Cuatro años, mil escándalos: los cinco momentos más crudos de Donald Trump
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Cuatro años, mil escándalos: los cinco momentos más crudos de Donald Trump

Un 20 de enero de cada cuatro años, si no hay cambios, el Capitolio acoge la celebración de la investidura del nuevo presidente. La llegada de Joe Biden pone fin al mandato más polémico de la historia de Estados Unidos

Foto: Donald Trump frente a una bandera de Estados Unidos. (Reuters)
Donald Trump frente a una bandera de Estados Unidos. (Reuters)

Han pasado 1.461 días desde el momento en el que el hasta entonces solo magnate Donald Trump asumió el cargo de presidente de Estados Unidos. El republicano arrancó su mandato en unas circunstancias completamente diferentes a las que hace frente ahora su sucesor, Joe Biden, en plena pandemia global, y pocos días después de que el Capitolio se convirtiera en escenario de un asalto a manos de los seguidores trumpistas; pero también deja tras de sí cuatro años de una de las legislaturas más polémicas de la historia de Estados Unidos y que lo convierten, quizás, en el presidente más controvertido desde Richard Nixon, quien acabó dimitiendo de su cargo tras salir a la luz el caso conocido como Watergate. Incluso uno de los periodistas que estuvo detrás de esta investigación, Carl Bernstein, definió a Trump, poco después de su investidura, como un "enemigo del pueblo".

Lo cierto es que los 1.461 días durante los cuales el republicano ha estado al frente de la Casa Blanca no han estado exentos de polémica. Desde el primer día. Según varios documentos a los que tuvo acceso en exclusiva el diario 'The Guardian', el equipo del presidente se vio obligado a editar las fotos oficiales de la toma de posesión para que la multitud de personas concentradas frente al Capitolio paciera mucho mayor. En apenas unos días, Trump removió a medio planeta aplicando lo que se conoció como el veto antimigratorio en el país: firmó un decreto ley impidiendo la entrada a Estados Unidos de todos los refugiados durante 120 días, y congelando la concesión de visados durante 90 días a ciudadanos de Siria, Libia, Irán, Irak, Sudán, Yemen y Somalia. Antes de terminar su primer verano en la Casa Blanca, Trump quiso comprar Groenlandia. No hubo una oferta en firme, aunque sí solicitó a sus asesores que averiguaran si era posible adquirir esta inmensa isla, territorio danés pero autónomo, donde el Gobierno estadounidense construyó durante la guerra fría una base aérea, en Thule.

Después llegó la orden de construir un muro entre Estados Unidos y México —que iban a pagar, por supuesto, los mexicanos—, su intención de poner fin a las denominadas ciudades santuario —localidades en las que las instituciones policiales se niegan a deportar a indocumentados que hayan cometido un delito grave, o tienen órdenes de no hacerlo—, su desmantelamiento de las políticas de 'Obamacare' (o Ley de Cuidado Asequible)... 1.461 días cargados de polémicas. Muchas de ellas, por supuesto, en la red social que a día de hoy ya no puede utilizar, al menos desde el que había sido siempre su perfil oficial. @realDonaldTrump, su cuenta de Twitter, fue suspendida de manera permanente un par de días después del asalto al Capitolio debido a sus comentarios: la red social consideró que incitaban a la violencia.

Sin embargo, y hasta que la legislatura llegó (casi) a su final, fue su principal herramienta de comunicación, y no solo en momentos intrigantes sin relevancia política —como aquel 'covfefe' que puso en vilo a toda la red social—, sino también en instantes de máximas tensiones, internos o de Estados Unidos con otros países: a través de tuits, Trump fue reforzando sus posturas, y haciéndolas llegar a todo el planeta en cuestión de minutos. Virtualmente o en carne y hueso, el magnate neoyorquino, que dice adiós a la Casa Blanca y pasa a la historia como el 45.º presidente de Estados Unidos, ha estado siempre envuelto en controversia.

La protección del ¿asesino? de Khashoggi

placeholder Donald Trump, junto al príncipe saudí Bin Salman. (Reuters)
Donald Trump, junto al príncipe saudí Bin Salman. (Reuters)

En octubre de 2018 el periodista saudí Jamal Khashoggi, exiliado en Estados Unidos, desapareció de la faz de la tierra. La última vez que se le vio con vida fue entrando en el consulado saudí en Estambul, y nunca jamás se supo nada de él. El mismo día que él entraba en el consulado, aterrizaban en Turquía más de una docena de saudíes, delegación que visitó el mismo consulado donde se encontraba el reportero; uno era experto forense en la agencia de seguridad interna de Riad, otros cinco, próximos al príncipe saudí, Mohamed Bin Salman.

