La España que creó empleo en la crisis: de la periferia de Madrid al mundo rural
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Variación de la ocupación por municipios

La España que creó empleo en la crisis: de la periferia de Madrid al mundo rural

La pandemia y las restricciones a la actividad han provocado una intensa destrucción de puestos de trabajo. Sin embargo, algunos territorios están mejor que antes del covid

placeholder Foto: El acceso de Navacerrada y Cotos, cerrado para evitar aglomeraciones. (EFE)
El acceso de Navacerrada y Cotos, cerrado para evitar aglomeraciones. (EFE)

La pandemia del coronavirus suma ya un año completo de crisis económica. Desde el inicio de 2020, España solo ha conseguido cerrar un trimestre de expansión y, aunque todavía no hay datos para este primer trimestre de 2021, todo apunta a que se registrará una nueva contracción de la actividad. En esta crisis, la caída de la actividad no se ha trasladado con la misma dureza al empleo, gracias al soporte que han supuesto los ERTE; sin embargo, eso no impide que se hayan perdido más de 400.000 afiliados respecto al mes de febrero de 2020, justo antes del estallido de la pandemia en Europa.

Aunque en un primer momento el impacto económico fue muy severo en todo el territorio nacional, desde el verano se observan situaciones muy diferentes. Esta heterogeneidad responde a varios factores: la estructura económica de los territorios, la dureza de las restricciones o su situación geográfica. En líneas generales, las ciudades han sufrido una intensa destrucción de empleo, ya que tienen una dependencia mayor de los servicios de turismo, hostelería y ocio, los sectores más afectados por las restricciones. En Madrid capital se han perdido casi 50.000 empleos, en Barcelona, 45.400; en Zaragoza, 7.700 y en Málaga, algo más de 7.400 afiliados menos.

El cierre de las fronteras autonómicas ha generado un gran ritmo de actividad en la periferia de Madrid, donde destacan algunos de los municipios con mayor creación de empleo. La capital exporta miles de millones de euros en turismo hacia otras provincias todos los años, pero desde octubre se han cerrado las fronteras, en especial en los festivos, lo que ha provocado un ‘boom’ de turismo hacia la periferia de la comunidad, en especial en la sierra que ocupa el noroeste de la comunidad, en las fronteras con las provincias de Ávila y Segovia.

En estos municipios de la sierra se ha producido una creación de empleo generalizada que responde, en gran medida, a este cierre de fronteras. Reservar una habitación en un alojamiento rural o una mesa de restaurante en los días del puente del Día del Padre o en la Semana Santa ha sido misión imposible como consecuencia de este gran ‘boom’ de madrileños hacia la sierra. Aunque los datos de la Seguridad Social de afiliados por municipio no están desagregados por ramas de actividad, es muy probable que las actividades de la restauración y la hostelería estén detrás de esta creación de empleo.

De hecho, estas actividades habrían contrarrestado la destrucción de empleo que probablemente se haya producido en otros sectores. Como consecuencia, los niveles de empleo actuales superan a los que tenían antes del estallido de la crisis. En algunos municipios, como La Serna del Monte, situado en la comarca Lozoya-Somosierra, donde residen poco más de 100 habitantes, el número de ocupados casi se ha multiplicado por dos en el último año.

Foto: Cortado el acceso a la sierra de Madrid por la gran afluencia de personas en enero.

En la frontera con Segovia se aprecia con claridad la diferencia en términos de empleo. En la cara madrileña de la sierra (Cercedilla, Lozoya, Los Molinos o Becerril), todos los municipios tienen más empleo que antes de la crisis. Al otro lado de la sierra se sitúan El Espinar o San Ildefonso, ambos todavía por debajo de los niveles de ocupación de hace un año.

La creación de empleo en las zonas turísticas de Madrid contrasta con lo que ocurre en la periferia de Barcelona, otra gran metrópoli que exporta mucho turismo pero que no ha conseguido compensar la pérdida de la llegada de viajeros internacionales. No solo eso: en Cataluña las restricciones a la actividad de la hostelería han sido mucho más severas, lo que ha complicado los datos de empleo desde el pasado mes de noviembre.

