EL EJECUTIVO CELEBRA EL RESULTADO DE LA CITA

"Creo que tienes que ir a mi derecha": cómo Torra dio a Sánchez el lugar de mayor rango

La escenografía que rodeó la reunión de los dos presidentes en el Palau se alejó de Pedralbes, donde el 'president' libró una guerra por los símbolos. Ahora optó por el respeto institucional

Foto: Pedro Sánchez y Quim Torra estrechan sus manos antes de su reunión de este 6 de febrero en el Palau de la Generalitat. (Reuters)
Pedro Sánchez y Quim Torra estrechan sus manos antes de su reunión de este 6 de febrero en el Palau de la Generalitat. (Reuters)

—'President', ¿cómo estás?

Pedro Sánchez acaba de bajar de su coche oficial en plena plaça de Sant Jaume. Se oyen algunos gritos de "¡independència!" y a favor de la libertad de los presos políticos, algunos pitidos procedentes de la esquina en la que los Mossos han confinado a los manifestantes. El presidente del Gobierno y Quim Torra estrechan su mano fuertemente, se cogen por la espalda, sonríen. En la balconada aún cuelga la pancarta 'Llibertat d'opinió i d'expressió. Article 19 de la Declaració Universal dels Drets Humans'.

Creo que tienes que ir a mi derecha —le señala el 'president' al líder socialista antes de traspasar el umbral del Palau de la Generalitat.

No era aquel un mero comentario, porque Torra estaba ajustándose al protocolo. La autoridad de mayor rango, en este caso el presidente del Gobierno, a la derecha. Era la primera señal inequívoca de que en esta ocasión el Govern no quería emplearse en una guerra de símbolos. Todo lo contrario a lo que ocurrió en el palacio de Pedralbes hace escasamente 13 meses. Este 6 de febrero en Barcelona se percibía otro clima entre los dos presidentes, y desde luego un riguroso respeto institucional, como también se encargaban de resaltar en la Moncloa. No en vano, nada era casual. El director de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo, junto a su adjunto, Paco Salazar, y el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños, se habían desplazado la víspera a Barcelona, de avanzada, para preparar la reunión con el equipo de Torra y evitar que nada chirriara.

"Creo que tienes que ir a mi derecha": cómo Torra dio a Sánchez el lugar de mayor rango

Los dos presidentes ponen un pie en el interior del Palau. Suena el timbre que anuncia la entrada y salida del 'president'. Ambos comienzan a recorrer la alfombra roja desplegada en el vestíbulo, donde son recibidos por la formación de gala de los Mossos.

En Sant Jaume se oyen algunos gritos a favor de los presos y de la independencia. El presidente es recibido por la formación de gala de los Mossos


—Un poco ya lo conoces [el Palau] —le dice Torra a Sánchez, explicándole detalles del edificio. Se detienen frente a la escultura modernista 'Desconsol', de Josep Llimona. Caminan lentamente mientras los periodistas, concentrados en la planta superior, asomados, toman imágenes del momento. Los dos presidentes suben la escalinata de piedra y arriban a la Galeria Gòtica, donde se estrechan la mano de nuevo y posan para los fotógrafos. En el travesaño opuesto del cuadrilátero, aguarda la delegación del líder socialista, encabezada por la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias; la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, y la tripleta sobre la que descansa el Gabinete de Sánchez: Redondo, Bolaños y Salazar.

El 'saludo-reverencia' de Redondo

Ellos tres y Cunillera ya habían saludado previamente al 'president', apenas unos minutos antes de la llegada del jefe del Ejecutivo. Fue en ese momento cuando las cámaras recogieron el saludo-reverencia de Redondo hacia el jefe del Govern, objeto de chanza en las redes sociales y de crítica de la oposición. En su entorno bromeaban con la anécdota: es "muy japonés" y simplemente asentía con la cabeza a un comentario del 'president'.

En todo momento, recalcaba la Moncloa, Sánchez y Torra quedaban por delante de la 'senyera' y la bandera española, por el orden protocolario

Sánchez y Torra pasan al Salón de Diputados del Palau —antigua Sala de la Verge de Montserrat—, el reservado para las grandes ocasiones y para recibir a altas autoridades, decorado solo con dos sillones tapizados en blanco, una mesa de cristal desnuda y dos banderas, la 'senyera' catalana y, a su derecha, como marca el protocolo, la española. El 'president' le regala dos libros, uno del poeta Lluís Solà, 'Llibertat i sentit', que gira en torno al valor de la libertad, la justicia, el amor, el arte y la poesía, y otro de Lynn Hunt, 'Inventing human rights', que recorre la aparición y desarrollo de los derechos humanos desde la Ilustración hasta la declaración de la ONU de 1048. Después de que los gráficos inmortalicen estos primeros momentos, arranca la reunión entre los dos presidentes. Algo menos de una hora y media de encuentro cordial, según manifiestan ambos a la salida, con tono "sereno", constructivo. Casi 90 minutos de diálogo "honesto, abierto y respetuoso entre los dos presidentes", indica Sánchez.