Foto: Turquía durante el registro en la residencia del cónsul saudí en Turquía. (EFE)

La prensa estadounidense y turca se fue haciendo eco de información que iba viendo la luz, como una serie de grabaciones de sonido que revelaban que el periodista había sido descuartizado vivo, en la misma legación diplomática, mientras sus asesinos escuchaban música. Dos años después, en 2019, se celebró el juicio por el caso Khashoggi, y cinco personas fueron condenadas a muerte por ello —aunque se salvaron de la ejecución gracias al perdón de la familia—. Nunca se dieron sus nombres. Aun así, en plena investigación, el propio Trump dejó claro que su Gobierno nunca castigaría ni al reino saudí ni al propio príncipe, a pesar de las conclusiones a las que habían llegado los servicios de inteligencia. "Tal vez lo sabía, tal vez no (...). Podríamos no llegar a conocer nunca todos los hechos que rodean el asesinato de Jamal Khashoggi". Y así fue.

Las familias separadas en la frontera

Cuando Donald Trump llevaba un año y medio al mando de la Casa Blanca, la revista 'Time' llevó a su portada una imagen que dio la vuelta al mundo: el presidente, frente a una niña llorando; nada más. 'Welcome to America'. Aunque la verdadera historia de esa pequeña apuntaba a que la imagen no era la de una niña separada de su madre, unos meses atrás el mandatario había comenzado su 'cruzada' contra la inmigración en la frontera con México, en lo que él denominó 'política de tolerancia cero' con la inmigración ilegal y que acabó con más de 2.000 niños separados de sus padres, muchos de ellos retenidos e incluso encerrados en jaulas metálicas de las que solo salían para ir al baño.

Aunque su política comenzó a ejecutarse de manera oficial en abril, se conoció tiempo después que el Gobierno había comenzado con las separaciones de familias un año antes, como parte de un programa piloto secreto. En octubre de 2020, dos años después desde que la polémica saltara a la prensa, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), denunció públicamente que no había conseguido encontrar a las familias de 545 de los niños separados en la frontera.

La 'llamada' de Trump a Ucrania

Tras algo de ruido y una denuncia, en septiembre de 2019 salió a la luz la información acerca de una llamada telefónica que había realizado el presidente a su homólogo ucraniano, Vladímir Zelenski, en la que el estadounidense pedía varias veces a Kiev que investigara al exvicepresidente (y ahora presidente) Joe Biden. En la llamada, que había tenido lugar el mes de julio anterior, Trump insistía en varias ocasiones pidiendo el "favor" de investigar lo que había detrás de una acusación contra el hijo de Biden, Hunter, que había sido asesor en una empresa ucraniana de gas, y cuya acusación habría paralizado, presuntamente, el ahora presidente. "Me gustaría que nos hiciese un favor, porque nuestro país ha pasado por mucho y Ucrania sabe mucho de ello (...). Me gustaría llegar al fondo", fueron algunas de las palabras de Trump. Y, aunque públicamente el ahora expresidente dijo que solo pedía un "favor", lo cierto es que Trump llegó a bloquear fondos de asistencia estadounidense (unos 400 millones de dólares) al país como medida de presión a Zelenski.

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Captura de la primera página de la transcripción de la llamada.

Esta situación llevó a la presidenta de la Cámara Baja del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi, a iniciar el primer 'impeachment' contra Trump, el cuarto en la historia de Estados Unidos, alegando que nadie, ni siquiera el presidente, "está por encima de la ley". El republicano fue sometido a su primer 'juicio político' por obstrucción al Congreso y abuso de poder, aunque gracias al Senado, entonces de mayoría republicana, se libró de él. Después de ese 'impeachment' sobre la cabeza de Trump pesa otro, convirtiéndose así en el primer presidente de Estados Unidos en ser sometido a dos 'impeachments' (y en menos de cuatro años).

La gestión de la pandemia de coronavirus

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Donald Trump, junto a Anthony Fauci y Deborah Birx. (EFE)

Aunque la pandemia continúa —hace apenas una semana Estados Unidos registraba, por vez primera, más de 4.500 muertos por covid-19 en un solo día—, su gestión desde el inicio ha sido controvertida. "El coronavirus va a desaparecer. Será como un milagro y un día habrá desaparecido". La política de Trump para frenar la pandemia se centró, principalmente, en mucha fe y poca ciencia. En abril, siendo ya conocedor de lo que el desinfectante podría hacer al virus, sugirió que se tratase la enfermedad provocada por este coronavirus con "una inyección de desinfectante" o aplicando "luz solar" en el cuerpo humano. "Veo que el desinfectante lo noquea en un minuto, en un minuto. ¿Hay alguna manera de que podamos hacer algo como una inyección dentro o casi una limpieza? Como pueden ver, llega a los pulmones y alcanza una cifra tremenda en los pulmones, por lo que sería interesante comprobar eso", dijo en la misma rueda de prensa en la que propuso tirar de luz solar, al asegurar que el virus "muere rápido" cuando está expuesto a esta.

