Cataluña afronta el 14-F con dos de sus cuatro motores económicos gripados
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El turismo seguirá estancado hasta 2022

Cataluña afronta el 14-F con dos de sus cuatro motores económicos gripados

La buena noticia para la economía catalana es que dos de sus motores de crecimiento, industria y exportaciones, se recuperarán en 2021. La deuda limitará el gasto público

placeholder Foto: Los nueve principales candidatos de las elecciones catalanas. (RTVE)
Los nueve principales candidatos de las elecciones catalanas. (RTVE)

La noticia buena para la economía de Cataluña es que dos de sus motores de crecimiento, las exportaciones y la industria, que están muy relacionados, se recuperarán en 2021. La mala es que el tercer motor, el turismo, está gripado. El cuarto motor, el gasto público, es una incógnita, pero su potencia de fuego, en todo caso, será muy limitada. Los fondos europeos Next Generation no tendrán un impacto efectivo hasta bien entrado el segundo semestre y, en paralelo, el margen de la política fiscal es estrecho, con un endeudamiento que representa el 35,9% de su PIB (solo superado por la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha).

Este es el escenario que encontrará el próximo inquilino de la Generalitat catalana, que encontrará un territorio que en 2020, el año de la pandemia económica, se comportó algo peor que la media nacional (un 11,4% de caída del PIB, frente al 11% en el conjunto del Estado), pero que en el cuarto trimestre (a medida que se han acelerado las exportaciones y la producción industrial) ha recuperado el terreno perdido. La Cámara de Comercio de Barcelona, en concreto, estima que en tasa interanual el PIB catalán cae a un ritmo del 8%, por debajo del 9,1% del conjunto del Estado.

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Esto se debe a que en el cuarto trimestre, según la Cámara barcelonesa y el Laboratorio AQR-Lab, de la Universidad de Barcelona, la economía creció a un ritmo trimestral del 2,8% (0,4% en el conjunto de España), mientras que para el primer trimestre de este año se prevé un 0,5%. Precisamente, porque el comercio internacional se recupera, en particular en China y el sudeste asiático. Este ‘efecto composición’, es decir, la exposición de la economía catalana a los sectores más afectados por la pandemia, no oculta, sin embargo, lo que ocurrió inmediatamente antes. Cataluña creció en 2019 un 1,8%, lo que significa que había acumulado tres años de diferencial negativo con el conjunto del Estado (dos décimas por ejercicio).

Mirar de reojo

Como reconoce la propia institución cameral, de cara a 2021, las previsiones apuntan a un crecimiento del PIB del 6,1%, “claramente insuficiente para compensar la caída de 2020”, concluye. De hecho, hasta finales de 2022 o, incluso, comienzos de 2023, Cataluña no recuperará el PIB anterior a la crisis, lo que da idea del escenario con el que tendrá que lidiar el próximo presidente de la Generalitat, que, además, tendrá que mirar de reojo a lo que se decida en Bruselas sobre el futuro de las reglas fiscales, ahora congeladas.

Y no hay que olvidar que las necesidades de financiación de la Generalitat en 2021, como acaba de anunciar, serán equivalentes a 2.685 millones de euros. O 13.072 millones si se incorporan los vencimientos de la deuda pública (78.292 millones).

Funcas, por su parte, estimó en diciembre que el PIB avanzará algo más, un 7,6%, por encima del 6,3% que prevé el consenso de los institutos de coyuntura para el conjunto del país.

El motor que más preocupa, ahora gripado, es el turismo. Entre otras cosas, porque Cataluña (el 20,1% del PIB de España en 2019, con una renta per cápita que supone el 111,5% de la media de la UE a Veintiocho) es el principal destino turístico del Estado en términos absolutos, no relativos, y, según Estadística, los ingresos cayeron en diciembre de 2020 respecto del mismo mes del año anterior un increíble 92,1%, lo que da idea de la dimensión del problema para el próximo Ejecutivo catalán.

Y hay que tener en cuenta que nada indica, como ha señalado la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), que la distribución de las vacunas se hará a lo largo de 2021, por lo que difícilmente se puede esperar un repunte significativo del turismo. Desde luego, ni en Semana Santa ni, muy probablemente, en verano. Dos cifras reflejan la tragedia económica para Cataluña (también para otras regiones): si en 2019 los ingresos turísticos alcanzaron los 21.325 millones de euros, en 2020 se desplomaron hasta los 3.640 millones, una caída verdaderamente espectacular.

