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"No creo que Europa esté en decadencia y la amenaza a las libertades la hará más fuerte"
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ENTREVISTA A ODED GALOR

"No creo que Europa esté en decadencia y la amenaza a las libertades la hará más fuerte"

En vez de contar la historia centrándose en guerras, reyes y revoluciones, Galor viaja en el tiempo a lo largo de su libro parándose en pequeños detalles que cambiaron el porvenir de la humanidad para siempre

Foto: Oded Galor. (Cedida)
Oded Galor. (Cedida)
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Oded Galor habla desde su despacho en la Universidad de Brown, una de las más prestigiosas del mundo. Este profesor nacido en Israel que roza los 70 años lleva con modestia ser uno de los nombres que todos los años suenan para el Nobel de Economía. Lo que no es nada modesto es el propósito de ‘El viaje de la humanidad’ (Ed. Destino), el libro que acaba de publicar en 30 países simultáneamente para condensar una historia económica de la humanidad en apenas 300 páginas. Teniendo en cuenta que la Teoría del Crecimiento Unificado de Galor se remonta más de 300.000 años atrás para explicar la estructura económica de la sociedad, sale a menos de 1.000 años por página.

En vez de contar la historia centrándose en guerras, reyes y revoluciones, Galor viaja en el tiempo a lo largo de su libro parándose en pequeños detalles que cambiaron el porvenir de la humanidad para siempre. Desde el control del fuego y su efecto en la posibilidad de cocinar alimentos como impulsor del crecimiento del cerebro humano a por qué la llegada del tractor cambió la educación infantil hace un siglo o cómo las polillas se volvieron cada vez más negras en la Inglaterra de la Revolución Industrial para sobrevivir. El libro tiene saltos constantes en el tiempo que pueden hacer perder el hilo a quien prefiera una narración cronológica de la historia, pero ni la innovación, ni la desigualdad ni el progreso han sido necesariamente lineales ni, según argumenta Galor, inevitables.

¿Por qué hay que remontarse hasta el Neolítico para entender la desigualdad en la sociedad?

¿Por qué hay que remontarse hasta el Neolítico para entender la desigualdad en la sociedad actual? "Entendiendo nuestra historia es como podemos mejorar el futuro”, dice Galor en la entrevista por videollamada que atiende desde Providence, al sur de Boston. Insiste en destacar desde el primer momento que su obra plantea “una visión optimista del futuro". Su objetivo principal es responder una de las grandes preguntas de la economía: ¿por qué algunas sociedades son ricas y otras pobres y qué puede hacerse para solucionar la trampa de la pobreza? "Solo entendiendo las raíces de la desigualdad podremos superarla", insiste.

Progreso vs. desigualdad

Para este economista israelí afincado en EEUU, hay dos misterios fundamentales. Uno es por qué el estancamiento económico duró tantos miles de años con pocas variaciones, y el otro es el misterio de la desigualdad, es decir, por qué en los últimos dos siglos la tecnología, la ciencia y la innovación han provocado un cambio de modo de vida tan inaudito en la historia del Homo sapiens pero a la vez han generado una desigualdad inaudita entre territorios e individuos.

Para destacar lo extraordinarios que han sido estos últimos 200 años en la historia de la humanidad en términos de prosperidad, Galor compara en su libro la renta per cápita y los salarios de los trabajadores no cualificados de diferentes países durante miles de años y lo poco que fluctuaron: “En concreto, se calcula que un jornal equivalía a siete kilos de granos de trigo en Babilonia y cinco kilos en el Imperio asirio, hace más de 3.000 años, a entre once y quince kilos en Atenas, más de 2.000 años atrás, y a cuatro kilos en el Egipto del Imperio romano. De hecho, incluso a las puertas de la Revolución Industrial, los salarios en los países de Europa occidental se mantuvieron en este estrecho rango: diez kilos de trigo en Ámsterdam, cinco en París y entre tres y cuatro en Madrid, Nápoles y otras ciudades de España e Italia".

"La mayor parte de la desigualdad que vemos hoy en día puede rastrearse en fuerzas que operaron hace decenas de miles de años"

Desde la Revolución Industrial, Galor calcula que la renta media per cápita en todo el mundo se ha multiplicado por 14 y la esperanza de vida se ha más que duplicado. El problema, también el gran desafío de nuestro tiempo, es que esta enorme mejora del nivel de vida se ha repartido de forma muy desigual por todo el planeta y también de forma muy dispar dentro de las sociedades mismas. "La mayor parte de la desigualdad que vemos hoy en día puede rastrearse en fuerzas que operaron hace decenas de miles de años", afirma Galor. "En el curso de la transición del estancamiento al crecimiento, las sociedades no despegaron a la vez. El norte de Europa empezó a crecer a principios del siglo XIX y otras sociedades no empezaron hasta finales del siglo XX".

Sin embargo, Galor se apresura en aclarar que encontrar las raíces del problema no tiene un espíritu determinista ni conlleva que las sociedades humanas se vean inevitablemente atrapadas por la historia y la geografía: "Para remediar la desigualdad del presente hay que entender por qué unas sociedades despegaron y otras lo vieron retrasado, y eso nos lleva a los factores profundos, desde el colonialismo a las instituciones, geografía, la cultura y la diversidad humana".

placeholder Oded Galor. (Cedida)
Oded Galor. (Cedida)

La historiadora económica Deirdre McClosey decía que "la Revolución Industrial no fue la era del vapor ni del algodón ni del acero, sino que fue la era del progreso"… ¿Es la nuestra la era del progreso y la innovación o lo es más bien de la desigualdad? "No pueden separarse las dos cosas", responde Galor, que también ha sido profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en la que es profesor Yuval Harari. "La Revolución Industrial supuso el progreso en todas sus dimensiones, una revolución filosófica en el contexto de la Ilustración, una revolución científica y un progreso tecnológico. Y en el siglo XXI vemos que el progreso tecnológico se está acelerando más y esta aceleración está trayendo una desigualdad enorme en el planeta. Ambas dimensiones no se pueden separar, porque tanto el progreso tecnológico como el aumento de la desigualdad definen el comienzo de este siglo XXI". Galor es también optimista al creer que esa tecnología y capacidad de innovación pueda ponerse en los años venideros a resolver precisamente la desigualdad que ha generado.

El error del FMI

¿Vivimos entonces el momento de mayor progreso y desigualdad de la historia? Aunque una cosa es la desigualdad entre países y otra la desigualdad dentro de los países, "lo que vemos recientemente es que ambas están aumentando enormemente. Y la desigualdad entre individuos está cerca de su pico".

Para salir de la trampa de la pobreza, el economista explica en 'El viaje de la humanidad’ un amplio catálogo de fuerzas culturales, tecnológicas y educativas que permiten a los países volverse ricos, pero son recetas más bien generales. La educación es uno de esos factores clave para reducir la desigualdad y fomentar el desarrollo económico de una sociedad, pero a Galor no le valen las recetas universales. Por ejemplo, no es lo mismo el tipo de impulso cultural que necesita Etiopía que el que necesita Bolivia.

Según este economista, el progreso tecnológico requiere que las sociedades se vuelvan no solo mejor educadas sino más diversas, porque es en el intercambio de ideas que florece en las grandes ciudades donde la historia demuestra que surgen las grandes innovaciones que fomentan el progreso. Entonces Etiopía, que es una sociedad ya muy diversa, lo que necesitaría es trabajar la cohesión social y el respeto a la diferencia, mientras que Bolivia se beneficiaría de más diversidad, caldo de cultivo del pensamiento innovador.

Los políticos que tienen visión a largo plazo pueden beneficiar muchísimo a sus economías

Galor critica abiertamente que organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional "diseñen programas de educación pensando en todas las sociedades del mundo en desarrollo como una misma realidad y propongan una política que se supone que debe ayudar a toda la población por igual como si fuera una única receta del crecimiento económico". Sin embargo, según él, cada país necesita diferentes políticas públicas específicas para mitigar la pobreza y la desigualdad dependiendo de cuáles sean los orígenes de las mismas. De ahí la importancia de identificar sus raíces para los programas de desarrollo.

Si las sociedades más diversas culturalmente son más prósperas, ¿por qué a menudo no se percibe como oportunidad sino como amenaza? ¿Por qué las críticas a la inmigración y la diversidad cultural están sirviendo como combustible de los movimientos populistas en las sociedades ricas, de la Francia de Le Pen a la América de Trump? "La complejidad aquí es el cortoplacismo de una parte de la población y el efecto inmediato que la inmigración puede tener en la cohesión de la sociedades”, responde Galor. "Los beneficios de una oleada de inmigración en términos de progreso e innovación pueden llegar con un retraso de unas décadas, pero el coste se percibe como inmediato. El resultado es que algunos políticos utilizan esto para explotar la idea de que hay que acabar con la inmigración y suprimir la diversidad. Sin embargo, la visión de que la inmigración es negativa es muy cortoplacista. El argumento de que ya hay mucha diversidad se podía haber hecho ya en los EEUU de principios del siglo XIX y, por el contrario, es precisamente la inmigración y el aumento de la diversidad lo que ha ayudado a este país a crecer económicamente. La tensión es entre cortoplacismo y visión a largo plazo. Los políticos que tienen visión a largo plazo pueden beneficiar muchísimo a sus economías".