Trump ha sido una de las caras visibles (y tan visibles) de la lucha contra las mascarillas, tanto que incluso llegó a pedir a Jeff Mason, corresponsal de la agencia de noticias Reuters en la Casa Blanca, que se la retirara para poder hacer una pregunta durante una rueda de prensa. Mason se negó no una, sino dos veces, y optó por elevar la voz para que el presidente pudiera escucharle. Pero no solo eso: el presidente ha venido insistiendo en las teorías de la mentira en torno al origen del covid-19, llegando incluso a señalar a los Centros de Control de Enfermedades Infecciosas de su propio país (CDC, por sus siglas en inglés), a los medios, a los demócratas (por supuesto) y a "nuestros médicos" de mentir sobre el coronavirus. Todo esto le llevó a tener que aclarar que mantenía una "buena relación" con el principal responsable científico de la lucha contra el covid, el "Fernando Simón estadounidense", el doctor Anthony Fauci, con quien ha discrepado en todo momento acerca de la gestión de la pandemia.

El fraude electoral y el asalto al Capitolio

Joe Biden llega este miércoles a la Casa Blanca como presidente, aunque el camino no ha sido fácil. Las últimas elecciones acabaron con unos resultados ajustados, que iban tiñendo de un color u otro varios estados clave según avanzaban los recuentos; sin embargo, al tener los datos definitivos, Trump se enfadó. Desde entonces, ha dirigido una campaña en torno a un hipotético "fraude electoral" que no ha podido ser confirmado por ninguna institución, a pesar de haber insistido, por activa y por pasiva, en que era poseedor de pruebas que demostraban ese fraude y cuestionaban la integridad del sistema electoral. "Es un sistema corrupto y hace que la gente se corrompa (...). Están tratando de amañar unas elecciones y no podemos dejar que eso ocurra. Nuestro objetivo es defender la integridad de las elecciones, por lo que no permitiremos a los corruptos que nos roben": esta fue una de las declaraciones más polémicas realizadas, hasta la fecha, por un presidente del país.

Con esa máxima y bajo esa misma bandera, se congregaron miles de personas —muchas, siguiendo el ejemplo de Trump, sin mascarillas— en torno al Capitolio el día que el Congreso tenía que certificar el triunfo electoral de su oponente, el ahora presidente Biden. La concentración, para manifestar el profundo rechazo de los trumpistas a los resultados de las elecciones del 3 de noviembre, acabó en un asalto (literal) al Capitolio, símbolo de la democracia, en el que entre intervenciones y enfrentamientos perdieron la vida cuatro manifestantes y un agente de policía, amén de que hubo múltiples heridos.

'Bonus track': acusaciones de acoso sexual

Eran cinco los escándalos más crudos, aunque hay muchos entre los que escoger. Uno de ellos ha pasado un poco de puntillas durante esta legislatura. Ya antes de convertirse en presidente planeaba sobre él una denuncia por abuso sexual: Jill Harth había demandado a Trump en 1997 por un intento de violación, cinco años antes, en la torre que lleva su nombre en Nueva York. "Me llamaba constantemente (...). Voy a ser el mejor amante que hayas tenido nunca", llegó a decirle. Harth contó la historia hace unos cinco años, después de que, tras haber pasado años "en términos amistosos", Trump la llamara mentirosa. La columnista E. Jean Carroll, periodista en la revista 'Elle' desde 1993, acusó al mandatario de haber intentado violarla en el vestuario de una tienda en la década de los 90, tal y como recoge la cadena BBC.

Hace apenas unos días, la exmodelo Amy Dorris acusaba públicamente al ya expresidente de haberla agredido sexualmente durante el torneo de tenis US Open de 1997, en Nueva York, cuando ella tenía solo 24 años y él, casado con Marla Maples, 51. "Me metió la lengua hasta la garganta y lo rechacé. Pero me agarró más fuerte, sus manos me apretaban mucho el trasero, los pechos, la espalda. Todo. No podía soltarme (...). Al final le tuve que empujar con los dientes, creo que pude hacerle daño en la lengua", explicó, en entrevista con 'The Guardian'. No han sido pocas las que lo han acusado (y lo siguen haciendo).

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