo por detalles, de jefe de Estado, con el uso de una sala de prensa vip que no usan otros presidentes autonómicos aunque sí el líder de la oposición. Además, ERC consigue demostrar a su electorado de cara a las elecciones en Cataluña que su apuesta por el diálogo sigue viva.

Tres horas duró la primera cita de la mesa de diálogo. Fue en la Moncloa, como había propuesto el presidente, cuyo equipo se esmeró en cuidar al máximo la escenografía. Para que todo acompañase a esa idea de "reencuentro" en la que tanto insiste en las últimas semanas. No se limitó a recibir a Torra y su delegación en la escalinata del palacio para luego pasar al interior, como se hace habitualmente con otros mandatarios autonómicos. Sánchez aguardó con su comitiva —faltaba Pablo Iglesias, el vicepresidente segundo, enfermo de amigdalitis— en los jardines del complejo, aprovechando el soleado y poco riguroso día en Madrid, la llegada de la contraparte. Llegó y los ministros, con ellos, se adelantaron dando un paseo. Mientras, el presidente esperaba a Torra, el último en acceder, como gesto de cortesía. Después, juntos recorrieron unos cuantos metros hasta que posaron para los medios en la escalinata, ante una doble pareja de bandera española y 'senyera'.

Los dos mandatarios y sus equipos regalaron imágenes de distensión, de normalidad, de calma, de conversación cordial y sin estridencias. Luego todos pasaron a la Sala Tàpies y se sentaron frente a frente, ante una mesa de cristal, transparente, y estrecha, para facilitar, decían en la Moncloa, el tú a tú. Finalmente, pasadas las 20:30, Torra compareció ante los medios en la sala preferente del edificio Portavoz del Gobierno, la que se utiliza para las ruedas de prensa del presidente y sus ministros y la que se reserva también para el líder de la oposición y los mandatarios extranjeros. Los presidentes autonómicos habitualmente son derivados a una sala alternativa más pequeña, la llamada 'briefing'.

El equipo del presidente se esmeró en visualizar esa alfombra roja como camino para el "reencuentro". Torra compareció además en la sala de prensa vip


El jefe del Govern tenía detrás, de nuevo, la enseña nacional y la catalana. La primera, adelantada y a la izquierda, en posición preferente, como manda el protocolo. Alfombra roja para la Generalitat: doble paseo por los jardines, posado en la escalinata, reunión en una sala cargada de simbolismo y comparecencia en una estancia vip. La Moncloa quería que el entorno ayudase, igual que el pasado 6 de febrero el presidente se encontró en Palau con un trato de máximo nivel.

Un nuevo "clima"

Se trataba de remarcar, como ya ha repetido Sánchez, que arranca una nueva etapa en las relaciones entre ambos gobiernos después de una década "perdida", de "desencuentros". Había que construir un nuevo "clima", resaltó posteriormente la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero. Dar un "primer paso muy importante para avanzar en la normalización de las relaciones institucionales y hasta afectivas" para dejar atrás los "reproches". Un debate "honesto y franco", resumió de manera más parca Torra.

La mesa se reunirá cada mes de manera ordinaria, y de forma alternativa en Madrid y BCN. Los presidentes y vicepresidentes no estarán siempre

Tras tres horas de reunión, con un pequeño receso ya hacia el final, las dos partes firmaron un comunicado conjunto, de una página [aquí en PDF], en el que "valoran positivamente" el encuentro y en el que recogen sus cuatro acuerdos alcanzados. Uno, que la mesa de diálogo se reunirá "mensualmente". Dos, que las citas se celebrarán "alternativamente en Madrid y Barcelona". Tres, que los presidentes y vicepresidentes habilitan "un grupo de trabajo integrado por una delegación por cada parte" a partir de este momento. Así, "los presidentes y vicepresidentes se incorporarán a la mesa cuando sea necesario ratificar acuerdos políticos, salvo que alguna de las partes decida otra composición". Y, por último, el Gobierno y el Govern aseguran que cualquier acuerdo que se adopte en el seno de este foro "se formulará en el marco de la seguridad jurídica".

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Esta última aseveración es clave, puesto que está redactada a gusto de las dos partes, como difícil punto de equilibrio, y copia el lenguaje de Pedralbes y el que emplearon PSOE y ERC en su acuerdo de investidura. El texto evita mencionar la Constitución como límite, como reclama la oposición. La "seguridad jurídica" es un concepto algo más vago. Torra usó en su comparecencia esa expresión, al igual que Montero, aunque para el Gobierno quiere decir que todo pacto que se alcance, que no será inmediato y que llevará muchos meses, encajará dentro de la Constitución, si bien el Ejecutivo no se niega a hacer reformas legislativas.