En la frontera sur y oeste de Madrid también se ha producido una intensa creación de empleo en los últimos meses, aunque en su caso no sea tanto por el atractivo turístico como por la logística. El ‘boom’ del comercio por internet ha provocado que los centros logísticos próximos a las grandes capitales hayan experimentado una época dorada. Según los datos del INE, en enero las ventas por internet fueron un 50% superiores a las del mismo mes del año anterior, justo antes del estallido de la pandemia, y durante algunos meses de 2020 el crecimiento llegó a ser próximo al 70%.

El resultado es que los municipios que se sitúan junto a la autovía de Toledo (A-42) o los de la autovía del Nordeste (A-2) tienen niveles de ocupación superiores a los de hace un año. En Illescas, por ejemplo, donde se sitúa uno de los mayores centros logísticos de Amazon en Europa, hay actualmente 175 afiliados más que hace un año; en Esquivias, 240 más; y en Valdemoro, 1.740 ocupados más. Pero lo mismo ocurre en otros municipios muy importantes en términos de logística, como es el caso de El Prat de Llobregat, junto a Barcelona, donde el empleo ha aumentado en 3.400 personas.

Las peores cifras de España, en términos porcentuales, se sitúan en las zonas turísticas. Al tomar los datos de febrero, la mayor parte de la costa está en temporada baja, de modo que la comparativa no resulta tan negativa. En cualquier caso, a lo largo de toda la costa española la destrucción de empleo es superior al 2%, situándose incluso cerca del 10% en algunas comarcas de los archipiélagos.

Los datos son especialmente malos en las estaciones de esquí, que no pudieron celebrar su temporada alta. Las cifras se perciben a lo largo de todo el Pirineo de Huesca y Lleida. En la comarca de la Jacetania, donde se sitúan las estaciones de Candanchú o Astún, el empleo se ha hundido más de un 20%; en la comarca de Ribagorza, donde se encuentran Benasque o Cerler, el empleo ha caído un 15%; y en el Vall d’Aran, donde está Baqueira, la afiliación se ha desplomado casi un 30%. Lo mismo ocurre en Sierra Nevada: en Monachil, municipio en el que se encuentra la estación, se han perdido más de 1.000 empleos, un desplome superior al 23%.

En el extremo opuesto se sitúa la España del interior, donde apenas hay turismo y que depende básicamente de la agricultura. En este mundo rural la crisis ha sido menor por tres motivos. El primero es que el envejecimiento de su población garantiza el mantenimiento de la renta por las pensiones. El segundo es que la oscilación de los servicios de exportación tiene muy poca influencia en estos territorios. Y el tercero es que la agricultura vivió un año 2020 positivo por la elevada demanda de productos frescos en los supermercados y la caída de las importaciones.

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Las secuelas de un año completo de pandemia económica
Javier G. Jorrín Carlos Muñoz Luis Rodríguez Laura Martín Pablo López Learte

El resultado es que a lo largo de todo el interior del país casi son mayoría los pueblos en los que ha crecido el empleo. Es importante señalar que estos datos de afiliación recogen la localidad de trabajo y no la de residencia del afiliado, lo que significa que el teletrabajo no influye en la situación del empleo (es previsible que la evolución de la ocupación haya sido incluso mejor por la salida hacia el mundo rural).

El empleo ha crecido especialmente en Jaén, donde han gozado de una de las mejores temporadas de aceituna de los últimos años. Comarcas completas como las de El Condado o Campiña del Norte han registrado un crecimiento del empleo superior al 5% en estos meses. Pero esta situación se reproduce en comarcas extremeñas, castellanas o riojanas. También la huerta murciana ha vivido un buen invierno, lo que se refleja en los datos de empleo. Desde Murcia capital hasta Lorca se han creado miles de empleos gracias al tirón de la agricultura. Y lo mismo ha ocurrido en amplias regiones de Extremadura, incluyendo algunos de sus principales municipios, como los de las dos capitales de provincia, Cáceres y Badajoz, que entre las dos han creado casi mil empleos.

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