"Creo que tienes que ir a mi derecha": cómo Torra dio a Sánchez el lugar de mayor rango

Ambos comparecen sucesivamente en la Galeria Gòtica del Palau ante decenas de periodistas. Primero, el presidente del Gobierno. Después, Torra. Ambos, con una escenografía idéntica. La 'senyera' y, a su derecha, la enseña nacional. Protocolo ajustado al máximo otra vez. Sin ir más lejos, la semana pasada, cuando el jefe del Govern anunció el adelanto electoral, sin fecha, lo hizo con la bandera catalana detrás. Nada más.

Pedro Sánchez y Quim Torra suben la escalera de piedra del Palau de la Generalitat hacia la Galeria Gòtica. (EFE)
Pedro Sánchez y Quim Torra suben la escalera de piedra del Palau de la Generalitat hacia la Galeria Gòtica. (EFE)

En el equipo de Sánchez respiraban satisfechos. "Ha salido genial", "buenas sensaciones, y esa es la mejor señal de que ha ido bien", indicaban desde el Gabinete del presidente. "Estas citas se preparan con mucha minuciosidad, no se improvisan. Se ha buscado la normalidad institucional, y dado el clima de excepcionalidad en que vivimos, es un pequeño éxito", valoraba uno de los hombres de confianza de Sánchez. En su círculo destacaban que en todo momento se respetó la institucionalidad: Sánchez a la derecha de Torra, la bandera española —"¡una bandera española en el interior de la Generalitat!", exclamaba uno de los máximos colaboradores— a la derecha de la 'senyera', la alfombra roja de las grandes ocasiones. Aunque la bandera española nunca dejó de ondear de Palau ni en los días críticos de 'procés' en 2017, no abundan en el interior de las dependencias oficiales. En la Moncloa restaban importancia al hecho de que Torra hubiera dispensado honores máximos a su invitado (¿como si fuera mandatario de otro país?), porque era una muestra de "respeto al presidente del Gobierno, segunda autoridad del Estado tras el Rey".

De los 21 puntos de Torra a los 44 de Sánchez

Nada que ver con lo visto en Pedralbes el 20 de diciembre de 2018, una cita en la que el Ejecutivo socialista apenas podía ocultar su incomodidad. Empezando por el formato: reunión de los dos presidentes y, en paralelo, un encuentro de sus equipos (la vicepresidenta, Carmen Calvo, y la entonces ministra Meritxell Batet, junto al 'vicepresident', Pere Aragonès, y Elsa Artadi, en aquel momento 'consellera' de Presidencia), para al final rematar todos con una foto conjunta de pie. Un simple saludo de las dos delegaciones, dijo la Moncloa, una 'cumbre' entre gobiernos, como vendió la Generalitat. Y, en medio, la triquiñuela del Govern con las flores de Pascua que servían de decorado: amarillas, el color independista, 'trampa' que Protocolo del Gobierno subsanó colocando al lado una maceta de flores rojas. Aquel día hubo comunicado conjunto —el que, mes y medio después, hizo que se planteara la figura del relator, que el PSOE aceptó— y comparecencias de Batet y Artadi. No de los presidentes, como sucedió este jueves.

El presidente entrega a Torra su 'Agenda para el reencuentro'. El principal acuerdo es la creación de la mesa de diálogo, sin mediador, para este mes

En Pedralbes, Torra llevó sus '21 puntos', en los que reclamaba autodeterminación, mediación internacional o un debate sobre la monarquía. Documento que el presidente ignoró. Esta vez, fue Sánchez el que entregó un texto [aquí en PDF], llamado con cierta pompa 'Agenda para el reencuentro': seis epígrafes y 44 puntos. El primero planteaba la constitución de la mesa de diálogo entre gobiernos —la que comprometió con ERC— este mismo mes de febrero. Torra aceptó, aunque lo trasladará a las formaciones y entidades independentistas. Más aún: los dos presidentes encabezarán esta primera cita que ahora prepararán sus equipos, si bien la idea del jefe del Govern es que ambos lideren siempre todos y cada uno de los encuentros que se programen de este foro. No habrá mediador, figura que habría revivido la tensión interna en el PSOE de hace un año. Los testigos de un diálogo "franco" y "absolutamente transparente", dijo Sánchez, serán "los 47 millones de españoles". Y eso que JxCAT, el partido del 'president', había reclamado insistentemente esa mediación. "En esta ocasión hemos llevado nosotros la iniciativa, a la inversa de lo que sucedió en Pedralbes, y eso les ha sorprendido. Nosotros hemos jugado ahora", valoraban en la Moncloa horas después del encuentro.

