EL BALANCE DE LA PRIMERA GIRA INTERNACIONAL

Sánchez da por inaugurada una nueva etapa en Latinoamérica: más "política" y "plural"

El presidente remata satisfecho su visita a Chile, Bolivia, Colombia y Costa Rica, con la que ha pretendido hacer más que diplomacia económica. También el debate interno se hizo hueco a diario

Foto: Pedro Sánchez abraza al presidente boliviano, Evo Morales, el pasado 29 de agosto en Santa Cruz de la Sierra. (Reuters)
Pedro Sánchez abraza al presidente boliviano, Evo Morales, el pasado 29 de agosto en Santa Cruz de la Sierra. (Reuters)

—La politica exterior no refuerza a un presidente. La gente no te vota por eso. Pero creo que hago mi trabajo. Y mi trabajo era estar aquí. Como hicimos en la Unión Europea.

Pedro Sánchez estima que había un "déficit" de presencia de España en Latinoamérica. Un hueco que ha comenzado a cubrirse. La gira de cinco días, un total de 34 horas de vuelo y cuatro países (Chile, Bolivia, Colombia y Costa Rica) ha puesto los pilares de la nueva relación que España quiere tejer con un subcontinente unido mucho más que por la historia y la lengua. Para el presidente arranca una etapa en la que se refuerzan los vínculos políticos —no se cuida solo la diplomacia económica, como a juicio de La Moncloa hacía Mariano Rajoy— y se entabla un diálogo más "plural" y diverso, más "equilibrado", con los países del hemisferio sur. Con países grandes y pequeños, de izquierdas y de derechas, más ricos y menos desarrollados, y con los que se habla de una temática amplia.

Poco más tarde de las ocho de la mañana de este 1 de septiembre aterrizaba en la base aérea de Torrejón de Ardoz, en Madrid, el Airbus de las Fuerzas Armadas que ha llevado a Sánchez, a su delegación —encabezada por su director de Gabinete y el secretario general de la Presidencia, Iván Redondo y Félix Bolaños; su 'sherpa', José Manuel Albares, y los secretarios de Estado de Comunicación y para Iberoamérica, Miguel Ángel Oliver y Juan Pablo de Laiglesia— y a la veintena de periodistas que viajaban con él (entre ellos, El Confidencial), a cuatro países muy distintos en los que ha podido ensayar su nueva estrategia exterior. Países en los que también ha estado muy presente la política interior, bien por el eco de los debates que dominaban en España, bien de forma buscada por el presidente: Cataluña, memoria histórica y exhumación de Francisco Franco, la inscripción del sindicato de las trabajadoras del sexo y hasta el cambio de hora.

En el equipo del presidente destacan que se ha culminado una gira "equilibrada", por las temáticas, los tipos de países, los intereses y los gobiernos


Sánchez puede aparecer, para una parte de la opinión pública española, como un inquilino ocasional de La Moncloa, llegado tras un inesperado éxito de una moción de censura. Pero en Latinoamérica, al menos en los países que ha visitado, la percepción es otra. Es la de un presidente respetado y acogido calurosamente por sus homólogos. Sánchez era recibido con toda la pompa de los honores a pie de escalerilla del avión o en las residencias oficiales del mandatario de turno. Todos agradecían el gesto de haberles elegido para su primera gira internacional y de abordar materias diferentes. Sánchez concluyó su 'tour' plenamente satisfecho, como confesaba a los informadores en el vuelo de regreso a bordo del Airbus presidencial.

Morales evoca a Zapatero

La Bolivia de Evo Morales fue la más afectuosa con el jefe del Ejecutivo español. Le dispensó una larga y excepcional acogida en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra. Poco más tarde el presidente andino le imponía la más alta distinción de su Estado: el Cóndor de los Andes en el grado de Gran Collar. A la rueda de prensa siguió una cena oficial en la que hasta el habitualmente rígido Sánchez tuvo que arrancarse a bailar. A la mañana siguiente mantuvieron un desayuno de trabajo juntos y compartieron después un acto en la oficina de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID). Morales se volcó con el "hermano presidente". Y es que hacía 20 años que un mandatario español no ponía un pie en el país. El último fue José María Aznar.

