EL BCE SE QUEDA SIN MUNICIÓN PARA ACTUAR

La economía mundial languidece en medio de una montaña de deuda

El PIB mundial se ralentiza. Hoy por hoy, se descarta una recesión, pero lo significativo es que los bancos centrales (en particular el BCE) se han quedado sin munición para actuar

Foto: Sede del Banco Central Europeo en Fráncfort. (Reuters)
Sede del Banco Central Europeo en Fráncfort. (Reuters)

El aterrizaje de la economía mundial está siendo más abrupto de lo previsto hace pocos meses. El FMI ha sido el último organismo multilateral en revisar a la baja —dos décimas— el crecimiento global estimado para este año (3,5%), pero antes lo ha hecho la casi totalidad de los servicios de estudios privados, además de la OCDE o de la Comisión Europea.

Hay una coincidencia: la desaceleración de la actividad coincide en el tiempo con la existencia de una montaña de deuda que afecta en mayor medida a las economías avanzadas. Pero mientras que en EEUU la Reserva Federal está en condiciones de ralentizar la subida de tipos e, incluso, en el peor de los casos, bajarlos —un escenario que hoy por hoy está descartado y que solo se haría en el caso extremo de amenaza de recesión—, el margen de maniobra del BCE es muy estrecho. Es, de hecho, casi nulo.

Entre otras cosas, por la demostrada parsimonia del Banco Central Europeo para reaccionar ante un súbito cambio de ciclo, como ya sucedió durante la Gran Recesión, lo que se achaca a su estructura de poder —19 bancos centrales—, y en un momento en que debe buscar sustituto a Draghi, lo que alimenta las tensiones entre palomas y halcones. Draghi, como se sabe, ha llegado a insinuar que el BCE puede decidir en cualquier momento reanudar la compra de activos o poner en marcha un nuevo mecanismo de liquidez para la banca, pero esa opción es más complicada en un contexto de tensiones internas por la elección de un nuevo presidente antes del 1 de noviembre.

Como se sabe, mediante las operaciones TLTRO (por sus siglas en inglés), el BCE ofrece préstamos a largo plazo a los bancos con el objetivo de aumentar el crédito a las empresas y a los hogares en la zona del euro, lo que debería contribuir a que las tasas de inflación vuelvan a situarse en niveles inferiores, aunque próximos, al 2% a medio plazo, que es el objetivo del BCE. Hoy la inflación subyacente, que mide mejor la tendencia al excluir los componentes más volátiles (energía y alimentos no elaborados), se sitúa en el 1,1%.

Lo que está fuera de toda duda es que los tipos de interés están en cero, la facilidad de depósito (la penalización que sufren los bancos por los excesos de liquidez) sigue en negativo (-0,4%) y el programa de compra de activos ha finalizado. El euríbor, igualmente, continúa muy cerca de mínimos históricos, lo que mete presión a los márgenes financieros de la banca, una de las mayores preocupaciones del BCE.

Y todo ello en un contexto de creciente deuda global, que ha alcanzado un máximo histórico, hasta alcanzar los 184 billones de dólares (unos 163 billones de euros) en 2017, lo que representa alrededor del 225% del PIB. En promedio, como recuerda el FMI, la deuda mundial supera en estos momentos los 86.000 dólares per cápita, lo que equivale a 2,5 veces el ingreso por cabeza.

Monopolio

Lo verdaderamente singular es que los tres principales prestatarios del mundo, EEUU, China y Japón, representan más de la mitad de la deuda global, superando su participación en la producción mundial. Incluso la deuda del sector privado se ha triplicado desde 1950. Es decir, el problema de la deuda ya no es un monopolio de las economías emergentes, sino que condiciona de forma determinante la política económica en los países avanzados.

