Entrevista con el exministro

Pimentel: "Los políticos ignoran la peligrosa deriva que está tomando España"

El exministro, inconfundiblemente de derechas, aduce que la política es una página cerrada definitivamente y que la política española atraviesa su peor momento en democracia

Foto: El exministro Manuel Pimentel en la Torre Sevilla. (Fernando Ruso)
El exministro Manuel Pimentel en la Torre Sevilla. (Fernando Ruso)

A Pimentel se le encienden los ojos al decirlo, como si le hubiera brotado un sentimiento profundo de orgullo interior. "Míralo, ahí está: contempla el valle de los Tartessos". Desde el rascacielos de Sevilla, propiedad de la Caixa, el exministro extiende el brazo y señala el río Guadalquivir, arropado por un apacible paisaje de casas blancas que el sol de la tarde ha dorado. Es muy posible que el andalucismo que siempre ha manifestado este hombre inconfundiblemente de derechas, Manuel Pimentel Siles (Sevilla, 1961), proceda directamente de la historia, mucho antes que de la política. 'Leyendas de Tartessos' es, precisamente, el último libro que ha publicado con su editorial, Almuzara, y esa faceta de editor, junto a la de escritor y empresario, las únicas que aparecen vivas en sus perfiles biográficos. La política, dice, es una página cerrada definitivamente. Es importante reseñarlo así porque, de forma paralela, Pimentel, el joven ministro que plantó a Aznar por el desacuerdo con sus políticas, está convencido de que la política española atraviesa su peor momento en democracia.

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RESPUESTA- Es que son los peores momentos que he conocido en mi vida y, con seguridad, es el momento más tenso de los últimos cuarenta años, no solo en la política sino también en la sociedad.

Manuel Pimentel. (Fernando Ruso)
Manuel Pimentel. (Fernando Ruso)

PREGUNTA- Fíjese que, en la actualidad, hay una grave crisis en el Poder Ejecutivo, por la debilidad parlamentaria del Gobierno, en el Poder Legislativo, bloqueado e incapaz de aprobar nada, y en el Poder Judicial, por el episodio chusco de las hipotecas y la pifia posterior en la renovación del Consejo General del Poder Judicial. ¿Usted cree que los actuales dirigentes políticos son conscientes de la gravedad del momento?

R.- Si se atiende a las declaraciones y las iniciativas de los dirigentes políticos españoles, está claro que los políticos no son conscientes de la peligrosa deriva que está tomando España. Están, como los dirigentes de Bizancio, debatiendo sobre el sexo de los ángeles mientras se descomponía el imperio y los turcos asediaban las puertas de Constantinopla. La crisis institucional es muy grave, secular, y un riesgo económico muy evidente, porque la economía española está estancada, en el mejor de los casos, mientras que en otras zonas, como Asia, está creciendo. En esa coyuntura, los debates políticos en España son puramente testimoniales o prescindibles, sin ninguna vinculación con la gravedad del momento.

La democracia liberal, que es el mejor de los sistemas posibles, atraviesa ciclos de avance y estancamiento que no conviene descuidar

P.- Hay ensayos en la actualidad que advierten del riesgo de que se mueran las democracias, precisamente por no atender estas señales de alarma.

R.- La democracia liberal, que es el mejor de los sistemas posibles, atraviesa ciclos de avance y estancamiento que no conviene descuidar. En España estamos en uno de esos ciclos bajistas por agotamiento del impulso constitucional que se dio en la Transición. No quiero que se me confunda con esa tendencia tan española de querer matar a sus héroes, como ahora se quiere matar a los héroes de la Constitución, lo digo porque también es bueno detenerse y valorar qué ha pasado. Con la perspectiva que nos da el tiempo pasado, lo que vemos es que en España, ahora, hay más derechos y libertades, pero, sin embargo, hay menos igualdad entre los españoles, más crispación entre los territorios y una peor convivencia. Junto a eso, el crecimiento económico ha sido muy discreto, aprobado por los pelos. Por tanto, si hay más desigualdad y más tensión, debemos analizar qué ha pasado e intentar corregirlo. A mi juicio, la Constitución claramente ha fallado en el modelo territorial.

Manuel Pimentel. (F. R.)
Manuel Pimentel. (F. R.)

