guerra de estrategias en el juicio del 'procés'

Junqueras opta por el suicidio judicial a cambio de la supervivencia política

El 'exvicepresident' y Forn encarnaron en la tercera jornada del juicio del 'procés' dos maneras antagónicas de afrontar la acusación

Foto: Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo de la declaración del exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras. (EFE)
Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo de la declaración del exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras. (EFE)

Dos acusados, dos caminos opuestos. El 'exvicepresident' Oriol Junqueras y el 'exconseller' Joaquim Forn encarnaron este jueves en la tercera jornada del juicio del 'procés' dos maneras antagónicas de afrontar la acusación por rebelión y sedición en la que ambos se juegan la cárcel. El de ERC eligió el suicidio judicial a favor de la supervivencia política, mientras que el candidato a la alcaldía de Barcelona por el PDeCAT, el partido de Puigemont, optó por tratar de salvarse con el coste de desgastarse ante el independentismo y su nicho de votantes.

Solo han hecho falta 72 horas para evidenciar la división. Junqueras se acogió a su derecho a no contestar a las preguntas de la Fiscalía y el resto de acusaciones y prefirió la comodidad del lenguaje que maneja a la perfección por su larga experiencia y que le iba a permitir 'venderse' a tope. Martirio por ERC o por cálculo político, o quizá la convicción de que su condena es segura y le renta por tanto más brillar como el héroe de las urnas y el derecho del pueblo catalán a la soberanía que intentar restar años de la larga lista de 25 que reclama en su contra el Ministerio Público.

Los que esperaban un interrogatorio de película de juicios se quedaron con las ganas. No solo porque él amputó cualquier parecido entre lo que hizo en la mañana del jueves y una declaración ante un tribunal, con su discurso plagado de odas al diálogo y a la solución estatal del conflicto, sino porque el interrogatorio del segundo en discordia, Forn, tampoco brilló. Como comentó algún miembro de la prensa, el fiscal Fidel Cadena no logró salir del guion que llevaba escrito y renunció a repreguntar, como los malos periodistas. No centró tampoco sus cuestiones en la violencia, pese a tener delante a la persona que dirigía una de las 'armas' que no humearon en el 'procés', los 17.000 efectivos de los Mossos d'Esquadra.

Junqueras opta por el suicidio judicial a cambio de la supervivencia política

Las preguntas del abogado del dirigente de Esquerra imprimieron al trámite un aire de conversación entre amigos que reblandeció, según pasaron los minutos, el regusto del primer compás. Dulcificó la dureza del comienzo en el que proclamó: "No voy a renunciar a mis convicciones democráticas, me encuentro en situación de indefensión porque estoy convencido de que se me acusa por mis ideas y no por mis hechos. Estoy en un juicio político. Considero que me debo a mis votantes y por eso no contestaré a las preguntas de las acusaciones".

Después de esas palabras que resonaron como una aldabonazo vino el 'marketing'. Del "amo a España" al "no soy el enemigo", dijo que todos los acusados son "buenas personas" que no cometieron delito alguno. "Me niego a creerlo", lanzó hasta en dos ocasiones, la segunda con tono tan apasionado que pasó a disculparse por su vehemencia, que achacó al más de un año que lleva "sin poder hablar". Él solo es un pacifista que defiende "los valores". Solo le quedó, para rematar el figurado disparo en la sien judicial, decir que volvería a hacerlo.

Su estrategia, que le permitió llevar el timón y que, según apuntan fuentes consultadas por El Confidencial, no se acabó de decidir hasta el último momento y que arrastra a otro de los procesados, Raül Romeva —también defendido por Van den Eynde—, no fue bien acogida por el resto. Algunos le reprocharon no haber hecho uso de la oportunidad, como presunto jefe de la rebelión, de declarar en condiciones y ayudar a la exoneración de los demás.

Cara y cruz. Tuvo enfrente a Forn, que levantó murmullos en la sala de prensa solo con decir "contestaré a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado". A partir de ahí, todo el monte fue orégano. Guiado con pericia por su abogado, Xavier Melero, Forn lo negó todo y se refirió a la prueba de descargo para apoyar su versión, que en resumen fue la de asegurar que él siempre acató todos los requerimientos judiciales y que los Mossos cumplieron con la ley y la Constitución. Tenía un compromiso político con el impulso del referéndum pero era "simbólico", como la DUI, que nunca fue porque no se votó. Ni siquiera proclamaron la independencia, fue todo un malentendido.

Dicho esto hay que reconocerle el mérito. Se defendió muy bien pese a ser uno de los acusados con más dificultades para expresarse en castellano y salvó la cara de su policía todo lo que pudo y más. Con respuestas cortas y rápidas salió muy bien parado, sobre todo a la hora de desmontar la idea de un escenario generalizado de violencia. La violencia que es clave para el delito que se le atribuye. Sin violencia, no hay rebelión.

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