EN EL JUICIO DEL 'PROCÉS'

Del "tigresa de Badalona" al 'show' de la CUP: sesiones en las que el juicio se descontroló

A lo largo de más de cuatro meses, son varias las jornadas en las que el tribunal ha tenido que emplearse a fondo para que el Supremo no se desmadrase, ya fuese por bromas o broncas

Foto: Fotografía de archivo en la que el presidente de la Generalitat, Quim Torra (fondo-2i), saluda a los 12 líderes independentistas. (EFE)
Fotografía de archivo en la que el presidente de la Generalitat, Quim Torra (fondo-2i), saluda a los 12 líderes independentistas. (EFE)

A lo largo de más de cuatro meses, el juicio del 'procés' ha vivido momentos de descontrol. Sesiones sin relevancia jurídica pero interés mediático. Sesiones en las que el ruido eclipsó los argumentos. Sesiones en las que la solemnidad dio paso al desmadre. Las anécdotas son muchas y van desde chascarrillos entre las partes hasta el temor a que un funcionario sufriera un ataque al corazón. Como en el juicio cada gesto importa, son varias los personas que han pasado por el Supremo y, contra todo pronóstico, han terminado convirtiéndose así en los protagonistas de la jornada. Algunos por accidente. Otros por buscar el titular a toda costa. Pero sea como sea, todos ellos se han ganado un hueco en los anales del juicio.

Del "tigresa de Badalona" al 'show' de la CUP: sesiones en las que el juicio se descontroló

El primer momento surrealista se produjo nada más poner un político el pie en la sala. El 27 de febrero, arrancaron las testificales con un diputado de ERC, Joan Tardà, una jornada en la que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, quiso marcar los límites. Aunque el magistrado ya había dejado claro que solo los acusados podían hacer uso del catalán, Tardà no dudó en arrancar su comparecencia en este idioma. "Así no empezamos bien", interrumpió el juez, indicándole entonces que debía expresarse según marca la ley y, por tanto, responder en español. "Para que lo entienda, que soy lego en la materia, ¿tengo derecho a responder en catalán?", quiso saber el diputado. "No", fue la rotunda contestación. Primera declaración, primer testigo rebelde.

Ese mismo día, Marchena tuvo que emplearse a fondo con los testigos de la CUP. El espectáculo comenzó por la tarde con el exdiputado Antonio Baños y siguió con Eulàlia Reguant, negándose ambos a responder a las preguntas de Vox. El juez ofreció la posibilidad de que los abogados del partido formularan sus preguntas y él se las repitiera a continuación, pero ni siquiera esta fórmula fue suficiente para que los 'cupaires' contestaran. Ante las constantes negativas de Baños y Reguant, el Supremo les impuso una multa de 2.500 euros a cada uno de ellos, quedando además sus declaraciones sin valor alguno para el procedimiento. El juicio no había hecho más que empezar y el descontrol ya había llegado al Supremo.

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Dos días después, el 1 de mayo, compareció otro diputado de ERC: Gabriel Rufián. Dijo que el miedo de la secretaria judicial que escapó por el tejado el 20-S es una noticia 'fake', lo mismo que cuando dicen que "el castellano está perseguido en Cataluña". También aseguró que él no vio rebelión por ningún lado. "Me chirría que se dijera que era una rebelión. Yo fui a comer, a merendar, yo creo que en una rebelión, a merendar no va la gente". Marchena avisó a Rufián de que no podía opinar. No podía, pero lo hizo todo lo que pudo.

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El 28 de marzo, con la llegada de los supuestos 'observadores' del referéndum, la sala pareció convertirse por momentos en la ONU. A las 10 de la mañana, Marchena dio paso a la primera declaración pronunciando un nombre germano: Bernhard Felix von Grünberg, ex diputado regional socialdemócrata, que dijo que él fue a Cataluña por "interés personal". Los periodistas seguían tratando de escribir su nombre sin faltas de ortografía cuando una nueva 'observadora' comenzó a declarar: la neozelandesa Helena Catt, que dirigió un equipo de 12 extranjeros que se desplazó a Cataluña para vivir en primera persona el referéndum. Su capacidad para evitar las preguntas de las acusaciones fue admirable, pero su credibilidad quedó en entredicho tras reconocer que no recordaba las manifestaciones del 20-S. La declaración enfadó tanto a la Fiscalía que así se reflejó en una frase que le dedicó a la neozelandesa en sus conclusiones definitivas: "Cuya ocupación profesional no es conocida".

