RECORTE EXTRAORDINARIo

La Fed exporta deflación a Europa con el coronavirus y mete presión al BCE

El banco central estadounidense redujo 50 puntos básicos los tipos de interés por primera vez desde 2008. El dólar y el parón económico reducen las expectativas de inflación

Foto: Sede del BCE en Fráncfort. (EFE)
Sede del BCE en Fráncfort. (EFE)
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El coronavirus, más allá del impacto humano, está demostrando tener influencia económica. La OCDE recortó esta semana en medio punto el crecimiento global por el coronavirus y, este martes, la Reserva Federal (Fed) anunció la rebaja de 50 puntos básicos de la horquilla de tipos de interés en Estados Unidos. Es la primera vez que reduce dos escalones de una vez desde 2008. De hecho, el anuncio extraordinario, fuera de una reunión programada, evocó la crisis financiera que comenzó ese mismo año y que provocó un tsunami financiero en la economía global.

La otra cara de la moneda de esta decisión es la presión añadida que mete al Banco Central Europeo (BCE) en un momento de escaso margen de actuación. Los manuales de economía son claros: un recorte de tipos empuja a la baja la divisa, en este caso el dólar frente al euro, lo que abarata las importaciones europeas hacia Estados Unidos y encarece las ventas en dirección contraria. Precisamente algo que perseguía Donald Trump cuando presionaba a Jerome Powell en el contexto de guerra comercial a diferentes bandas.

Sea como fuere, la decisión de la Fed exporta deflación a Europa, que fue la gran enemiga de la era de Mario Draghi, quien abandonó el cargo sin iniciar el camino de normalización del ‘precio del dinero’. Y no parece que las cosas vayan a cambiar pronto en el nuevo BCE presidido por Christine Lagarde, en plena revisión de su estrategia monetaria. Los analistas dan por hecho que otros bancos centrales seguirán a la Fed, ¿pero hay margen?

“Creemos que otros bancos centrales secundarán a la Fed (también al RBA de Australia, que recortó los tipos en 0,25 puntos), reduciendo tipos o agregando liquidez y brindando así un apoyo adicional a los mercados. Dicho esto, los riesgos a la baja para la economía permanecen, ya que el brote aún se está extendiendo y los temores respecto al crecimiento persisten”, asegura Esty Dwek, jefa global de Estrategia en Natixis IM.

El mercado se fija ahora en el BCE, para ver si mueve ficha. Los tipos están en mínimos, con los principales de financiación en el 0% y la tasa de facilidad de depósito, que penaliza la liquidez de la banca, en el -0,5%. “Esperamos un recorte de -0,5% a -0,8% este año”, aseguran en Schroders. Esta opción cobra cada vez más fuerza, aunque supondría un nuevo golpe para la banca.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en un acto. (Reuters)
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en un acto. (Reuters)

Por otro lado, el BCE mantiene un programa de compras netas por valor de 20.000 millones de euros mensuales. El banco central tiene la opción de incrementar esta cifra a través de bonos corporativos, ya que no puede sobrepasar el 33% de deuda elegible de un emisor soberano. En AXA IM, estiman que la emisión neta de entidades no financieras este año ha sido hasta ahora de 50.000 millones, de los que dos tercios son elegibles.

Llamada a la política fiscal

Horas antes del anuncio de la Fed, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven T. Mnuchin, y el propio Powell emitieron un comunicado en el que llamaron a los gobiernos del G-7 a tomar iniciativas de política económica que eviten el frenazo económico del que advierten instituciones y equipos de Research. E incluyeron la política monetaria: “Los bancos centrales del G-7 continuarán cumpliendo sus mandatos, apoyando así la estabilidad de precios y el crecimiento económico mientras mantienen la capacidad de recuperación del sistema financiero”.

