sus retos: equiparación salarial y el 'procés'

Marlaska: respaldo unánime de Policía y Guardia Civil mientras Otegi "toma nota"

Pedro Sánchez coloca al frente de la cartera de Interior a un juez que se ha ganado el reconocimiento de las Fuerzas de Seguridad y que conecta con el electorado del Partido Popular

Foto: El nuevo ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)
El nuevo ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)

El nombre del nuevo ministro del Interior fue uno de los últimos en conocerse y también uno de los más sorprendentes. A Fernando Grande-Marlaska (Bilbao, 1962), hijo de policía, siempre se le ha ubicado en el ala conservadora de la judicatura. Encarceló a Arnaldo Otegi, metió en prisión a la cúpula de Segi y reabrió el caso sobre el chivatazo a ETA durante las negociaciones del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con la banda. También archivó varias veces la investigación sobre el accidente del Yak-42. Y en diciembre de 2013 se convirtió en vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a propuesta del Partido Popular.

Contra todo pronóstico y en una maniobra brillante que descoloca a Génova y también a Ciudadanos —y que va a dificultar su labor de oposición—, Pedro Sánchez ha elegido a Grande-Marlaska para su Gobierno “progresista, modernizador y europeísta”, en palabras del propio jefe del Ejecutivo. Ocupará una de las llamadas carteras de Estado con el reto de gestionar el desafío secesionista, manejar una alerta antiterrorista de nivel 4, subsanar el déficit de personal de las Fuerzas de Seguridad del Estado, culminar la promesa del PP para la equiparación salarial, hacer frente al avance del narco en el campo de Algeciras y derogar la Ley de Seguridad Ciudadana o ley mordaza, una de las banderas que ha levantado con más fuerza el PSOE durante esta legislatura.

Marlaska: respaldo unánime de Policía y Guardia Civil mientras Otegi "toma nota"

Policías nacionales y guardias civiles coincidieron anoche en aplaudir su nombramiento. Recuerdan su solvencia como jurista. Antes de llegar al CGPJ pasó por juzgados de primera instancia de Santoña (Cantabria) y Bilbao, hasta que en 1999 entró a formar parte de la sección sexta de la Audiencia Provincial de Vizcaya. En 2003 dio el salto a Madrid, para hacerse cargo del Juzgado de Instrucción número 36 de plaza Castilla, y un año después desembarcó en la Audiencia Nacional como sustituto del juez titular del Central número 1, Guillermo Ruiz Polanco. Después, en marzo de 2005, sustituyó a Baltasar Garzón en el Central número 5 y, finalmente, en 2007 fue nombrado titular del Juzgado Central de Instrucción número 3. Dejó la plaza en 2012 para convertirse en presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional.

No solo tiene una trayectoria intachable como magistrado que concita el reconocimiento de Policía Nacional y Guardia Civil. Fuentes de la Seguridad del Estado también subrayan a este diario que esa larga carrera de fondo por la judicatura ha permitido a Grande-Marlaska trabajar codo con codo durante más de dos décadas con los agentes a los que tendrá que comandar a partir de ahora. Conoce bien las tripas de ambos cuerpos. Quienes lo han tratado destacan su honestidad y seriedad profesional, y su carácter afable y cercano.

También ha cultivado su dimensión pública, aunque rehuyendo el estatus de juez estrella. Homosexual declarado, ha aparecido en los medios en numerosas ocasiones para defender la causa LGTB. En 2016 condensó en un libro con tintes autobiográficos su visión de la Justicia y su propia evolución vital. El título de la obra es 'Ni pena ni miedo', una frase que lleva tatuada en su muñeca.

