LA GENERACIÓN DE RENTA NO VA AL CONSUMO

España depende de que las familias gasten más para evitar el frenazo económico

El sector exterior deja de sumar, los vientos de cola se agotan, no se esperan reformas y apenas hay margen fiscal. El consumo es la variable que puede sorprender al alza

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El ciclo de crecimiento de la economía española se debilita sin que haya margen para esperar sorpresas al alza salvo en una variable, la más importante: el consumo de las familias. Los hogares han disparado el ahorro en depósitos pese a su falta de rentabilidad, y el incremento de la renta disponible por la creación de empleos y el repunte de los salarios no se está traduciendo en mayor gasto. De hecho, el Banco de España (BdE) ha recortado drásticamente su previsión.

La institución ha confirmado esta semana la desaceleración de la economía, al rebajar su proyección para 2019 desde el 2,4% hasta el 2%. Dos décimas se explican por la revisión de la serie estadística por parte del INE, y otras dos décimas por el empeoramiento del entorno macro. Lo que destaca del cuadro, además, es el recorte en el consumo.

El BdE espera que la demanda nacional crezca un 1,4% este año, nueve décimas menos de lo previsto en junio. Este recorte se explica por el consumo privado, que supone cerca del 60% del PIB. En concreto, en solo tres meses la institución ha pasado de una proyección del 1,8% a la actual, del 1%. Esto quiere decir que el consumo frena el crecimiento.

Lo curioso es que el paro sigue reduciéndose, aunque el ritmo también se haya ralentizado, y los salarios se están recuperando. Los convenios firmados este año recogen alzas en la retribución superiores al 2%, frente a un nivel de inflación en torno al 1% interanual en la media acumulada durante este año.

Los hogares están optando por ahorrar en vez de gastar o invertir, justo lo contrario de lo que persigue el Banco Central Europeo (BCE) con la represión financiera que provocan sus medidas, para que el dinero fluya y dinamice la economía. La renta bruta disponible de las familias creció a ritmos del 4% anual en la primera mitad del año, por encima del PIB, según estimaciones de casas de análisis encuestadas por FocusEconomics. Pero esto se traduce en más ahorro este año. La tasa de ahorro está en torno al 5%.

Esta ratio es más baja que en otros países de la eurozona, pero al contrario que en la era del 'boom inmobiliario', es positiva y reduce levemente las vulnerabilidades exteriores. La posición de inversión internacional neta de España (deuda neta externa) se redujo por debajo del 80% en el segundo trimestre, pero aún está lejos del 30% que recomiendan las instituciones exteriores para evitar debilidad ante cualquier 'shock'.

La otra cara de la moneda de tener tasa de ahorro positiva es que hay renta que generan los hogares que no va al consumo ni facilita la inversión, ya que la posición en depósitos ha alcanzado este año máximos por encima de los 830.000 millones. La proyección del BdE es que el consumo se ralentice aún más que la generación de rentas, afectado en parte por la incertidumbre política.

Así, para el consumo privado sí hay margen al alza. "La tasa de empleo y el nivel de paro hacen que haya margen para seguir creando puestos de trabajo. Si se mira la evolución del mercado laboral y los salarios, hay capacidad para que aumente el consumo, pero no se está trasladando la mejoría en el empleo quizás por incertidumbre”, arguye Leopoldo Torralba, economista de Arcano.

El consumo público sí ha resistido al recorte de previsiones del BdE en pleno ciclo electoral, con un 1,8% esperado para este año. Pero las administraciones públicas se han quedado sin margen fiscal para gastar más, como señaló la OCDE y pese a lo que pide el BCE, con una deuda cercana al 100% del PIB. Tampoco hay margen político, con las elecciones del 10 de noviembre, que obligarán a empezar 2020 con los últimos presupuestos de Montoro, prorrogados por tercer año consecutivo.

El frenazo económico se produce en un contexto en el que se agotan las posibilidades de sorpresas al alza para las proyecciones macro, más allá del consumo. El crédito no crece pese a los tipos al 0%, y la inversión de las empresas también se ralentiza. La demanda exterior dejará de contribuir positivamente al crecimiento el año que viene, según las estimaciones del BdE, después de un ciclo de aumento continuado de las exportaciones.

En este caso, son más probables sorpresas negativas que positivas. Esto se explica por la guerra comercial, el riesgo de alzas en los precios del petróleo tras el ataque a plantas de Arabia Saudí o la presión de Donald Trump a la Reserva Federal (Fed) para reducir tipos y hacer al dólar más competitivo frente al euro y otras divisas, con más margen en la Fed que en el BCE.