En realidad, mientras que la Fed tiene el mandato dual de control de la inflación y pleno empleo, el BCE solo persigue por estatutos una inflación controlada en el medio plazo cerca del 2%. En febrero, la inflación se situó en el 1,2% interanual en la eurozona, según Eurostat. Tras la última reunión del BCE, Lagarde dijo que “aunque la evolución de la inflación se mantiene en general débil, existen señales de un alza moderada de la inflación subyacente en línea con las expectativas”.

Sin embargo, el impacto económico del coronavirus castiga estas proyecciones. La OCDE calcula un impacto negativo de 0,25 puntos porcentuales en la inflación a lo largo de 2020 en los países de la organización en su escenario base. El efecto deflacionista asciende hasta los 0,6 puntos en un escenario de mayor propagación del virus y parón productivo.

El consenso apunta a la necesidad de políticas por parte de los gobiernos, y no solo esperar a las autoridades monetarias. El BCE lleva tiempo pidiendo esto, tanto con Mario Draghi como ahora con Christine Lagarde, y Mnuchin y Powell señalaron en la misma dirección este martes. También los analistas. “Hay argumentos para un apoyo fiscal que probablemente tendrá que ser mantenido más allá del final de la epidemia, incluso en países frágiles fiscalmente, como Italia”, asegura el equipo de Research de AXA IM.

Presiones políticas

El impacto que tiene la política monetaria en los posicionamientos económicos de la eurozona contra EEUU viene enmarcado por las presiones políticas de Trump, que actualmente pelea por su reelección en los comicios de noviembre. Las presiones públicas del republicano a la Fed han estado habitualmente ligadas a la competitividad comercial del país norteamericano.

De hecho, justo cuando Powell rebajó el precio del dinero este martes, Trump partió de este argumento para pedir más: “La Reserva Federal está recortando y tiene que recortar más y, sobre todo, quedar en el nivel de los demás países/competidores”, aseguró. “No estamos jugando al mismo nivel, no es justo para EEUU”.

Trump se pasó casi todo el año 2019 abogando por una política monetaria más laxa que apoyase la economía y exportaciones estadounidenses para así tratar de paliar los destrozos de sus enfrentamientos comerciales con Europa y China. De hecho, los enfrentamientos por la valoración de la divisa china fueron los que desencadenaron las caídas bursátiles de agosto. Las presiones comerciales causaban, a su vez, cierto cortocircuito en la Fed, ya que el proteccionismo mermaba el crecimiento pero a la vez endurecía la inflación.

El presidente de la Fed, Jerome Powell. (Reuters)
El presidente de la Fed, Jerome Powell. (Reuters)

En el arranque de 2020, Trump había dado una tregua a sus asedios tras despejarse las tensiones comerciales y recuperarse la bonanza en los mercados. Sin embargo, tras las caídas de la semana pasada y con las campañas electorales a bombo y platillo, el republicano ha vuelto a las andadas, habiendo publicado tuits tanto el lunes como el martes. "Nuestra Reserva Federal nos tiene pagando tipos más altos que el resto de los países, cuando deberíamos estar pagando menos", alegaba este martes el mandatario. "Es duro para nuestros exportadores y pone a EEUU en desventaja competitiva, cuando debería ser al revés".

Los ataques de Trump suponen cierto escándalo dentro de la historia monetaria de EEUU. La última vez que la Fed vio presiones políticas de este calibre fue en plena guerra de Vietnam en los sesenta, con Lyndon Johnson como presidente de EEUU y William McChesney Martin como cabeza de la autoridad monetaria. Ha sido tal el asedio del republicano, que Powell ha tenido que abordar repetidamente en sus discursos la anomalía, llegando a recordar que “las democracias tienen bancos centrales independientes”.

Este martes, la Fed bajó los tipos de interés tras varios llamamientos a recortes por parte de Trump; lo cual volvió a hacer brotar la pregunta sobre la independencia de la institución. En la rueda de prensa, Powell no titubeó: "Nunca vamos a considerar ninguna cuestión política de ningún tipo: no haremos eso y es muy importante que el público lo entienda".

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