LOS CANDIDATOS DE LAS PRIMARIAS DEL PP

Cospedal, la cara (partida) de Gürtel

De todos los candidatos a las primarias del PP, es la que tiene de largo más experiencia de gestión pública

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

"La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido. Y como fue una indemnización en diferido, en forma, efectivamente, de simulación, de... simulación, o de... lo que hubiera sido en diferido en partes de una... de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la Seguridad Social". El 25 de febrero de 2013, una dubitativa Dolores de Cospedal comparecía para hablar sobre Luis Bárcenas y pronunció ese párrafo incomprensible sobre la situacion laboral del extesorero del PP.

[*Sáenz de Santamaría ha ganado la primera vuelta del proceso interno para elegir al líder del PP y pasa a la segunda ronda junto a Pablo Casado, mientras que la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, ha obtenido el tercer lugar y queda fuera de la carrera]

Esa aturullada rueda de prensa perseguirá siempre a Cospedal como ejemplo de la posición, como mínimo, poco clara que mantuvo el PP sobre la corrupción. ¿Querría borrar ese momento si pudiera volver atrás? Es posible, pero solo tenemos certeza de que su empeño es intentar dar la vuelta a ese traspié, hacer de la adversidad virtud y explicar que es una prueba más de cómo dio la cara cuando muchos se ponían de perfil. "Me he partido la cara", es una de las frases más repetidas por la candidata en la campaña de las primarias, a modo de los veteranos de guerra que se presentan orgullosos con sus medallas ganadas en combate, sus cicatrices y sus mutilaciones. "Yo soy yo y mis heridas por el partido", viene a ser su mensaje de campaña en estas semanas.

María Dolores de Cospedal García (Madrid, 1965), de familia originaria de El Bonillo (Albacete), se acercó a la política por proximidad a su padre. Ricardo Cospedal era candidato en Albacete por el Partido Reformista Democrático, aquel que encabezó Miquel Roca y que presentó una candidatura en las generales de 1986 para disputar el centro derecha a Alianza Popular y al CDS de Adolfo Suárez. Todo acabó con un enorme fracaso, pese a tener importantes apoyos empresariales e intelectuales. Ni un escaño sacó, pero a Dolores de Cospedal le sirvió para acompañar a su padre por los pueblos y pegar carteles. Con 17 años era militante de las Juventudes del PRD y, obviamente, no puede decirse que apostara a ganador, de hecho, el partido se diluyó solo por inanición de votos.

Sí le salió bien su oposición a abogada del Estado y el inicio de una carrera en la Administración poco conocida, pero muy exitosa. Tanto que, de todos los candidatos a las primarias del PP, es la que tiene de largo más experiencia de gestión pública. Soraya Sáenz de Santamaría la gana en haber llegado a una cota más alta, la de vicepresidenta, pero no en trayectoria, porque ese es el único cargo público de la ex número dos del Gobierno. Lo de Cospedal en la Administración es muy similar a lo de Mariano Rajoy en méritos para ir escalando posiciones y acumulando referencias en el BOE: casi una decena de cargos en diferentes ministerios desde que empezó a ejercer como abogada del Estado. Andando deprisa por los distintos escalones de la Administración, primero como funcionaria pública y luego con cargos de designación y de elección.

Secretaria general técnica del Ministerio de Trabajo, subsecretaria de Administraciones Públicas, subsecretaria del Ministerio del Interior, abogada del Estado ante el Tribunal de Derechos Humanos, consejera laboral y de asuntos sociales en la embajada de España en EEUU, diputada, senadora, parlamentaria autonómica, consejera de la Comunidad de Madrid y, sobre todo, presidenta de la Junta de Castilla-La Mancha y ministra de Defensa. En algún momento, incluso compatibilizó hasta cuatro cargos diferentes.

En Interior vivió la experiencia del 11-M, como responsable de parte del operativo que movilizó a servicios de emergencia, forenses, jueces, psicólogos y fuerzas de seguridad del Estado. Su meritoria victoria en Castilla-La Mancha, feudo hasta entonces inexpugnable del PSOE, le exigió un despliegue de tenacidad notable, recorriendo cada pueblo, según versión de alguien que la acompañó entonces. Esa simbólica victoria también reforzó su posición en el partido, como mérito de guerra con medalla pensionada en diferido en forma de aumento de poder orgánico no simulado. Así fue también en las siguientes autonómicas, las de 2015, en las que perdió el Gobierno de la comunidad, aunque volvió a ser la lista más votada y se quedó a un único escaño de la mayoría absoluta.