"Creo que tienes que ir a mi derecha": cómo Torra dio a Sánchez el lugar de mayor rango

Ese, la creación de la mesa entre gobiernos, fue el acuerdo que salió del Palau, que también celebró ERC. Ese y la oferta de Sánchez de que también se convoque la comisión bilateral Generalitat-Estado, la recogida en el Estatut, para abordar asuntos pendientes como financiación o nuevos traspasos —puede haber "avances a corto plazo en materia de becas, compensaciones por nuevas plazas judiciales y reclamaciones administrativas"—, o negociar asuntos como la colaboración en materia cultural o deportiva o la gestión autonómica del 0,7% del IRPF para fines sociales. La apuesta del Ejecutivo de coalición es la de la mejora del autogobierno, porque "aglutina a más catalanes y representa mejor la pluralidad y el sentimiento de la sociedad catalana". El Gobierno ofrece un trato bilateral en ciertas materias, pero también diálogo multilateral en otras, especialmente en las relativas a la financiación, para lo que reclama que la Generalitat participe del Consejo de Política Fiscal y Financiera, que este viernes se volverá a reunir en Madrid para abordar la flexibilización de la senda de estabilidad. Pero Aragonès no acudirá a esa cita. El Govern reclama "bilateralidad y soberanía", en palabras de Torra.

Pedro Sánchez y Quim Torra se dirigen a su reunión en el Palau de la Generalitat. (EFE)
Pedro Sánchez y Quim Torra se dirigen a su reunión en el Palau de la Generalitat. (EFE)

Las palabras y el tono de uno y otro presidente reflejaban, sin embargo, bajo la cobertura de los saludos amables, las palmadas, los obsequios, que los puntos de partida siguen siendo muy lejanos. Torra insistió en el referéndum y la amnistía, y se encontró, como ya sabía de antemano, con la negativa de Sánchez. "Sobre autodeterminación me ha trasladado que 'autogobierno dentro de la Constitución' y no he tenido respuesta sobre el fin de la represión", deploró el 'president', que no se atrevió a afirmar si arrancaba un "cambio de ciclo": "Seguimos pendientes de saberlo. Me hubiera gustado haber escuchado la propuesta de Sánchez, cuál es su punto de partida, pero aún lo desconozco". Es cierto que el documento redactado por la Moncloa no detalla la propuesta del Gobierno, pero siempre ha defendido la reforma estatutaria. La mejora del autogobierno, como sí explicitó Sánchez.

"Paciencia, determinación y generosidad"

"Hoy es un día importante para Cataluña y para el conjunto de España", señaló el presidente en su intervención [aquí en PDF] para remarcar la relevancia de su encuentro con Torra después de meses de choques y una 'reconciliación' obligada por el 10-N y su pacto con ERC. Es el tiempo de dejar atrás una década cuyo balance es "lamentable" y "sombrío", de confrontación institucional y tensión social, remarcó. Mejor evitar "falsas expectativas" y "falsas promesas", contrapuso Torra, más escéptico. Porque él considera que la mesa ha de servir para hablar de referéndum y de presos, hasta tal punto de que desdeñó el documento que le presentó Sánchez porque no lo habían discutido.

El Gobierno sale satisfecho, cree que acabó "mejor" de lo previsto, y sorprendió la actitud colaborativa de Torra, pese a que mantiene sus proclamas

El 'president' no quiere entrar en debates que considera autonomistas. Justo aquellos en los que sí desea penetrar el líder socialista. Este, no obstante, sí advirtió de que ese camino del "reencuentro" que quiere emprender sin demora no será "fácil" ni "rápido", así que pidió "paciencia, determinación y generosidad". Porque esa vía es la única disponible, de tal manera que incluso los que hoy se "resisten" al final se acabarán sumando para no quedarse "solos", aventuró, en un mensaje dirigido tanto a la oposición de derechas en el Congreso como al independentismo irredento.

