El peor dato de confianza en dos años

Cambio de ciclo en la economía española: el optimismo de las empresas desaparece

Por primera vez en cuatro años, las expectativas para el trimestre que empieza son peores que las del precedente. La economía muestra cada vez más signos de agotamiento

Foto: Fábrica de Ford en Almussafes. (EFE)
Fábrica de Ford en Almussafes. (EFE)

La economía española ha entrado en una nueva fase del ciclo económico. Las señales de agotamiento de la fase expansiva se suceden y el mejor indicador es la confianza empresarial. Este será uno de los mejores termómetros en los próximos trimestres para conocer la profundidad de la desaceleración que se cierne sobre la economía, y las señales que está enviando no son halagüeñas.

Por primera vez en dos años, las empresas consideran que los próximos tres meses serán peores que los tres que acaban de terminar. Así lo evidencian los datos del indicador de confianza empresarial que publica trimestralmente el INE. Esto significa que por primera vez en dos años hay más empresas pesimistas que optimistas sobre la evolución de su negocio en los tres meses siguientes. Un dato que muestra hasta qué punto la desaceleración ha calado en la confianza de las compañías.

En concreto, el 19,3% de los gestores empresariales encuestados por el INE considera que su negocio irá peor durante los tres próximos meses. Por el contrario, apenas un 16,6% considera que irá mejor. Se trata del peor dato desde el primer trimestre de 2016, esto es, desde hace tres años.

Los datos de confianza empresarial muestran claramente el agotamiento del sector productivo una vez que la economía española superó en 2018 su nivel de equilibrio. Algunos sectores han tocado ya niveles de récord y es muy complicado que puedan seguir creciendo, lo que supone un claro signo de agotamiento. El ejemplo perfecto es la hostelería. Por primera vez en toda la serie de la encuesta, que empezó en 2013, comienza el año siendo el sector con peores expectativas. Si bien es cierto que el inicio del año es complicado para la hostelería, no lo es menos que esta entrada en el año evidencia malestar entre los empresarios.

La industria también está atravesando un mal momento como consecuencia de las políticas proteccionistas y el agotamiento de la demanda. El optimismo de los dos últimos años se ha borrado y el saldo de expectativas es ya el peor desde 2016. Este dato del INE corrobora la encuesta del PMI que elabora mensualmente IHS Markit, que ya adelantó unos pobres resultados del cierre del año.

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El PMI manufacturero mostró en diciembre su peor dato desde agosto de 2016, mostrando debilidad tanto en la cartera de pedidos como en la previsión de contrataciones. “La tendencia a la baja se vio agravada por el aumento de la inestabilidad económica y política, especialmente en relación con los aranceles mundiales”, explica Paul Smith, director de IHS Markit. Según el INE, la producción industrial sufrió en noviembre la mayor caída interanual de toda la recuperación. En concreto, España produjo un 2,8% menos que en el mismo mes del año anterior. No solo eso, todos los sectores de bienes están en rojo, algo que no ocurría desde el año 2013. Casos como el cierre de Alcoa o la salida de Vestas de León ejemplifican el momento delicado que vive el sector.

Pero si hay uno en una situación especialmente complicada, es el automovilístico. “Los problemas en el sector automotriz han aumentado la presión a la baja de la expansión manufacturera”, explica Smith. La crisis del diésel, unida a los aranceles internacionales y al cambio de ciclo en la demanda, comienza a pasar factura a la industria automovilística. Este es uno de los grandes motores de la economía española, por lo que el riesgo es máximo.

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La incertidumbre del sector automovilístico se refleja bien en los trabajadores de la fábrica de Ford en Almussafes. La compañía ha anunciado una oleada de despidos en Europa que podrían afectar a la planta valenciana, en la que trabajan más de 8.000 personas. La situación de Nissan en Barcelona no es mejor: la compañía ha recortado volumen de producción hasta dejarlo por debajo del 40% de su capacidad.

Se agota la expansión

La demanda interna y externa muestra claros signos de agotamiento en los últimos meses una vez que la economía ha alcanzado su nivel de equilibrio. El consumo de los hogares seguirá ralentizándose en 2019 y 2020. Según las previsiones recién actualizadas del Gobierno, la demanda privada crecerá un 2,3% este año, dos décimas menos que el anterior, y en 2020 frenará, hasta el 1,7%.

Hay tres factores importantes que explican esta ralentización. El primero es el fin de la demanda embalsada. Con el estallido de la recesión, en 2008, las familias dejaron de comprar productos de consumo duradero, como son muebles, electrodomésticos, etc. Así se mantuvieron durante todos los años de la crisis, lo que generó una demanda embalsada de bienes que no pudieron satisfacer hasta que no volvió la recuperación y su confianza se asentó. Durante los últimos tres años, esta demanda embalsada sirvió para disparar el consumo, pero este efecto se está agotando ya, según los cálculos del Banco de España.

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Para satisfacer esta demanda insatisfecha, los hogares llevaron al consumo a su máximo exponente entre 2016 y 2018. Dedicaron tal cantidad de recursos que su tasa de ahorro (renta disponible menos gasto en bienes y servicios) cayó hasta mínimos. Esta situación es insostenible a medio plazo y es de esperar que los hogares aumenten su nivel de ahorro a medida que su confianza económica se disipe. El incremento del ahorro podría acelerarse si los tipos de interés suben en los próximos meses.

El último factor importante es la ralentización en la creación de empleo, que es consecuencia y causa a su vez de la ralentización de la demanda interna. El resultado que prevén las empresas es que la economía será menos boyante, de ahí la variación de sus expectativas.

El sector exterior, que fue el motor de crecimiento durante la anterior crisis, es el que está provocando la desaceleración actual

El sector exterior, que fue el motor de crecimiento durante la anterior crisis, es quien está provocando la desaceleración ahora. La contribución negativa de la demanda externa al PIB ha provocado la oledada de rebajas en las previsiones de crecimiento de la economía española. Dado el nivel de exposición al sector exterior que han alcanzado las empresas españolas, es comprensible que el comercio mundial tenga un gran impacto sobre la actividad y, por extensión, sobre la confianza de las empresas.

España destina más de un 34% de lo que produce a la exportación, por encima de países comparables como Francia o Italia. Tal dependencia del sector exterior es una fortaleza y también una debilidad. Según la previsión del Gobierno, las exportaciones se ralentizarán este año hasta el 2,4%, menos de la mitad que en 2017. Un ‘frenazo’ que pasa factura a la confianza empresarial.

Como suele ocurrir, las pequeñas empresas son las que primero sufren el cambio de ciclo. En su caso, cualquier variación sobre la previsión de negocio puede ser un golpe fatal para su viabilidad. De hecho, es el pesimismo de las pequeñas empresas lo que ha llevado al indicador de confianza empresarial a terreno negativo. En concreto, hay un 14% más de empresas pequeñas (de menos de 10 empleados) pesimistas que optimistas. El resto está en una situación algo mejor, pero notablemente peor a la de los últimos trimestres.

Por su parte, el comercio vive su peor inicio de año desde 2015, evidenciando la debilidad de la demanda de los hogares y del turismo. Las ventas de las tiendas de moda siguen sin tirar, a pesar de los descuentos permanentes que ofrecen las grandes cadenas. Y una situación similar le ocurre a El Corte Inglés, cuya facturación entre marzo y diciembre de 2018 se ha congelado. Todos estos datos reflejan agotamiento del ciclo expansivo a falta de un nuevo motor de crecimiento. El peligro es que este cambio en la confianza empresarial debilite la inversión productiva, lo que haría resentirse el empleo.

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