EN EL JUICIO DEL 'PROCÉS;

El testimonio de los mil exabruptos: "Aquella era una tigresa... Era la tigresa de Badalona"

Tras el receso para comer, llegó el turno de un antidisturbios que abandonó el tono formal para repasar una serie de anécdotas por las que ni las acusaciones ni las defensas le preguntaron

Foto: El fiscal Javier Zaragoza, en el juicio del 'procés'. (EFE)
El fiscal Javier Zaragoza, en el juicio del 'procés'. (EFE)

El antidisturbios de la Policía Nacional comenzó la declaración como sus compañeros: "Juro decir la verdad". Pero nadie esperaba que su verdad fuera acompañada por un recital de exabruptos. La campechanía del testigo llegó a tal punto que el fiscal Javier Zaragoza y la abogada del Estado Rosa María Seaone no supieron dónde meterse ante algunas de sus respuestas. "Mi madre vive en Gandía y aquel día se tuvo que duchar 200 veces, porque se cagaron...", lanzó el policía al poco de comenzar la declaración. La tarde del lunes, la solemnidad del juicio del 'procés' quedó atrás y el Tribunal Supremo se convirtió en una barra de bar. Al frente del espectáculo, un antidisturbios valenciano con mucho que contar.

El agente intervino el 1-O en el colegio Estel y en la Fundación Trini Jove, ambos en la provincia de Barcelona. "Recibí patadas y golpes. Como estamos menos protegidos en la parte de las piernas, ahí recibí diversos golpes y tengo varias lesiones... La rodilla hinchada", explicó el policía a preguntas del fiscal. Consciente de que el traumatismo iba más allá de una simple hinchazón, Zaragoza tuvo que insistir hasta lograr la respuesta que buscaba: "Yo recuerdo volver a Valencia en un descanso que nos dieron a mediados del mes de diciembre. Fui al médico, me hicieron unas resonancias y tenía el menisco roto". A partir de ese momento, la falta de concreción dio paso a una capacidad descriptiva que nadie supo cómo controlar.

El primer indicio de que no era un testigo cualquiera llegó al hablar de los Mossos que se encontraron en el colegio Estel. "Había una pareja de 'mossos' y una mujer 'mosso'. A la llegada al colegio, yo pude observar cómo se escondieron en unos setos". Hasta este lunes, el juicio había dejado todo tipo de críticas a la policía autonómica —por su actitud pasiva e incluso por el supuesto traslado de urnas—, pero la imagen de agentes encondiéndose entre la maleza superó cualquier testimonio previo. "Durante toda la intervención no vinieron a preguntarnos si queríamos agua ni nada". El antidisturbios 100455 había llegado al Supremo para romper el molde.

El culmen de la declaración se produjo al hablar de los insultos que les dedicaron los manifestantes. "Realizaban cánticos, pero los cánticos no eran rumba catalana, eran frases llenas de odio", aseguró el agente. Una vez más, Zaragoza repreguntó para que el testigo detallara los improperios, pero la respuesta del antidisturbios superó cualquier expectativa:

Zaragoza: "A ver, ¿por ejemplo [qué insultos]?".

Policía Nacional: "Aquello no era lúdico festivo. Aquello era odio".

Z: "¿Les insultaron?".

PN: "Nos dijeron de todo".

Z: "¿Qué les dijeron?".

PN: "Mi madre vive en Gandía y aquel día se tuvo que duchar 200 veces, porque se cagaron... Cuando intervienes, los insultos se dirigen a la fuerza policial y uno intenta concentrarse, pero para que se haga el tribunal una idea".

Ante semejante respuesta, Zaragoza miró de reojo al tribunal antes de plantear la misma pregunta por cuarta vez. El antidisturbios, sin embargo, todavía tenía otra anécdota en la recámara: "Yo prestaba el servicio en la jefatura y una señora a la que le trata la vida amablemente, bien peinada y bien vestida, se acercó con la mano en la nariz y dijo: 'Qué mal huelen los policías nacionales, menos mal que con la república ya no vais a venir más aquí". No había forma de que centrase su respuesta, pero el fiscal repitió la pregunta por quinta vez: "¿Les dijeron insultos graves? Explíqueme cuáles", insistió. "Asesinos, hijos de puta...". A cada improperio, Zaragoza hacía un gesto con la mano para que siguiera adelante. Pero no lo consiguió: "Yo este odio... Es difícil mirar a la cara a una persona que se ve que te quiere matar. Es que esto yo solo lo he visto en el País Vasco cuando el juez Marlaska nos mandaba a coger terroristas". Al antidisturbios le sabía a poco repasar el listado de insultos.