P.- He leído una entrevista suya de principios de 2010 que me parece profética por lo que ha sucedido en España desde entonces. Dijo usted: "Esta crisis será muy dolorosa y amplias capas de la población española volcarán su ira contra el sistema político". Faltaba todavía un año para que se produjera el 15-M y estallara el sistema bipartidista…

R.- Es que se trataba de atender solamente a la acumulación de ira que se estaba dando en la sociedad, un fenómeno, por cierto, que aún permanece. Y lo que me preocupa es que esa atmósfera de ira degenere en algo peor, que no iba a ser la primera vez que ocurra en la Historia de España, movimientos inquisitoriales, quema de efigies en la plaza publica… La crisis ha remitido un poquito, pero hay salarios bajísimos y las clases medias están trituradas de forma que cuando el panorama empeore, que va a empeorar, va a haber otro rebrote como sucedió entonces. A mi juicio, el ciclo económico va a volver a caer por la combinación de factores internacionales y la política errática del Gobierno, que parece diseñado para enfriar la economía y crear inseguridad.

La crisis ha remitido un poquito, pero hay salarios bajísimos y las clases medias están trituradas

P.- Produce pavor pensar en todo eso, una nueva crisis económica, otro estallido del malestar social, una atmósfera de ira, en la situación de grave crisis institucional que atravesamos…

R.- Es pavoroso, sí. Y solo tiene que fijarse en lo que le digo, el aumento de la tensión no solo en política sino en los debates ciudadanos, contra el que piensa diferente. No ocurre solo en España, pero me preocupa especialmente lo que está pasando aquí porque tenemos un sistema político muy debilitado y los populismos, de un lado y de otro, van a seguir creciendo. En política ocurre como en la Física, a cada acción siempre se opone una reacción igual pero de sentido contrario. No estaríamos en este mundo si no percibimos que en España existe un riesgo severo, no solo de inestabilidad parlamentaria y de gobierno. Algo peor, que esperemos que no llegue. Ojalá mejore la economía, porque en ese caso nos relajaremos todos.

Manuel Pimentel. (F. R.)
Manuel Pimentel. (F. R.)

P.- ¿Y vislumbra alguna salida posible, dada la urgencia del momento? Pactos de Estado, como aquellos Pactos de la Moncloa, por ejemplo. Aunque la clase política está de elecciones y se va a llevar así mucho tiempo.

R.- La clase política española no es consciente de la gravedad de la situación, acaso por este modelo endogámico que se ha consagrado con partidos políticos cerrados, una especie de 'partidos ministerio', en los que los líderes hacen carrera desde dentro, sin permeabilidad social. Están pensando a corto, en sus elecciones, y no perciben a dónde nos lleva la corriente del tumulto en el que estamos. Sería fundamental un gran acuerdo, al menos entre PSOE, PP y Ciudadanos, que garantice la unidad territorial, que en España es un sentimiento muy fuerte, y permitir algunos acuerdos para relajar la economía. ¿Se pueden hacer cosas? Por supuesto, para nada el futuro está escrito. Pero, sinceramente, lo que yo veo es que la clase política española está en una dinámica de autodestrucción. Si sigue esta inercia, soy muy pesimista sobre el futuro.

P.- También la sociedad española debería ser consciente de esa deriva en la que estamos.

R.- Hay un libro de Chaves Nogales de cuando viajó a la Alemania de 1933, cuando Hitler acababa de ganar las elecciones, es decir que era un líder democráticamente elegido; faltaban seis años para que estallara la Guerra. En ese momento, Chaves Nogales dice: "Alemania quiere entrar en guerra, llevaba tiempo buscando al líder que la condujera hasta ella, acaba de encontrarlo: se llama Adolf Hitler". Conviene detenerse mucho en esa reflexión. ¿Es Hitler quien mete a Alemania en una guerra o es la sociedad alemana la que busca a un líder para ir a una guerra? Los populismos funcionan así y, a su pregunta, es evidente que son las sociedades las que eligen a sus políticos. Aunque es evidente que es precisamente en esos momentos cruciales cuando son necesarios los buenos políticos que saben oír a las sociedades y canalizar democráticamente y darles respuesta a sus problemas, sus ansias, sus frustraciones. El mal político aprovecha esos estados de ánimo para utilizarlos a corto plazo, sin proponer nada constructivo.

