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El BCE sacrifica el crecimiento para doblegar el alza de la inflación
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3,7 MILLONES DE HIPOTECAS SE VERÁN AFECTADAS

El BCE sacrifica el crecimiento para doblegar el alza de la inflación

Los tipos de interés más altos tendrán un efecto inmediato sobre la economía. No solo subirán las hipotecas y los préstamos, sino que la decisión del BCE, como consecuencia de ello, enfriará la actividad económica

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters/Wolfgang Rattay)
La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters/Wolfgang Rattay)
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Entre inflación y recesión, el BCE ha decidido dar prioridad a la lucha contra el alza de los precios. O, expresado de otra forma, la subida de los tipos de interés —medio punto en los tres tipos de referencia que utiliza el banco central para su política monetaria— tendrá a corto plazo un efecto relevante sobre el crecimiento económico, pero más tenue sobre los precios. Entre otras razones, porque su influencia sobre la evolución del crudo y de las materias primas es limitada al tratarse de un 'shock' de oferta y no de demanda. Otra cosa es su influencia sobre el consumo privado y la inversión al encarecer el precio del dinero, lo que afecta, fundamentalmente, a quienes estén endeudados, familias y empresas, o a quienes quieran hacerlo en el futuro.

Un dato, en el caso de España, lo dice casi todo. Al acabar el año pasado, el saldo hipotecario vivo ascendía a 627.106 millones de euros, con un tipo medio ponderado (entre fijo y variable) equivalente al 1,38%, y, aunque hoy tres de cada cuatro préstamos se firman a tipo fijo, el 75% del 'stock' acumulado durante años es todavía a tipo variable, lo que significa que, por cada punto que suban los tipos, el coste total sería de alrededor de 6.000 millones de euros.

La Asociación Hipotecaria Española estima que en estos momentos existen formadas alrededor de 3,7 millones de hipotecas. Según un reciente estudio de CaixaBank Research, en el caso de un incremento en el euríbor hasta el 1,8%, el esfuerzo hipotecario teórico para una familia aumentaría del 33,4% en el cuarto trimestre de 2021 hasta alrededor del 38% en el cuarto de 2023. El esfuerzo teórico se define como el porcentaje de la renta mediana de un hogar destinado al pago de las cuotas hipotecarias en el primer año tras la adquisición de una vivienda típica financiada con un préstamo por el 80% del valor de la vivienda.

Medio punto, por lo tanto, son alrededor de 3.000 millones que habrá que detraer de la renta disponible. El euríbor a un año, en realidad, ya había subido sin esperar a que el BCE endureciera formalmente su política monetaria. Comenzó el año en el -0,5% y ayer se situaba en el 1,16%. Los mercados esperan que, a finales de 2023, se sitúe ya entre un 1,8% y un 2%.

Influencia del BCE

Una subida de 1,5 puntos porcentuales en poco más de medio año refleja con claridad la influencia del BCE sobre los tipos a corto. Mientras que en enero los inversores estimaban que la primera subida de tipos del BCE sería en febrero de 2023, a finales de junio la ubicaban ya, como ha sucedido, este mismo mes de julio en los niveles actuales.

El BCE sube tipos al 0,5%, el doble de lo esperado.

La parte positiva para el sistema financiero es que los niveles de dudosidad hipotecaria, la morosidad, se encuentran en niveles muy bajos, en torno al 3%, tanto en el segmento de empresas como de hogares. Un escenario muy diferente al de hace una década, cuando el BCE inició su incursión en el proceloso mundo de los tipos negativos y de la compra de deuda pública y privada.

No será, sin embargo, la única subida, como sugirió ayer Christine Lagarde, la presidenta del BCE, si bien el ritmo y la intensidad de los incrementos dependerán de la marcha de los indicadores macroeconómicos. En particular, la evolución del IPC, que es probable que en agosto, por el efecto base, haya tocado techo.

Foto: Foto: EFE/Luis Tejido.

A medio plazo, con esta estrategia, el BCE espera que la inflación (ahora en el 8,6% en la eurozona) se vaya doblegando hacia el entorno del 2%, que es el objetivo del banco central a medio plazo. Pero, en lugar de hacerlo instrumentando subidas cortas de un cuarto de punto, como ha sido tradición en Fráncfort, a través de incrementos más agresivos, en línea con lo que hacen la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra.

Las expectativas de un menor crecimiento como consecuencia del endurecimiento de la política monetaria, no solo en Europa, sino en la economía global, son, precisamente, lo que explica el descenso del precio de las materias primas en las últimas semanas. El gas en el mercado holandés se mueve en torno a los 155 euros (hace apenas dos semanas superaba los 180 euros), mientras que el petróleo cotiza a 103 dólares, cuando hace menos de un mes costaba cerca de 120 dólares.

Tono neutral

La agresividad de la subida, en todo caso, parece indicar las prisas que tienen los banqueros centrales —el BCE es el que ha reaccionado de forma más lenta— por normalizar la política monetaria y conseguir que tenga un tono neutral, que podría situarse, según el consenso del mercado, entre el 1,5% y el 2%.

Foto: La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. (EFE/EPA/Olivier Hoslet) Opinión

Y nada mejor que aprovechar el actual 'shock' energético para acelerar “reunión a reunión”, como dijo Lagarde, el cambio de sesgo, aunque sea temporalmente a costa del crecimiento en unos momentos en los que el empleo (el paro se sitúa en el 6,6%) se comporta de forma robusta, las cadenas de aprovisionamientos sufren menos restricciones, hay un ahorro importante embalsado tras la pandemia y, al mismo tiempo, se mantienen las políticas fiscales expansivas (suspensión de las reglas fiscales y distribución de los fondos Next Generation) sin que estén creciendo los déficits (2,3% del PIB en la eurozona).

Justo en el lado contrario, sin embargo, se encuentra el deterioro de la confianza de los agentes económicos en el futuro de la economía a causa de la inflación, lo que a su vez influye de forma decisiva en el consumo. El BCE confía en que, si familias y empresas ven que el IPC se modera —por su efecto sobre la demanda interna—, el incremento de la confianza de familias y empresas sobre la economía tirará de la actividad. La inflación, al contrario que otros indicadores económicos, tienen un fuerte componente psicológico, ya que es perfectamente observable en el bolsillo de los consumidores y de los ahorradores. De hecho, influye de forma muy relevante en el efecto precaución: menos gasto ante las incertidumbres económicas.

Quedan atrás, por lo tanto, ocho años consecutivos de tipos de interés negativos que alimentaron el crecimiento económico tras la anterior crisis financiera, pero que hoy son inútiles para combatir la inflación. Lógicamente, a la espera de lo que pase con el mercado de la energía, que es el principal componente que tira de los precios.

Entre inflación y recesión, el BCE ha decidido dar prioridad a la lucha contra el alza de los precios. O, expresado de otra forma, la subida de los tipos de interés —medio punto en los tres tipos de referencia que utiliza el banco central para su política monetaria— tendrá a corto plazo un efecto relevante sobre el crecimiento económico, pero más tenue sobre los precios. Entre otras razones, porque su influencia sobre la evolución del crudo y de las materias primas es limitada al tratarse de un 'shock' de oferta y no de demanda. Otra cosa es su influencia sobre el consumo privado y la inversión al encarecer el precio del dinero, lo que afecta, fundamentalmente, a quienes estén endeudados, familias y empresas, o a quienes quieran hacerlo en el futuro.

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