En la cita, según reconocieron el 'president' y la ministra, la delegación catalana planteó sus exigencias: autodeterminación y amnistía para los presos del 'procés'. "No hemos tenido una respuesta a esta posición. Seguimos sin conocer la respuesta del Gobierno de España al conflicto político catalán", se quejó Torra. Después, Montero sí remarcó que el Ejecutivo dejó manifiesta "con claridad" su postura: el Ejecutivo "no comparte ni la autodeterminación ni esos extremos". Cada parte afirmó que se expresó en los mismos términos "fuera y dentro", de ahí que se hablara de una reunión "franca y normal, no impostada". Sin embargo, esa discrepancia de fondo no impidió que los dos equipos continuaran hablando, aunque, oficialmente, sin avances sustanciales.

No al mediador

Pero ¿cómo seguir, dónde estará la salida? El Gobierno entiende que habrá que abandonar posiciones "maximalistas", lo que no implica que Sánchez vaya a aceptar el referéndum, ya que directamente no cabe en la Carta Magna. Pero se trata de buscar soluciones "imaginativas, creativas", "trascender respuestas tradicionales". No anticipa cuáles, aunque sí insiste en que será "difícil" y "complejo". "Estamos esperanzados en encontrar esas posibilidades de acuerdo. Todos los acuerdos que se planteen tendrán que tener la correspondiente seguridad jurídica, más allá de que incluso se promuevan las cuestiones relativas a cambios de normas o revisiones del Estatut", explicó Montero. Ese es el camino al que apunta el presidente, pero que no ven los independentistas. Por eso fuentes del Gobierno sí reconocían que la salida que se pueda pactar no se llamará reforma estatutaria, porque evoca una pantalla pasada que acabó en fracaso y es un marco que espanta al soberanismo. Hay, pues, "etiquetas ya consumidas" como hablar de mejoras del autogobierno.

No será sencillo que el separatismo se apee de su posición de máximos. Porque, a fin de cuentas, indicó el 'president', la pregunta es "cuánta democracia podemos asumir entre todos, esta es la raíz del conflicto".

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También Torra señaló que había subrayado la "conveniencia" de la figura del mediador. La negativa del Gobierno fue igualmente rotunda: "No creemos necesaria la figura del relator", porque los testigos serán los propios ciudadanos. Así, se acordó "seguir trabajando con esta metodología". Esto es, cada Gobierno elegirá su delegación para las reuniones. En principio, se entiende que para los encuentros ordinarios no acudirán, por la parte de la Moncloa, ni Sánchez ni los vicepresidentes Carmen Calvo y Pablo Iglesias, aunque fuentes próximas al líder socialista precisaron que no están definidas aún las representaciones y que se irá viendo. No obstante, cada seis meses, especificó Montero, se sumarán a las conversaciones presidentes y vicepresidentes.

Torra subraya que las partes se han "conjurado" para "aislar" la mesa de otras cuestiones. Montero dice que algunos pactos necesitarán de los PGE

El 'president', más contenido que en otros parlamentos públicos, incidió, como hizo el Gobierno, en que lo importante era que la reunión se hubiera producido, y que el Govern no se levantará nunca de la mesa. Eso sí, dejó claro que los asuntos que llamó "sectoriales", los que se refieren más a cuestiones de gestión (traspasos, inversiones, financiación...), se derivarán a la comisión bilateral Generalitat-Estado prevista en el Estatuto de Cataluña. Esa comisión se citará en unas semanas, aunque aún no tiene fecha. De esta manera, la cuestión medular, la búsqueda de una salida para el "conflicto político" se sustanciará en la mesa de diálogo.

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Fue significativo que el 'president' asegurara que, como las dos partes dan "tanta importancia" a esta interlocución del máximo nivel inaugurada este miércoles, se han "conjurado" para "aislar" la mesa de "cualquier otro hecho que pudiera afectarla", sean las futuras elecciones en Cataluña o la negociación de los Presupuestos. "Queremos que siga adelante tal y como está concebida. Creemos en el diálogo", verbalizó el jefe del Govern.

Montero, sin embargo, no quiso emplear el mismo verbo, "aislar". Es más, señaló que quedó claro que algunas cuestiones que deban abordarse en la bilateral o en la propia mesa tendrán que tener como "vehículo" unas nuevas cuentas públicas. Es decir, que acuerdos concretos a los que pueda llegarse necesitarán de una plasmación vía Presupuestos del Estado.