¿Qué hacer? La receta general, como se puso de relieve en el G-20 de Buenos Aires, pasa por poner fin a las guerras comerciales iniciadas al comienzo de la era Trump. En particular, los aranceles recíprocos que se han impuesto EEUU y China, y que han desestabilizado la economía mundial. Pero también pasa por una normalización de la industria automovilística, muy presionada por las nuevas normas medioambientales para combatir el cambio climático, lo que afecta, fundamentalmente, a Alemania y Francia, los dos grandes productores europeos (junto a España e Italia).

Esto explica, entre otras cosas, que Alemania vaya a crecer este año, según el FMI, apenas un 1,3%, dos décimas menos que Francia, mientras que Italia se quedará, si se cumplen las previsiones, en un raquítico 0,6%. España, también muy dependiente de la industria del automóvil (alrededor del 10% del PIB), crecería un 2,2%, todavía por encima de las grandes economías europeas, pero también con una tasa de paro notablemente superior, lo que obliga a crecer más para converger con Europa. No hay que olvidar que las cadenas de valor de la industria del automóvil son cada vez más complejas y cualquier decisión arancelaria afecta a todas las compañías, en particular a las que tengan fábrica en China o EEUU.

Las cifras publicadas este martes por la Secretaría de Estado de Comercio, en el caso español, ilustran la dimensión del problema. Entre enero y noviembre del año pasado, las exportaciones de automóviles (que representan el 15,9% de las ventas totales) retrocedieron un 5,2% en términos anuales, lo que refleja claramente la importancia que tiene para España el sector del automóvil.

El Brexit, un misterio

El margen de maniobra, en todo caso, es muy estrecho por los elevados niveles de endeudamiento, de ahí que el FMI haya reclamado a los bancos centrales que sean “prudentes” a la hora de normalizar su política monetaria, lo que en román paladino significa que no adelanten sus decisiones. Máxime, cuando siguen vivas algunas grandes incertidumbres, como el Brexit, cuyo desenlace es hoy un misterio.

Como ha señalado el economista Mohamed A. El-Erian, uno de los más influyentes del planeta, con tipos de interés reales negativos y con una previsible oposición interna para hacer una política monetaria todavía más laxa, “el banco central tiene pocas municiones para contrarrestar la desaceleración”. Este jueves, en la reunión del consejo de gobierno, comenzará a saberse la dirección que toma el BCE. Aunque también es posible que Draghi opte por no dar pistas. Hace pocas semanas, sin embargo, se daba por hecho que en la segunda mitad del año empezaría una nueva etapa, pero hoy esa posibilidad no está nada clara.

Es por eso por lo que se vuelve a poner el énfasis en las políticas de oferta para estimular el crecimiento del producto potencial, que es aquel que no se observa, pero que está latente, y que en definitiva sirve como trampolín económico. Y lo que sucede hoy es que los crecimientos potenciales, debido a la baja productividad, entre otras razones, se han situado en niveles históricamente bajos.

Como sostiene un reciente artículo de José Ramón Díez Guijarro, jefe del servicio de estudios de Bankia, la respuesta a la ralentización pasa por aumentar la flexibilidad y la competencia y eliminar trabas burocráticas. Y, sobre todo, sostiene, “intentar mejorar el crecimiento potencial de cara al medio plazo, más que pretender situarnos por encima del mismo el máximo tiempo posible, sin valorar los desequilibrios que pueda provocar”.

Esta receta, aumentar el potencial de crecimiento, es la misma que recomienda el FMI, que en su último informe reivindica la necesidad de adoptar medidas para estimular el crecimiento del producto potencial y lograr una mayor inclusión, pero, al mismo tiempo, “sin dejar de proteger a los más vulnerables”. El problema, sin embargo, vuelven a ser los márgenes de maniobra desde el punto de vista fiscal, que son algo más que estrechos por la acumulación de abultados déficit públicos, como es el caso de España, que tiene el mayor desequilibrio presupuestario de la Unión Europea, y es el segundo país en el que más rápidamente crece la deuda pública.

Economía

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
17 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios