Una semana en Massachusetts

Tú a Boston y yo a Salamanca: viaje al brazo europeo de Estados Unidos

Las oleadas de inmigrantes europeos han contribuido a transformar la cuna de la revolución americana en la compacta capital del conocimiento científico

Foto: Vista general del puerto de Boston.
Vista general del puerto de Boston.

Una boca de riego desborda la monotonía en pleno centro de Boston. Ante el charco que forma junto a Copley Square se frena un chófer de autobús novato que entorpece el paso a un camión de los helados, pero a nadie más que ellos dos parece importarle. El temperamento de los conductores locales no es tan desmesurado como sus coches y se parece más a un eficiente Volkswagen que a un pretencioso Dodge. A sólo unos metros se alza la iglesia de la Trinidad, cumbre de la arquitectura historicista popularizada por Henry Hobson Richardson, que aprendió los secretos del románico en París y calcó la Torre del Gallo de la Catedral Vieja de Salamanca para rematar el alma de la ciudad.

No es la única deuda que los bostonianos tienen con Europa. Como Dorothy, pueden ir tras las huellas de su pasado colonial siguiendo un sendero de ladrillos rojos que recorre la urbe hasta llegar a Charlestown, refugio histórico de la inmigración irlandesa desde que San Patricio diera la espalda a su pueblo. Será imposible tachar de la lista la taberna del dragón verde, el centro de reunión clandestino donde se prendió la mecha de la independencia, demolido en 1854 y suplantado más tarde en la esquina opuesta de la manzana por un pub que se vende como "el cuartel general de la revolución".

En la ribera izquierda del río Charles está la primera universidad de Estados Unidos, aunque el prestigio de Harvard ha superado hasta tal punto al de sus hermanas mayores en el viejo continente que los turistas hacen cola en el campus para frotar el pie izquierdo de una estatua que honra a su primer benefactor, ignorando que en las noches de juerga estudiantil la punta de ese zapato —desgastada con un lustroso dorado— ha sostenido mucho más que los sueños acádemicos. Hoy rivaliza con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), la mejor escuela de ingeniería del mundo, que puede presumir de ilustres egresados como Tim Berners-Lee, Richard Feynman o Noam Chomsky.

La Universidad de Harvard y el MIT componen uno de los focos culturales más importantes del mundo en Cambridge, ciudad a las afueras de Boston

Cuando se fundaron los primeros centros de educación superior, el vínculo atlántico era más estrecho y los mercantes europeos desembarcaban cargados de cítricos para hacer frente al escorbuto. Ahora los yates deportivos y los astilleros comparten la salida al océano y los aguacates han sustituido a las naranjas en Haymarket, donde se escuchan gritos de mercadillo con acentos del mundo. Uno de los más peculiares proviene de un niño con gorra que ayuda en el puesto de hortalizas de su padre. Un señor le paga un dólar por una libra de tomatillo verde y el chaval bromea mirando el billete al trasluz: "Vamos a comprobar si es verdadero".

La iglesia de la Trinidad se refleja en el Hancock Place, el rascacielos más alto de Nueva Inglaterra.
La iglesia de la Trinidad se refleja en el Hancock Place, el rascacielos más alto de Nueva Inglaterra.
Una ardilla, agazapada sobre una tumba de Central Burying Ground.
Una ardilla, agazapada sobre una tumba de Central Burying Ground.

La langosta es el cerdo de aquí y la sopa de almejas el salmorejo, aunque la gastronomía local presenta muchas más opciones que los 'lobster rolls' —sándwiches rellenos de langosta— o las 'clam box' —el molusco en formato comida rápida— que triunfan en verano. La elección fresca está en Night Shift Brewing, una cervecería modernita junto a una macrotienda de Converse; y la de buen comer en Sweet Cheeks, una taberna tejana de bandejas metálicas y patas de buey sobre la mesa; mientras que la experiencia sensorial va más allá del paladar en cualquier terraza florida de Little Italy.

"Podemos erigir todos los grandes edificios que queramos, pero a menos que las futuras generaciones piensen que este es un lugar mejor para vivir no tenemos nada que hacer". Esta es la frase tatuada en los adoquines que inauguran Quincy Market, el segundo gran epicentro del comercio local. Al lado opuesto de la calle, un mastodóntico edificio brutalista que nadie tomaría por ayuntamiento es la única construcción que da por buena la filosofía de Kevin Hagan, alcalde entre 1968 y 1984, pues la frontera entre lo histórico y lo funcional se difumina por completo en el distrito financiero, donde los gigantes de cristal y aluminio eclipsan la Antigua Casa del Estado, de triste recuerdo por acoger la Masacre de Boston.

Panorámica de la ciudad desde Prudential Tower.
Panorámica de la ciudad desde Prudential Tower.

Otra tragedia tuvo lugar en 2013. Un 15 de abril, los atletas de la costa este se echaban a la calle como cada año para disputar una de las maratones más famosas del país cuando dos explosiones desataron el pánico, una a apenas 200 metros de la meta y la segunda en el 755 de Boylston Street. Dos vallas del Ayuntamiento anuncian homenajes a las víctimas en estos dos puntos exactos que los corredores bordean sin miedo edición tras edición, porque la ciudad no ha perdido las ganas de correr. El deporte es una parte esencial de su identidad: se sienten como propios los trofeos de la Superbowl levantados por los New England Patriots, los tres anillos con los que el mítico Larry Bird elevó al Olimpo del baloncesto a los Boston Celtics y el histórico sufrimiento de los Red Sox, que tras romper una maldición de 86 años vuelven a toser a los New York Yankees en la Serie Mundial de béisbol.

El juego de golpear una bola con un garrote de madera desata pasiones tan inverosímiles como para que haya quien se atreva a pagar 20 dólares por el tour que recorre los entresijos del estadio más antiguo del país. El 'green monster' de Fenway Park por encima del cual sólo unos pocos elegidos han conseguido batear, destaca entre la monótona arquitectura residencial de la zona. Siguiendo sus pintorescas calles, la sintonía de los músicos callejeros que se reivindican en el Porchfest conduce, primero, a un oasis verde y, después, al Museo de Bellas Artes, donde la cultura popular se da cita con Monet, Van Gogh y Kandinski, conformando la segunda colección más importante del país.

Un grupo de músicos callejeros interpreta jazz junto a un rastrillo en Fenway.
Un grupo de músicos callejeros interpreta jazz junto a un rastrillo en Fenway.

Los intérpretes que nadie verá en 'The X Factor' también se disputan la oferta cultural entre tiendas de joyas y musicales de moda como El Rey León en Washington Street, la calle de las reconciliaciones. Por allí se pasea un pelirrojo barbudo con un cartel más elocuente de lo que aparenta ser su portador: "If you wait until 2020, you let the fascism win".

Más especial resulta la experiencia de asistir —entre cervezas y un plato de macarrones con queso— a un concierto de la Orquesta Pops de Boston, dirigida en ocasiones por famosos compositores de cine como John Williams y, en otras, por algunos menos conocidos como Jacomo Bairos, un portugués afincado en Miami que viste un mono de trabajo Hugo Boss. El teatro sinfónico es una oda al clasicismo grecorromano y el nombre de Bethoven corona el escenario. La función del viernes recorre Europa a través de siete grandes compositores románticos y naturalistas y, como no podía ser de otra forma, termina con el himno de la alegría. Bueno, en Estados Unidos siempre puede ser de otra forma: después llega un epílogo de exaltación nacional a ritmo de 'Barras y estrellas' mientras cae del techo una gigantesca bandera.

Abandonar la perla de Massachussets se hace más llevadero con el incomparable debate entre el reflejo de las aguas atlánticas y los cristalinos rascacielos sesenteros que deja atrás el ferry hacia North Shore. Con suerte se puede ver alguna ballena entre los enigmáticos islotes que presagian la panorámica a babor de Marble Head, un pueblo de cuento donde vivir un amor de verano.

El encanto de Salem

Un día ahorcaron a una veintena de inocentes a quienes tomaron por brujas y hoy les veneran como si de verdad lo hubieran sido. Bienvenidos a Salem, la Malasaña de las magufadas. A medio camino entre un pueblo inhóspito del videojuego GTA y una ciudad gobernada por Esperanza Gracia, esta pequeña localidad costera de apenas 45.000 habitantes se ha convertido en un parque temático donde es Halloween todo el año.

"La prostitución es el oficio más antiguo del mundo, el nuestro es el segundo", presume Timothy Reagan, un pitoniso que ejerce en un perfumado local situado en un centro comercial de capa caída. Se enfunda una túnica azul porque es jueves, el día de Júpiter, y para él es importante utilizar un color por cada día de la semana. Forma parte de los ritos que tornan un pasado negrolegendario en la más mística estrategia comercial: "Esta es la única industria que nunca quiebra. Cuando hay una crisis económica, la gente viene en rebaños".

La buena noticia es que hay vida más allá de la turistificación. Para encontrar el realismo mágico basta con adentrarse en The Point Neighborhood, antiguo foco del comercio marítimo cuando la ciudad llegó a ser la séptima más poblada del país, devuelto hoy a la vida por la población latina. "Immigration. Public voices, public art", reza una rotunda declaración de intenciones entre los muros laberínticos donde los grafitis abren las venas de América. Allí se encuentra el Urban Art Museum Punto, una galería pictórica al aire libre que resucita a Gabo y a Frida Kahlo como iconos de la cultura pop hispana.

Dos inspiradores grafitis en bloques de viviendas de The Point Neighborhood.
Dos inspiradores grafitis en bloques de viviendas de The Point Neighborhood.

El resto de la ciudad significa más para un estadounidense que para un europeo. Además del edificio donde ocurrieron los trágicos sucesos narrados por Edgar Allan Poe en 'El corazón delator', a orillas del Atlántico sobrelase la casa de los siete tejados, una mansión colonial en la que se inspiró el escritor local Nathaniel Thorne para crear una novela que se estudia en los colegios como paradigma de la literatura gótica. Su antepasado fue John Hathorne, el único magistrado involucrado en los juicios de brujas que nunca se arrepintió de sus acciones. Tal vez por ello la fachada negra que describió como "un gran corazón humano" se mantiene como símbolo de una ciudad que merece expiar sus pecados.

Alma, Corazón, Vida

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