La acogida más cálida se la dispensó Bolivia, pero Sánchez también conectó con Alvarado y Duque, y con Piñera hay más distancia generacional

Morales se deshizo en elogios hacia su invitado, y no paraba de citar a José Luis Rodríguez Zapatero, porque fue él quien intensificó la cooperación con el país latinoamericano, para el que la ayuda que proporciona el Fondo de Agua y Saneamiento se ha convertido en un instrumento vital para combatir la pobreza y propiciar el desarrollo de su pueblo. Pero también se esforzó en insistir que las empresas españolas tendrán sus inversiones garantizadas.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, charlando con los periodistas en el vuelo San José-Santo Domingo, rumbo a España, este 31 de agosto en el Airbus presidencial. Detrás de él, con camisa azul, su 'sherpa', José Manuel Albares, y el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños. (Fernando Calvo | Pool Moncloa)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, charlando con los periodistas en el vuelo San José-Santo Domingo, rumbo a España, este 31 de agosto en el Airbus presidencial. Detrás de él, con camisa azul, su 'sherpa', José Manuel Albares, y el secretario general de la Presidencia, Félix Bolaños. (Fernando Calvo | Pool Moncloa)

Una promesa relevante después de la política de nacionalizaciones de los últimos años y que llega tras la firma del memorándum de entendimiento que facilitará el aterrizaje de compañías españolas para la construcción del megaproyecto del corredor bioceánico que conectará las costas este y oeste de Suramérica por tren. Morales, como explicaban en el equipo de Sánchez, también necesita aliados ahora que parte del subcontinente ha girado a la derecha y el régimen de Nicolás Maduro está cada vez más aislado. El presidente indígena pidió a su homólogo ayuda para que Bolivia acoja la cumbre UE-CELAC de 2019, y se la concedió.

Sánchez da por inaugurada una nueva etapa en Latinoamérica: más "política" y "plural"

Sánchez, no obstante, conectó también con los nuevos presidentes de Costa Rica y Colombia, Carlos Alvarado e Iván Duque, con los que comparte generación. El primero es también progresista. No se conocían previamente y sí departieron sobre cuestiones que les unen que forman parte de sus prioridades de gobierno, como la lucha contra el cambio climático o la defensa de los derechos humanos. Sánchez fue el primer mandatario extranjero al que Duque, que tomó posesión el pasado 7 de agosto, recibía en visita oficial, y prácticamente le dispensó honores de Estado a su llegada a la sede de la Casa de Nariño. El encuentro con el chileno Sebastián Piñera funcionó bien, incidían en La Moncloa, aunque a ambos líderes les separa no solo su ideología —se adscribe al ala de la derecha liberal, como Duque—, sino también su edad. No había tanta química generacional.

Enfoques distintos

El equipo del presidente buscó, a la hora de planificar la gira, esos contrastes. Combinar izquierda (Morales y Alvarado) con derecha (Duque y Piñera), países más desarrollados (Chile, Costa Rica y Colombia) y menos (Bolivia), grandes, medianos y pequeños en tamaño y en los que poder lanzar mensajes diferenciados. Sánchez buscaba "repolitizar" sus relaciones con América Latina. Es decir, conferir más peso al diálogo bilateral y no centrarse solo en el apoyo a las empresas españolas, aunque este aval también estuvo presente durante la gira, especialmente en Santiago. "España vuelve a tener una política con Latinoamérica", cubre el "déficit de presencia" que tenía, resumían en el equipo del líder socialista.

En Chile habló de educación y ciberseguridad; en Bolivia, de cooperación; en Colombia, del proceso de paz, y en Costa Rica, de cambio climático

El Gobierno entiende que las recetas del pasado no valen para el momento actual. Que en Latinoamérica ya se acabaron las hegemonías de izquierda o derecha, que las experiencias de foros multilaterales no han funcionado plenamente, que cada país es muy distinto a otro y tiene sus intereses y que todos necesitan un trato diferenciado. Por eso en Chile el motor principal de la conversación fueron las empresas, la educación o la ciberseguridad; en Bolivia, la cooperación, el combate a la violencia de género y el tren bioceánico; en Costa Rica, el cambio climático o los derechos humanos, y en Colombia, el proceso de paz con las FARC y la oferta de ayuda a una reanudación del diálogo con el ELN. Duque recogió el guante lanzado en Bogotá, y agradeció la disposición de España, pero no ha decidido aún si retomará las conversaciones con la segunda guerrilla, porque el periodo de reflexión que se dio no ha vencido aún, pero lanzó señales de que no lo reanimará a menos que se libere a los secuestrados y pare toda la violencia.

Sánchez da por inaugurada una nueva etapa en Latinoamérica: más "política" y "plural"

No obstante, había materias que trascendían a un solo país, como la situación en Venezuela y Nicaragua. Sánchez evitó secundar las duras críticas que dirigían Piñera o Duque al régimen de Caracas —"es una dictadura oprobiosa", aseguró el colombiano; deberían arbitrarse sanciones, deslizó el chileno—, porque entiende que España ha de mantener una línea de "no injerencia" en Latinoamérica, y sí de acompañamiento internacional. Pero sí afirmó que no puede llamarse "democracia" a un Estado que no respeta los derechos humanos y tiene presos políticos.