"Desde ese punto de vista, la migración de gente desde los pueblos a las ciudades es prometedora en términos de innovación"

En su análisis de los beneficios que puede tener la diversidad para el crecimiento económico, Galor destaca también la importancia de los núcleos urbanos como motor del crecimiento y la necesidad de fomentar la movilidad social para que el talento no se quede atrapado en un lugar que no le permita desarrollarse plenamente: "El progreso tecnológico se fomenta por la difusión de ideas en un entorno cercano. De ahí que sea importante estar rodeado de gente innovadora para generar la siguiente ola de tecnologías. Desde ese punto de vista, la migración de gente desde los pueblos a las ciudades es prometedora en términos de innovación".

El prometedor futuro de Europa

Al explicar disparidades entre regiones, Galor detalla en el libro numerosas razones que llevaron a Europa a ser durante siglos el continente más rico del planeta. ¿Por qué la Revolución Industrial comenzó en el norte de Europa y EEUU y no en otro sitio? ¿Por qué tardó más de siglo y medio en extenderse o, en algunos países, aún está por llegar? Hay razones geográficas, como el clima templado y lluvioso (hasta el siglo XVI, el cultivo dominante en Europa era la cebada, que rendía casi el doble de calorías diarias potenciales que el cultivo correspondiente en el África subsahariana), ventajas agrícolas que repercutieron en una mirada más a largo plazo de los europeos, más orientados al futuro, lo que animaba más a las familias a gastar en educación y adoptar nuevas tecnologías. Estar divididos en diferentes países y tradiciones, argumenta además Galor, fue beneficioso para la prosperidad porque hizo Europa más fértil también en intercambio de ideas.

¿Ha llegado Europa a un momento de decadencia? "No lo creo. La tendencia económica que veo en las próximas décadas es que veremos tres poderes en el mundo. Norteamérica, Europa y China. Y la UE es un contrincante en el nuevo orden mundial. Soy optimista respecto al rol de Europa en el futuro”, afirma Galor. Ni siquiera la incertidumbre que genera la guerra en Ucrania le nubla ese optimismo. "Es una tragedia humanitaria para los ucranianos, pero es también un momento en el que Europa se ha dado cuenta de forma repentina de lo preciosa que es la libertad y la necesidad de luchar por ella. Además, fuera de la coalición europea hay países, como Suecia y Finlandia, que están uniendo fuerzas para hacer frente a la amenaza autoritaria. El miedo de que estén en peligro las libertades está uniendo el continente y lo puede volver más fuerte en lo político y lo económico".

El secreto para el crecimiento económico y la mitigación de la desigualdad es la igualdad de oportunidades

Al preguntarle a Galor qué consejo daría a los políticos españoles para reducir la desigualdad en un país que encabeza las tasas de paro del continente, no duda un segundo: "El elemento más importante es generar igualdad de oportunidades, que cualquier individuo que quiera invertir en su educación pueda hacerlo. No debería darse el caso de que la gente, por falta de recursos, no pueda invertir en mejorar su educación. Es difícil crear igualdad en ingresos, pero no es difícil crear igualdad en oportunidades. Los políticos deben centrarse en que cada niño pueda desarrollarse en plenitud. La educación debería estar disponible para todos los individuos igual que el crédito debe ser accesible a todos aquellos que quieran emprender. El secreto para el crecimiento económico y la mitigación de la desigualdad es la igualdad de oportunidades. Y en ello es en lo que se deberían centrar los políticos".

Oded Galor habla desde su despacho en la Universidad de Brown, una de las más prestigiosas del mundo. Este profesor nacido en Israel que roza los 70 años lleva con modestia ser uno de los nombres que todos los años suenan para el Nobel de Economía. Lo que no es nada modesto es el propósito de ‘El viaje de la humanidad’ (Ed. Destino), el libro que acaba de publicar en 30 países simultáneamente para condensar una historia económica de la humanidad en apenas 300 páginas. Teniendo en cuenta que la Teoría del Crecimiento Unificado de Galor se remonta más de 300.000 años atrás para explicar la estructura económica de la sociedad, sale a menos de 1.000 años por página.

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