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Queda también para el recuerdo el 10 de abril, cuando el temor por que un funcionario estuviera sufriendo un ataque al corazón se extendió por el Supremo. Temor que se reflejó en las palabras del propio Marchena: "Disculpe, vamos a parar un segundito que tiene que asistir el médico forense a Paco. Por favor, ¿el doctor?, ¿el médico?". El primer testigo del día en el juicio del 'procés', un inspector de la Policía Nacional, llevaba solo 15 minutos declarando, pero el presidente del tribunal tuvo que interrumpir la sesión. El agente estaba respondiendo a una pregunta de la Fiscalía cuando los magistrados Antonio del Moral y Juan Ramón Berdugo avisaron entre susurros a su compañero de que uno de los funcionarios del Tribunal Supremo se encontraba indispuesto. Ya en pie, Marchena ordenó interrumpir la declaración: "Desalojen la sala". Al final, todo quedó en un simple susto y Paco ha seguido siendo uno de los hombres clave en el funcionamiento del juicio.

Entre los testigos memorables, mención aparte merece el agente que compareció el 15 de abril. El antidisturbios de la Policía Nacional comenzó la declaración como sus compañeros: "Juro decir la verdad". Pero nadie esperaba que su verdad fuera acompañada por un recital de exabruptos. La campechanía del testigo llegó a tal punto que el fiscal Javier Zaragoza y la abogada del Estado Rosa María Seaone no supieron dónde meterse ante algunas de sus respuestas. "Mi madre vive en Gandía y aquel día se tuvo que duchar 200 veces, porque se cagaron...", lanzó el policía al poco de comenzar la declaración. La tarde del lunes, la solemnidad del juicio del 'procés' quedó atrás y el Tribunal Supremo se convirtió en una barra de bar. "Entre yo y el compañero no la podíamos sacar. Intentamos con 'señora, cálmese', 'salga, por favor'. Aquella era una tigresa... Era la tigresa de Badalona", llegó a decir sobre una votante del 1-O.

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Dos días después, en plena sucesión de policías nacionales como testigos, el humor llegó de nuevo al Supremo. Todo apuntaba a una sesión soporífera, un trámite que había que superar antes del puente de Semana Santa. Pero en el juicio siempre hay alguna sorpresa y esta vez llegó con el testigo número nueve, el agente 087576. Nada más entrar por la puerta, el magistrado Juan Ramón Berdugo avisó a Marchena de que un murmullo se extendía por la bancada de las defensas. "No sé si voy errado, pero creo que el testigo ya ha comparecido en esta sala con anterioridad", interrumpió Jordi Pina, abogado de Sànchez, Turull y Rull. No se equivocaba: el policía había declarado ante el Supremo una semana antes. El presidente del tribunal no pudo evitar una sonrisa al responder al letrado: "¿Qué haríamos sin usted, señor Pina? Bueno, pues puede marcharse", dijo al policía. Mientras el agente abandonaba la sala, los 'exconsellers' Joaquim Forn y Raül Romeva fueron incapaces de aguantar la risa.

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Pero entre broma y broma, la sesión del 14 de mayo se descontroló para mal. Tres episodios provocaron ese día frases de Marchena como "usted no viene aquí a explicar su grado de alucinación" o "su estado febril no tiene ninguna relevancia". "¿Son ustedes amigos de represión?", preguntó incluso a un testigo que indicaba que conocía a los procesados por este motivo, por la represión. La mañana completa fue un no parar. Fuentes del tribunal manifestaron el profundo malestar de todos los magistrados con la estrategia de defensa de la sesión de la mañana y con el comportamiento de testigos y abogados, considerando intolerable la provocación al tribunal y destacando que su comportamiento rayaba con el límite del código deontológico de la abogacía. El enfado de los jueces llegó a tal punto que esa jornada se puso punto y final al descontrol en el Supremo. Casi un mes después, Marchena pronunció la frase definitiva: "Visto para sentencia".

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