El 'president', Quim Torra, durante su comparecencia en la Moncloa, este miércoles. (EFE)
El 'president', Quim Torra, durante su comparecencia en la Moncloa, este miércoles. (EFE)

Sin "diferencias" entre ERC y JxCAT

Este jueves será la primera prueba de fuego, puesto que el Congreso vota el techo de gasto, que es considerado como el primer paso para que salga adelante el futuro proyecto de ley del Gobierno. "Yo tengo confianza en la votación de mañana [por este jueves]. Mi opinión es que si realmente necesitamos darle cauce a los acuerdos puntuales a los que se vaya llegando, es obvio que se requiere senda de déficit y Presupuestos", cerró Montero.

El Ejecutivo muestra su confianza en que salvará la primera prueba de fuego de las cuentas de 2020: la votación del techo de gasto, este jueves

Las dos partes, por tanto, se atornillan a la mesa, aunque sea difícil aventurar en qué pueden concluir las discusiones. Pero para el Gobierno, según trasladaron la ministra y fuentes del Ejecutivo, la cita había sido "satisfactoria". Los "frutos" no se esperan a corto plazo, y por lo pronto habrá que trabajar en el diagnóstico y esperar que la distensión se mantenga. Porque es elemental seguir construyendo "puentes". "Mirar para otro lado o esconder la cabeza nos ha traído hasta aquí", defendió la titular de Hacienda, así que el Ejecutivo se siente legitimado para explorar otro camino. Es obvio, no obstante, que está forzado por la aritmética.

Montero relató que en la larga reunión en la Moncloa habían intervenido los 15 presentes, que no hubo picos de tensión y que el Gobierno no había encontrado "diferencias de tono" entre ERC y JxCAT, pese a que ambos luchan por la hegemonía del independentismo y se enfrentarán en las próximas elecciones. No hubo nada, insistió, que permitiera "identificar el acento" de cada formación, como también la posición que llevó el Gobierno de España fue una, dijo, pese a que lo conforman el PSOE y Unidas Podemos. Hubo "coincidencia" en cada parte, aunque cada uno defendiera sus tesis "con intensidad". Desde luego, ni en la ministra ni en el 'president' se hallaron palabras duras como las que los dos ejecutivos se dirigieron hace un año, cuando rompieron los puentes en la negociación presupuestaria y Sánchez navegó rumbo a elecciones.

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"Buscar lo que nos une, y dejar a un lado lo que no separa", aseguró Montero. "Lo importante era dar inicio a esta mesa", porque hay "un compromiso" del Gobierno central "de resolver políticamente el conflicto", sintetizó Torra, menos entusiasta. Buenas palabras, pero aún sin traducción en los hechos. Por ahora, ambas partes mantienen el diálogo. Poco más se esperaba de la cita de este miércoles, pero lo complicado viene a partir de ahora, cuando haya que bajar a lo concreto.

Besos, lazos, chapas, bolis morados... y la Moleskine del imputado Jové

No se recordaba un recibimiento de un presidente autonómico y de su delegación como la ofrecida este 26 de febrero por Pedro Sánchez y sus ministros en la Moncloa. Primero, en los jardines, luego en el edificio Consejo. Todo lleno de gestos de distensión, besos, conversaciones cordiales, manos por la espalda.

Minutos antes de la llegada de Quim Torra, charlas a dos. María Jesús Montero departía con la republicana Marta Vilalta; Salvador Illa, con Josep Rius, exjefe de Gabinete del 'expresident' Carles Puigdemont y de Quim TorraJosé Luis Ábalos, con Josep Maria Jové, mano derecha de Oriol Junqueras y quien, como Vilalta y Gabriel Rufián, formó parte de la comisión negociadora PSOE-ERC que hizo posible la investidura (en la que se sentaba también el titular de Transportes); Carolina Darias, con el 'conseller' Jordi Puigneró. Carmen Calvo hablaba con su homólogo, Pere Aragonès: los dos tienen una relación fluida desde hace mucho tiempo. El otro miembro del Govern, Alfred Bosch, sí se quedaba algo más descolgado. 

Una vez dentro, en la Sala Tàpies (con los ventanales abiertos, también otro símbolo), las dos delegaciones se sentaron frente a frente, a cada lado de la estrecha mesa de cristal. El Gobierno sí siguió el orden protocolario, pero no así la comitiva de Torra, que se hizo flanquear por su 'vicepresident', Pere Aragonès, y la secretaria general adjunta de ERC, Marta Vilalta. El 'president' llevaba el lazo amarillo en la solapa. La 'exconsellera' Elsa Artadi, la chapa con la cara de Puigdemont. Jové puso sobre la mesa su Moleskine, la misma con la que apuntaba supuestamente la organización del referéndum del 1-O, y por lo que está imputado. También se vieron los bolígrafos morados con la leyenda 'Free Forcadell', en homenaje a la expresidenta del Parlament encarcelada. 

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