¿Se pueden hacer cosas? Por supuesto. Pero veo que la clase política española está en una dinámica de autodestrucción

P.- Entre los síntomas más demoledores de la degradación de la clase política española están esos episodios de espionaje interno, como los que han llevado a la salida precipitada de la política a la exsecretaria general del PP, Dolores de Cospedal.

R.- Bueno, pero quizá ese juego sucio sea el que menos pueda sorprendernos. Recuerde aquellas grabaciones que manejaba el PSOE, a principios de los 90, con Txiqui Benegas hablando de sus compañeros y de Felipe González, al que llamaba "dios". A ver, que en todo caso se trata de episodios lamentables, inadmisibles, pero no todos los políticos caen en eso porque se trata de aplicar una mínima ética al comportamiento. Lo que pienso es que el sistema debería protegerse de esa tentación que siempre va a existir para algunos, una norma interna que haga imposible el espionaje.

Manuel Pimentel. (F. R.)
Manuel Pimentel. (F. R.)

P.- Hace unos días, por cierto, se publicó que usted decidió dimitir como ministro cuando se enteró de que Aznar y Arenas lo estaban espiando…

R.- Sí, lo he visto. Pero no me consta, no me constó entonces y, además, no me creo que lo hicieran. Desde luego, de Javier Arenas no me pega, no me pega nada, y de Aznar tampoco me pega. Ya le digo, de eso me he enterado ahora, por lo publicado, no me lo creo, y, en todo caso, no tuvo nada que ver con mi dimisión.

P.- ¿Y qué ocurrió con el informe de la UDEF, que se conoció el año pasado, en el que la Policía lo acusaba de cobrar comisiones millonarias del clan de los Pujol en países como Angola o República Dominicana?

Haber estado en política te dota de una piel gruesa para cuando suceden este tipo de episodios, pero lo peor es pensar que le puede pasar a cualquiera

R.- Aquello fue un absoluto disparate que, como es normal, quedó en nada. No llegó ni a los tribunales ni a ningún otro lugar, salvo a la prensa. Ni yo conozco a los Pujol ni tengo nada que ver con lo que decían… Cuando se publicó en todos los medios, lo desmentí y solicité una explicación a la Dirección General de Policía para que me dijeran cómo era posible que en un informe de la UDEF se incluyera semejante disparate, pero nadie me contestó nunca. Hasta hoy… No logro comprenderlo, no, todavía no he salido de la estupefacción que me produjo. Afortunadamente, haber estado en política te dota de una piel gruesa para cuando suceden este tipo de episodios, pero lo peor es pensar que le puede pasar a cualquiera. Es muy preocupante, sí…

P.- A ver si me aclaro: cuando se conoció ese informe, quienes gobernaban eran 'los suyos', el Partido Popular, con Zoido de ministro del Interior… ¿No le han dicho qué pasó?

R.- Yo nunca hablé con el ministro Zoido ni, obviamente, pedí nada. No se me hubiera ocurrido pasar por su despacho. Ya le digo que las personas que hemos estado en política nos dotamos de una piel de jabalí y, al dejar la política, tenemos que someternos a ciertas restricciones en la vida personal y profesional; debemos autocensurarnos continuamente porque siempre estamos bajo sospecha. Es triste que sea así, pero es la realidad: yo llevo 18 años fuera de la política pero soy tratado como si estuviera en el Gobierno. Yo no entro jamás en un despacho oficial, ni siquiera para pedir algún trámite como cualquier otro ciudadano. Sé que no puedo entrar porque va a ser malinterpretado.

Manuel Pimentel. (F. R)
Manuel Pimentel. (F. R)

P.- Usted ha estado sentado en el banco azul del Congreso. ¿Qué siente ante un episodio como el del otro día de Borrell cuando se enfrentó con el diputado de Esquerra, Gabriel Rufián?

R.- El personaje, Rufián, me produce un rechazo absoluto pero yo me quedo con la imagen posterior: en el mismo plano, estaban el ministro Borrell, de pie en el banco azul, con una gran dignidad, señalando con el dedo acusador, y la ministra de Justicia, Dolores Delgado, pidiéndole que se sentara, que se callara, que no hiciera ruido… Esa imagen representa a la perfección el debate interno que se vive en el Gobierno entre los que defienden que hay que plantarle cara al independentismo y los que prefieren la sumisión.