Aunque el BCE tiene menos armas que la Fed por no haber normalizado su política monetaria tras la crisis, Draghi lanzó un último intento por dinamizar la economía antes de que expire su mandato en noviembre recuperando la política de compras netas de activos, con 20.000 millones mensuales, y reduciendo la tasa de facilidad de depósito del -0,4% al -0,5%. Además, abrió la puerta a nuevos recortes y dejó claro que los tipos no subirán hasta que las expectativas de inflación no converjan al 2%, algo que no se espera hasta 2022.

El BCE ha sido un importante viento de cola para la economía española al reducir los costes de financiación de la deuda privada y pública, en un país con un importante apalancamiento de familias, empresas y administraciones públicas. El BdE incluyó solo de forma indirecta los últimos estímulos por su impacto en los tipos de interés de mercado o en el tipo de cambio. Pero desde la dirección general de estadística y economía ven poco margen de sorpresa al alza.

De hecho, además de volver a mover la curva de expectativas de tipos, reactivó con las compras netas de bonos para engordar aún más su balance, que desde la crisis se triplicó hasta los 4,5 billones (millones de millones) de euros. Sin embargo, igual que España está entre los países más beneficiados por los tipos bajos, ocurre lo contrario con el programa de adquisición de activos.

Una investigación de los economistas Pablo Burriel y Alesandro Galesi, del BdE, mostró que la economía española está a la cola entre las beneficiadas en forma de creación de empleo —aunque sí en presión inflacionista— por las distintas compras de activos del BCE. El estudio 'Descubriendo los efectos heterogéneos de la política no convencional del BCE a lo largo de los países de la eurozona' encontraba patrones como que el alto nivel de paro, los desequilibrios del mercado laboral, alto endeudamiento de los agentes privados o un nivel más reducido de capital en la banca restan efectividad al programa del banco central. Es decir, pecados que tiene la economía española.

Impacto de las compras del BCE en cada país del euro: (Fuente: Pablo Burriel y Alessandro Galesi)
Impacto de las compras del BCE en cada país del euro: (Fuente: Pablo Burriel y Alessandro Galesi)

Las proyecciones del BdE también contabilizan una ralentización en la generación de empleo, con un ritmo previsto del 1,8% para 2019, frente al 2,5% de 2018. La tasa de paro acabaría en una media del 14,1% en el conjunto del ejercicio. España ha tenido problemas históricamente para generar empleo sin ritmos altos de crecimiento, con lo que existe el riesgo de que la desaceleración acabe con la reducción del desempleo cuando aún está en niveles elevados y, desde luego, lejos de los estándares internacionales.

En el mundo académico existe la Ley de Okun, una ratio que compara las tasas de crecimiento del PIB y del empleo. Su propulsor fue el economista estadounidense Arthur M. Okun con un artículo en 1962 en el que calculó la relación lineal entre las dos variables. La Reserva Federal de San Francisco, muy prolija en investigaciones académicas, calculó que unas caídas del 2% en el PIB estadounidense se asocian a incrementos netos en el desempleo del 1%.

Desde la Fed, según explicó su expresidente Ben Bernanke, se estima que para reducir un punto porcentual la tasa de paro se necesita que el crecimiento del PIB supere en dos puntos porcentuales al potencial. Es decir, si el potencial está en el 2%, la economía debe crecer al 4% para rebajar la tasa de desempleo en un punto. En caso de que crezcan al mismo nivel, se mantendría también igual la tasa de paro.

Ley de Okun. (Fuente: Fernando Becker)
Ley de Okun. (Fuente: Fernando Becker)

En España, la historia ha mostrado que el aumento del paro se produce con niveles mejores de crecimiento. De hecho, entre 1981 y 2009 la ratio media fue del 2,5%, según una investigación de Fernando Becker, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos. Es decir, cuando el PIB crecía por encima de este nivel, España creaba empleo. Y viceversa. Por el contrario, estimó que en la Unión Europea se situaba sobre el 1%.

Otro estudio más reciente, de la economista Celia Melguizo, de la Universitat de Barcelona, estimó en 2017 que la caída del 1% del PIB provoca aumentos de hasta el 0,6% en las provincias con más intensidad en empleo, como Madrid o Barcelona, y del 0,2% en otras como Palencia, Cáceres o Guadalajara.

Sensibilidad del empleo por provincias. (Fuente: Celia Melguizo Cháfer)
Sensibilidad del empleo por provincias. (Fuente: Celia Melguizo Cháfer)

La reforma laboral y la dolorosa devaluación interna son argumentos suficientes para que los economistas encuentren que España necesita ahora crecer menos que antes para crear empleo. Aun así, no hay ejemplos visibles de cálculos al respecto, ni expertos que se atrevan a pronosticar que la economía creará empleo si crece menos del 2%.

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