INQUIETUD ANTE LA FALTA DE UN GOBIERNO ESTABLE

El BdE agita la pócima de las fusiones para evitar la liquidación de bancos en España

El regulador teme que la incertidumbre política y la falta de Gobierno estable impidan tomar a tiempo decisiones cruciales para la estabilidad del sector bancario en España

Foto: El gobernador del Banco de España, Luis María Linde. (EFE)
El gobernador del Banco de España, Luis María Linde. (EFE)

El Banco de España lo tiene claro y así se lo ha hecho saber a los principales responsables de las entidades de crédito en nuestro país. Los bancos están obligados a cambiar su modelo de negocio tradicional porque a estas alturas de la partida es imposible subsidiar las actividades actuando exclusivamente sobre la base del margen financiero. El negocio tiene que apoyarse en el cobro de servicios de valor añadido y en la obtención de ganancias mediante una mayor eficiencia, lo que exige nuevos ajustes de reestructuración en el mercado español y un esfuerzo de inversiones en tecnología.

[Lea aquí: La jefa del BCE llama a filas a la banca española en una cumbre en Madrid]

El diagnóstico es diáfano y se resume en la sobrecapacidad que todavía caracteriza al mercado financiero en España, lo que puede dar lugar a futuros episodios de resolución bancaria en nuestro país, según fuentes de la entidad que dirige Luis Linde. Con el fin de evitar estos imponderables la terapia que maneja el regulador pasa por una nueva ronda de fusiones en el sector. La consolidación bancaria se convierte, por tanto, en una necesidad que el Banco de España trata de agitar como una especie de ‘pócima milagrosa’ para prevenir nuevos escenarios de crisis.

El Banco de España asegura que las entidades ya no pueden vivir del margen financiero y deben cobrar por los servicios de valor añadido que prestan

El subgobernador Fernando Restoy suele defender en sus reuniones con los grandes banqueros del país la conveniencia de operaciones corporativas trasnacionales ya que el gran problema de toda la Unión Europea reside en la falta de bancos realmente paneuropeos. A juicio del número dos del Banco de España, las autoridades comunitarias tienen que favorecer medidas que rebajen la vinculación de los bancos con sus mercados locales de origen, de manera que las eventuales crisis económicas nacionales no se conviertan en una amenaza que pueda llevarse por delante el sistema financiero de un país determinado.

Algunos agentes del mercado han entendido este criterio general como una contraindicación para fomentar más fusiones nacionales, sobre todo después del proceso de concentración que ha reducido a quince entidades el actual mapa sectorial. La versión oficial del Banco de España desmiente esta interpretación apelando al viejo dicho en virtud del cual ‘lo mejor es enemigo de lo bueno’ porque ahora lo más importante es ganar eficiencia como sea. Los acuerdos de integración a nivel trasnacional son ideales, pero lo que buscan preferentemente es diversificar ingresos, internacionalizar el riesgo y crear valor; objetivos encomiables pero no inmediatos para culminar la reconversión del sistema bancario.

El ministro de Economía y Competitividad en funciones, Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Economía y Competitividad en funciones, Luis de Guindos. (EFE)

La vulnerabilidad de la banca española acaba de ser certificada por el FMI como si de una epidemia se tratase, lo que ha encendido de nuevo las alarmas y ha reactivado la urgencia del mensaje que ahora se propaga desde el caserón de Cibeles: ‘Fusiones contra resoluciones’ es la consigna que está lanzando el regulador en sus contactos con los primeros espadas del sector. Un mensaje que se hace llegar a modo de recomendación doctrinal y que adolece de falta de impulso político dada la precariedad del Gobierno en funciones y el cuidado con que los actuales dirigentes del Ministerio de Economía y del FROB se tientan la ropa para no empañar la virtual campaña electoral a la que está abocada España.

A expensas de algún sortilegio de última hora todo parece indicar que en poco más de una semana se convocarán los comicios del próximo 26-J, generando un nuevo paréntesis de varios meses que prolongará el letargo de muchas decisiones trascendentales en la vida económica del país. El Banco de España sabe que no hay tiempo que perder y se siente obligado más que nunca a ejercitar su condición de supervisor ante la carencia prolongada de un Ejecutivo estable. La responsabilidad se impone ahora de manera acuciante y los mentores institucionales de la banca no tienen reparos en señalar los puntos negros que a día de hoy socavan todavía la recuperación y saneamiento del mercado crediticio en España.

Los tipos de interés variables, típicos en nuestro país, constituyen a día de hoy uno de los grandes talones de Aquiles que muestra la banca en España

A juicio del regulador, la gran adversidad de la banca española reside en la acumulación de tipos de interés variables que a día de hoy constituyen una amenaza potencial ante la caída de los precios del dinero impulsada por el Banco Central Europea (BCE). La política monetaria superexpansiva de Mario Draghi tiene por objeto dinamizar la actividad económica alicaída en Europa pero la contrapartida está resultando devastadora para el sistema financiero que ve cómo se evaporan las expectativas básicas de su negocio tradicional. Muchos de los paradigmas que han fundamentado el desarrollo del sector están saltando por los aires, sobre todo en el segmento de la banca minorista de particulares, que ha sido la seña de identidad de las principales entidades en nuestro país.

El desenlace de las controvertidas cláusulas suelo, derribadas de golpe y porrazo en los tribunales de justicia, es el mejor ejemplo de la catarsis que se avecina. A partir de ahí, como diría el hidalgo e inmortal caballero, ‘cosas veredes que te llenarán de asombro’ porque nadie se atreve a descartar que los cambios no puedan llegar hasta los más profundos cimientos del sector. Dicho en otras palabras, los bancos están temblando ante la invasión de los tipos de interés negativos, que más pronto que tarde incidirán en el denominado ‘pago inverso’ por prestar dinero. Ahí reside el gran talón de Aquiles y bastará que algún cliente bien asesorado encuentre un juez valiente para lanzar un dardo que podría resultar mortífero para la banca en España.

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