"Creo que tienes que ir a mi derecha": cómo Torra dio a Sánchez el lugar de mayor rango

Pero más que el tono optimista de Sánchez sorprendió la reacción de Torra. Su disposición colaborativa. No aparcó sus reivindicaciones, pero sí bendijo la mesa entre gobiernos que había pactado ERC con el PSOE y mostró su voluntad de presidir todos sus encuentros, evidentemente para orillar a sus socios en el Govern y capitalizar el diálogo con Madrid. No boicoteó el foro que permitió desencallar la investidura. Ni cargó contra Sánchez. La respuesta del 'president' también satisfizo a la Moncloa. De ahí que los colaboradores del líder socialista, igual que en el PSC, apuntaran que la reunión en el Palau había ido "mejor" de lo que se había previsto.

Pedro Sánchez, recibido con aplausos por la dirección del PSC, capitaneada por Miquel Iceta. A su lado, Paco Salazar (i), Eva Granados, los ministros Salvador Illa y Carolina Darias y el teniente de alcalde de Barcelona Jaume Collboni, este jueves. (EFE)
Pedro Sánchez, recibido con aplausos por la dirección del PSC, capitaneada por Miquel Iceta. A su lado, Paco Salazar (i), Eva Granados, los ministros Salvador Illa y Carolina Darias y el teniente de alcalde de Barcelona Jaume Collboni, este jueves. (EFE)

El deshielo ha comenzado. Las relaciones entre Sánchez y Torra salen del congelador después de que llegaran a su punto máximo de tensión tras la sentencia del 'procés', el pasado octubre, cuando el jefe del Ejecutivo culpaba al 'president' de no condenar con contundencia los graves disturbios en la calle. Torra le llamaba por teléfono y el líder del PSOE se negaba a atender su llamada. Ahora las circunstancias son otras, maniatado por su entente con ERC, necesaria para completar su mayoría con Unidas Podemos. El presidente se adentra en un diálogo que será difícil y que quedará contaminado, en esta primera fase, por la cercanía de las elecciones en Cataluña. Para entonces, el panorama puede cambiar si quien preside la Generalitat es ERC. Aunque de momento tiene que dar los primeros pasos con un Torra inhabilitado como diputado, pero aún con el estatus de 'president'. La nueva era comienza con cordialidad entre sus protagonistas, pero también dificultades objetivas. Muchas. No queda otra, asumió. Porque, "la ley por sí sola tampoco basta, la ley es la condición, pero el diálogo es el camino", remachó. Se citaba a sí mismo, regresaba a su investidura.

Reuniones con agentes sociales, con Barcelona Global y con el PSC

La agenda del presidente del Gobierno continuó tras abandonar el Palau de la Generalitat. Así, se reunió con la entidad Barcelona Global, un 'lobby' empresarial que le pidió una apuesta por las grandes ciudades y que salió satisfecho tras la visita. También los sindicatos CCOO y UGT y la patronal Pimec, a los que vio por separado, elogiaron la disposición al diálogo sobre Cataluña de Pedro Sánchez

 

El jefe de Pimec, Josep González, se mostró satisfecho de que el presidente se hubiera reunido con Torra y hubieran acordado ambos poner en marcha la mesa de diálogo. "Le he visto convencido de que ese es el único camino y lo he visto dispuesto, mostrando firmeza", señaló González, quien cree "solo con el diálogo" se puede "avanzar", informa EFE.

 

Javier Pacheco y Camil Ros, secretarios generales de CCOO y UGT en Cataluña, también destacaron las "ganas" de Sánchez de buscar una salida al "conflicto político". Aunque, a su juicio, hará falta "generosidad, tiempo, negociaciones y discreción" para que el diálogo prospere. 

La sede del PSC, con Miquel Iceta a la cabeza, fue la última estación de la jornada para Sánchez. Allí, el presidente y secretario general del PSOE animó al partido hermano a dar músculo a un proyecto que puede crecer en las próximas elecciones, basado en el pluralismo y el progreso. "Vamos a superar el debate de la autodeterminación", les dijo. El presidente expuso que cree posible que el PSC pueda estirar bastante en los próximos comicios, aún sin fecha, sobre todo a costa de Ciudadanos. 

 

Este viernes, Sánchez pone punto final a su agenda en Barcelona con tres encuentros sucesivos. Primero se reunió, en el Ayuntamiento de la ciudad, también en la plaça de Sant Jaume, con la alcaldesa, Ada Colau, que gobierna el consistorio con el PSC. Después asistirá a un acto de la patronal catalana Foment del Treball en su sede, y finalmente se entrevistará con la presidenta de la Diputación de Barcelona y alcaldesa de L'Hospitalet, la socialista Núria Marín. A las 14:30 está previsto el regreso a Madrid del presidente y su comitiva y de la ministra de Política Territorial, Carolina Darias

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