la estrategia de ciudadanos que irrita a la moncloa

Rivera aprovecha la debilidad de Rajoy para apuntalar y condicionar la legislatura

El líder de Ciudadanos prefiere que las elecciones generales sean en 2019 y colabora en el Congreso con el PP para frenar iniciativas de otros grupos, mientras le presiona

Foto: El líder de Cs saluda en el Congreso al presidente del Gbierno, Mariano Rajoy. (Reuters)
El líder de Cs saluda en el Congreso al presidente del Gbierno, Mariano Rajoy. (Reuters)

"Mariano Rajoy tiene en su mano reaccionar y disolver las Cortes y convocar las elecciones generales anticipadas. Esa decisión es un botón nuclear si tienes asegurado el 30% de los votos, pero con lo que dicen las encuestas el botón nuclear es ahora solo un tirachinas", asegura Albert Rivera.

El resultado electoral en Cataluña y la previsión de todas las encuestas han convertido a Ciudadanos en el centro del debate político, hasta determinar la agenda prácticamente de todos los partidos. Además, el partido de Rivera ha conseguido condicionar la vida política y parlamentaria, tensando la cuerda con el PP y también, de forma menos visible, apuntalando y ayudando a los populares a frenar iniciativas de otros grupos, como PSOE y Podemos en el Congreso, hasta el punto de irritar a casi todo el resto del hemiciclo en una legislatura fallida.

La previsión de todas las encuestas ha convertido a Cs en el centro del debate político, hasta el punto de determinar la agenda de todos los partidos

Cada semana la Mesa del Congreso, casi de forma rutinaria y ya sin debate, tramita decenas de prórrogas de plazos de enmiendas a proposiciones de ley de todos los grupos, con el voto de los representantes de PP y de Ciudadanos. De esa forma Mariano Rajoy ha logrado salvar su polémico legado normativo de la legislatura de la mayoría absoluta, desde la ley mordaza o ley de seguridad ciudadana a la reforma laboral, pasando por el salario mínimo. Por ejemplo, la supresión del artículo 324 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que establece los polémicos plazos en la instrucción penal, lleva ya más de 20 ampliaciones de plazos de enmiendas, a pesar de tener amplio apoyo para ser derogado en el Pleno y a pesar de que es una proposición de ley tan sencilla como que tiene un solo artículo de supresión.

Es lo que Rafael Hernando, portavoz del PP, llama el "congelador", es decir, el limbo al que van proposiciones que se permite que sean admitidas a trámite, pero que luego quedan atascadas sin fecha para que nunca culminen el trámite parlamentario. Algunas llevan más de un año paradas gracias a PP y Ciudadanos.

Ciudadanos logra así cada día graduar la rueda de intensidad de la dureza parlamentaria y de la agenda política, para desesperación del resto de grupos, mientras mantiene al Gobierno con respiración asistida y con el "congelador" del Parlamento repleto. Rivera aprieta mucho, pero no ahoga y con toda seguridad aprobaría los Presupuestos de 2018 si se dieran las tres condiciones previas y sucesivas: que haya Govern, que se levante el 155 y que el PNV se sume al acuerdo sobre las cuentas. El problema para Rajoy es que se acerca inexorable el límite del 31 de marzo para tramitar los Presupuestos y se aproxima el momento en el que será imposible hacerlo.

A dos años de la investidura fallida de Pedro Sánchez, apoyado en un pacto con Rivera, Cs ha logrado esa posición de centralidad


A casi dos años del aniversario de la investidura fallida del socialista Pedro Sánchez, apoyado en un pacto con Rivera, Ciudadanos ha logrado esa posición de centralidad, mientras que el líder socialista, si no reacciona con algún gesto de entidad, corre el riesgo de parecerse al protagonista de 'Desmontando a Harry', la película de Woody Allen en la que un actor va poco a poco viéndose cada vez más desenfocado.

Se cuenta en la Moncloa que a Rajoy siempre le ha irritado Rivera, que desde su primera reunión siempre le descolocó que el líder de Ciudadanos no parara de hablar y que, hiperactivo, le dijera en todo momento lo que tenía que hacer. Pactaron por conveniencia y ahora esa pésima pero obligada relación personal se ha convertido en visible tensión política, por la presión de Ciudadanos y por la falta de costumbre del PP de competir contra otra fuerza política en su mismo espectro ideológico, el del centro derecha. El PP pensó que podría controlar aquel pacto de investidura que nunca pensó cumplir y que Fernando Martínez Maillo llamó el "acuerdo de las lentejas" para describir cómo era imposible negarse a firmarlo.

Esa tensión es visible cada día en las comparecencias públicas de los dirigentes del PP, fue evidente este miércoles en el primer pleno de control al Gobierno en el Congreso después de las vacaciones y se materializa en decisiones como la de convocar un acto en Sevilla solo para hablar de prisión permanente revisable, que ni siquiera será posible aprobar por falta de apoyos en el Parlamento. La idea de usar la dureza penal como estrategia política es tan vieja (y desesperada) como que no ha habido Gobierno desde 1978, del PP o del PSOE, que no haya introducido cambios de mayor o menor calado en el Código Penal. Por eso, el primer proyecto de ley del PP en toda la legislatura, además de los Presupuestos, va dirigido a engordar esa imagen de dureza punitiva, aunque no vaya a ser aprobada en el Congreso.