La declaración se le iba de las manos al fiscal cuando Marchena hizo su primera intervención. "Vamos a intentar centrar más el interrogatorio y evitar las descripciones...", avisó el magistrado. La respuesta de Zaragoza dejó claro qué opinaba al respecto: "En ello estoy, presidente", dijo con un suspiro. Ajeno a esta incomodidad, el policía siguió adelante. "Yo estaba en un barco en la zona franca y los portuarios decían: 'Os vais a morir de hambre porque no vamos a dejar que os lleven comida", afirmó sin que nadie le interrogara sobre ello. "Formule otra pregunta, señor fiscal", insistió el magistrado. Zaragoza obedeció y volvió a la lesión que sufrió el 1-O, pero el testigo se fue una vez más por las ramas: "Dicen que son gente de paz pero son gente llena de odio". Llegados a ese punto, el fiscal solo quiso hacer una pregunta más sobre su segunda intervención en otro centro antes de terminar su turno. Demasiada poesía como para seguir adelante.

La abogada del Estado Rosa María Seaone planteó a continuación una única pregunta, pero tampoco tuvo suerte. Quiso saber si otros policías que intervinieron en el colegio Estel sufrieron lesiones, ante lo que el antidisturbios ilustró a la sala describiendo a uno de los manifestantes: "Era a todo el mundo. Recuerdo una señora que pesaría 40 kilos mojada...". La anécdota prometía, pero Seaone trató de pararle los pies con una sonrisa: "No se preocupe, ¿eh? No hace falta", interrumpió mientras miraba a Marchena. No sirvió de nada. "Entre yo y el compañero no la podíamos sacar. Intentamos con 'señora, cálmese', 'salga, por favor'. Aquella era una tigresa... Era la tigresa de Badalona", continuó el agente. Incluso a Marchena le costó encontrar las palabras adecuadas para frenar al policía: "Vamos a ver. Mire, mire, mire... No".

A la vista de que el testigo era una bomba de relojería, los abogados de Vox prefirieron dejar su turno en blanco. El defensor de Junqueras, Andreu Van Den Eynde, preguntó entonces si fue atendido por un doctor tras volver al barco en el que se alojaban. "Me imagino que sería un doctor. Me atendió muy bien a pesar de los pocos medios que había", respondió el antidisturbios. El facultativo no le detectó el menisco roto, pero eso no iba a cambiar la buena opinión que el policía tenía de él. El abogado de Sànchez, Turull y Rull, Jordi Pina, preguntó después si sus superiores les dijeron que los portuarios estaban molestos con su comportamiento. "Sí, sí. Ya le digo. En la lavandería íbamos a lavar. Ponían 'os vamos a matar, perros". La cara del abogado ante semejante respuesta era de pura incredulidad. "El letrado solo le ha preguntado por los trabajadores portuarios. No entremos en la lavandería, que nadie le ha preguntado. ¿Hay alguna otra pregunta?", interrumpió de nuevo Marchena.

El interrogatorio lo cerró el abogado de Jordi Cuixart, Mariano Bergés, que trató de profundizar en si incautaron material en las dos intervenciones en las que participó. Tras responder que en el colegio Estel sí, el letrado puso sobre la mesa su intervención en la Fundación Trini Jove. "Lo desconozco, porque nosotros con la judicial no hablamos. No tengo conocimiento", dijo entonces el antidisturbios. Lejos de quedar ahí su respuesta y a la vista de que estaba en la recta final de su comparecencia, el testigo quiso compartir con el tribunal una nueva anécdota sobre el colegio Estel: "En el primer colegió sí que tengo conocimiento, porque les vi coger material y salieron corriendo. La gente no se enfocaba ya en nosotros, sino en pegarles a ellos. Les tuvimos que hacer de seguridad hasta la furgoneta, que estaba a cierta distancia. Me acuerdo de un compañero que llevaba bigote, muy delgado, casi con 60 años, que corría más que yo...". Para el antidisturbios 100455, las preguntas eran lo de menos.

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