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Diplomacia bipolar: EEUU y la UE se lanzan aranceles mientras negocian la paz comercial

A la vez que la UE anuncia el inicio de conversaciones comerciales con EEUU, Washington y Bruselas se enzarzan en un toma y daca arancelario

Foto: El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, junto a Donald Trump, presidente de EEUU, el pasado 25 de julio en Washington. (EFE)
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, junto a Donald Trump, presidente de EEUU, el pasado 25 de julio en Washington. (EFE)

Una de cal y otra de arena. Conversaciones para un acuerdo comercial los días pares y amenazas de guerra comercial los impares. Funcionarios europeos refrescando continuamente el perfil de Twitter de Donald Trump con una mano y con la otra preparándose para lo peor. Así son los nuevos tiempos turbulentos de las relaciones comerciales entre EEUU y la Unión Europea.

Los puentes comerciales ahora son colgantes, y en una semana los lazos pasan por una auténtica montaña rusa: la UE logra cerrar un mandato para negociar un acuerdo comercial para la eliminación de tarifas industriales para cumplir con el acuerdo entre Trump y el presidente de la Comisión Europea en julio de 2018, al mismo tiempo que se prepara para golpear a la base electoral del presidente estadounidense por las ayudas fiscales del Gobierno americano a Boeing.

Desde que en 2017 Donald Trump llegara a la Casa Blanca, la UE tiene que mantener un delicadísimo equilibrio con el presidente norteamericano. La relación ya era difícil antes, pero se comenzó a complicar en exceso en 2018, cuando el magnate estadounidense comenzó a amenazar sistemáticamente a la UE con aranceles sobre sus exportaciones de acero y aluminio por razones de seguridad nacional.

Tras varias prórrogas con las que Bruselas consideró que Washington buscaba chantajear al bloque europeo, Trump acabó por anunciar que haría efectivos los aranceles. En la capital comunitaria repitieron una y otra vez la misma idea: no negociarían con una pistola en la cabeza.

La UE podía manejar aranceles de ese nivel: puso en marcha medidas para contrarrestar el daño que generaban. Pero lo que Europa no se podía permitir, y eso lo tenían muy claro en Bruselas, era que Trump atacara las exportaciones de automóviles europeos, cruciales para la economía de Alemania.

Fue entonces cuando, después de meses asegurando que la UE no negociaría bajo chantaje, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, se vio obligado a subirse a un avión y viajar hasta Washington en julio de 2018. El acuerdo tenía una intención clara: evitar un incendio, acabar con la amenaza inminente, aunque a sabiendas de que era imposible saber cuánto duraría la calma.

Al regreso de su viaje, fuentes comunitarias admitían que, como todo pacto al que se llega con Trump, la paz comercial era delicada y estaba sujeta a muchas condiciones. Podía saltar por los aires en cualquier momento, pero esperaban que al menos sirviera para garantizar a la Unión Europea un tiempo de gracia y de tranquilidad.

Una de las condiciones era avanzar hacia un acuerdo comercial para la eliminación de tarifas industriales. A la UE le costó llegar hasta ese punto: Francia estuvo bloqueándolo de forma sistemática en el Consejo, señalando que necesitaba más seguridad de que se buscarían garantías medioambientales después de que EEUU saliera del Acuerdo de París.

Finalmente, esta misma semana, los Estados miembros han dado luz verde a la Comisión Europea para sentarse a negociar con los Estados Unidos. Por el momento, la UE comenzará a hablar, pero vuelve al argumento de que no hará nada con una pistola en la cabeza: hasta que EEUU no retire los aranceles al acero, no se dará luz verde para que Bruselas pueda cerrar ningún trato.

Sin embargo, ni siquiera este paso sirve para tranquilizar las aguas, porque a Trump no le sirve con el mandato negociador que ha obtenido la Comisión Europea: el presidente americano quiere que el futuro acuerdo incluya productos agrícolas, algo que beneficiaría tremendamente a su base electoral. La UE se niega.

Tormentas en el horizonte

Si la perspectiva de un posible futuro acuerdo comercial no parece tranquilizar la situación, si se mira al resto del paisaje la situación no es ni mucho menos más esperanzadora.

La UE y EEUU mantienen dos importantes pulsos en este momento. Uno que comenzó en 2004 y que hoy está viviendo sus momentos de mayor tensión, después de que la Organización Mundial del Comercio (OMC) diera a finales de marzo la razón a la Unión Europea, al considerar que Estados Unidos había ofrecido ayudas fiscales a Boeing que habían lastrado a la europea Airbus. Bruselas considera que ese lastre tiene un precio alto: unos 12.000 millones de euros, una factura que calculó en el año 2012.

EEUU acusa a su vez a gobiernos europeos de estar subsidiando a Airbus, lastrando así a Boeing. Horas después de que se pronunciara la OMC sobre las ayudas a la compañía americana, la Administración Trump anunció que barajaba imponer aranceles por valor de 11.000 millones de euros a la UE por las ventajas ofrecidas a Airbus.

La UE no ha esperado demasiado para responder, y este miércoles anunció una lista preliminar de productos americanos a los que podría imponer aranceles. La lista al completo alcanza los 20.000 millones de dólares en exportaciones.

Al mismo tiempo, Bruselas y Washington se han enzarzado en otro choque, después de que la Administración americana haya decidido levantar la suspensión sobre una ley que evita que americanos y el exilio cubano puedan exigir ante tribunales americanos la titularidad de las propiedades expropiadas durante la revolución cubana.

Y eso afecta directamente al sector hotelero de la isla: muchas cadenas llegaron a La Habana y el resto de Cuba y adquirieron inmuebles que hoy explotan y que un denunciante podría reclamar como propios. Muchas de las compañías europeas presentes en la isla son españolas.

La UE respondió a los movimientos de la Administración Trump con una carta enviada el pasado 10 de abril: las cadenas hoteleras americanas podrían afrontar represalias en suelo europeo si finalmente Washington permite un tsunami de denuncias.

La nueva normalidad

Así, la UE vive, día a día, tratando de mantener el equilibrio entre las medidas que tiene que tomar para responder a EEUU y la necesidad de tratar de llegar a un acuerdo con Washington. Desde que Trump llegó a la Casa Blanca en 2017, ha sido una auténtica carrera de fondo: cómo aguantar el mayor tiempo posible sin que explote una guerra comercial que no dejará ganadores.

En Bruselas, se teme otro factor añadido: se acercan las elecciones en Estados Unidos, y estando en la Casa Blanca muchos creen en la capital comunitaria que Trump no dudará en hacer uso arbitrario de los instrumentos que tiene a su disposición para poder contentar a su base electoral, la misma que le aupó en 2017 hasta el despacho oval.

Con una mezcla de resignación, preocupación y preparativos para lo peor, la Unión Europea se adentra en la nueva normalidad con EEUU: un terremoto continuo, una inestabilidad continuada y una bipolaridad comercial, con una mano empuñando la espada de la guerra comercial y con la otra tratando de alcanzar un acuerdo que aleje la posibilidad de que acabe estallando el conflicto.

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