Rivera asegura que, además de la diferencia generacional, el trato con Rajoy es cordial. Lo cierto es que no hablan desde que lo hicieron por teléfono a principios de enero, después de una reunión pública tras las elecciones catalanas.

El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)

Luego no han vuelto a tener contacto para tratar el recurso contra la investidura de Carles Puigdemont, cuyo enfoque Rivera cuestiona, ni sobre el apoyo al nombramiento de Luis de Guindos para el Banco Central Europeo. Únicamente, hablaron en genérico en aquella reunión sobre la necesidad de recuperar presencia en instituciones europeas, sin mayor precisión.

Al PP le irrita que Ciudadanos haya forzado una comisión de investigación sobre la financiación ilegal de los populares que solo puede acabar con la dura conclusión de que entró dinero ilegal a la sede de Génova. Los populares aseguran no entender que, por ejemplo, los de Rivera promuevan otra comisión de investigación sobre los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, con lo que eso implica. Y lamentan haber dejado que Ciudadanos se pusiera las medallas de acuerdos económicos como los del salario mínimo o los autónomos, entre otros. Es decir, se ha apuntado los méritos de lo poco que sale adelante en esta legislatura de bloqueo.

Rivera, no obstante, considera que a su partido le da frutos la estabilidad y, por eso, preferiría que las elecciones no fueran antes de 2019 o 2020 y por ese motivo apuntalan a Rajoy cada día para mantenerle vivo. Entubado y con respiración asistida, pero vivo, y le interesa prolongar la agonía del presidente del Gobierno. De hecho, cuando se planteó ese debate estratégico tras la investidura de Rajoy, él siempre mantuvo en los órganos internos la tesis de la estabilidad, pero sin entrar en un Gobierno y con autonomía para pactar cada medida y no ser corresponsable de las decisiones.

Rivera considera que a su partido le da frutos la estabilidad y, por eso, preferiría que las elecciones no fueran antes de 2019 o 2020


Entiende que en el PP se discuta ahora sobre si es mejor ir a elecciones ya o arriesgarse a intentar recuperar el voto perdido, con el peligro de seguir desmoronándose. Rivera asegura que tiene en su mano encuestas internas que son aún mejores que las publicadas o la del CIS y que, según dice, muestran la descomposición del PP y el estancamiento del PSOE, en ambos casos irreversible. Por contra, ve aún margen de mejora de Ciudadanos en los próximos meses y recuerda que al PP le quedan años de noticias adversas sobre procesos penales por corrupción.

Por eso teme que PP y PSOE puedan llegar a acuerdos, al margen de Ciudadanos y, por supuesto, de Podemos. Y esas desconfianzas agravan el bloqueo, aunque en realidad Rajoy no consigue que el PSOE acepte llegar a acuerdos para excluir a Ciudadanos y sacarle del atolladero. Por ejemplo, en las últimas semanas el ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha recibido en su despacho a la socialista Margarita Robles y a Ignacio Prendes de Ciudadanos, para constatar la dificultad de sacar adelante iniciativas como la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal o el cambio en la elección del Consejo General del Poder Judicial. Los socialistas se niegan a apoyar la primera, y la posibilidad de que Ciudadanos rentabilice la segunda hace difícil su tramitación.

El PSOE, también irritado con Ciudadanos, asegura que los de Rivera solo quieren fotos, no decisiones y, además añaden que van cambiando sus posiciones en función de los momentos y las estrategias. Por ejemplo, en la prisión permanente revisable, cuya supresión pactaron hace dos años y ahora, a la vista de la reacción del PP, pretenden endurecerla por la vía del cambio de los beneficios penitenciarios.

Rivera prefiere ir a su aire y en dos semanas defenderá la reforma de la Fiscalía, con un diseño diferente al que han mantenido en otros momentos. Y retrasan la renovación de RTVE porque, según aseguran, hay que evitar que PP y PSOE se lo repartan.

Rivera ve difícil sacar adelante la supresión de aforamientos porque Podemos se niega a una reforma exprés de la Constitución

El último giro en su estrategia a varias bandas y hacia esa centralidad política ha sido buscar un pacto con Podemos, sobre quien tantas descalificaciones ha vertido, para una reforma electoral, tan imposible en esta legislatura como la reforma constitucional. En esa jugada el objetivo es el llamado bipartidismo y su inmovilismo.

Sobre iniciativas concretas, Rivera ve difícil sacar adelante la supresión de aforamientos por el rechazo del PSOE y porque Podemos se niega a una reforma exprés de la Constitución para exigir un referéndum sobre cualquier cambio, por mínimo que sea. Y mantienen frenada la limitación de mandatos.

Rivera explica que no ve conveniente una especie de opa sobre cargos del PP, porque distorsionarían esa imagen de "limpieza" que pretende, pero no descarta incorporar "talentos" de la derecha y del PSOE. Su modelo es el de Enmanuel Macron que, según sus cálculos, tiene un grupo parlamentario con entre el 30 y el 40% de políticos procedentes del partido socialista y de la derecha tradicional.

Todo se complica con el reflejo de esa estrategia de mezcla de tensión y respaldo envenenado en gobiernos autonómicos, empezando por el de Madrid con el PP y el de Andalucía con el PSOE. Según se acerquen esas elecciones en esas comunidades, lo probable es un distanciamiento estratégico de Ciudadanos con los respectivos gobiernos.

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