Acusaciones, incertidumbre y juego sucio en la recta final de las primarias del PP
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EL ESCASO NÚMERo DE INSCRITOS HACE IMPOSIBLE PREDECIR EL RESULTADO

Acusaciones, incertidumbre y juego sucio en la recta final de las primarias del PP

¿Qué ocurre en un partido cuando se discute más por el formato y el procedimiento que por las posiciones ideológicas y estratégicas?

Foto: Acusaciones, incertidumbre y juego sucio en la recta final de las primarias del PP
Acusaciones, incertidumbre y juego sucio en la recta final de las primarias del PP

"¿Qué necesidad teníamos de meternos en esto?", se preguntaban esta semana diputados del PP, entre sorprendidos y alarmados por lo que se está viviendo en el partido en las primarias para la sucesión de Mariano Rajoy. A la recta final de la votación del 5 de julio se llega con un ambiente que no se recordaba en el centroderecha. ¿Qué ocurre en un partido cuando se discute más por el formato y el procedimiento que por las posiciones ideológicas y estratégicas? Algo falla y en estas situaciones es cuando se ven las costuras de la organización.

Hay intercambio de acusaciones, dudas sobre la limpieza del proceso, mitos como el del número de militantes que se vienen abajo, cargos públicos que se resisten a tomar partido por alguno de los candidatos y, sobre todo, mucha incertidumbre. Porque el escaso número de inscritos (66.384) para participar en las elecciones, más el desconocimiento cierto de quiénes son los que votarán hace muy difícil hacer una predicción sobre el resultado. Los tres candidatos principales, Pablo Casado, Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal, hablan en privado de la buena impresión que sacan de los actos en los que participan, del cariño que muestran los afiliados y de la ilusión que perciben, pero ni siquiera saben si los que les abrazan con tanto entusiasmo votarán el día 5. ¿A quién hay que abrazar para hacer campaña?

Foto: Pablo Casado se dibuja como el ganador de las primarias del PP en Cataluña

Hay experiencia suficiente para evitar hacer predicciones sobre este tipo de procesos internos que tienen una lógica diferente a la de cualquier otro proceso y es habitual que la intensidad del apoyo de los aparatos sea inversamente proporcional al resultado. Solo se puede percibir una expectativa, por ejemplo, entre diputados y senadores y en otros cargos públicos. Indica esa percepción que Cospedal puede beneficiarse de la teórica movilización de los cuadros del PP y de la presión que puedan ejercer los aparatos locales entre los afiliados. Los diputados y senadores, por ejemplo, hacen campaña más o menos abierta en su mayoría a favor de la número dos del partido.

Pablo Casado sostiene que percibe una gran movilización de jóvenes y de afiliados que quieren un cambio. Contaba en El Confidencial que algunos cuadros del PP recibían llamadas para que no acudan a sus actos y que alguno le confesaba que se había dado la vuelta cuando acudía a apoyar al candidato. Casado ha decidido jugar la baza del aspirante de la novedad, frente a la dirección. Y es el único que ha hecho expresa su voluntad de no ocupar ningún cargo si no gana. A Sáenz de Santamaría le ha tocado el papel de defensora de la gestión de Rajoy y presentarse no como candidata a la presidencia del PP, sino como presidenciable con la vista puesta en la Moncloa, en la que tantas horas trabajó.

Las apuestas en el Congreso se inclinaban por Casado y Cospedal para salir vivos de la primera vuelta del 5 de julio

Con las citadas prevenciones, las apuestas en el Congreso se inclinaban por Casado y Cospedal para salir vivos de la primera vuelta del 5 de julio. Al menos, eran los que transmitían más sensación de euforia. Especialmente Casado, que en los corrillos con periodistas parecía otro, sin estar dentro del corsé de portavoz del partido como vicesecretario de comunicación.

Y en este proceso sin precedentes ocurre algo significativo, pero no llamativo: la caída o, en el mejor de los casos el olvido, del legado de Rajoy, en el Gobierno y en el PP. Al menos dos candidatos han decidido distanciarse de su gestión y hacer bandera de mayor dureza, por ejemplo, en Cataluña, dejando de hecho a Sáenz de Santamaría la defensa en solitario de la herencia en el Gobierno. "Y yo que pensaba que lo habíamos hecho todo bien", aseguraba el jueves un diputado del PP, entre resignado e irónico.

Tampoco mejora el legado respecto al PP. La retirada de Rajoy, andando deprisa camino de Santa Pola, ha dejado al descubierto, según admiten, un partido dividido y con una reputación tan negativa como que se ponen en cuestión lo que antes eran principios inmutables como el elevado número de afiliados. Lo primero que tendrá que hacer el nuevo líder del PP es entrar con la excavadora en el censo de afiliados y empezar por admitir que ni eso era cierto. Y se supone que algún responsable de organización tendrá que pagar por eso, porque la idea regeneradora de las primarias puede arruinarse si la gestión no es la correcta y se cometen esos errores.

Otra de las autocríticas que se hace en el PP, por el momento en privado, es la de no haber pisado en muchos años las sedes del PP, que sus dirigentes que ahora les piden que se inscriban y que les voten han estado al margen de los afiliados, aunque en distinta medida. Que la exvicepresidenta ha ido al Puente de Vallecas ahora y que casi todos se han limitado estos años a llegar entre aplausos y besando a los grandes actos del partido. Nadie ha ido siquiera a explicarles lo que hacían en el Gobierno.

Para esta próxima semana, los candidatos guardan mensajes nuevos en forma de anuncios de equipos y de apoyos.

Partido Popular (PP) Pablo Casado Soraya Sáenz de Santamaría Mariano Rajoy María Dolores de Cospedal José Manuel García Margallo
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