Cospedal, la cara (partida) de Gürtel

En el PP ascendió hasta ser nombrada secretaria general en el Congreso de Valencia de 2008, al tiempo que lideraba el partido en Castilla-La Mancha. En esa trayectoria ha trabajado con pesos pesados del PP como Javier Arenas, Ángel Acebes, Esperanza Aguirre y, obviamente, Mariano Rajoy. Cuando hace días decidió presentarse a las primarias, llamó a Rajoy para comunicárselo y, desde ese día, no han vuelto a hablar.

Se cuenta en la sede de la calle Génova que llegó con el encargo y el propósito de borrar gran parte de la etapa de Aznar en el PP y, entre otras cosas, se encontró con un partido que poco tenía que ver con la imagen de eficacia que transmitía y que no todo era tan limpio como parecía, tal y como se ha visto años después. Sus exégetas explican que su voluntad de levantar las alfombras provocó todo y, sin llegar a la imagen bíblica de Jesucristo expulsando a los mercaderes del templo, lo cierto es que la salida del partido de algunos personajes vinculados a Gürtel coincide cronológicamente con la llegada de Cospedal. Otra cosa es si lo denunció, si hizo por perseguir a los culpables, si escondió lo que encontró bajo las moquetas, si llevó las alfombras al tinte o si prefirió el instinto de protección de pasar página a toda costa. Ella es más de desactivar la bomba o intentar una explosión controlada antes que dejar que reviente todo.

Pero esa es otra historia de la que no podrá librarse fuera del partido por haber sido la imagen de la respuesta del PP a la corrupción, castigada por el ascenso de Ciudadanos y una moción de censura que salió adelante. Porque a Cospedal siempre le ha podido un cierto patriotismo de partido, el que exhibe ahora en la campaña frente a sus oponentes, presentándose como quien se inmoló en defensa de las siglas. El mismo patriotismo que, combinado con una relación de amistad, le llevó a apoyar hasta el final a Cristina Cifuentes cuando se desvelaron las irregularidades de su máster, precisamente para evitar la gran explosión, buscando el cable verde que permitiera desactivar la bomba e intentando ocultar el artefacto explosivo para minimizar los daños. Esos días, en la convención del partido en Sevilla, encabezó la larga ovación a Cifuentes y llevó a los demás a sostener el aplauso durante minutos. Le ocurrió lo mismo que se cuenta que pasa en Corea del Norte: que las ovaciones al líder son tan largas porque nadie se atreve a ser el primero en dejar de aplaudir. Algo así pasó en Sevilla, que todos se miraban, veían a la secretaria general aplaudir y todos seguían chocando las manos aunque temían lo que podía esconder Cifuentes.

Tiene grabado y no perdona lo que considera una campaña de opiniones y filtraciones previas sobre actividades económicas de su marido. Esa clave sirve para entender algunos de sus enfrentamientos de los últimos años y, sobre todo, de los últimos días. La 'batalla de las abogadas del Estado' se explica por todo eso: lucha por el poder, recelos sobre informaciones y sensación de que alguien se apartó de la trinchera cuando disparaban imputaciones, autos y sentencias. Tampoco entendió una votación de castigo en el último congreso del PP que pretendía eliminar la compatibilidad de cargos, que iba claramente dirigida contra ella y que ganó de manera ajustada y con cierta polémica.

Sus próximos admiten que a veces transmite una imagen de distancia y frialdad, pero aseguran que no es real. Que en corto es mucho más afable y divertida, y por eso, alguno de sus asesores confiesa que les gustaría mejorar en ese sentido su imagen para hacerla más amable y próxima. Que besa y saluda afiliados mejor que interviene en los mítines. Cuentan que le gusta bailar, que lee mucho, sobre todo historia, con una afición a engancharse a cualquier libro, incluyendo un 'Tratado del agua' que, para sorpresa de todos, devoraba recientemente.

De sus aficiones tiene una curiosa coincidencia con Rajoy: andar deprisa durante horas por el campo. Ella lo llama "dar la vuelta al valle", que debe ser algo así como andar durante horas con un recorrido muy concreto. Siempre que puede sale a "dar la vuelta al valle". Y quizá lo del finiquito diferido no fue más que una vuelta más al valle.

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