Sánchez da por inaugurada una nueva etapa en Latinoamérica: más "política" y "plural"

El presidente agradeció a los mandatarios de los países vecinos de Venezuela y Nicaragua que acojan a los miles de huidos bajo criterios humanitarios—1,2 millones de venezolanos han entrado en Colombia y unos 274.000 nicaragüenses se han computado en Costa Rica— e insistió en que hace falta un diálogo entre Gobierno y oposición en cada país y la búsqueda de una solución regional, con ayuda internacional.

La promesa de acabar con el voto rogado

En las cuatro estaciones de la gira también había otro hilo conductor: las colonias españolas asentadas en cada país. Más numerosas en el caso de Chile (67.132 inscritos a 31 de diciembre de 2018) y Colombia (34.633 a 21 de agosto de 2018) y de menor peso en Bolivia (17.759 también a 21 de agosto pasado) y Costa Rica (9.142 a finales de 2016). A todas las colectividades Sánchez les expresó su compromiso de hacer todo lo posible para eliminar el voto rogado, y desde allí urgió a los grupos parlamentarios a modificar la ley antes de las municipales, autonómicas y europeas de 2019. Era imposible no ver en esa promesa un inequívoco aroma electoral.

La gira estuvo también dominada por la política doméstica: Cataluña, Franco, los Presupuestos, las trabajadoras sexuales o el cambio horario

Las comparecencias con los mandatarios latinoamericanos y los contactos con la prensa que viajaba con él sirvieron a Sánchez (y a su equipo) para referirse a cuestiones nacionales. Algunas le venían rodadas, como la escalada de tensión en Cataluña a cuenta de los lazos amarillos o las amenazas de Quim Torra previas a un otoño caliente —advertencias a la que respondió con otro aviso: la reactivación del 155 si hay quiebra de la ley—, el cambio de hora —el Gobierno creará un comité de expertos para ver qué es mejor— o la inscripción de un sindicato de trabajadoras sexuales —polémica que a juicio del presidente se ha "sobredimensionado" y que en origen es un tema "administrativo"—. Otros titulares los buscó proactivamente el jefe del Ejecutivo, como los relativos a la memoria histórica o los Presupuestos, que presentará cuando tengan un "apoyo poderoso", cerrado el aval con Unidos Podemos. Tanto el presidente como su Gabinete intentaron acercarse a la prensa, a diferencia de lo que ocurría con Rajoy, más alérgico a los medios. La Moncloa quiere explicar su política exterior, y el líder socialista reforzar el mensaje de que piensa agotar la legislatura y llegar hasta 2020.

Sánchez da por inaugurada una nueva etapa en Latinoamérica: más "política" y "plural"

Sánchez hizo un hueco en su apretada agenda en Chile para visitar el Museo de la Memoria y a la senadora Isabel Allende, hija del presidente defenestrado en 1973 por Augusto Pinochet. Y de Santiago salió más persuadido aún de que en el Valle de los Caídos no cabe una resignificación, sino dejarlo como cementerio civil de las víctimas de la contienda y la dictadura, sin tocar la basílica, ni la cruz de 150 metros de altura, ni a la comunidad benedictina que custodia el mausoleo. El presidente apuesta por crear un nuevo espacio destinado a la memoria y alumbrar una Comisión de la Verdad al estilo de la que operó en Chile, pero deja a la discusión de los grupos encontrar la fórmula de consenso.

Sánchez da por inaugurada una nueva etapa en Latinoamérica: más "política" y "plural"

Intensa agenda internacional

El presidente mantendrá una intensa agenda internacional en las próximas semanas. El día 5 viaja a Suecia para entrevistarse con el primer ministro, el socialdemócrata Stefan Löfven. El 19 y 20 asistirá a la cumbre informal de jefes de Estado y de Gobierno en Salzburgo para abordar la crisis migratoria —y en la que España espera que se visualicen las dos concepciones de Europa, la que cierra fronteras, que defienden Italia y los países de Visegrado, y la que abre sus puertas, y que enarbolan París, Berlín y Madrid—. Y a finales de mes volará a Nueva York, a la Asamblea General de la ONU, viaje que quiere aprovechar para saltar a Canadá y entrevistarse con su homólogo, Justin Trudeau.

Sánchez volverá a Latinoamérica más adelante, a la Cumbre Iberoamericana en la ciudad guatemalteca de Antigua, el 15 y 16 de noviembre, y a la cumbre del G20 en Buenos Aires apenas 15 días más tarde, el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Sánchez da por inaugurada una nueva etapa en Latinoamérica: más "política" y "plural"

Aún queda por agendar la reunión con el rey de Marruecos, Mohamed VI, aunque fuentes de La Moncloa creen que podría celebrarse finalmente en octubre. La agenda exterior sirve a Sánchez para reforzar su figura en la arena internacional, aunque en casa sus dificultades siguen siendo las mismas: sus escasos 84 escaños y una explosiva situación en Cataluña que todo lo complica y todo lo enturbia.

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