el acuerdo con irán marca las diferencias

La fosa transatlántica: así se distancian Estados Unidos y Europa

Las relaciones transatlánticas están pasando un mal trago desde que Donald Trump llegara a la Casa Blanca. Las diferencias se han agudizado en los últimos meses

Foto: Donald Trump y Angela Merkel durante el día del armisticio. (Reuters)
Donald Trump y Angela Merkel durante el día del armisticio. (Reuters)

Cuando Donald Trump ganó las elecciones en los Estados Unidos un escalofrío recorrió Bruselas. Con el shock del Brexit todavía muy fresco y con un largo listado de lecciones por delante en la capital comunitaria se temían lo peor: que esta fuera la siguiente pieza de un dominó que podía dinamitar las bases de la Unión Europea.

A la vez se intentaba abordar la llegada de Trump con cierta tranquilidad: había esperanzas en que, una vez en la Casa Blanca, moderara su mensaje, se tranquilizara. El primer temor se demostró falso cuando el nacionalpopulismo no alcanzó el gobierno de Francia ni de Países Bajos, como se había temido.

Trump no era un espejismo

La mala noticia para Europa es que la esperanza que le tranquilizaba también era falsa: Trump no corregiría su discurso, la Casa Blanca no aplacaría sus posturas y el tempo no le haría un hombre de Estado.

Sin embargo, y en contra de la sensación que se generó tras la victoria del populista en las urnas, las relaciones entre la UE y EEUU no habían sido siempre fáciles. No es un asunto únicamente de Donald Trump: con George W. Bush la UE tuvo varios encontronazos e incluso bajo la administración de Barack Obama las negociaciones de un acuerdo comercial con EEUU descarrilaron por muchas razones, entre ellas la falta de confianza entre las partes, especialmente después de que se descubriera que Washington espiaba a líderes europeos.

Pero ningún presidente americano había rechazo abiertamente el proyecto europeo. Nadie había puesto tanta presión sobre Bruselas como lo está haciendo Trump, un convencido de que la UE debe desaparecer. Ningún líder estadounidense había nombrado un embajador en Alemania que asegura que su papel es empoderar a las fuerzas nacionalistas de Europa.

Las primeras reuniones entre la UE y Trump fueron realmente desconcertantes. El presidente americano trataba con una enorme cercanía a los mismos líderes a los que ataba día y noche vía Twitter. Algunos funcionarios aseguraban que el poco rato que habían pasado con Trump les hacía pensar que no entendía realmente el funcionamiento del club comunitario, como ha demostrado cada vez que ha pedido negociar asuntos comerciales bilateralmente con los Estados miembros, algo imposible ya que la política comercial es común.

Es difícil determinar cuándo se consideró a Trump una causa perdida. Algunos lo sitúan definitivamente en la cumbre de la OTAN de julio de 2018. En general ese encuentro fue delirante, pero sus últimas horas parecieron el final épico de una película de ficción que prepara el trampolín para una segunda parte.

Trump entando en su rueda de prensa posterior a la cumbre de la OTAN (REUTERS)
Trump entando en su rueda de prensa posterior a la cumbre de la OTAN (REUTERS)

Trump llegó tarde al último encuentro, señalando directamente a Angela Merkel, canciller alemana, y asegurando que abandonaría la OTAN si todo el mundo no cumplía con el gasto del 2% del PIB en defensa comprometido, aunque la realidad es que es una meta para el año 2025. Después de una reunión caótica Trump abandonó la sala asegurando “adorar” a Merkel y acudió a una rueda de prensa en la que mintió abiertamente a los corresponsales allí reunidos, contando falsedad tras falsedad sobre lo que había ocurrido en la habitación.

Pero aunque aquello fuera un punto de inflexión, el primer choque serio es algo anterior y lo que hizo fue afianzas las sospechas de que Trump no iba a cambiar, que éste era el presidente de Estados Unidos que iban a tener al menos hasta 2020: fue la salida en mayo de 2018 de Washington del acuerdo nuclear iraní que tanto había costado a EEUU y a la UE cerrar con Teherán en 2015.

La conferencia de seguridad de Múncih de 2019 que acaba de celebrarse ha servido para que Merkel certifique definitivamente que EEUU y la UE ya no están en la misma línea. Y ha sido la primera vez que algunos han mostrado dudas por algo que hasta ahora habían defendido de forma férrea: Trump, como todos los políticos, viene y va, pero nuestra relación con Washington es fuerte y sobrevivirá al presidente. El problema es que las heridas están siendo más profundas de lo que algunas calculaban.

La capital bávara se ha convertido en un ring en el que la UE y EEUU se han quitado la careta de buenas relaciones y se han dispuesto a soltar la mano. Mientras Mike Pence, vicepresidente norteamericano pidió a Europa que siguiera los pasos de Washington en política exterior y que abandonara el acuerdo nuclear iraní, Merkel defendió que se continúe con él como una estabilizador para la región.

Otro de los asuntos que ha hecho saltar chispas en las últimas horas es el anuncio de Estados Unidos de retirar su tropas de Siria, algo que a ojos de Bruselas y la mayoría de capitales comunitarias es precipitado. “¿Es una buena idea para los americanos retirarse súbita y rápidamente de Siria? ¿No reforzará eso aún más la capacidad de Irán y Rusia de ejercer su influencia?”, respondió Merkel a la noticia.

Trump ha pedido a los Estados miembros que se hagan cargo de los yihadistas que han detenido en territorio sirio, algo que también ha exasperado en muchas capitales, que han señalado que lo que pide el presidente americano no es tan sencillo.

Además la administración americana vuelve a amenazar con aranceles a los coches alemanes, un asunto de máxima preocupación en Bruselas. Prácticamente desde que llegó a la Casa Blanca Trump amenaza de forma continua con imponer aranceles y asegura que la relación comercial de su país con la UE es deficitaria y abusiva por parte europea.

Juncker como cortafuegos

Para evitar un choque frontal y la imposición de aranceles Juncker viajó el pasado julio a Washington, donde se reunió con Trump y firmó una paz comercial. La UE ha estado cumpliendo con su parte del trato, pero el departamento de comercio de EEUU acaba de cerrar un informe en el que muchos señalan que se calificará los vehículos alemanes importados como un peligro para la seguridad nacional, lo que haría que Trump tuviera 90 días para anunciar medidas arancelarias.

Bruselas ha reaccionado a estas últimas noticias asegurando que confían en la palabra de Donald Trump y sabiendo perfectamente que si hay algo volátil hoy por hoy es precisamente la palabra del presidente estadounidense.

Bruselas confía en que no se califique a los coches alemanes importados como "peligro para la seguridad nacional"

Algunos en Bruselas reflexionan, y ya no están tan seguros de que las relaciones transatlánticas no vayan a verse dañadas en el medio plazo, porque Trump está siendo un terremoto y una gran fosa se está abriendo bajo los pies de la alianza EEUU-UE. La preocupación ahora se centra en cuál será la profundidad y gravedad de las consecuencias si en 2020 Trump gana la reelección.

Europa

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