El mercado espera nuevos estímulos

El riesgo de recesión en Alemania cambia los planes del BCE y resucita los estímulos

En apenas unas semanas, se ha esfumado el optimismo económico y 2019 presenta más dudas que certidumbres. Los inversores empiezan a descontar una nueva inyección de liquidez

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi. (Reuters)
El presidente del BCE, Mario Draghi. (Reuters)

Alemania se quedó a unas décimas de caer en recesión en la segunda mitad de 2018. El país ha sufrido un grave frenazo económico consecuencia del deterioro del comercio mundial y la crisis del diésel. Este revés de la mayor economía del euro llevará al Banco Central Europeo (BCE) a cambiar su estrategia para el año que empieza. Así lo esperan los mercados y los expertos. Una vez más, cuando Alemania atraviesa problemas económicos, la política monetaria se pone a su servicio. Ya ocurrió al inicio de los dos mil y ahora se perfila el mismo camino.

Nadie espera ya una subida de los tipos de interés del BCE este año, tampoco después del verano, que era la idea inicial de la entidad. Eso significa que el presidente más elogiado del banco, Mario Draghi, se despedirá el próximo mes de noviembre sin poder retirar la batería de estímulos monetarios que puso en marcha durante la crisis. El mercado da actualmente una posibilidad de subida de tipos este año de apenas el 43%, y esto no ocurriría hasta diciembre.

El problema es que la desaceleración que contempla actualmente el Banco Central Europeo podría ser demasiado optimista. La entidad actualizó sus previsiones de crecimiento en diciembre y rebajó el ritmo de crecimiento de la eurozona en 2019 hasta el 1,7%. Sin embargo, las últimas previsiones de los expertos para la eurozona lo rebajan hasta el 1,5% y hay ya varias casas de análisis que rebajan su estimación hasta el 1,1%, como son Bank of America, Nomura, ABN Amro o Berenberg.

Los indicadores macroeconómicos conocidos en los últimos días apuntan a una desaceleración más intensa que la que está anticipando el BCE. Si estas previsiones más pesimistas se confirman, la entidad estará obligada a rebajar sus previsiones y a replantearse su política monetaria.

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Alemania e Italia son los dos mayores focos de preocupación en la eurozona y el BCE tiene que ser especialmente cuidadoso con ambas. En el caso de Alemania, el FMI acaba de recortar en nada menos que seis décimas su previsión de crecimiento para este año, hasta el 1,3%. Eso significa que la primera economía del euro prácticamente estará congelada este ejercicio.

El último panel mensual de Bloomberg eleva hasta el 20% las posibilidades de recesión que dan las casas de análisis para Alemania. Una situación que podría deteriorar todavía más rápido la confianza de las empresas y frenar la creación de empleo. El sentimiento empresarial ha caído en enero hasta su nivel más bajo en cuatro años, lo que muestra que el pesimismo empieza a instalarse en el sector empresarial.

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Por su parte, Italia sigue con sus problemas estructurales de estancamiento económico, alto endeudamiento público y descapitalización de las entidades financieras. Una combinación que hace que sea el país más vulnerable de la región y que esté en permanente riesgo de caída. De ahí que el BCE quiera ser muy cuidadoso para no perjudicar la leve recuperación del país.

Alemania e Italia son los dos mayores focos de preocupación en la eurozona y el BCE tiene que ser especialmente cuidadoso con ambas

Una subida brusca de los tipos de interés dejaría al país en una situación muy complicada. El tesoro italiano tiene que refinanciar este año nada menos que 300.000 millones de deuda y 50.000 millones adicionales de intereses. Esto significa que cada punto porcentual de subida del tipo de interés de las nuevas emisiones tendrá un coste de 3.500 millones de euros.

Con este panorama sobre la mesa, el Banco Central Europeo se enfrenta a su reunión más complicada de los últimos años. Los analistas ya no esperan que siga la retirada de estímulos, al contrario, comienzan a barajar posibles medidas de liquidez para apoyar a la banca. La intención sería mantener el flujo de crédito barato para estimular el consumo y la inversión contra la ralentización del comercio mundial. En este sentido, los TLTRO vuelven a aparecer en el horizonte. Esto son rondas de financiación a los bancos que están condicionadas a que aumenten la concesión de préstamos.

Los mercados han empezado a descontar esta política acomodaticia del BCE con una fuerte caída de las rentabilidades de la deuda en todos los países europeos. En España, el bono a 10 años cotiza ya en el 1,3%, el mejor dato desde el pasado mes de julio. Desde octubre, cuando los mercados todavía esperaban una política restrictiva del BCE, la rentabilidad exigida ha caído en más de 40 puntos básicos. Una fuerte caída que solo se explica por el renacido pesimismo económico.

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