Esto hace que el nuevo Gobierno catalán estará obligado a poner sus ojos en las exportaciones, que suponen nada menos que el 25% de las ventas al exterior que realiza España, y que son muy dependientes de la industria y, en particular, de sectores como el automóvil, la industria química y farmacéutica o la dedicada al refino del petróleo. La industria, antes de la crisis, pesaba un 19,3% del valor añadido bruto (VAB), más de cuatro puntos más que la media española, e incluso por encima de la zona euro.

Una aportación positiva

Por el momento, lo que apuntan las previsiones es que las ventas al exterior crecerán en torno al 13,6%, mientras que las importaciones lo harán a un ritmo del 11,8%, lo que permitirá una pequeña aportación positiva al crecimiento que servirá para compensar el menor incremento del consumo público, que en 2020, en medio de la gran recesión, creció un 4,6%. Ahora se espera un avance del 2,2%, prácticamente la tercera parte de lo que puede crecer el PIB si se cumplen las previsiones.

Eso explica que en 2020, como publicó este periódico, se cerrara con un déficit equivalente a siete u ocho décimas de PIB, frente al equilibrio presupuestario previsto. Mientras que en 2021 el desequilibrio entre ingresos y gastos rondará el 1,1% del PIB catalán.

Efecto capitalidad

El último informe sobre el personal al servicio de las administraciones públicas muestra que Cataluña cuenta con 324.629 empleados públicos, lo que significa 76.668 menos que Madrid, pese a que cuenta con un millón más de habitantes. Lógicamente, la causa de esta diferencia tiene que ver con el llamado efecto capitalidad. Mientras que Madrid cuenta con 95.088 efectivos en el sector público estatal, en Cataluña son 15.421.

Es significativo que Cataluña, con mucha mayor población y mayor peso en la economía del conjunto del Estado, cuente con menos empleados públicos en términos absolutos —y, por supuesto, relativos— que Galicia, Canarias, Castilla y León o Aragón, lo que tiene que ver parcialmente con el volumen de transferencias. Según un informe de Pimec, la patronal de las pequeñas y medianas empresas, y frente a lo que suele creerse, el peso del empleo público en Cataluña es el más bajo de España: el 9,3%, muy por debajo de porcentajes superiores al 15% en Aragón, Asturias, Castilla y León y Castilla-La Mancha. O el 23,4% de Extremadura. Cataluña, como otras comunidades autónomas, ha achicado su sector público en los últimos años, y de los 268 entes que existían en 2011 ha pasado a 204 en 2020, según datos de la Generalitat.

Como ha puesto de relieve Funcas, lo que está claro es que la estructura productiva de Cataluña cuenta con un alto peso en su PIB de los servicios más afectados por la pandemia, así como de la industria del automóvil, también muy perjudicada al comienzo por las restricciones en la movilidad, tanto nacional como internacional.

Lo que está claro es que si la industria sufre, al margen de consideraciones políticas, sufre Cataluña más que otras regiones

Al mismo tiempo, el peso de los sectores más inmunes, como los servicios de las administraciones públicas o el sector primario, que podrían actuar como amortiguador, “es reducido”. La parte positiva es que la tasa de paro en Cataluña se situó al acabar el año 2020 en un 13,9%, por debajo del 16,3% en el conjunto del Estado, aunque con un aumento muy significativo en los servicios (+30%). Lógicamente, como consecuencia del colapso turístico. Las estimaciones de la Cámara de Comercio de Barcelona apuntan a que a finales de 2021 el nivel de actividad del sector servicios representará todavía el 85% del que había a finales de 2019.

Lo que está claro es que si la industria sufre, al margen de consideraciones políticas, sufre Cataluña más que otras regiones, y la realidad es que la pérdida de peso industrial es un fenómeno que afecta a muchas economías avanzadas, debido a que se ha incrementado la competencia internacional por la globalización.

Además, como ha reconocido la propia Generalitat, los cambios tecnológicos y organizativos han propiciado que la frontera entre industria y servicios sea cada vez más difusa, en parte por la segmentación y externalización de actividades del sector industrial en el sector servicios, por lo que actividades que antes se clasificaban dentro del sector industrial ahora se consideran del sector servicios. El primero está agrietado y el segundo ha colapsado. Con estos motores —además de una compleja situación política interna—, tendrá que volar el próximo presidente de la Generalitat.

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