Con las Fuerzas de Seguridad vivió alguno de los hitos más relevantes del final de ETA, como el envío a prisión de Iñaki de Juana Chaos, la detención de los empresarios Juan María Saralegui y José Javier Azpiroz por el pago del impuesto revolucionario y el procesamiento de Otegi por integración en ETA con grado de dirigente. Esas actuaciones lo situaron en el blanco de la banda. El 'talde' Vizcaya recibió en 2008 la orden de asesinarlo con un coche-bomba en Ezcaray (La Rioja), donde tenía una vivienda. El comando fue desarticulado al completo ese mismo año y su jefe, Arkaitz Goikoetxea, confesó que Grande-Marlaska estaba entre sus objetivos “prioritarios”. La operación antiterrorista fue dirigida por Garzón y la fiscal que lideró la acusación fue Dolores Delgado, nueva ministra de Justicia. Ahora tendrán que hablar a diario.

Será difícil que el magistrado haga concesiones a los más de 200 presos de ETA que continúan repartidos por cárceles de España, Francia y Portugal, o que acceda a que las Fuerzas de Seguridad del Estado se retiren del País Vasco. La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) fue una de las primeras que reaccionaron al nombramiento, alabando el acierto de Sánchez. Recordó que el nuevo ministro del Interior siempre ha sido “cariñoso” con las víctimas y conoce el terrorismo de primera mano. Por ello, la AVT decidió entregarle el año pasado una medalla de reconocimiento. El tradicional vínculo del PP con este colectivo también parece cortocircuitado. Otegi lo recibió en Twitter peor que a un ministro de VOX. “Borrell para desinfectar Catalunya y Grande-Marlaska, el juez que entre otras cosas me encarceló dos veces, a Interior. Mensaje recibido”.

El independentismo catalán tampoco va a encontrarse a un interlocutor cómodo. El pasado noviembre, por ejemplo, denunció la “deslealtad” de los secesionistas que pretenden “socavar las instituciones españolas” y defendió la “imparcialidad” de la jueza Carmen Lamela, responsable de la investigación contra los Mossos, y también del resto de magistrados que están intruyendo causas contra el 1-O, incluido el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena. También respaldó el ingreso en prisión de los líderes políticos del 'procés'. “Nadie está en la cárcel por opiniones o ideas, se imputan hechos”, declaró entonces, antes de afirmar que llamarlos 'presos políticos' es un “insulto”. Su perfil no encaja en un posible acercamiento de los consejeros a prisiones catalanas, aunque esa decisión, al menos hasta que haya sentencia firme, no depende de Instituciones Penitenciarias.

Desembarcará en un ministerio que ha tenido que lidiar con los operativos policiales del 1-O y con las reivindicaciones salariales de las funcionarios. Su antecesor, Juan Ignacio Zoido, llegó precedido por el aval de la alcaldía de Sevilla, pero su mandato ha tenido un carácter discreto, plano, sin un proyecto político para la cartera, y con la mirada puesta en el regreso a Andalucía. A esa comunidad dedicó la mayor parte de su agenda.

En clave interna, Interior aprobó en el verano de 2017 una reorganización de la estructura de la Policía Nacional y la Guardia Civil que eliminó las tradicionales direcciones adjuntas operativas (DAO), dejando la labor de coordinación en los directores generales de cada cuerpo. Es decir, en los cargos políticos. Uno de ellos, Germán López Iglesias, director general de la Policía, deja un legado nefasto por incomparecencia. A Grande-Marlaska le resultará sencillo elevar el listón. Tendrá que decidir también si aplica el programa electoral del PSOE, que apostó de nuevo en 2016 por la creación de un mando único para Policía Nacional y Guardia Civil, una medida que provoca recelo en ambos cuerpos.

El nuevo ministro admitió en 2016 en una entrevista en 'La Razón' que tenía inquietudes políticas. “Me sería difícil dar un salto a la política, muy difícil. No lo descarto. Lo único que descarto es dejar la vida pública por la privada”. Nadie esperaba que ese momento llegara este miércoles. Con los 84 diputados del PSOE, el reto será probablemente más difícil de lo que imaginaba.

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