Pimentel: "Los políticos ignoran la peligrosa deriva que está tomando España"

P.- Usted participó como 'actor' en un anuncio publicitario de Ikea, en 2015. En aquel spot, dice usted: "Siempre se ha de escuchar a todas las partes para solucionar un conflicto". ¿Eso también tenemos que aplicarlo en un conflicto como el de Cataluña, en el que una parte se salta la ley?

R.- En una democracia siempre hay que escuchar a todas las partes, dentro del marco legal que nos hemos conferido: no hay democracia sin ley. Yo respeto a los independentistas de la misma forma que ellos tienen que respetarme a mí, y si hemos votado una Constitución entre todos, solo podemos cambiarla entre todos: a mí no me pueden privar los independentistas de mi derecho al voto. Por lo demás, los procesos judiciales que hay en marcha no es por lo que han dicho, que vienen haciéndolo libremente desde hace cuarenta años, sino por lo que han hecho. Y una vez que actúa la Justicia, no se debe entrar en cuestionar las decisiones judiciales porque yo sí me creo a los jueces. Lo que digan al respecto, lo respaldaré. Los independentistas que se han saltado la ley no pueden tener la más mínima esperanza de que en España se pueden saltar las leyes y quedar impunes. Fuera de la ley, no hay mediación posible.

Si el modelo territorial hubiera sido bueno, en la actualidad habría más armonía y más igualdad entre los españoles

P.- Decía antes que el modelo territorial que diseñó la Constitución ha fracasado. ¿Y no se está siendo injusto cuando se culpa al modelo cuando el problema es que unos gobernantes deciden saltarse la ley?

R.- No me refiero solo a Cataluña. Yo sustento mi afirmación en una evidencia: si el modelo territorial hubiera sido bueno, en la actualidad habría más armonía y más igualdad entre los españoles. El modelo autonómico de España, que tiene la virtud de la descentralización de servicios, ha degenerado en un modelo de 'mini-estados' en los que, al final, la administración no trabaja para los ciudadanos sino los ciudadanos para la administración. Es un sistema pesado, excesivo e ineficiente.

P.- ¿Por qué ha gobernado siempre el PSOE en Andalucía? ¿Por qué pierde siempre la derecha?

R.- Pues gobierna porque los andaluces lo votan. No hay otra explicación: los ciudadanos se sienten más identificados con ese modelo y porque creen que les va a ir mejor con ese partido. Hay miedo a la alternativa y las explicaciones son las mismas, pero a la inversa: la derecha, que solo ganó con Javier Arenas en 2012, aunque no pudo gobernar, no ha sabido identificarse tanto como el PSOE con la sociedad y porque en Andalucía, que sociológicamente se sitúa en el centro izquierda, ha existido una cierta agresividad hacia los valores que representa el Partido Popular. De todas formas, el fenómeno más importante, a mi juicio, es que todos los partidos se han ido adaptando al modelo de la Junta de Andalucía, que es un monstruo gigantesco que se come todos los presupuestos. El debate político andaluz es muy limitado y, en realidad, consiste en quién se pone al frente de ese monstruo que lo impregna todo, que ha sido asumido por todos y que ocupa todos los espacios.

Manuel Pimentel. (F. R.)
Manuel Pimentel. (F. R.)

P.- ¿Esa es la consecuencia de un régimen político? Partidos, sindicatos, patronal, asociaciones vecinales y profesionales… Todos participan de lo mismo.

R.- Yo no comparto esa expresión de régimen aplicada a Andalucía, sencillamente porque no lo es. Eso va de la mano con los cuatro tópicos que se repiten siempre, muchos de ellos despectivos hacia los andaluces, como el PER, el clientelismo o el conformismo de los andaluces… La victoria del PSOE es mucho más compleja que todo eso. Si se analizan las elecciones, se verá que ha existido una gran diversidad de voto, etapas en las que el PP ha ocupado muchos espacios de poder, pero se impone lo anterior que le decía, no se percibe que haya partidos que quieran cambiar la inercia existente de la Junta de Andalucía. El debate, insisto, está en el mantenimiento del mismo modelo con personas distintas. De todas formas, aunque sea esa mínima alternancia, estaría bien que se produjera.

[Consulta aquí el Especial de las elecciones en Andalucía]

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